jueves, 15 de julio de 2021

Destinos

Los sostenedores de la Teoría del Caos nos han convencido de que es inútil programar, la vida se encargará de alterar nuestros previsiones. Sin embargo, no somos pocos los que nos rendimos ante evidencias de que existen en nuestras trayectorias, mojones que señalan nuestros destinos. En la pretensión de esta nota, encontramos que Visión y Misión, están presentes desde el día uno del nacimiento de las ciudades de Tristán Suárez y de José María Ezeiza.

 

La Historia

Siendo gobernador el Dr. Dardo Rocha, el 4 de julio de 1885 se oficializó: "Art. 1º En la línea férrea a Cañuelas las estaciones se designarán con los nombres siguientes: Km. 2,500 'Santa Catalina', Km. 11,950 'Ezeiza', Km. 17,625 'Llavallol', Km 38,500 'Vicente Casares", Km. 43,525 'Cañuelas'." La circular del 6 de julio dispuso: "Se comunica a quienes corresponda que el día 16 del corriente tiene lugar la inauguración de la línea de Temperley a Cañuelas, la que será abierta al público el día 17". La tradición nos dice que el tren llegó arrastrado por
la locomotora 47, la "Primera Argentina". A las 9 de la mañana de un 16 de julio de 1885 excepcional, el calor del entusiasmo derrotó al acostumbrado frío mañanero cuando el jefe de estación, el señor Bautista Barri, recibió a la formación protegida por el guardabarreras señor Ignacio Abaneta. Al continuar su camino cruzaron por tierras de la Sra. Virginia Acosta de Suárez, parando en la estación Llavallol. Nuestros vecinos consideraron que ese día, a las 9.12 hs, se marcó el nacimiento de la población que luego fuera llamada Tristán Suárez y que como Ezeiza y tantos otros, jamás fue fundado oficialmente. Los ezeicences, prefirieron adoptar el criterio de que el pueblo “nació” cuando los pobladores pudieron viajar en los trenes, un día después, que allí se inició la vida pueblerina en Ezeiza.

 

Visión y Misión

La visión de los pioneros Berasain y Gaddini, al instalar tempranamente sus comercios frente a las estaciones, nos marco en la pujanza que nuestro empresariado demuestra día a día. Aquel inolvidable 17 de Julio de 1885 el Jefe de la Estación de Ezeiza le regaló, de puro contento nomás, dos gallinas al maquinista y allí mismo, en ese acto, se marco como destino, la misión amistosa y servicial de nuestra gente.

Juan Carlos Ramirez Leiva

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jueves, 24 de junio de 2021

Comentarios. La Palabra: Día del Periodista

 

Agradecemos profundamente tan cálidos conceptos, publicados bajo la firma de la Dra. C. Romano, en la edición 1374 del jueves 10 de junio, en La Palabra de Ezeiza.

 

Lic. Patricia Celia Faure  -  Prof. Juan Carlos Ramirez Leiva

          Junta de Estudios Históricos Distrito Ezeiza

viernes, 26 de marzo de 2021

Desaparecidos en la vecindad

 En el caso de la memoria de la vecindad, parece ser que el olvido es la parte más activa de la memoria. Como los recuerdos se elaboran en base a la capacidad de olvido, intentamos publicar material que demore esa necesaria capacidad, hasta que todos los sicarios tengan el castigo que la ley les impone, como salvaguarda de que no volvamos a tener un nuevo estado terrorista.

 

Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini, Ezeiza. El domingo 29 de mayo de 1977, tras bajar del avión de Braniff procedente de Santiago de Chile, Jacobo y Matilde Stoulman comenzaban a sentirse a salvo disfrutando, lo que sería la última vez, que viento alborotara sus cabellos. Cuando presentaron los pasaportes, en un movimiento casi imperceptible para los demás pasajeros, fueron conducidos a un automóvil que partió de inmediato al destino final de sus vidas.

Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini, Ezeiza, inmediaciones. El periodista Jorge Money, del periódico La Opinión, especializado en asuntos financieros y autor de los libros de investigaciones periodísticas: “Banqueros, financistas y capitanes de la industria” y “El Maccarthysmo”, fue asesinado el 18 de mayo de 1975, tras sufrir brutales torturas por parte de la Triple A. Su homicidio provocó una huelga en los periódicos de Buenos Aires

Bosques de Ezeiza: A 30 metros de camino de acceso a las piletas (mano izquierda), muy cerca del puesto policial de control caminero, apareció el cadáver de Carlos Rafael Francisco Llerena (LE 8414376), argentino naturalizado, de 33 años. Había nacido en Chuquibamba (Arequipa, Perú), el 21/08/1941. El 30/10/1974, a las 14:45 hs. fue secuestrado en la sede de la Asociación del Personal del INTA, Malabia 2157 (CABA). Su ejecución se produjo a las 18:30 hs.  en los Bosques de Ezeiza, ese mismo día.  

Piletas de Ezeiza. En la pileta 5, apareció el cuerpo sin vida de Julio Leandro MAISONNAVE (LE 4414817; CI 5077977), el 11 de marzo de 1975. Nacido el 01/01/1943 en MACIÁ (Tala, Entre Ríos), Julio tenía 32 años cuando fue secuestrado el 28 de febrero de 1975 en un lugar sin determinar en el trayecto entre su lugar de trabajo y su domicilio en CABA

Unidad 3 Penal de Mujeres de Ezeiza. Hay constancia de su paso por esa unidad de Lucía Esther Molina Herrera Ramacciotti (DNI 11978552), de 21 Años, comúnmente conocida como Claudia, Lucy, o India. Nacida en Córdoba el 21/02/1956, era ama de casa y artesana, y fue secuestrada el 21/04/1977 en Avellaneda 598 de Villa Ballester, Partido de General San Martín, en la Provincia de Buenos Aires.


Estuvo detenida en El Vesubio antes de ser enviada a la Unidad Penitenciaria Nº 3 de Ezeiza, y finalmente trasladada a la Unidad Penitenciaria Nº 1 de Córdoba. Cuando fue detenida ilegalmente se encontraba en su cuarto mes de gestación, presumiéndose que su hijo nació en el mes de septiembre de 1977. Fue raptada junto a su pareja, Rodolfo Goldin Rabinsky, quien tenía estudios universitarios cursado en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), y que militaba en la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO). Legajo CONADEP 879.

 José María Ezeiza.  El 20/08/1976, fue secuestrada en la casa de sus padres, la joven vecina Marta Cecilia Alonso. El caso emblemático, quizás el más conocido, de los secuestros ilegales y permanencia del ejército en el lugar para imposición del terror en la vecindad. El hecho ocurrió a metros de la entonces subcomisaría de Ezeiza, ubicada en French 501. Marta “Martita” continúa desaparecida. El tema fue investigado por estudiantes secundarios bajo la guía del profesor Adolfo Azcano, entre otros docentes e historiadores vecinos.

Tristán Suárez. El 21 de julio de 1975 fue ejecutado a las 4:30 hs en las calles de T. Suárez, el italiano Renato Matteazzi (CI 7248459), de 30 años. Había nacido el 3 de diciembre de 1944 en Cassano Magnago (Varese). Fue secuestrado al salir de una reunión sindical en Monte Grande (Registro REDEFA 1281). 

Tristán Suárez – Camino a Las Flores. En la madrugada del 17 de marzo fue hallado un cuerpo sin vida, que presentaba impactos de bala de grueso calibre y de escopeta Itaka, en el Camino a Las Flores. Según la información policial, el cadáver pertenecía a un hombre de unos 35 años de cabellos rubios y vestido con pantalón marrones, campera negra y botas marrones. El cuerpo, que fue depositado posteriormente en la Morgue de Avellaneda, figura en la SDH como Máximo Augusto Altieri.

