martes, 28 de octubre de 2025

Los vecinos Thompson

Leemos: “En el Partido de Cañuelas á dias doce de Mayo 1854”, comparecen Juan Thompson, Susana Thompson (viuda) y Marta Thompson (soltera), mayores de edad y vecinos que por no poder viajar a la capital le dan el poder a Enrique Thompson. Lo firman Augusto Powell, quien había sido testigo del dictado del testamento (1851), el Juez de Paz Evaristo Alfaro y don José María Alegre.
  Juan Thompson y Brocksopp y sus hermanas, respetaron el deseo paterno sobre que Enrique conservara “terrenos y Casas en la Magdalena”, y que se cuidara de sus hijos menores tenidos con Phebe Rowe. Cumpliendo con su voluntad, vendieron sus partes a Enrique, permaneciendo sus vidas en nuestra región.
  La mensura practicada por G. Kuhr (1857), lleva el título de Thompson Marta y otros, por lo que inferimos que Marta permanecía soltera a los 31 años. En mensuras posteriores no se registran cambios y en un plano de 1868, figura que lindaban con Rosario Carrizo y Antonio Ríos por el N.O., y de Rosario Acosta y los Herederos de Manuel La Rosa, por el S.E. 
  En distintos planos se observan propiedades de Juan y de Susana (Cuartel IV, Plano de San Vicente; 1881), por lo que es probable que Susana (viuda en 1851), no volviera a casarse. En el mismo plano pero en el Cuartel VII, se ubican tierras de Marta y propiedades de Juan, un casco de estancia sobre el lado Oeste del Camino Real, además de otras poblaciones. En mensuras y plano comentado de 1881 y 1891, también aparecen nuestros vecinos ingresando a Catalina A.  de Thompson con tierras en el Cuartel VII. 
  Sobre otros apellidos que podrían estar relacionados con estos vecinos que ya cumplen 175 años en el distrito, encontramos a Guillermo Joung en el Libro Diario de la Municipalidad de San Vicente y, a Juan Rower (enero, 1900). Sobre Joung no hemos podido establecer parentesco pero sobre Rowe, pensamos que se refiere a Juan Rowe propietario de la estancia “Los Retamos”, que perteneciera a Susana Thompson y Brocksopp y que entró en sucesión hacia la década de 1930.  El Primer Censo Nacional (1869) trae que en los cuarteles IV y VII, fue empadronador Juan Julian Thompson, casado con Catalina Hanley, de 28 años, que sabe leer y escribir. No hay registro de hijos.  
 
Por el Plano N° 107 del Partido de E. Echeverría observamos que la familia mantuvo las tierras indivisas e incluso parece haberse expandido sobre parcelas que la familia Alegre había poseído sobre el Matanza. Sus propiedades tenían como linderos por el sur y del Matanza hacia el Este, a los herederos de Cipriano Alegre y parcelamientos de la familia Nolasco. Desde el S.E. al N.E., a Carlos Caraza, de la Rosa y Santiago Ginochio. Por el N. y desde el E. al O., a Antonio Ríos, Secundina Carrizo, Rosario Carrizo, Margarita Hanley de Farina, Patricio Hanley, Margarita Hanley de Smith y Margarita Scharp Hanley. Puede entreverse que las relaciones parentales por política casamentera, llevo al grupo a extender sus dominios desde fines del siglo XIX a principios del XX, cuando la economía agroexportadora estuvo en pleno esplendor.

 Por: Juan Carlos Ramirez Leiva


Don Guillermo y su destino

 Don Guillermo Mac Clymont fue un hombre inquieto y visionario, no le temió a lo alejado de Lau Lauquen. Tenía frente a su vista una tierra de pajonales que sirven de asilo a los animales que pueblan el desierto; por leguas, solo alteran el paisaje uniforme las pajas bravas, cortaderas y pajas coloradas. Los duros tallos de estas servirían para construir las paredes de algún futuro rancho, con el simple recurso de yuxtaponerlas en tallos atados a tirantillos de madera.
Actual Museo La Campana,
Fue propiedad de la familia Mac Clymont
  
Los ganados comerían tanto la paja brava como la colorada, las que estuvieran tiernas, permitiendo que posteriormente se desarrollaran pasturas más adecuadas. Probablemente hubiera que incendiar de cuando en cuando los campos para que, con la ayuda de las lluvias favorecieran el crecimiento de pasto tierno para la hacienda.
  Habían sido tiempos oportunos para comprarles tierras al gobierno. Por ello, a fines de 1877 compró un campo en Necochea ubicado frente al arroyo "Pescado Castigado", dentro de la jurisdicción del Departamento del Sud (Dolores). La Ley 947 (1878) había ofrecido a la venta 60 millones de hectáreas para generar medios económicos para la Campaña de Exterminio Indígena, ofreciendo a los adquirentes el precio de 16 centavos oro la hectárea. El Banco Provincia ofrecía en tanto, un crédito de 7 años para pagarlas.
  La derrota de Calfucurá en 1872 y su muerte al siguiente año, comenzó a facilitar la expansión sobre las tierras indígenas. Se extendió el ferrocarril hasta Azul y la frontera se expandió hacia Carhué, Guaminí, Puan y Trenque Lauquen. Las tierras de Trenque Lauquen pudieron venderse a 8 pesos oro para 1888.
  Continuando con nuestra historia, marchaba Don Guillermo arriando un poco más de un centenar de caballos y cruzándose con fugitivos avestruces. En los lugares un poco más altos, el suelo estaba minado por los tucutucus, especie de rata grande sin cola, que vive en inmenso número en aquellas vastas soledades y que desaparece grandemente a medida que el terreno cambia de vegetación por la presencia de los pobladores y el aumento de los ganados.
  Cuatro leguas antes de llegar a sus campos, comenzó a encontrarse con su trágico destino. Quizás lo que Guillermo sentía, en el preciso instante en que moría, podemos intuirlo en el "Poema conjetural" de Jorge Luis Borges, quien escribió lo siguiente, pensando en el Dr. Francisco Laprida: “Pisan mis pies la sombra de las lanzas/Que me buscan. Las befas de mi muerte,/Los jinetes, las crines, los caballos,/Se ciernen sobre mi ... Ya el primer golpe,/Ya el duro hierro que me raja el pecho,/El íntimo cuchillo en la garganta”,

 Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

 

 

 