 

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

Junta de Estudios Históricos Distrito Ezeiza

jueves, 25 de marzo de 2021

Centros de detención Clandestina

Centros clandestinos de detención en Esteban Echeverría, nuestro distrito madre, durante la dictadura genocida


Existieron permanentes, cinco centros clandestinos de detención ilegal y torturas.

1) C.I.PR.A. (Centro de Instrucción Profesional de Aeronáutica). Se encuentra sobre la Autopista Ricchieri Km 5/500, en el camino al Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini, en Ezeiza. Figura en la página 1214, del Anexo, Tomo II del Informe de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (Conadep).

2) Comisaría 1ª de Esteban Echeverría (pág. 1214, tomo citado en el punto 1), ubicada en Santamarina 474 en Monte Grande, municipalidad de Esteban Echeverría.

3) La 205, sobre la margen derecha del acceso a la autopista Ricchieri (a 300 metros) desde la ex Ruta Nacional Nº 205, en dependencia de la Policía de la Provincia. de Bs. As. (Figura en la página 1215 del tomo citado en el punto 1).

4) Unidad Penal 3 de Mujeres, sobre la colectora norte de la autopista Ezeiza – Cañuelas del Distrito Ezeiza (Figura citada en la página 1217 del tomo indicado precedentemente).

5) Transradio Internacional, en la localidad de 9 de abril, Esteban Echeverría. Hasta el 2004 todavía había allí un camión del ejército abandonado y grilletes en las paredes. Funcionó como centro de torturas y de maternidad.

No he incluido la comisaría de Tristán Suárez porque hacia allí sólo fueron llevados cadáveres resultado de ejecuciones, que encontraban en su recorrido por el Camino a Las Flores. Caso similar al de la comisaría de Ezeiza (entonces sub comisaría, ubicada en French y Tucumán de Jóse María Ezeiza), en donde al menos tomaron intervención sobre los restos calcinados encontrados en un coche incendiado y abandonado sobre los límites del aeropuerto y la continuación de la calle Edison (hoy acceso desde Ezeiza Norte a Ezeiza- Canning sin cobro de peaje).


Juan Carlos Ramirez Leiva

viernes, 5 de marzo de 2021

Día del Trabajador del Gas

Fue el 5 de marzo de 1945 cuando la empresa privada productora de gas manufacturado a partir del importado carbón Camell, “Compañía Primitiva de Gas Limitada” de Usina Corrales, Capital Federal por entonces, quedó bajo la jurisdicción de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. El acontecimiento impactó política, económica, y socialmente, e incluso, internacionalmente..
Las obras comenzaron el 21 de febrero de 1947 y el gasoducto se habilitó el 29 de diciembre de 1949. Precisamente durante el Acto de Gala realizado en el Teatro Colón, fue cuando el secretario gremial Sr. César Scala le solicitó al Presidente de la Nación, General Juan Domingo Perón, que estableciera el 5 de marzo como el Día del Trabajador de Gas.

El Gasoducto Presidente Perón unió Pampa del Castillo (Comodoro Rivadavia), con Llavallol, nuestra vecina ciudad, recorriendo 1704 kilómetros en cañerías de 25 y 30 centímetros de diámetro y seis milímetros de espesor. El 22 de noviembre de 1948 el diario “Clarín” escribía: “A las puertas de Bahía Blanca ha acampado un ejército civil. Es un ejército del trabajo. Lo forman 600 obreros y técnicos argentinos que a un promedio de cinco kilómetros diarios avanzan hacia el sur, librando la gran batalla por la conquista del gas.” La tarea incluía el tendido de caños venciendo sierras, ríos y pantanos; soportaron temperaturas que fueron desde -15º C a 50º C; muy fuertes vientos y lluvias desmesuradas. Publicaba “La Nación” (6/02/1949): “El mes de noviembre, vimos cómo la tubería de acero se acercaba a Bahía Blanca. Ya había sido tendida a través del Salado, de las regiones bajas de Laprida y del macizo cuerpo de Sierra de la Ventana.” En “La Razón” del 2 de marzo de 1949 puede leerse que la obra “Será la segunda en extensión del mundo –la primera se halla en Estados Unidos- y se habrá construido en tiempo record con ingenieros y obreros argentinos y, en parte, con material nacional”.

Se optó por comenzar la construcción del gasoducto en el Gran Buenos Aires y no en el lugar de obtención del lugar del gas porque, según Canessa, así se evitarían las interferencias de empresas extranjeras y aseguraba la terminación de la obra, puesto que si empezaba en Comodoro Rivadavia podría ser desviada, pero si partía desde el lugar de destino indefectiblemente debería llegar a una fuente de gas. La obra se inició en Camino de Cintura (ruta 4, también denominada Camino de la Tradición y próximamente Diego Armando Maradona), en su intersección con la calle Libres del Sur, a metros de las vías del FNG Roca y de la ruta 205, bajo órdenes del ingeniero Esteban Pérez, y con la colaboración de los ingenieros Roberto Carrizo y Santiago Capurro. El tramo Llavallol – CABA, fue ejecutado por el sector Distribución de la ciudad de Buenos Aires el 29 de mayo de 1947, en tanto el Tramo Llavallol-Cañuelas, se termino el 18 de septiembre del mismo año. En Llavallol se realizó la primera soldadura, en manos del Presidente de la Nación, el Gral. Juan Domingo Perón, siguiéndole en la ceremonia, el Ing. Canessa. En nuestro distrito, el gasoducto Presidente Perón pasa por la ruta 52 – Camino a Las Flores.

Los argumentos que el Ingeniero Canesa le presentó a Perón sobre la riqueza de los yacimientos de petróleo y gas existentes en la Patagonia, y su posibilidad de explotación trayéndolo hasta la ciudad de Buenos Aires mediante la construcción de un ducto, lo habían convencido de llevar adelante el proyecto. La autorización fue en estos términos: “Señor Director de la Administración de Gas del Estado, Ing. Don Julio Canessa, yo sé que éste es el sueño de su vida. Estoy persuadido, como Presidente de la República, de que bajo la dirección de hombres de su temple, el gasoducto, una vez inaugurado, dará nacimiento a una nueva era para la Nación en materia de combustibles. Yo no considero riqueza a la que está debajo de la tierra, sino a la que ha sido extraída. Por eso Ing. Don Julio Canessa: ¡Vaya, y haga!”.