La Campaña al Desierto y la vecindad

  El 4 de octubre de 1878 comenzó la denominada Conquista del Desierto, cuando el Congreso Nacional aprobó la ley que asigno partidas para financiar la guerra de exterminio que, el general Julio Argentino Roca desato contra los pueblos originarios. La conquista de tierras generó latifundios en manos de un reducido grupo de estancieros y especuladores. Muchos, vendieron parte de las tierras compradas al gobierno para la compra de ganado, introducir mejoras, tomar ganancias o resolver cuestiones varias.
  Los Mac Clymont integraban el grupo de artesanos y granjeros que vieron en el proyecto de Juan y Guillermo Paris Robertson, las posibilidades que Escocia les negaba. La guerra con Brasil llevó a la ruina las ilusiones escocesas; algunos se quedaron pero, la sequía y la guerra civil tras el golpe de 1829, aceleró la dispersión y la colonia escocesa de Monte Grande deribaron a Buenos Aires, tenía 25 años, un hermano y dos hijos: Guillermo y Roberto. Guillermo se casó con Lucinda Miller y fue padre de seis hijos. En 1883, la nota que Lucinda Miller eleva al Juez dice: "Que, según es de pública notoriedad, mi esposo Dn. Guillermo Mc Clymont, ... murió en territorio nacional el 20 de abril próximo pasado en un combate con los in el inventario de su casa, uno de los testigos fue Don Pedro Reta (radicado en Monte Grande desde 1890). Un futuro vecino de Ezeiza fue el arrendatario del puesto Nº 8 del potrero denominado "La Cabaña": Don Pedro Harguindeguy. Los hermanos Harguindeguy se instalaron en Ezeiza en 1887 y fueron quienes tuvieron el primer surtidor Y.P.F. en la zona, en tanto explotaban el almacén conocido como la Cueva de la Chancha.
  Entre los que acompañaban a Guillermo estaba Andrés Purvis, residente en Cañuelas, y Mc Phail, mayordomo de "El Totoral", ubicada en Montes. Don Alejandro Mc Phail acompañó a su socio y amigo a Lau Lauquen, junto con "seis cientas y tantas cabezas de ganado vacuno, mil tres cientos de ganado lanar y quinientos ochenta y tantos de ganado yeguarizo". 
  Del campo en Lau Lauquen, solo 16 hectáreas estaban escrituradas y el resto tenía títulos provisorios, por lo que la Testamentaria debió solicitarle al Gobierno Nacional la regularización. Las propiedades en Tierras Nacionales habían sido compradas a Cecilia López en 1882. 
  Cuatro leguas antes de llegar a sus campos, comenzó a encontrarse con su trágico destino. Como a las siete de la mañana sus peones escucharon ruidos provenientes de un monte cercano. Integraban el grupo: Don Andrés Purvis, Don Alejandro Mac Phail, Negrete, Urquiza, el indio Ignacio, Molina y 4 peones, uno de ellos de apellido Puebla. Tras descubrir que se acercaba un indio arriando unos 80 caballos, se lo quitan y los ponen a resguardo de la indiada que ubican refugiada en un monte. A continuación, deciden atacarlos.
  El baqueano Juan Negrette, estaba despreocupado ese día. Contratado por Mac Clymont para reconocer los campos en Lau Lauquen, no consideró necesario salir del Fuerte Lavalle con su lanza. El Fuerte Lavalle Sur, ubicado en la intersección del Arroyo San Quilco con el trazado del "camino de los indios a Salinas". Si bien Negrette era cristiano, había pasado mucho tiempo con los indios. Valeroso, de buena contextura física, era respetado por Pincén, su cuñado, quien lo consideró su mejor lanza. Negrette estuvo de acuerdo con Mac Clymont en que era oportuno enfrentar a los indios, considerando que estaban sin cabalgaduras.
  Los atacaron a tiros de carabina, esperando una leve resistencia. No imaginaban que desde el monte, responderían con disparos de Rémington, aquella arma con que se equipó justamente a los hombres que participaron de la Campaña contra los indios y que después fuera repartida entre los que apoyaron a los autonomistas bonaerenses. En el mes 06/1880, la capitalización estaba resuelta pero muchas de las armas empleadas quedaron en poder de los vencidos o simplemente desertores. Esos fusiles Rémington, de a 5 tiros, fueron los que respondieron al embate de Mac Clymont.
  Los que cuidaban la caballada acudieron a la lucha pero descuidaron a los caballos a su cargo, los que se llegaran hasta el monte y de esta manera unos 8 ó 10 indios pudieron montar y desbalancear el enfrentamiento, definitivamente.
  Gracias a la carta de un corresponsal del diario "La Prensa" (publicada parcialmente por el historiador de Cañuelas Don Lucio V. García Ledesma), sabemos que "Negrette dispuso emprender la retirada a Trenque Lauquen, pero a poca distancia fueron alcanzados por los indios y se vieron obligados a echar pie a tierra, trabándose una lucha desigual, pues a medida que los demás indios tomaban caballos, venían a tomar parte de ella."
  
De las once personas que enfrentaron a los indios el 20/04/1883 en Lau Lauquen, solo dos escaparon, uno de ellos herido por las lanzas. A Negrette y al indio Ignacio no se los encontró; el peón Puebla tenía el cuerpo cribado a lanzazos, el resto estaba mutilado por las heridas y la acción de las aves de rapiña. Don Guillermo "Mac Clymont fue encontrado boca abajo con un brazo destrozado de un balazo y con 8 lanzazos en el cuerpo”.  
  Fue muy difícil el traslado de los restos hasta Bragado, más de 150 kilómetros, desde donde pudieron viajar en ferrocarril. Los cadáveres de Guillermo Clymont, Andrés Purvis y Alejandro Mac Phail, llegaron a Buenos Aires en el mes de mayo y fueron conducidos al Cementerio Británico, donde fueron enterrados el 20/05/1883. Guillermo tenía 48 años.