 

Juan Carlos Ramirez Leiva

miércoles, 3 de marzo de 2021

Ingenieros Duclout

Primer encuentro espiritista con Ganímedes: el caso de los hermanos Duclout

Todavía es poco conocido el papel que jugaron dos divulgadores-experimentadores científicos argentinos de comienzos del siglo XX en el marco del naciente desarrollo del espiritismo.
Es una pequeña y rara historia dentro de un movimiento aún más exótico en tiempos donde todo estaba por empezar, incluso el gran mito de los platillos volantes. Digo rara porque hablamos de personas ilustradas que llevaron una vida pública relacionada con el progreso y otra más o menos secreta relacionada con eventos extraordinarios, convirtiéndose en blancos fáciles para el sarcasmo o la estigmatización.
Allá por septiembre de 1954, el amplio despliegue periodístico del caso no ocultó el protagonismo de aquellos ilustres divulgadores y técnicos vinculados con el desarrollo de la radiofonía, la televisión y el cine en la Argentina. Estamos hablando de los hermanos Jorge Alberto Duclout (1903-1959) y Napoleón “Napy” Duclout (1909-1962).
La historia de los Duclout fue develada en detalle por primera vez en Invasores – Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Editorial Sudamericana, 2019). En el capítulo “Contacto en el Kavanagh”, cuento la experiencia que vivió en la cima del edificio erigido frente a la Plaza San Martín, por varias décadas el más alto de Sudamérica, el primer grupo de contactados argentinos, y la biografía de los Duclout, sobre todo gracias a informaciones que obtuve a través del sobrino de ambos, el Prof. Pablo Kittl Duclout, también Físico-Matemático en una familia signada por la ciencia y la tecnología.
La vida de los hermanos con relación a lo extraterrestre generó varios hitos; así, fueron varias las cosas que estaban ocurriendo por primera vez.
Cuando anunciaron a diarios, radios y revistas que Buenos Aires iba a ser sobrevolado por un plato volador según informaciones recibidas de “el espíritu desencarnado de un ingeniero de talento” con el que mantenían contacto espiritual, se abrió –por primera vez– una ventana cultural a la posibilidad de que visitantes de otro mundo podían anticipar sus visitas a la Tierra utilizando medios tan heterodoxos como la mediumnidad. Algunos recibían estas noticias con risas o dudas, pero muchos otros siguieron el caso con enorme expectación.
La comitiva que vigiló el cielo desde las 22 horas del 6 de septiembre de 1954 no fue un corso de improvisados. Formaron parte de la histórica ascensión periodistas, productores de radio y televisión y una joven artista llamada Marta Green (de cuya infructuosa búsqueda derivó el descubrimiento del singular caso de su casi homónima, Martha Green). Dos enviados de la revista brasileña O Cruzeiro, el periodista João Martins y el fotógrafo Ed Keffel, viajaron por primera vez a la Argentina para cubrir el insólito avistamiento de un plato volador “previa cita” (en 1952 ambos reporteros habían sido protagonistas de otra historia de enorme difusión en Brasil, el fraudulento caso de Barra da Tijuca). También por primera vez, los protagonistas escribieron un libro juntos, a la sazón el primero sobre el tema publicado en la Argentina: Los Platos Voladores. Origen, Estructura y Destino de los Platos Voladores (Editorial Jorge Duclout, 1953). Por primera vez, un libro sobre la cuestión lograba reeditarse con agregados que ratificaban el éxito de una experiencia ufológica. En la edición aumentada de 1956 se retituló: UNICO DOCUMENTO CONFIRMADO… sobre el Origen, Estructura y Destino de los Platos Voladores, donde los autores relataron lo que el grupo vio aquella noche y volcaron los testimonios de otros testigos.
En veinte minutos de “Historias Extrañas” no abordamos los entresijos de la vida familiar de los Duclout, los aportes que hicieron al desarrollo científico y cultural del país o el increíble secreto sobre la identidad del “ingeniero de talento” que les revelaba aquellos conocimientos revolucionarios. Pero enterarse de lo general prepara nuestra curiosidad y nos abre el apetito para saber más.

Por: Alejandro Agostinelli
https://factorelblog.com/2021/02/04/duclout/




“el espíritu desencarnado de un ingeniero de talento” 

La capacidad de comunicar, de compartir conocimientos que nos brinda la red, nos posibilito tomar contacto con el periodista Alejandro C. Agostinelli, autor de Contacto en el Kavanagh (En: Invasores – Historias reales de extraterrestres en la Argentina, publicado por la revista Cuadernos de Ufología (Santander, España, 2009)). Su investigación sobre las andanzas de los hijos del ingeniero Jorge Duclout, le permitió desentrañar quién era el “ingeniero de talento” contactado por los espiritistas, tal como lo explica en el mencionado libro.
El autor pudo confirmar de boca del prof. Pablo Kittl Duclout, también Físico-Matemático y sobrino del contactante, que nuestro ilustre vecino Jorge Duclout padre, era el que trasmitía y que su hijo Jorge Alberto, sufría un cambio en el timbre de voz (sonaba como la de su padre), cuando estaban en línea.
El ingeniero Jorge Duclout padre, llegó a nuestro país en 1884, época en que el espiritismo era popular entre los intelectuales progresistas europeos. No se sabe si él creía en esa corriente pero si su esposa Valentina Brun, quien consideraba que los espíritus era demoníacos. Tuvieron tres hijos: Jorge Alberto, Napoleón “Napy”, y Georgina.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva
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lunes, 15 de febrero de 2021

Mujeres y carnavales en Tristán Suárez

Los años 1963,1964 y 1965 fueron años donde se dio el auge del Carnaval en los clubs Tamberos y Sportivo, épocas en donde el señor Ángel Caturini recordaba que los hombres de Suárez cuidaban a las chicas de los chicos que venían a bailar de otras zonas, concretamente de Cañuelas.

En la década de 1920 en los carnavales de Tristán Suárez, las mujeres intercambiaban muñequitos de carey por caja de bombones. Este es un acto de cortejo propiciado por quienes organizaron los carnavales en esa época. Más allá, de que haya sido una tradición permitida y alentada por los organizadores del evento, es un hecho, de que, las mujeres se permitieran expresarse a través de un símbolo amoroso como es el acto de intercambiar un objeto por otro, teniendo en cuenta la censura de la que eran objeto.
Otro hecho vinculado a la celebración del Carnaval tiene como protagonista a una mujer de la ciudad de Ezeiza llamada Maria Elena Domínguez quien junto a sus amigas llevó en tarros de leche, agua, con destino a los Carnavales de Monte Grande. Por este caso fueron llevadas presas un día, ya que estaba prohibido arrojar agua. 
Otra noticia vinculada al carnaval fue tomada de una fuente de la Biblioteca Popular Domingo F. Sarmiento, de T. Suárez, en donde se hace mención en una nota que una vecina llamada María Esther Jaureguiber, relató que en los carnavales la gente se vestía de fiesta y ellos tenían un palco frente a su casa. Lo importante del relato es que ella se puso de novia con un chico de la zona de Monte Grande y recién luego de tres años los padres conocieron al caballero en cuestión, y aprobaron el noviazgo. Este relato merece algunas reflexiones; lo primero que llama la atención es la colocación de un palco del carnaval ubicado frente a su casa,  lo que marca un status social o en otras palabras, una ubicación privilegiada dentro de este evento. Con respecto al accionar de la joven interpelada en esta breve reseña, podemos inferir que ella buscó un espacio de intimidad para construir su relación amorosa hasta que sus padres conocieron al joven en cuestión, esto revela cierta independencia y arrojo dentro de lo rígida que era la sociedad en ese momento.

Por: Prof. Marcela Quiroga

Nota del editor: recortes de "Eutropelia. Los cambios producidos en los espacios destinados al entretenimiento en Tristán Suárez", de la profesora de Historia Marcela Quiroga. Tesina aprobada con nota máxima y felicitaciones, durante su carrera en el ISFD "Elvira J. R. de Voglino".

jueves, 3 de diciembre de 2020

Doctor Orlando Rojas

En los tiempos posteriores a la invasión europea al Río de la Plata, no había médicos especializados en la atención de la salud de niños y adolescentes. A mediados del S XVII ya había registrados 36 sanadores en Buenos Aires, contando enfermeros, sangradores, cirujanos, hernistas (curaban hernias), ensalmadores (trataban fracturas y luxaciones), y por supuesto, médicos titulados.
Para esa época, la esquinancia (inflamación de las amígdalas), el tabardillo (tifus), y la viruela, provocaban una alta mortalidad infantil. Para combatir los brotes epidémicos y la indigencia, la Hermandad de la Santa Caridad creó en 1699, la Casa de Recogimiento de las Niñas Huérfanas. Cabe destacar que, para sostener La Hermandad y sus obras, el presbítero José González Islas creó la estancia Los Remedios en los campos en donde hoy se encuentran el aeropuerto, las cárceles y el Centro Atómico Ezeiza, entre otras instituciones.
El cuidado deficiente de los niños, y el número elevado de abandonos, determinó que se llevara adelante la iniciativa del Síndico procurador Don Marcos José de Riglos, se creó la Casa de los Expósitos (hoy Hospital de Pediatría Dr. Pedro de Elizalde), siendo el Dr. Juan Madera, su primer médico. Es interesante conocer que el 4 de abril de 1804, el Semanario de Agricultura publicó que era peligroso para la salud de los niños, los juguetes pintados con sustancias tóxicas como el cobre arsénico sulfurado o plomo. La primera cátedra oficial de la UBA para formar en medicina infantil, fue otorgada al Dr. Manuel Blancas, y lo continuaron los profesores Doctor Ángel Centeno, Mamerto Acuña, y Juan P. Garrahan.
En nuestro Distrito Ezeiza el pediatra más reconocido por la comunidad fue el Dr. Teodoro Orlando Rojas, nacido el 13 de octubre de 1955, hijo de otro gran pediatra, el Dr. Rojas, de la ciudad de Monte Grande. Se recibió con honores en 1978 y un año después ya atendía en el Hospital Santa Marina de Monte Grande y en las salitas de La Unión y de Tristán Suárez. En 1980 decide poner su consultorio particular en Ezeiza en la calle Larralde 148, la casa en que estableció su hogar matrimonial cuando se casa en 1981. En 1983 se muda a Lamadrid 263, instalando un consultorio de urgencias mientras atendía en consultorios en Paso de la Patria y en la casa de la recordada familia Muñoz, sobre la calle French al 300. Finalmente, en 1987, el joven doctor se muda a Zenavilla 266, instalando su hogar y su consultorio (todos domicilios en Ezeiza).

El Dr. Orlando Rojas partió de este mundo a los 53 años, el 23 de mayo del 2009. El pueblo de Ezeiza lo amaba y él conocía las historias de sus pacientes, sufría con ellos y festejaba sus alegrías; conocía la casa de casi todos y más de una vez se ha quedado a cenar con ellos. Su recuerdo está intacto en cientos de familias.
En el Día del Médico, recordando a tan querido Pediatra, homenajeamos a todos los doctores que nos cuidan la salud.

Juan Carlos Ramirez Leiva

martes, 17 de noviembre de 2020

17 de noviembre de 1972

El dieciséis de noviembre había estado todo el día de retén, grupo de refuerzo en lenguaje castrense; estuve muy expuesto todo el día y parte de la noche, todo muy agitado, por cierto. Estaba haciendo el servicio militar y coincidía con mis compañeros de desgracia que, no podíamos calcular cuántas armas habíamos incautado en operativos sobre la ruta 8. Se habían decomisado de todo tipo y en tal cantidad que, respetábamos todas las instrucciones de los oficiales a cargo ya que, si bien normalmente nadie atacaría a un colimba, hubo desaforados que si lo hicieron.
Estábamos eufóricos, el “Perón vuelve” se estaba convirtiendo en “¡Perón volvió!”. El gobierno había decretado el Estado de Sitio y el ejército estaba en las calles para evitar, ineficazmente, que se formaran grupos que se desplazaran a Ezeiza, mi querido Ezeiza. Decían que el aeropuerto y toda su región estaba rodeado por fuerzas militares que patrullaban con el apoyo de tanquetas.
El diecisiete se presentó con una persistente llovizna cuando no fuerte lluvia. El mate cocido hirviendo en un jarro de lata que quemaba y un mísero pancito no alcanzó para combatir la destemplada mañana; pese a todo estaba contento. Disuelto el retén (resabio del viejo Plan CONINTE), me presenté a mi lugar habitual de trabajo en la Escuela Lemos (Campo de Mayo) en donde no dude en presentarme como voluntario para custodiar un colectivo que llevaría cadetes de relevo al aeropuerto. Como todo “soldado viejo” que sabía que no saldría siquiera en la “última baja”, me las ingenie para que eligieran para chofer a un vecino. Y partimos para Ezeiza.
Mi padre, sindicalista romántico que al terminar su mandato regresó a la línea de producción, nos recordaba que gracias a la “acumulación” (ahorro, bah), logrado durante el gobierno de Perón, habían podido comprar un terreno en los fondos de Ezeiza, lugar completamente desconocido para ellos y ergo, para mí con mi primer año de vida.
Cuando llegamos al rio Matanza vimos que ni la lluvia ni el río ni las tanquetas, frenaban a los numerosos grupos de jóvenes que como el chofer, los que iban a tratar de dispersarlos y yo, jamás habíamos visto a Perón (mis recuerdos solo alcanzan al bombardeo y posterior derrocamiento de Perón). Pensaba en los vecinos de Ezeiza que estarían en el aeropuerto; no se lo perdería Alonso ni sus hijos, por citar quizás al más respetado peronista de esos tiempos.
Tras dejar a los cadetes en el aeropuerto y con el desencanto de no cruzarnos con el General (estaba casi preso en el hotel), decidimos con mi amigo, usar el vehículo a nuestro cargo y escaparnos a visitar a mi familia, a la que no veía de hacía un tiempo largo por estar generalmente, preso en el cuartel. Tras los abrazos que quiebran los huesos, pero sanan el alma, luego de que nos llenaran de comida, y tras de enseñarles las armas a mi hermano, emprendimos el regreso (en especial, luego de que la vecina nos dijo que nos iba a denunciar por andar armados; en fin). Allí nos enteramos que también en Tristán Suárez, estaba el ejército asustando gente (recuerdo que curiosamente, muchos suarenses han olvidado).
Mientras nos habríamos paso para regresar, meditaba que se terminaba la resistencia, el “Luche y vuelve”. Etapa que se había coronado con una gran movilización pese al ejército en las calles; nadie quería perderse ese momento que sabíamos que, se estaba haciendo historia. Aunque la historia no fue la deseada.


Juan Carlos Ramirez Leiva




Un poco más:

Crónica afirmó que el avión DC-8 de Alitalia, que trajo a Perón de regreso tras 18 años de exilio, tocó tierra a las 11 hs. 8’ 10”; terminó de carretear a las 11 hs. 15’ 30”. Perón fue autorizado a trasladarse a la casa de la calle Gaspar Campos en Vicente López, en la madrugada del 18 de noviembre.
No me prive de gritarle por la ventanilla a los manifestantes: “Peronismo Montonero! Por eso le dio el cuero”.


Otro poco más:

Cuando íbamos desde al aeropuerto a mi casa, sabíamos que teníamos que eludir el puesto en la “barrera” (hoy paso bajo nivel “Las Flores”), por lo que cortamos camino en la continuación de la hoy llamada Édison. La calle lógicamente era de tierra y sabíamos que en la curva del Monte Spinetto, tendríamos problemas…. Y los tuvimos.
Nos encajamos en el barro y solo pudimos salir gracias a la ayuda de un hombre y su caballo fortachón. Recién ahí tuvimos miedo de que nos apresaran porque no ignorábamos que no estábamos en la hoja de ruta, y nos habíamos en la práctica, apropiado de bienes del ejército y de armas largas y cortas.
Regresamos al cuartel “Sin Novedad” y como premio, me dieron franco el primer fin de semana. Me lo había ganado.

jueves, 5 de noviembre de 2020

La leyenda de los siete duendes que viven en el ombú de Sotelo

Hasta no hace mucho conmovía al viajero que iba en tren de Ezeiza a El Jaguel la gallarda presencia de un ombú solitario en la pampa, en el campo ubicado a la izquierda. Erguido en su terraplén que servía de sombrilla a las vacas practicantes de alpinismo. Todos nos preguntábamos cómo lograban trepar hasta allí. 
En ese ombú vivían siete duendes payadores, amigos de la rima, reyes de la improvisación, un diccionario de palabras, los clásicos en la punta de la lengua tenían.
Bajo su fronda se armaban una guitarreadas con duendes que venían de todos lados. Todos querían medirse con ellos.
Los duendes eran gordos como cerditos minipig, era raro no imaginar su caída de las ramas esponjosas. Pero nunca se caían.

Eran como los Santos Vega de nuestro pago. Y nunca faltaba un Juan Sin Ropa con ganas de torearlos. Y se las arreglaban payando por turnos.
El tema es que un día el ombú no estuvo más. Y el pasto y las espinas tampoco. Construcción seca de esa que aflora de un rato para otro ocupó el lugar.
Dicen que hubo abrazo de vecinos. Dicen que lo mudaron a una esquina del terreno.
Dicen que ya no payan tanto y andan tristes. Se separaron. Viven de a dos o tres. Y payando por turnos atrás de la estación de Canning, otros en el Parque Central de Ezeiza, o en los ombúes de lo Spinetto.
Así que siguen resistiendo con su canto improvisado e inspirado.

Recopilado a partir de relatos de vecinos por la Lic. patricia Celia Faure.

Primeros pulperos

A medida que se acrecentaba el poblamiento de nuestro territorio, los comerciantes se fueron instalando. Residían en la campaña bonaerense 12.925 habitantes (censo de 1778), abastecidos por 121 pulperías (censo 1799), lo que nos da el promedio de una cada cien habitantes aproximadamente.
Tras la Revolución de Mayo, las autoridades se encargaron de seguir levantando censos en la campaña y por ello podemos consultar el padrón de 1812 que fuera realizado por Don Manuel Collantes, encargado además de la recaudación de los impuestos junto con Don Francisco Pelliza, quien efectuara algunas notas al margen de padrón fechado el 31 de enero de 1814. En el informe realizada por Don Manuel Collantes el 11 de octubre de 1815, se lee: “Relación de los individuos pulperos y tenderos que hay de aumento en los partidos de la campaña, que no están comprendidos en el padrón [de 1812] con expresión de las cuotas que se les has asignado y es como sigue”. Las relaciones de Don Francisco Pelliza, que se hicieron entre 1815 y 1816, abarcan sus recorridas por Ranchos, Chascomús, Navarro, Lobos, Ensenada, Quilmes, Magdalena, San Vicente, y el Pago de Los Remedios. Debe aclararse que este último, que hace alusión al actual distrito Ezeiza, nunca fue un pago formalmente reconocido pero así figura en algunos documentos. El nombre lo toma de la estancia Los Remedios, estancia colonial fundada en 1758 y de la que fuera propietario fundador el bisabuelo de Don Manuel Belgrano. En lo que fueran sus tierras, hoy se levanta el Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini, las cárceles, el Centro Atómico Ezeiza, los bosques, y otras instituciones. Entre 1812 y 1816, nuevos comercios se habían establecido en la campaña, y se les había señalado el importe de las cuotas mensuales que tenían que aportar.
¿Quiénes eran los pulperos? Los pulperos, eran comerciantes que vendían vino, aguardiente y otros licores, géneros pertenecientes a droguería, buhonería, mercería e incluso, sedas, zaraza, muselina, gasa y lino. De los datos recabados por el historiador cañuelense Gustavo Recalt, puede notarse que solo el 23% de los comerciantes rurales, declaran ser nativos del partido en donde ejercen esas actividades (debe tenerse en cuenta además, que existe un número de pulperías volantes difíciles de censar y cobrarles impuestos). El 35% era de ascendencia europea (el 75% provenía de la península ibérica), el 8% era del interior, un 27% era de Buenos Aires y el resto, era oriundo de algunos de los que hoy son países limítrofes.

Hoy, mencionaremos solo dos de las pulperías que estaban establecidas en nuestra región: La de Chappe (figura en los planos de San Vicente de 1881), y la que se encontraba en la posta de la estancia de Los Talas. Con el tiempo, las pulperías mudaron a “Almacén y Bar” y para la década de1890 podemos mencionar a Eugenio Berasain y a V. Gaddini, con negocios frente a las estaciones de Tristán Suárez y Ezeiza respectivamente. Los establecimientos se multiplicaron rápidamente a la vera de estratégicos caminos, tal es el caso de la Cueva de la Chancha, de la familia Harguindeguy, en Ezeiza.

Juan Carlos Ramirez Leiva.


jueves, 3 de septiembre de 2020

Ferreteros

Entre los comercios tempranos de la naciente urbanidad de José María Ezeiza, no podemos olvidarnos de los ferreteros. No he podido precisar aún si primero fue el corralón del Ñato Rodríguez o el comercio de Gravanago, en donde los ezeizences se abastecían de artículos del ramo. Tiempos después se sumaría Magliola y otros comerciantes que si bien vendían materiales de construcción (corralones), también proveían y asesoraban a sus clientes en el rubro ferretero. 
El corralón ferretería de Norberto “Ñato” Rodríguez, tenía sótano con respiraderos hacia la calle, y un largo mostrador en un local grande, con salida a la ruta 205 y a la calle Ramos Mejía (ahora, Galería El Edén). Sus estanterías eran altas, de madera pintada de verde aún por los ’60. En 1949 ya estaba el corralón del Ñato, como también estaba la ferretería de García, que además vendía artefactos electrodomésticos (aún en actividad, aunque ya no como ferretería), al lado del almacén de Vega frente a la inexistente aún, plaza Manuel Belgrano. No estaría completa esta referencia si no incluimos a Casa Magliola, que vendía de todo; se encontraba sobre la ex ruta 205 frente a la hoy estación de servicio Exxon, entre Paunero y Roca. En Deán Funes y Chacabuco, supo encontrarse el corralón ferretería de Denís y hay quienes recordaban que Denis también instalo una ferretería sobre French al lado de la panadería de Curra. 
Probablemente a los negocios ferreteros, los haya precedido el negocio que fuera primero de Gaddini y luego perteneciera a Elisagaray y a Boulán. Tenía un frontón de pared donde se jugaba a la pelota (creo que tenía salida por Ramos Mejía), y el almacén se entraba desde la ruta, un almacén muy largo con pisos de madera que se movían al compás de los que por arriba caminaban. Allí podía encontrarse desde artículos comestibles, recuerdo un tragamonedas, y…. artículos de ferretería. 
Probablemente a finales de la década del ‘50 y en los ’60, quien además de sanitarios, algo de bazar y pinturería, presentaba un surtido más completo de ferretería, fue el famoso El Palenque, de Gravanago. Ubicado sobre la ruta y Emilio Mitre (ex Estevecorena).
Cerramos esta nota con el recuerdo de un querido ferretero cuyas inquietudes lo llevaron rápidamente a participar de los movimientos emancipadores del distrito. La Comisión Pro Autonomía de Ezeiza y su zona de influencia se creó el 27 de junio de 1987 y poco después, el 18 de diciembre de ese mismo año, se celebró una reunión en donde se definió la nominación de la Cámara de Comercio, Industria, Profesionales y Bienes Raíces de José María Ezeiza; de esa Cámara, Minitti fue socio fundador y primer presidente. Roberto “Tano” Minitti, quien había nacido en Trípoli (capital de Libia, África), en tiempos en que era una colonia italiana, supo ganarse el afecto de sus clientes por la cordialidad y predisposición a enseñar e identificar a qué nos referíamos, cuando le pedíamos un “cosito” o “pituto”. 

Juan Carlos Ramirez Leiva

miércoles, 26 de agosto de 2020

Actrices y actores en el Ezeiza temprano

Cuenta Amalia Albina De Maio, quien empezó a actuar en el colegio, que un día apareció por su casa Julián Sánchez Parra, quien siempre tuvo inquietudes artísticas, proponiendo: “¿Por qué no hacemos teatro vocacional?”. Primero empezaron con Pontoni y Juancito Barrionuevo, cuando ella tenía 14 años y su hermana unos 18. Empezamos en el club San Agustín y las obritas las escribía mi hermana, cuenta afirmando que a ella siempre le gustó escribir y hacían sketchs y cantaban, y que a la gente le gustaba. Recordaba que Julián Sánchez Parra apareció un día en su casa con Enrique “Quique” Mariani, Luisito Pérez, y Virgilio Boschian, y que empezaron con una obra escrita, actuada y dirigida por su hermana, llamada “La pequeña Rosita”. También hicieron “Las espuelas del diablo” de Juan Carlos Chiappe, la que representaron varias veces y a la que vino el autor. Hicieron “El granuja” y “Las nazarenas del desengaño” de González Pulido, y la última que representaron fue “Bendita seas” de Alberto Rodríguez. Actuaban en el club Ezeiza y también en el cine Tristán Suárez.
El maquillador se llamaba Adolfo Salina, quien después se dedicó a la fotonovela bajo el nombre de Carlos Casanque. Después las maquillo Carlitos Arévalo. Tenían un vestuario muy sencillo y siempre que hacían cuadros gauchescos, los muchachos conseguían bombachas, botas, rastras, lo que sea. Hacían los decorados, llevaban muebles de su casa, si había una escena que se recreaba un almuerzo o algo, los platos los llevaban de su casa.
Contó que en “La pequeña Rosita” figuraba una chica de campo humilde, que había estado siempre enamorada de un muchachito que quería ser médico y se venía a la Capital a estudiar; ella siempre lo espera y él al venir a la Capital, conoce otras mujeres. Rosita como ve que él no viene se anima a irse a la Capital a verlo a la pensión y cuando va se encuentra con una mujer que la recibe, y como sabe que ella es del campo, trata de lastimarla con palabras. Para que ella se sienta abochornada, le hace creer que el muchacho la olvidó, que no la quiere, pero no es así ya que al terminar la obra, Rosita se junta con su galancito, que se recibe de médico. El público se enojaba con la gente mala y gozaba cuando las cosas salían bien.
Cuando representaron “La Guitarra de Pancho Almada”, Julián Sánchez parra tenía un personaje recio, muy malo, ya que era el dueño de la estancia donde vivía Doña Rosina con sus hijos. Él pretendía a la hija de Doña Rosina, Mariana. Doña Rosina tenía a su hijo Marcos que estudiaba medicina y había criado a un muchachito que se llamaba Pilincho que era el cómico (lo hacía Mariani), y el hijo iba a estudiar a la Capital, “pero ¿Qué pasa? Marcos no estudiaba, le hacía creer a la madre que estudiaba, pero él se gastaba su dinero en juegos, libertinaje, pero no estudiaba. Pero la mamá le creía. Y el dueño del campo, don Ramón Acuña, pretendía a Mariana, pero Mariana estaba enamorada de un muchacho que se hacía llamar Pancho Almada, que hacia justicia. Y don Acuña no podía conseguir que esta chica lo quisiera, entonces, no encuentra mejor cosa que decirle que si no se casa con él, el desaloja a la familia. Entonces, la chica – la mártir- para que no desalojara a la madre del campo, acepta casarse con don Ramón Acuña. Pero viene Pancho Almada, la salva, pone a don Ramón Acuña, digamos, en su lugar. Entonces, ahí era la parte en donde aparecía Pancho Almada, y la gente fervorosamente, toda contenta. Y esa obra termina, que el día que se casa Mariana con Pancho Almada, vienen de la iglesia, vienen ya para hacer la fiesta y esta Marcos, en escena, que lo viene siguiendo un policía, que era Bustamante, entonces le dice: “¡Párate o te quemo!” Y él dice: “¡No, por favor acá no!, hoy se casa mi hermana”. Y en eso aparece doña Rosina, entonces le dice: “Marcos ¿Qué hace usted acá, usted no tenía que estar rindiendo un examen?”. Entonces ahí se descubre todo y ahí el policía le dice: “Éste nunca estudió, su hijo es esto, esto, esto y esto”. Y claro, la pobre vieja, con el disgusto de ver que su hijo siempre le mintió, sufre un paro cardíaco, cae y muere. Entonces, entran, se discute, vienen los recién casados y se encuentran con que la madre esta en el suelo. Bueno, la escena termina así, a él que se lo llevan preso y le dice: “¡Perdóneme mama, perdóneme!” Y la hija que llora a su madre muerta y Pilincho que dice unas palabras muy lindas, digamos acorde con lo que había pasado. Y la gente bueno...moqueando, y le digo la verdad, a lo mejor esta mal que yo lo diga, pero en realidad fue así, la gente aplaudía de pie y cuando salíamos a saludar, dos o tres veces, porque.... Gustaba mucho. Así que pienso que quedó como algo muy lindo”.
Esta es la historia del Cuadro Filodramático Juvenil. muchos los deben recordar. A fines de diciembre del ‘51 empezaron y se disolvió el primer cuadro en el ’55. Y después en el año ’55 hasta el ’56 trabajaron con el otro grupo que estaba integrado por Ricardo Rojo, Alberto Riffa, Luisito Vázquez y Juan Carlos Senas.

Juan Carlos Ramirez Leiva.
Síntesis del testimonio de Amalia Albina De Maio, publicado en Las vacas vuelan, de la Lic. Patricia Celia Faure.
Foto: De Maio actuando en el Club Ezeiza

lunes, 29 de junio de 2020

Siempre en domingo

Parados en la ochava, desplegamos un viejo plano porque es un lugar inspirador para encontrar algún aporte a nuestra historia. En letras rojas y grandes se lee "Remate los días 17 y 24 de marzo de 1935 en Tristán Suárez (Ferrocarril del Sud)".
Al mirar las calles que formaban el damero de los terrenos loteados y puestos a la venta, vemos que esas manzanas hoy son el centro de la ciudad -si lo consideramos por la proximidad con el publicitado tendido del ferrocarril y la ruta nacional 205-. Durante esos dos días se redefinió una vez más la geografía urbana y la población de esa zona.
"¡A Suárez! ¡A Suárez, que ya nos vamos!", anunciaba a los gritos un señor el domingo en Plaza Constitución. Y se hacía aunque lloviera. No se trataba de un guarda buscando pasajeros perdidos. Sólo intentaba captar a futuros clientes para los remates de lotes. En el mejor de los casos se les ofrecía boleto de ida y vuelta en tren, gratis. Al llegar a destino los esperaba una carpa bien ventilada por los costados; para los señores había habanos y vino carlón, para las señoras bizcochos de cremona.
Las firmas rematadoras parecen que eran de lo más democráticas, se codeaban Furst Zapiola y Cía. (fundada en 1908), Giménez Zapiola y Cía., y Rufino de Elizalde y Cía.; democráticas porque todas vendían a mensualidades. "Tierra alta, fértil y apta para cualquier clase de cultivo, aparente para el codiciado fin de semana, para establecer en ella la chacra, el vivero o la granja", Otro argumento que empleaban era la prosperidad y la autopista que vendrían de la mano del aeropuerto, sin olvidarse de los comercios importantes -el almacén de Gaddini en Tristán Suárez, el almacén de los hermanos Harguindeguy en Ezeiza, la Nueva Era de Cresmani en Canning- y los espacios asignados a la escuela, la plaza y el molinete para cruzar las vías.
Transitando hoy la urbanidad reconocemos marcas de esa época, como franjas geológicas, el ayer en el hoy. Vemos no solo la mano de aquellos rematadores y los vecinos que pagaron las 120 cuotas, también los que eran o son un tanto más poderosos; negocios inmobiliarios, usucapciones oportunamente detectadas, asentamientos electorales. Por citar sólo ejemplos de José María Ezeiza;: un mojón que suponemos resto de la venta de propiedad de Eduardo Labougle en la esquina de Balcarca y Provincias Unidas; una vereda ancha -no sabemos por qué- en Paso de la Patria al 100; una calle 9 de julio reducida-sorpresivamente - a media calzada al atravesar Tuyutí, ahí sí sabemos, la construcción esta a la vista; arterias de césped y no holladas por autos aún, como unas cuadras de Paunero; el cuadrado vacío de Goñi, que funciona como campito para el fútbol los fines de semana, sobre Perón, entre Ituzaingo y Balcarce; hermosos pasajes, como el de Angostura bordeado de casuarinas; las construcciones nuevas levantadas sobre bañados, como la manzana de las Luces, donde funcionan el Centro Educativo Complementario 502 y la Media 4. La fisonomía urbana se redefine continuamente por obra y gracia de sus propietarios y de sus pobladores, que no siempre son lo mismo.

Lic. Patricia Celia Faure.

viernes, 19 de junio de 2020

Estancia La Catalina

En la región sobreviven aún casonas como perdidas en el tiempo. Este es el caso de la estancia “La Catalina”, declarada  Patrimonio Histórico por el H.C.D en el 2019,  gracias al relevamiento de la Junta de Estudios Históricos de Ezeiza y al Museo Regional Tristán Suarez. Su  casco se ubica en las calles Ñandubay y David Peña, límites entre Canning  y Barrio El Trébol (La Unión).
La edificación permanece rodeada de una frondosa arboleda de eucaliptus, cedros, caminos de ligustros, bambúes exóticos de gran altura y un ombú originario. El trinar de las aves que se puede escuchar es un concierto que a uno lo impregna de naturaleza.
Murzi, ingeniero civil, compró 617 hectáreas a Juan Manuel Acosta a finales del siglo XIX, siendo llamada estancia La Catalina, en homenaje a su madre. Leemos en La Gaceta, un año antes de su muerte: “El ingeniero se dedicó con éxito a sus actividades a la dirección y construcción de casas particulares y de renta, demostrando alta pericia en esta rama arquitectónica. Su firma llegó  a ser altamente cotizada y supo imponerse desde el primer  momento por su refinado buen gusto, adaptando  las construcciones a todas las exigencias de la comodidad, la higiene y la euritmia. Los edificios que construyó pueden  admirarse en nuestras calles más céntricas y concurridas.(...) A la industria agropecuaria consagró ingentes esfuerzos, adquiriendo los establecimientos  “San Teodoro”,  situado en Labardén , y “La Catalina”, en Ezeiza (prov. de Buenos Aires), que han tenido un próspero  desenvolvimiento. El establecimiento que posee en el citado partido de Labardén cubre una superficie  de 3.000 hectáreas;  dedicado a la cría de vacunos y otros ganados”
El modelo de país en ese momento, se orientaba exclusivamente a la producción y exportación  agropecuaria y las mieses de la tierra eran bien cotizadas en el exterior y el plan de Eduardo Murzi, era ser parte de ese engranaje económico. Era una época dorada para los poseedores de tierras y sus socios; sus ganancias permitían disfrutar de niveles de vida de clase alta europea y a su vez importar elementos suntuosos que  aquí no se producían. Argentina era considerada el granero del mundo y Eduardo Murzi contaba con dinero, capacidad y contactos para ser un empresario exitoso. En su propiedad en la capital federal era común la visita de artistas y músicos. Eran amantes, junto a Maria Rocca, de lo lírico y el teatro por lo que contaban en su casa con teatro propio con capacidad para 200 personas. Era una tradición festejar a finales de agosto la celebración llamada “Santa Rosa”, en honor a la madre de Maria Rocca. En esa celebración era común correr las sillas del teatro para dar lugar al baile y diversión.
En Canning, no hubo colonias agrícolas o ventas de lotes de la banca francesa, como si lo fue en otras partes del ramal. La iniciativa debió estar en manos de esta burguesía criolla que poseía los medios de producción. El crecimiento económico del país parecía no tener fin, pero la Primera Guerra Mundial y luego la crisis de 1930 trastocaron los planes de estos terratenientes. La familia Murzi tuvo que vender parte de sus tierras sobre el Camino Real a Las Flores y arrendar. Alejandro Tuñón, contador  y bisnieto del primitivo dueño, accedió a una entrevista en donde nos aclaró que luego de la muerte de Eduardo en 1936, La Catalina fue utilizada principalmente como una residencia de  descanso.
Los descendientes de Eduardo explotaron ciertas actividades agropecuarias a pequeña escala. Una salida económica para la familia fue el arrendamiento a Juan y Pedro Echart en 1943, quienes se dedicaron al tambo hasta la década del 60. Siguió Manuel García Tuñón (Padre de Alejandro)  que contrato a  Juan Marraco y luego a Toledo, continuando la explotación tambera. Esta actividad  trasladaba en ferrocarril los tarros de leche (estación Ezeiza). La memoria oral recoge historias de Alberto Goñi, él era una especie de veterinario sin título. Su universidad fue la experiencia campera. Los mitos entre los baquianos  eran recurrentes como por ejemplo: curar con la palabra, especie de rezo que nadie escucha más que el animal.  
Retomando las actividades de la Catalina, otra iniciativa fue  la cría de cerdos pero no funciono, ya que los persistentes robos no permitieron que el negocio creciera. Alejandro Tuñón señalo que  eran más los robos que las ganancias. Los herederos, al no poder explotar la tierra con éxito, continuaron con el fraccionamiento y japoneses y portugueses adquirieron algunas hectáreas para finales de la década del 60. Eiko, Higa, Arakaki, Tamashiro, por un lado, y tres hermanos de apellido Almeida: Américo, Manuel  y Antonio. Todos ellos se dedicaron a la plantación y comercialización de verduras. Estas quintas dieron trabajo y subsistencia a familias que llegaron a los barrios cercanos desde distintas provincias y países limítrofes en la década del 70 y 80. 
Luego de unos años, los portugueses vendieron y en esas hectáreas hoy se ubica el Parque Industrial Canning, uno de ejes productivos del Partido de Ezeiza. El casco de La Catalina se mantiene intacto.

Por: Prof. Elio Daniel Salmón
Nota del editor: debido a lo extenso de la nota (sumamente valiosa en datos), se publica un extrato del original.

domingo, 31 de mayo de 2020

Día Nacional de la Energía Atómica


Se celebra hoy en nuestro país, el Día Nacional de la Energía Atómica. La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), fue creada el 31 de mayo de 1950 por el presidente Juan Domingo Perón, a través del Decreto Nº 10.936/50. A 70 años de su creación, la Comisión continúa dedicándose al estudio, desarrollo y aplicaciones en todos los aspectos vinculados a la utilización pacífica de la energía nuclear, desarrollo tecnológico, gestión de residuos radiactivos y formación de recursos humanos. Estas acciones posicionan al país entre las diez principales naciones con mayores niveles de desarrollo nuclear y con una alta contribución a la no proliferación nuclear.
En su desarrollo, se consolidó en la construcción y operación de reactores de investigación y sus combustibles, en la producción de radioisótopos y el empleo de las radiaciones ionizantes para diagnóstico y tratamiento médico, sin dejar de mencionar que la producción de nucleoelectricidad con solo 2 centrales, alcanzó el 8 % de la energía eléctrica del país. Durante las dos primeras presidencias de Perón (1946-1955), se viabilizó la integración tecnológica en las áreas de energía, aeronáutica, infraestructura e ingeniería civil. 
Con la Revolución Fusiladora de septiembre de 1955 (denominada por los historiadores oficialistas como Libertadora), el desarrollo del campo nuclear fue transferido del Ejército a la Marina, quedando a cargo el capitán de Fragata Pedro Iraolagoitía. La DNEA dejó de existir en términos formales y su patrimonio pasó a CNEA, sostiene el investigador Mario Hurtado.
El primer reactor de investigación, el RA-1, alcanzó el estado crítico en enero de 1958; trabajaban en CNEA, alrededor de 250 científicos y 300 técnicos. La creciente demanda de radioisótopos para usos médicos, impulsó el diseño y construcción de un reactor de mayor potencia: el RA-2, finalizado en 1966. En paralelo a su construcción, el grupo de materiales de CNEA diseñó y construyó los elementos combustibles.
Un nuevo reactor bautizado RA-3 (de 5 MW), fue puesto a crítico en el Centro Atómico Ezeiza (CAE) a mediados de mayo de 1967, aunque fue inaugurado en diciembre y comenzó a operar regularmente a comienzos de 1969. En su construcción participaron 67 empresas argentinas y junto a este reactor fue construida una planta de producción de radioisótopos, que comenzó a operar en 1971.
La imposición de una política económica de desindustrialización y precarización laboral en 1976, necesitó de una estructura represiva que llevó adelante prácticas de terrorismo de Estado con dimensiones de genocidio. Durante el período1976-1983, veinticinco miembros de CNEA fueron secuestrados, quince figuran desaparecidos, y más de doscientos fueron despedidos.

Juan Carlos Ramirez Leiva

miércoles, 6 de mayo de 2020

Nace una nueva escuela


En las tierras que fueran de Josefa Guevara primero y de Sebastián Acosta luego, los rematadores Vinelli, Goldvaser y posteriormente “Los martilleros de la suerte” Fernández Hermanos, dieron el puntapié inicial para el poblamiento de la zona.
A principios de la década de 1970, la barriada de Sol de Oro ya había adquirido su propia identidad en el distrito. No eran tantos los pobladores, solía recordar Don Maidana y su esposa Angelina Iriarte, quienes cuando llegaron al barrio en 1956 había apenas y quizás, un vecino por manzana. Sin embargo, todos trabajaron con mucho tesón para la naciente comunidad. Desde 1962 se agrupaban en la Sociedad de Fomento Sol de Oro, creada por propia “iniciativa de los vecinos del lugar” (siete u ocho a lo más), como etapa superadora de las reuniones en la casa de Hugo Guilarte. Este diligencioso vecino llegado en 1961 (presidió la Comisión Pro- Luz de Sol de Oro y la Sociedad de Fomento), comprendió la necesidad de tener una escuela propia y para impulsar el pedido, levantó un censo barrial. Fue don Hugo quien además, gestiono y pidió los terrenos fiscales en donde finalmente se levantó la anhelada escuela, en la calle por entonces llamado Rayos de Sol.
Pza. 25 de mayo, 03/1971
El despoblado era tal que la aproximación del único colectivo, propiedad del ezeicense Redondo, podía verse de lejos y les paraba a los vecinos, prácticamente en la puerta de la casa. En ese contexto, los hijos del barrio tenían que acudir a la escuela Nro. 13 (hoy Nº 5, Ricardo Rojas), o la del barrio La Porteña, caminando varias cuadras por calles de tierra.
Izamiento de la bandera por el Sr. H. Guilarte
Para efectuar las gestiones, solo los vecinos Alejandro Moyano y Hugo Guilarte pudieron viajar a La Plata debido a la falta de fondos, recordándose que ese día sólo se alimentaron en base a un paquete de galletitas de agua Criollitas. Cuando las autoridades de turno dieron la ansiada aprobación, ambos gestores se abrazaron y lloraron de alegría, escena que se repitió cuando llegados a su querido barrio trasmitieron la noticia a sus vecinos.
Al no disponer de un edificio, la escuela comenzó a funcionar en la capilla San José Obrero y la inauguración del ciclo lectivo, marzo de 1971, se hizo con un acto en la Plaza 25 de mayo, izando la bandera el Sr. Hugo Guilarte. Con la dirección de la Sra. Nidia Clementina Bertani y dos maestras se dictaron clases, sólo hasta el cuarto grado, en tanto las “aulas” estaban divididas con cortinas de lienzo (que se corrían a un costado cuando se daban misas). La escuela fue bendecida por el Párroco Hugo Ibañez, y la ceremonia de izado de la bandera, se realizaba en el mástil de la plaza.
03/1971 Bendición de las aulas en la capilla San José Obrero
El 19 de abril de 1971 el objetivo se había logrado, se comenzaron a levantar las instalaciones de la escuela de educación primaria E.P. Nº 16 “Hipólito Bouchard” (ex Nº 40), en el número 1766 de la calle que actualmente lleva el nombre de Hugo Guilarte (quien falleciera en 1976), en justo reconocimiento a su acción fomentista.

Juan Carlos Ramirez Leiva

Sr. Hugo Guilarte
Apostillas

A la nueva institución le faltaba un mástil y don Hugo consiguió que una escuela primaria de Luís Guillón, lo donara y allí fueron los vecinos Ceballos, Moyano, don Hugo y su hijo. Tras cavar sin éxito para sacarlo de la vereda en donde se encontraba levantado, uno de ellos consiguió una sierra pero el ruido que hicieron cuando lo comenzaron a cortar fue tal, que los vecinos se alarmaron y los denunciaron por “estar robándose el mástil”. Detenidos los cuatro y conducidos a la comisaría, don Hugo debió esperar que terminara de amonestarlo el Comisario para que se le permita hablar y presentarles la autorización del Consejo Escolar. Finalmente liberados, cumplieron su tarea y la nueva escuela tuvo al fin su mástil.

Ante la falta de mobiliario escolar, los estudiantes debían llevar sus propios banquitos y para combatir los fríos de invierno, los padres de los alumnos llevaban un bracero para climatizar el lugar.

Con la presencia y actuación de la Banda de Infantería de Marina de la Armada Nacional, padrinos de la escuela, se inauguraron las instalaciones.

Juan Carlos Ramirez Leiva