 Por: Juan Carlos Ramiez Leiva

sábado, 18 de octubre de 2025

Mi hermano Enrique

Mi hermano Enrique era un muchacho excepcionalmente inteligente, inquieto, estudioso y trabajador. Hablaba tres idiomas. Era jefe de planta de una fábrica de ladrillos refractarios y hacía poco había obtenido su licencia de piloto civil. Fue delegado gremial y formó la Sociedad de Fomento del barrio Nocito (de la que era presidente hasta el día que desapareció) y así con su gestión pudo hacer llegar el tendido eléctrico, los asfaltos y el dragado del arroyo cercano que causaba la inundación de todo el vecindario cada vez que llovía.

Recuerdo que cuando cumplí 15 años me regaló un libro: “Leélo ¡te va a fascinar!”. Así fue. Era de Simone de Beauvoir, sus “Memorias de una joven formal”. Luego fue “El muro” de Jean Paul Sartre y más tarde “Cuerpos y almas” de Maxence Van Der Meersch.
En esa etapa, y de la mano de Enrique, fue que comenzó mi romance con la literatura y es un romance que siguió y me acompaña hasta el día de hoy.

Por: Recuerdos escritos por Blanca Ferreyra (hermana menor de Enrique)

miércoles, 15 de octubre de 2025

Ferreyra, Agustín Enrique (“Quique”)

   Quique era jefe de planta de una fábrica de ladrillos refractarios y hacía poco había obtenido su licencia de piloto civil. Fue delegado gremial y militaba en la Juventud Peronista. Sus compañeros de militancia le aconsejaron que se pusiera a resguardo, pero Enrique Ferreyra decidió no irse del país, aunque migro de la ciudad de Buenos Aires y se estableció en Temperley, en Villa Nocito (partido de Lomas de Zamora).
  Para el cumpleaños de sus hijos mellizos, invitó al festejo a su gran amigo Héctor Nicolás Cejas (“Minito”), y a su novia Laura. Dada la hora y aunque Quique tenía un mehari (de color rojo), consideraron que era mejor que sus amigos durmieran en su casa.
  La tragedia comenzó esa misma noche. Cuando todos dormían, las fuerzas represivas irrumpieron en la casa y se los llevaron a todos, menos a sus mellizos y a la esposa de Quique. Esta fue amordazada y dejada en el lugar. Cuando fue rescatada, decidió exiliarse en Israel con sus hijos.
 
Fue en la noche del 19 de septiembre de 1976, cuando Enrique, Héctor, y Laura, fueron secuestrados-desaparecidos. No hay testimonio de su paso por un Centro Clandestino de Detención. Su caso figura bajo el Nro. de la CONADEP, Declaración Nro. 3831. Agustín Enrique “Quique” Ferreyra, tenía 32 años.
  Cuando se cumplieron los 40 años de su secuestro y desaparición, se llevó a cabo un acto recordatorio en la plaza del barrio Nocito, lugar donde formó y vivió su familia. En el homenaje estuvieron presentes sus tres hijos: Diego, Mariano y Adrián, sus hermanas Margarita y Blanca (vecina de José María Ezeiza), así como compañeros sobrevivientes, amigos de militancia y vecinos.
  En ese homenaje se inauguraron dos murales con los retratos de Enrique y de Héctor “Minito” Cejas, hijo de la Madre de Plaza de Mayo Sara Peretti, vecina de Tristán Suárez ya fallecida. Tras las palabras que se vertieron en la plaza, el centenar de personas presentes se trasladó al frente del que fuera su domicilio, calle Isabel la Católica al 900, en donde se descubrió una baldosa recordatoria que dice: “Lomas tiene memoria. Aquí vivieron, militaron y trabajaron por barrio Nocito: Enrique “Quique” Ferreyra, Héctor “Minito” Cejas, y su novia Laura, peronistas y montoneros secuestrados en Temperley por la dictadura cívico militar el 19 de setiembre de 1976. Barrios por la memoria y por la justicia”.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva