sábado, 13 de diciembre de 2008

Primera Comunión

Más de una tía se sintió inquieta. El nene no lograría mantenerse impecablemente vestido en aquella calurosa tarde del 8 de diciembre de 1958. Muchos habían estado encerrados los últimos días en un vano intento de que las rodillas no presentaran nuevas cicatrices. Pantalones cortos pero saco, moño y medias largas y tan incómodas, como los molestos guantes blancos. Aquellos, que los chicos comenzaban a sacarse para pesar de sus madres y madrinas.
La jornada se había iniciado a las 6 hs., con repiques de campanas y disparos de bombas. A las 7.30 hs., la Misa Blanca de Primeras Comuniones y a su término, se les había servido a los niños un chocolate con masas confeccionadas por las madres. Por la tarde y tras la Coronación del Rey y Reina del Catecismo, se inició la Gran Procesión. Se habían recorrido las calles Córdoba, Pravaz y Ruta 205. Los hombres llevaron en andas a La Inmaculada Virgen María Nuestra Señora del Valle; era su primer paseo por Ezeiza.
La procesión regresaba desde la Plaza San Martín por la Avenida French, camino a la aún joven parroquia. Esta, inaugurada el 18 de febrero de 1950, había sido construida gracias a la pujanza de los fieles locales y a la gestión de la familia Pistarini, tan ligada a nuestra historia local. Las fiestas patronales de Ezeiza habían convocado incluso a vecinos de Canning, La Unión y Tristán Suárez. Se había trabajado mucho, las calles estaban arregladas, adornados los edificios y las flores embellecían el templo. Los festejos culminaron cuando tras entonar el Himno Argentino, se arrió la bandera y se hizo un emotivo adiós con los pañuelos.
Hacia menos de un año que había pasado de ser considerada Capilla a ser reconocida como Parroquia. La imagen había sido traída recientemente y acompañaba al hermoso fresco pintado por detrás y arriba del altar, por un artista del cual no hemos podido rescatar el nombre. La comunidad católica local se sentía orgullosa, 1958 había sido un año generoso. La iglesia católica cumplía nada más ni nada menos que doscientos años en Ezeiza. La cara del párroco Severo Babuggia irradiaba felicidad cuando convocaba para las Confirmaciones que se realizarían el día 28 y que estarían a cargo de Monseñor Dr.Alejandro Schell.
Desde la década de 1930, las primeras comuniones se realizaban en diferentes lugares. Las últimas habían tenido como marco tanto la casa de Larralde, sobre la avenida French, como la quinta del Doctor Labougle, hoy de dimensiones más modestas que las originales. La propiedad del que fuera diplomático de nuestro país, aún puede observarse con frente a la calle Provincias Unidas, entre Balcarce y Lavalle. No significa ello que la región no contara con un templo, pues debe considerarse que la Capilla de la Virgen de Los Remedios fue desde el 5 de marzo de1758 la única en muchas leguas por más de cien años, y estaba ubicada en el hoy Distrito Ezeiza.
Cuando en 1945 se expropio la estancia de Los Remedios para la construcción del aeropuerto, el casco y la capilla fueron demolidos. En su larga existencia, la capilla había dependido de la Parroquia de Nuestra Señora de las Islas, cuando la región pertenecía al pago de la Magdalena, luego pasó a depender de la Parroquia de la Santa Cruz de los Quilmes, bajo el Curato de Quilmes. Posteriormente, al crearse el Partido de San Vicente, quedó bajo dependencia de la parroquia de San Vicente de La Laguna de la Reducción; y finalmente al crearse el Partido de Lomas de Zamora (1871), pasó a depender de Nuestra Señora de la Paz hasta la creación de la parroquia de la Inmaculada Concepción en Monte Grande.
La imagen de la Virgen de Los Remedios fue traída por primera vez a América por H. Cortés, importada de España. De la que estuviera en Ezeiza, le hemos perdido el rastro pero si sabemos que los candelabros de plata que la iluminaban, fueron adquiridos por un artesano de Mataderos. Cosas de nuestro pasado.
Juan Carlos RAMIREZ

Maria Amelia dice...

Excelente el blog de la Junta de Estudios Históricos de Ezeiza. Hace unos días adquirí "Las Vacas Vuelan", y no puedo parar de leerlo. Por favor felicito a Patricia, de parte de una lectora adicta. Hace un tiempo hice una escritura de una familia Erratchu, y hablando con ellos resultaron ser pioneros de la zona de (mi barrio -Links Erratchu) y Tristán Suárez, y se ofrecieron a contarnos algunos recuerdos de familia. Gracias a ustedes

sábado, 22 de noviembre de 2008

La primera médica

La Dra. Cecilia Grierson fue la primera mujer de nuestro país en obtener el titulo de médico cirujano pero por su condición de género, la sociedad le negó el acceso a cargos jerárquicos en las instituciones. En 1882 ingreso en la Facultad de Medicina, motivada entre otras cosas por la ilusión de poder curar a Amalia Kenig, una amiga que falleció algunos años después que obtuviera su diploma. Corría el año 1885 cuando comenzó a funcionar la primera escuela de enfermeras de América Latina con un plan de estudio formal, creada y dirigida por la estudiante Cecilia Grierson. Entre otros aportes, estableció el uso del uniforme de enfermera el cual fue adoptado por la mayoría de los países latinoamericanos. Entre 1885 y 1888, siendo todavía estudiante, fue ayudante de histología en la Facultad de Medicina. El 2 de Julio de 1889 obtuvo su título de médica convirtiéndose en la primera mujer graduada de la U.B.A. Su tesis fue aprobada y firmada por los doctores Mauricio Gonzalez Catan, de la Carcova, Eduardo Wilde, Juan R Fernández y Molina; lleva fecha 16 de febrero de 1889 y está clasificada con el número 0983.
El 15 de Abril de 1892, fundo la Sociedad Argentina de Primeros Auxilios, más tarde incorporada a la Cruz Roja Argentina. En colaboración con la Asistencia Pública, gestiono y obtuvo el derecho al uso de la campaña de alarma en las ambulancias que hasta ese momento era de uso exclusivo para el cuerpo de bomberos de la capital. En Julio de 1899 llevo la representación de algunas sociedades femeninas ante el Congreso Internacional de Mujeres en Londres, en donde se le confirió el nombramiento de vicepresidenta honoraria. De regreso, en 1901 fundó la Asociación Obstétrica Nacional y la Revista Obstétrica. En 1916 se retira de su actividad docente y asistencial, cansada y enferma. Solía veranear en una casa en los Cocos (provincia de Córdoba) y en esa localidad donó la propiedad en donde se levanta la Escuela Nacional N º 89 que lleva su nombre, por decreto del año 1935 del Consejo Nacional de Educación.
La doctora Cecilia Grierson murió de cáncer de útero el 10 de abril de 1934 en una casa de la calle Conesa al 2147 en el barrio de Belgrano. Fue una de los seis hijos del matrimonio entre Jane Duffy y John Parish Grierson. Su papá, que nació en la colonia escocesa de Monte Grande, viajó a Inglaterra en donde estudió diversos temas agropecuarios y a su regreso, se dedicó a los trabajos de estancia y a la cría de caballos de carrera. Los restos de Cecilia descansan en el Cementerio Británico de la ciudad de Buenos Aires. Allí se alza una lápida donde figuran tallados los nombres de sus ancestros. Encabeza la lista William, su abuelo paterno, aquel inmigrante que no imaginaría que su nieta entraría cien años más tarde en la historia universal de la Medicina. William Grierson participó del grupo arribado al país en 1825 durante la presidencia de Bernardino Rivadavia, teniendo como tarea la de proveer herramientas y enceres para los colonos. Años después la doctora escribiría su libro Primera y única colonia formada por escoses en la Argentina (1925), una obra de alto valor historiográfico sobre la experiencia de aquellos inmigrantes en Monte Grande. En el vecino distrito de Esteban Echeverría, la EPB N° 12 de El Jagüel, lleva el nombre de Cecilia Grierson, quien nació en la Ciudad de Buenos Aires, el 20 de noviembre de 1859.
Por Juan Carlos Ramirez

sábado, 15 de noviembre de 2008

Noviembre trae recuerdos


El ferrocarril levantó una sencilla estación de madera en las tierras que fueron donadas para tal fin. Única condición, debía llevar el nombre de Tristán Suárez; el otrora militar devenido en terrateniente. Este no había dudado en donar las tierras que le pertenecían a su esposa, la joven Virginia Acosta, para que se le honrara a él por tal generoso desprendimiento. Veinte años después, la planta urbana de la joven localidad, comenzaba a crecer.
En aquel noviembre de 1905 el comerciante José Vidal, establecido desde hacía varios años en una T. Suárez cuya población rural rondaba las 50 personas, decide ampliar sus actividades. Al restaurant y posada "El lucero del alba", le suma un nuevo negocio de panadería, que según publica el diario El Vicentino, "reúne todas las comodidades higiénicas necesarias para la elaboración de pan y galleta de una calidad superior debido a las buenas maquinarias que ha instalado". El empresario se proponía además, abastecer a Ezeiza, M. Paz y alrededores. Contaba para ello con dos jardineras para el reparto de pan y galleta a domicilio, construidas en la fábrica de carruajes local, propiedad de Ignacio Passini.
No todas eran buenas noticias. El primero de noviembre había fallecido Ernesto Echeverría, quien explotaba en sociedad con Goñi un almacén y despacho de bebidas frente a la estación Ezeiza. La construcción data de 1903 y aún pueden admirarse sus ladrillos, que median 14 por 29 cm. El deceso fue masivamente lamentado y así lo expresaron vecinos como Juan. Bottaro, J. Erramospe, F. Utharry, P. Errecalde, Rufino E. y Dardo N. Alegre, M. Ghirigaray, B. Legarte, S. Cambiasso, G.P. Inchouespe, F. Echemendi, M. Erramouspe, J.F.Leconde, F. Vicondoa, E. Ginocchio, G. Salunbehere, Ernesto y Juan B. Iriarte, entre otros. También estuvo Juan Larralde, aquel vasco de buena memoria que dos años después que le robaran un vacuno, lo reconoció en un campo vecino y pudo denunciar al sujeto, en enero de ese mismo año de 1905.
Los restos del malogrado Echeverría fueron conducidos a L. de Zamora y depositado en el mausoleo de la familia de Nicómedes Pierotti. Este vecino había llegado desde Italia en 1863 e inició en 1878 la instalación de una fábrica de pólvora, en las actuales Patricias Argentinas y Córdoba, de Ezeiza. Su empresa prosperaba pero llegó el primer susto hacia 1884, año en el que se produjo la primera explosión en el establecimiento. Le sucedió otra en 1887 o 1888, otra en 1890, una en 1896 y la última, el 27/12/1898. No se supieron las causas pero lo cierto es que a las 14.55 hs., la explosión fue escuchada hasta en Barracas al Sur. La suerte estaba echada y la fábrica cerró. La memoria colectiva recuerda el episodio, como el día en que "explotó el polvorín".
Pierotti construyó una casa (en la que vivió la ya fallecida actriz Rosa Rosen), que aún existe y que vendió hace casi cien años a la familia Ferrari, sus actuales propietarios. Su nombre, "Santa Bárbara", remite a su origen y a la causa de su venta. Prácticamente no la habitó, ya que su construcción concluía en el momento de aquella dramática explosión.
Regresando a noviembre de 1905, el día 24 fue un día festivo para T. Suárez. La Directora y Maestra María Angélica M. de Amaya dio una clase pública en la Escuela Nº 5 (actual Nº 4). Había sido designada el 26 de marzo junto a C. Moreno, maestra de 1º grado. La clase fue presenciada por miembros y el secretario del consejo escolar, además de un numeroso público. De acuerdo a El Vicentino, tras compartir un almuerzo se escuchó al cantor Rubini y entre las familias presentes, se encontraron las de F. López, Amaya, Félix M. de la Rosa, Beltrame, Alegre, Orso, Heguilsin, Michele, Pini, Gómez, Crispi, Donatti, Cambiasso, Pedrolini y Brancoli, entre otras. Noticias de la vida en el Distrito Ezeiza, hacia Noviembre de 1905.

Juan Carlos RAMIREZ.

TS dijo...

Muy interesante todo lo que he leído sobre la historia de Ezeiza y de Tristán Suárez

sábado, 8 de noviembre de 2008

Ezeiza crece

El lento pero permanente aumento demográfico sostuvo la actividad de los hornos de ladrillos en la zona hoy conocida como Canning. El incremento de la demanda puede adivinarse porque aproximadamente en 1928, los Aranda se suman a la producción. A finales de los años 20, los Pascuaré se radicaron en Ezeiza: Alfredo trabajó en la garita de cambios del ferrocarril mientras Armando fue perfilando su oficio de albañil primero, luego fue el constructor con el número de registro más bajo del pueblo. La casa de Alfredo, muy deteriorada, se aprecia aún en Gral. Paz y Avellaneda.
Una de las propiedades más antiguas y alejadas de la estación que aún existe es la casa del primer intendente vecino de Ezeiza, Don Pedro Legarto (actuó entre 1918 y 1921). Época de progreso para la zona porque desde T. Suárez, la red telefónica comenzó a expandirse. El señor Gaddini había obtenido en 1913 la concesión nacional y en 1928, transfirió el servicio y las líneas de "La Positiva", a la Compañía Unión Telefónica. En la guía editada en 1926, P. Pravaz figura como el abonado Nº 20. La central de la U.T. estaba sobre la vereda norte de E. Echeverría, hoy sede del banco Provincia, frente a las propiedades de la familia García. Una sociedad no podría funcionar sin centros de relaciones. El fútbol fue lo más apropiado para integrar aún más a la comunidad y el primer club fue llamado "Sportivo Ezeiza". La cancha estuvo emplazada hacia 1922, año de su fundación, en un predio cedido por los Zenavilla - Ramos Mejía, justo enfrente de lo que desde 1940, se llamó Plaza San Martín.
Al crearse el distrito de E. Echeverría (09/04/1913), la que fuera fundada en 1877 como Escuela Elemental de niños en el Partido de San Vicente pasa a ser la Nº 3, declarada "con categoría suburbana y situada en el paraje llamado Ezeiza". Sin local propio, funcionó en lo de Cesar Motta en 1914 para pasar dos años después, a un local de propiedad de Lión Pérez. Por ex alumnas como Teresa Barone, la ubicamos sobre el camino que posteriormente pasó a ser la Ruta Nacional Nº 205 (trazada en 1930), con patio y galería que daban a las vías del Ferrocarril del Sud, con otro patio que se extendía hasta la barrera de Garibaldi (hoy P. Pravaz), y teniendo como vecino por el Este a la primera panadería, que llegó a ser propiedad de Guarna. Esta lindaba con "Santa Bárbara", casi frente a la casa de los Pravaz, vía por medio. Entre 1924 y 1930 la escuela funcionó en "La Catalina", sobre French.

Juan Carlos Ramirez

domingo, 19 de octubre de 2008

Viviendas del Barrio Villa Reina Elena

Entre las casas antiguas, se destacan las levantadas con chapa. La generosidad de los materiales empleados y el celo de sus dueños, nos permiten apreciar la vivienda ubicada en Reina Elena 773 casi tal cual como fuera levantada. Sólo una pared ha reemplazado un enrejado de maderas muy popular por entonces para limitar las galerías, ese espacio de tránsito de lo privado de las habitaciones a lo público, a lo abierto, al patio. La casa, que perteneció a Pedro Arrizurieta, no difiere de otras de similar estilo que han sido desmontadas no hace demasiado tiempo.
Contemporánea a las casas Hansen es la ubicada en R. Elena y Dorrego, esquina sudeste. Fue propiedad de la familia Belinzonci y el paso de los años la han dañado pero puede adivinarse la galería que antaño poseía. Una de similares características todavía se levanta en Fournier y Dorrego. Distinta a las descriptas, pero también del tipo mediterránea, es la que se encuentra sobre Laprida entre P. Pravaz y R. Elena, vereda Este: "La Carlota", casa que perteneció a Doña Ramona Fernández. Para acceder a su galería debe trasponerse una puerta, límite entre lo privado y lo público, y esto la diferencia de la que se encuentra enfrente, conocida como la casa de "La Rosa". Su galería estaba precedida por otra formada por un rosal de unos 6 metros de longitud, que daba la bienvenida desde la calle hasta el ingreso a la vivienda; aún hoy se la puede apreciar, con algunas reformas. Con pisos de madera y un sótano la recuerda Telma Pascuaré, nacida allí mismo. Sobre Pravaz 1150 la casa de la familia Delfino, respeta líneas similares: habitaciones que desde el frente se suceden y a veces se comunican internamente, hasta un remate en "L" donde se encontraba la cocina; a las habitaciones se accede desde un corredor-galeria cubierto, con grandes ventanales que permiten el paso de la luz sin retaceos. La propiedad de los Boulan, Provincias Unidas entre French e Ituzaingó, es un ejemplo de estas construcciones.
Estas casas conforman la planta urbana en la década de 1920, junto a un tercer tipo de construcción de ladrillos sin revocar y con amplios espacios, como la de Dorrego 270. En la esquina de Laprida y R. Elena, la herrería de Baristo Ortelli se mantiene desafiante y con sus ladrillos a la vista tal como sucede con la casa ubicada en Ituzaingó casi esquina Provincias Unidas. Los cambios en el tiempo pueden seguirse a través de la geografía de sus paredes sin cubrir. Por Echeverría, antes de Pravaz y con fondos a las vías del ferrocarril, la casa de Juana Corbeta fue probablemente tan o más antigua que la del almacén de Arruiz con su sótano, su particular vereda techada y un palenque limitando la galería. La casa de Corbeta, anterior a 1884, ya fue parcialmente demolida y no puede apreciarse sus añosas paredes pero no es el caso de la propiedad de Arruiz, la que sabemos con certeza que es anterior a noviembre de 1895, que nos muestra todo un estilo arquitectónico al desnudo.
Foto de la vivienda de la familia Ravanillo, en Castelli 386; año 1923-6
Juan Carlos Ramirez

sábado, 18 de octubre de 2008

Bini dice ....

Gracias por permitirme poner en conocimiento de mis lectores de El Morueco Terenciano, buena parte de la historia pasada que se desconoce absolutamente. Sobre todo a los que llegan al Partido vírgenes de todo conocimiento.
Bini Peñuelas - El Morueco Terenciano

Nelida dice.......

Amigos de Ezeiza, les solicito que esta información también la envíen a la Junta Central de Estudios Históricos de la Ciudad de Buenos Aires- Federación, para ser incluida en el Boletín mensual.
Presidencia de la Junta de E. H. del barrio de Liniers

domingo, 12 de octubre de 2008

20 de junio

Recuerdo que cuando tomaba la ruta para ir a Ezeiza, e iba llegando, el paisaje se iba haciendo cargo de mí. Siempre una vivencia distinta...Obviamente iba a visitar escuelas, y a pesar de las múltiples problemáticas que me contaban Inspectores de las Ramas de la Enseñanza, los Directivos, y ya en ellas, los padres y docentes (porque los niños pocas veces tienen espacio para decir en estas cuestiones ¿no?) yo no podía dejar de dibujar una sonrisa en mi alma. Gente trabajadora, luchadora, con buenas intenciones, peticionando lo que significaba dignidad.
Muchas veces en mis "paisajeos" también aparecía la angustia...yo había sido una de esas jóvencitas que con todos los ideales a full, había cruzado el río en cadena de la mano de mis compañeros para esperar el regreso de Juan Domingo Perón a la Argentina. Yo había ido con la columna de Matanza y mi hermana con la Iglesia de Moreno. Nada de lo ocurrido esperábamos. Nada se nos había advertido. O éramos altamente pueriles o sumamente tontas. Recuerdo mi desesperación por encontrarla entre las balas, y mi resignado regreso a casa, mojada, embarrada, con mi ropa hecha despojos. Mi madre en la puerta viéndome llegar sola...y allí las dos solas volvimos a esperar. Cuando de un colectivo, sucia y agotada como yo, llorando como yo la vimos bajar...Esa masacre había sido el prólogo de los horrores por venir. Creo que estos matices fuertes de la Historia de Ezeiza, hicieron del pueblo un grupo social especial.
Por: Raquel T. Fazio

Ciudades de octubre

El Boletín Oficial del 29 de noviembre de 1973 contenía la ley 8130 Declarando ciudad a la localidad de Ezeiza, dada en la Sala de Sesiones de la Honorable Legislatura de la provincia de Buenos Aires, en la ciudad de La Plata, a treinta días del mes de octubre de mil novecientos noventa y tres.
Unos días antes, vecinos e instituciones del aún pueblo, se encontraban movilizados, los urgía una nota recibida: “La Liga de Padres de Familia (Sec. Ezeiza) invita a dos representantes de vuestra Entidad a concurrir a una extraordinaria reunión que se llevará a cabo en el Club Social y Atlético Ezeiza (French 161) el día viernes 30 del corriente... "el corriente se precipitaba por noviembre de 1973.
Y los actos fueron el 6 de enero del año siguiente. La ciudad madrugó con el estruendo provocado por el disparo de bombas y de los niños ansiosos que revisaban zapatos en busca de regalitos. Se echaron a volar palomas mensajeras, los bustos de nuestros próceres Belgrano y San Martín recibieron ofrendas florales. Hubo gran almuerzo en el Hogar Escuela y desfile de gauchos tradicionalistas venidos desde Tristán Suárez. La comisión ejecutiva de los actos tuvo como presidente honorario al intendente municipal don Oscar Blanco y la nómina estaba integrada por: Juan Alonso, sra. de Aguer, Casimiro Arguello, Oscar Avila, Carlos de Arce, Armando Amar, David Bartolini, Carlos Casador, Juan Carlomagno, Francisco Czernuszka, María C. Romero Catani, Félix Dragone, Jorge Di Leo, Juan Davico, Mario Dirisio, Cayetana de Domínguez, Oscar Galván, Haroldo García, Antonio Giugno, Hugo Ibáñez (padre), Juan Juárez, Pedro Lencina, Aroldo Luna, Irma Lavilla de Lanfranconi, Sara A. de Lasalle, Oscar Lanfranconi, Mártires Martínez, Ramón Montoliu, Leonardo Mitidieri, Juan Manocci, Hedo Nardini, Juan Ortiz, Antonio Pereyro, Amorino Paradisi, Juan Pinares, Catalina Saracino, J.Sánchez, Alberto y Benito Salinas, Teresa de Serrano, Ernesto Seva, Rosendo Seoane, Daniel Tejada, Luis Vazquez Iglesias, José Zaidán y Hugo Zobele. La autora del proyecto fue la senadora provincial Josefina Moscoso de Herrera, vecina del pueblo cariñosamente recordada por esa gestión y que actualmente esta inmortalizada en una calle que lleva su nombre en el barrio Allá en el Sur. La declaración de Ezeiza ciudad fue la ocasión propicia para responder una incógnita que flotaba entre los pobladores ¿de dónde venía esa palabra?. El diligente vecino Rosendo Roque Seoane ("Senqui”) se ocupó de investigar y responder completando con el nombre José María al apellido que antes figuraba así pelado y que nos recuerda a quien fuera dueño de una chacra que donó en parte su nieta heredera, Lorenza Zenavilla Ezeiza, para construir la estación de trenes.

Por: Patricia Celia Faure

Carolina Vera y Salcedo Daiana, opinaron:

Nos parecio interesante el tema de la historia de Ezeiza, hay cosas que uno ignora y a veces son esas cosas que están tan cerca... Nos gustaria poder llegar a involucrarnos màs con este tema de la historia de Ezeiza.

Raquel dice:

Genial! Muchas gracias! Te cuento que cuando fui Jefe de Región de EGB tenía a mi cargo cuatro Distritos : Ezeiza, E.Echeverría, Cañuelas y La Matanza. Siempre me interesó mucho la historia de Ezeiza, con todo su acervo cultural, sus costumbres, su identidad.

Mayo de 1947

Era la tarde de un Domingo de Mayo, el 18 para ser más preciso. El folleto afirmaba que aunque fuese un día lluvioso, igual se llevaría a cabo la venta de "115 lotes y 1 casa, con plantaciones". Los posibles nuevos vecinos llegaron desde Plaza Constitución en un tren especial, con un costo el boleto de ida y vuelta de $ 0.50 cada uno, no válidos para menores aunque estuvieran acompañados. En la publicidad se destacaba que los lotes se encontraban "sobre el aeropuerto". El folleto (1) incluía fotos de casas de vecinos y de la Escuela General José de San Martín. La escuela, muy viajera ella, había encontrado su definitivo destino sobre la a veces barrosa, a veces polvorienta calle French, un 25 de Mayo de 1938. Al anónimo fotógrafo contratado por la firma rematadora de Ubaldo Venancio, sucesor de Furst Zapiola y Cía., le debemos las espléndidas tomas de la casa en venta y su hermoso parque, de la estación y de la "ruta pavimentada Nº 205", que incluyen al kiosco de diarios de Galván y las desaparecidas arboledas que acompañaban la ruta, frente a la Plaza San Martín.
La casa, ubicada sobre Pueyrredón, entre Lavalle y Urquiza, se ofrecía a $ 60.- por mes, en tanto los lotes se vendían a $ 5.-. Esto llamó a la reflexión a Vicente Fuentes, dado que los precios no habían aumentado prácticamente desde que él se radicara en nuestra vecindad. No sabemos cómo había tomado la decisión de adquirir un lote pero probablemente el bajo costo, la propaganda y la facilidad de acceso a una ciudad (2) cuya dinámica bullanguera lo perturbaba, permitió que lo contáramos entre los vecinos que paulatinamente transformaban el paraje en un centro urbano. En aquella oportunidad, posiblemente en 1922, la rematadora Hansen no había establecido una diferencia apreciable de precios entre los "alejados" y los "céntricos", oscilando los valores desde cuatro a dos pesos. Que la elección de terrenos alejados de la estación no fue por motivos meramente económicos, no da la pauta el recuerdo de Victor Ravanillo. Su mamá le había confiado que había preferido comprar alejado de las vías del tren, por miedo que el ruido perturbara a las gallinas que pensaba criar.
A principios de 1940, Don Vicente Fuentes instaló un almacén en su casa, que ya no era la original de chapas. De aquellas típicas construcciones levantadas en la década de 1920 quedan algunas muy bien conservadas, como la propiedad de la familia Ravanillo, sus vecinos de Castelli Nº 386, construida entre 1923 y 1926. Al principio fue solo el almacén y el reparto con una jardinera, para proveer a los clientes de la zona de Canning tanto como a los tamberos cercanos al Matanza, transitando por caminos que se abrían entre maizales, alfalfas y tierras de pasturas. Un inusitado aumento demográfico y el tránsito continuo de camiones con obreros, alteraron las rutinas del tranquilo poblado El almacén vivió el esplendor que se produjo a partir del 22 de noviembre de 1945, cuando tras colocar la piedra fundacional, comenzó la construcción del aeropuerto. El Almacén de Ramos Generales y despacho de bebidas de Vicente, ahora fonda incluida, se convirtió en unos de los puntos de reunión para reponer energías con los platos que Ingracia, su esposa, preparaba. No dejaba de llamar la atención el colorido de los parroquianos, algunos de ellos trajeados pero sin calzado.
El comercio funcionó hasta 1947, días en que la gente se preguntaba cuál de las calles estaría destinada a convertirse en una moderna arteria comercial: Garibaldi (hoy Pedro Pravaz), por ser el viejo camino natural, o Domingo French, ahora de torturante tránsito de vehículos motorizados que poblaban el aire de ruidos y nubes polvorientas. La calle French pasó a ser regularmente transitada por los vecinos recién con el establecimiento definitivo de la escuela, ahí comenzó a modificarse su destino de calle pueblerina. Pero tomo realmente importancia a partir de la construcción del aeropuerto, al constituirse en la vía elegida para trasladar los materiales desde la estación hasta las obras.
El destino citadino ya estaba trazado. Ezeiza creció a la par de remates como el que nos ocupara al principio de esta nota, y que ocurriera en Mayo de 1947. Remates que posibilitaron a inmigrantes gallegos de principios del pasado siglo, como Vicente Fuentes, convertirse en pioneros "en 120 mensualidades, sin interés".
(1) El original fue cedido a la Junta de Estudios Históricos del Distrito Ezeiza, por el Señor Petrone.
(2) Los periódicos señalaban que a Ezeiza se llegaba en tan solo ´30 minutos de viaje en el F.C:Sud

Autor: Juan Carlos RAMIREZ

sábado, 4 de octubre de 2008

Villa Reina Elena

Con la llegada del ferrocarril en julio de 1885, el campo aledaño a la estación Ezeiza, se fracciono. La inmobiliaria Hansen Mateo Rey y M. Elena Branna presentaron la propuesta de creación de un poblado y aprobado el proyecto, dividieron las tierras adquiridas para ese efecto sobre el lado oeste de la estación. El trazado fundacional del casco urbano de la futura ciudad de Ezeiza, se levantó sobre la propiedad que perteneciera a la familia Amstrong y que fuera adquirida a finales del siglo XIX por la firma Hansen. El fraccionamiento fue de 42 manzanas, subdivididas en lotes de 10 varas de frente. 
Desde 1887, cuando se abre, el almacén de los hermanos Harguindeguy se fue transformando en posta obligada para los que transportaban desde y hacia el sur. Esta característica se acentuó cuando instaló el primer surtidor de naftas Y.P.F., el único en kilómetros a la redonda. El almacén, demolido en 1995, era conocido como la "cueva de la Chancha", lugar donde los muchachos jugaban a la taba. Estaba ubicado en la avenida Constitución (hoy pasa por allí la colectora norte de la autopista a Cañuelas) y P. Pravaz. Pronto Ezeiza contó con sólidas edificaciones y aún hoy podemos admirar parte de lo que fueran algunas de ellas, como la casa de la familia Goñi levantada en 1903 frente a la actual calle Juan D. Perón y a metros de D. French. La propiedad perteneció a Josefa Paulina Gómez, nacida en 1877 en Tristán Suárez, y a su marido don Juan Calixto Goñi, nacido en Cañuelas en 1872. La construcción incluía un "almacén y despacho de bebidas" así como una cancha de pelota paleta cuyo frontón tenía paredes de 43 cm. de ancho. El vecino Goñí con un breque, un carruaje de cuatro ruedas tirado a caballos, oficiaba de taxi desde la estación. 
En el mismo año de 1903 se levantó "La Catalina", propiedad de la familia Larralde que fuera demolida hace dos décadas y estaba ubicada sobre la acera oeste de la calle French, entre las actuales calles P. Illía y Centenario. Las casas eran de ladrillos que median 14x29 cm. Con el fin de brindar una sensación de urbanidad en marcha, la firma Hansen costeó la construcción de cuatro viviendas de las cuales una ha sido refaccionada y puede admirarse en Chacabuco 154. Las otras edificaciones, bautizadas por sus inquilinos como "casas de la Compañía Hansen", han desaparecido con el tiempo. 
Entre 1911 y 1912 se realizaron los remates públicos. La firma contrató al Ferrocarril del Sud los servicios de un tren especial que desde Plaza Constitución y con el regreso asegurado por el mismo medio, publicó la siguiente invitación: "Viaje gratis a Ezeiza el día domingo 20 del corriente, salida 14 horas desde Plaza Constitución. Extraordinaria subasta a treinta kilómetros del centro de la Capital y 30 minutos de viaje. Ezeiza lugar de gran futuro. Condiciones de venta, 120 cuotas mensuales, el valor del cupo será de acuerdo al ofrecimiento de los compradores. Seña: el valor de la primera cuota. No se suspende por lluvia" . El día del remate, la rematadora levantó una carpa tipo circo en la esquina de French y Perón; no tenía lona en los laterales y albergaba una tribuna donde se instalaron los potenciales compradores. A medida que éstos llegaban les era entregado un folleto con el mapa de los lotes en oferta y condiciones de venta. Los lotes cercanos a la estación se cotizaron a cuatro pesos la mensualidad, los más distantes a tres y los alejados a dos pesos .
De esta manera nació el barrio "Villa Reina Elena", limitado lateralmente por las calles D. French y H. Primo (hoy Fourniers), teniendo como arteria principal a la calle Garibaldi, hoy P. Pravaz. Esta calle comunicaba con los tambos, rematando en el río Matanza. Quintas y sembrados, en especial maizales, mugidos y trinares de pájaros, daban un marco de agradables colores y sonidos para un ejido urbano que comenzaba a crecer.

Foto: bar Goñi, 1930 c. 
Cuadro: Miriam Dalia

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

sábado, 13 de septiembre de 2008

Vascos en Suárez

Entre las múltiples causalidades que alentaron a los vascos a emigrar, se encuentran las dos guerras carlistas (1833-1839 y 1872-1876). La guerra de la independencia española supuso no sólo la lucha contra el enemigo francés, sino también el inicio de la pugna entre el Viejo y el Nuevo Régimen, pugna que se prolongaría durante décadas en España. Desde 1839, muchos habitantes del País Vasco y Navarra decidieron emigrar debido a las calamidades de la guerra. Entre 1841 y 1842 había en Pasajes cuatro comisionistas, representantes de tres casas de comercio de Montevideo. Estos enganchadores se comprometían a llevar al Río de la Plata a los emigrantes por una determinada cantidad, pagadera entre cinco a doce meses en el lugar de destino. A partir de 1876, final de la Segunda Guerra Carlista, la salida se acentuó. Pasajes se convirtió en la principal salida para los vascos de Guipúzcoa, País Vasco, Navarra e incluso del S.O. francés, que partían hacia Buenos Aires y Montevideo.
En algunos casos nos encontramos con personas que emigraban con la intención de dedicarse al comercio; esta futura actividad les venía posibilitada por parientes o amigos que residían en América. De los vascos que nos ocupa, sabemos que llegaron a nuestro país desde Pamplona y que desembarcaron en el Puerto de Buenos Aires no solo sus valijas, sino también sus sueños; aquellas fueron acarreadas hacia la calle 15 de noviembre Nº 1345, sus sueños echaron a volar... y a materializarse aquel año de 1877. Andrés se quedó en la capital, junto a los parientes que les habían hablado de estas tierras prometedoras. Posteriormente compró campos en Las Flores y se dedicó a las tareas rurales junto a su familia, tal como lo hiciera Pedro.
Todo vasco él y ella, no se amilanaron por la soledad del paisaje en los pagos de la Matanza. Eugenio junto a su esposa Juana Ugarte y el pequeño Matías, no estaban solos porque los acompañaba Fermín Arce. Compañero de viaje también vasco, honrado y valiente que apenas llegados a Buenos Aires, había tenido los reflejos necesarios impidiendo que un ladrón se apropiara del valijín que contenía todos los ahorros de los Berasain, mientras estos reposaban vencidos por el sueño. Eugenio estableció un precario, quizás no tanto, almacén de ramos generales frente a la hoy ruta Nº 3. Cuando en 1885 el tren Temperley-Cañuelas comenzó a abrir nuevas posibilidades, Eugenio y su familia - incluido el vasco Fermín -, no titubearon en trasladarse hacia la estación de T. Suárez. La ocasión puede haber sido entre 1893 y 1895, de acuerdo a un Plano de Remate del año 1893.
La primera inversión fue la instalación de un horno de ladrillos en lo que hoy es la plazoleta ubicada en Libertad (hoy Gaddini) esquina 25 de Mayo. Con el producto de las primeras horneadas construyó una vivienda y varios locales para comercio ubicados sobre la calle Libertad, sobre la mano derecha. La fonda con habitaciones les permitió pernoctar a la gente que por razones de mal tiempo o por estar en tránsito, encontraban allí un refugio apropiado. Poco a poco el antes desolado paisaje se pobló con viajantes y transportistas (a puro carro) que pasaban por el almacén de Ramos Generales, por las caballerizas o por la cochera. La fonda, abierta aproximadamente en 1896, fue el lugar donde se socializaban las noticias, el lugar de conchabo, distracción de los peones que llegaban a dejar los tarros con leche en la estación.

Juan Carlos RAMIREZ (agradecemos la colaboración de Carolina Ovejero)

domingo, 31 de agosto de 2008

Tranvías en Ezeiza

Nuestra región se relaciona tempranamente con los tranvías. Al poco tiempo de fundarse el Pueblo de Monte Grande, se pensó en hacer llegar una línea hasta su estación, para que comunicara con Temperley. El proyecto finalmente no se concretó pero los tranvías, igual se establecieron en Ezeiza. Retirados del servicio de transporte, prestaron singular servicio. Ya no podían trasladarse de un punto al otro pero igual se llenaron de alegrías y fueron testigos de esfuerzos de muchos niños. El 25 de mayo de 1965 se inauguró oficialmente la hoy E.S. Nº 13, Baldomero Fernández Moreno, (ex 35). La Directora, Doña Antonita Rovira, había puesto en marcha el establecimiento el 29 de marzo de ese año, con 171 alumnos y el apoyo de una comunidad que eligió como Presidente de la Cooperadora al señor Antonio Méndez. Debemos valorar a quienes posibilitaron el funcionamiento. Desde la portera, la señora Haydeé Dorini, hasta las maestras: Clotilde Orduña, Regina Borda, Ana María Paolini, Ana María Pelegrini, Leonor Bologna, María Magdalena Cores, Estela Galassi y María Cristina Dominguez. Las fotos que inmortalizaron el evento nos muestran dos salones de maderas junto a dos tranvías convertidos en precarias aulas, para satisfacer la demanda educativa de una población que aumentaba día a día. Aunque tiempo después fueron remplazados, uno de aquellos tranvías volvió a prestar su valioso servicio en 1976 buscando, al ampliar la capacidad de bancos de la escuela, la eliminación del Turno Intermedio. El otro sirvió de salón para la guarda de trastos. La desidia de algunos, el desinterés de otros, colaboró en la pérdida para la comunidad de tan valiosos recuerdos y los tranvías fueron a desguace, pese a los esfuerzos de docentes como Nelly Esther Borzone.


No fue la única escuela en contar con aulas tranvías ya que las ex escuelas 28 y 29, hoy E.S. Nº 10 y 11, también cuentan en su haber tan humildes comienzos, tan nuestros y tan olvidados: los tranvías. El último tranvía porteño finalizó su recorrido un 19 de febrero de 1963, con su arribo a la estación Ocampo (esquina Las Heras). La tristeza de quienes conducían el viejo Nº 38, el que unía las Barrancas de Belgrano con Plaza Constitución, se acentuó cuando se apagaron las dos luces que lo distinguían: azul y amarilla. Los que circulaban normalmente no eran tan lujosos como el que entre los años 1920 o 1922, pasaba a recoger a la señora del gerente general de la Compañía Anglo Argentina de tranvías, por su domicilio de Villa Devoto. El historiador León Tenenbaum supo publicar que le enviaban un coche especialmente tapizado, con alfombrado rojo. Un destino habitual era la tienda Harrod´s, donde la señora hacía las compras mientras el tranvía permanecía estacionado sobre la calle San Martín. Nuestros tranvías no tuvieron aquellos aires de carroza inglesa propio de cuentos de hadas. Pero posibilitaron caminos a muchos niños, hoy vecinos de más de cuarenta años que seguramente recordaran con agradecimiento el esfuerzo de aquellas maestras, por enseñarles valores más altos que los aires de aquella señora que gustaba de poseer ....su propio tranvía.

Por: Juan Carlos RAMIREZ LEIVA

sábado, 16 de agosto de 2008

Ezeyza en monocromo

Negra
Lorenza Ezeyza juega haciendo tortas de barro a orillas del río, las velitas de cumpleaños son bolillas de paraíso, la blonda que rodea el manjar terroso son flecos de hojas de sauce. Cuando ya esta seca la ropa que lavó, esa que ahora descansa dura de almidón sobre los pastitos tiernos del borde, la pliega prolijita en una atado que equilibra sobre su cabecita motuda y vuelve a ser la lavandera Lorenza, abandonando sus juegos de niña. Lorenza tiene que luchar trabajando para subsistir. Ya no es época de la tranquilidad protectora de algún amo como cuando la esclavitud, bajo el ala de un dueño que la mantuviera y cuidara y velara por ella, mientras a ella le duraran la salud y la juventud. Va ensayando pasitos de baile por el sendero hacia el poblado con su inmaculada carga. Copia la danza de sus papás, los ve bailando en su mente, pero no logra disipar la bruma del recuerdo y oscila entre verlos danzar en una fiesta de la patrona Nuestra Señora de Aranzazú o en el carnaval donde las naciones se sacan chispas compitiendo. Su papá era Luis Vicente Ezeyza de Nación Bamba, su mamá era Francisca Merlo, una morena libre. Se casaron en la parroquia de San Fernando el 6 de setiembre de 1835. La mamá era natural de Buenos Aires, de apellido Merlo porque era hija legítima de Antonio Merlo y Joaquina Merlo. El papá era un moreno esclavo que llevaba el apellido Ezeyza porque lo tomó de su dueño, el señor Juan José Ezeyza casado con doña Isabel del Castillo, José María Ezeiza, aquel que quedó inmortalizado nombrando a una localidad y a un distrito, fue sobrino segundo en cuarto grado de consanguinidad de este matrimonio.
Lorenza Ezeyza adulta vivió en un inquilinato de Chile 536. Cayó muerta en plena vereda casi al mediodía del 10 febrero de 1898 en la esquina del barrio de San Telmo, “sólo dejó en la habitación un catre completamente deteriorado y algunas ropas muy usadas”.
Blanca
Fermina María Lorenza Zenavilla Ezeyza juega bajo los paraísos de la quinta de Ezeiza, su piel blanca no debe tostarse como la de una campesina pobre. La hicieron sentar sobre una esterilla para que no se ensucie el fresco vestido blanco de gasa con mangas largas, la muñeca de cara de porcelana es un poco pesada y aparatosa para ejercitar su maternidad temprana de niñita, pero es preferible al aro y la varilla -que la haría correr y transpirar- y muchísimo mejor que la bicicleta, tan de moda pero con el riesgo de perder prematuramente la inocencia; el columpio la marea un poco y de todos modos, no hay árboles tan grandes donde colgarlo, los eucaliptos apenas superan su estatura. Su mamá se llamaba también Lorenza, Lorenza Ezeiza Halliburton (nacida el 23 de marzo de 1858 y bautizada en la parroquia de Tandil) y murió el mismo día que nació ella un 7 de julio de 1882, desde el cielo la mira y la deja jugar a lo que quiera ¡siempre que no se ensucie! Su papá es un abogado de letra apurada, ilegible y decidida, que se tuvo que arremangar para criar a su hijita, su papá se llama Eduardo Zenavilla Villoldo. Lorenza llegó a la pila bautismal el 9 de setiembre de 1882 en brazos de sus abuelos maternos que recibieron como un consuelo el padrinazgo de la pequeña y le pusieron de nombre Fermina María Lorenza, pero para todos será siempre Lorenza. Lorenza conservará su piel blanca, Lorenza vivirá en San Telmo, Lorenza será la que donará los terrenos de su abuelos María Magdalena Halliburton – Wrigth (14/1/ 1816- 21/9/ 1884) y José María Ezeiza (1819- 24/12/ 1884) por disposición de Eduardo Zenavilla, su papá, al Ferrocarriles del Oeste. Eduardo, años más tarde, será uno de los importantes contribuyentes para la construcción de la Iglesia de la Inmaculada Concepción en Monte Grande. Lorenza será la prometida de un muchacho de buena familia de la sociedad; Lorenza se casará con Rafael Matías Ramos Mexía de las Carreras; Lorenza ocupará un sitio de honor junto al gobernador y los ministros cuando el almuerzo en la residencia La Sofía, durante los festejos por los 25 años del distrito Esteban Echeverría, el 9 de abril de 1938; Doña Lorenza será señora venerable y venerada en Ezeiza, donde pasará muchos veranos en la quinta. Recorrerá las polvorientas calles sin hollar sus plantas el colchoncito de tierra, desde el pedestal de su coche a caballo y el arnés de su largo vestido gris oscuro de cuello alto, saludará discretamente a los buenos vecinos que se quitan el sombrero antes de pronunciar “¡Buenos días doña Lorenza!”. Será la mamá del pueblo que lleva el nombre de su abuelo.
Grises
No sabemos si se conocieron, puede que sí porque vivieron en el mismo barrio. No sabemos si es tanta la casualidad de que llevaran el mismo nombre, tal vez para ligar la causalidad del apellido común. Ellas fotografían su tiempo con procedencia étnica y posición social. Ellas representan a una sociedad de desigualdades. Las unas en su infierno de pobreza y denigración. Las otras en sus indolentes jaulas de oro.

Por: Lic. Patricia Faure

martes, 5 de agosto de 2008

Vascos en Ezeiza

Las guerras carlistas del siglo XIX dinamizaron el proceso migratorio vasco hacia nuestra región. A partir de 1876, final de la Segunda Guerra Carlista, la salida se acentuó debido a la partida de los que habían militado en el bando derrotado. Nuestro distrito fue uno de los que recibieron a los inmigrantes vascos. En algunos casos, llegaron aquí respondiendo al llamado de parientes o amigos.
Los más pudientes compraban una fracción de campo, como fue el caso de Domingo Erratchú. Este pionero adquirió en 1889, un total de 120 hectáreas en la actual Tristán Suárez. Entre las personas que con él trabajaron, encontramos a Ramón Aguirre Zabalaga, Juan Antonena y Tomasa Alzugaray. Cuando la propiedad entró en sucesión, la empresa Furst Zapiola y Cía. la fraccionó en lotes. El remate se efectuó en 1934, siguiendo los lineamientos del Plano de 1893.
En la "Gran Guía Descriptiva de la Provincia de Buenos Aires" editada en 1896, se destacaba que tanto Ezeiza como T. Suárez tenían oficinas de correo. Despierta nuestro interés la inclusión como residentes en las tierras que hoy se corresponden aproximadamente con el Distrito de Ezeiza, de los siguientes vascos: Andrés BARRAIVAR; Martín BASTARRICA; Pedro ECEVERRI y Eugenio BERASAIN. Todos tamberos vecinos del Cuartel 7mo., de acuerdo a la nomenclatura del partido de San Vicente. No faltaron los dedicados a otros oficios, como es el caso de Domingo RACHO, que se declaró como Invernador residente en el Cuartel 4to. En la mencionada guía figuran como almaceneros de T. Suárez, los nombres de Francisco GALAGUERRE y Eugenio VERASAIN. En cuanto a Miguel ETCHEMARDI, solo lo declararan como propietario en el Cuartel 6to. Salvo en el caso de Juana UGARTE, casada con Eugenio BERASAIN, desconocemos todavía los nombres de las compañeras, hijos y familiares por afinidad. Entre estos últimos, se encuentra Fermín ARCE, quien llegara con Eugenio y su familia a Buenos Aires, desde Pamplona, en el año de 1877. Hemos podido rescatar para esta historia, el nombre de una mujer dedicada al tambo en el Cuartel 7mo., llamada María VERRUETA.
Los apellidos no suelen decirnos mucho, apenas orientarnos sobre la patria natal de quien lo porta. Pero valga la inclusión de los nombres para recordarnos la necesidad de escribir la "otra historia", la de los hombres y mujeres que forjaron nuestra identidad con su trabajo y sus sueños.
Por: Juan Carlos RAMIREZ

sábado, 19 de julio de 2008

Por Julio y en Ezeiza

Los meses de Julio suelen ser interesantes en la historia del distrito. Hasta el nombre que nos identifica se relacionó tempranamente con nuestra naciente comunidad en un mes de Julio, precisamente un día 31 de allá por 1820. Ese día, Pablo José de Ezeiza se convirtió en propietario de la estancia "Los Remedios". Estancia fundacional que cuatro años después en un día 13, también de julio, fuera escriturada a nombre del farmacéutico Tomás Whitfield.

En ocasiones fueron meses de pura algarabía, como la que se inició un día 16 del año de 1934, cuando el vecino de T. Suárez, Lázaro Berasain, fue nombrado nuevamente Intendente Interino del Partido (pertenecíamos a E. Echeverría). En otros años Julio fue un mes de dolor, como el que transcurriera en 1823 (pertenecíamos a San Vicente), La viruela se ensañaba con los vecinos que se habían mostrados remisos a la hora de vacunarse, pese a los esfuerzos del comisionado Ignacio Martínez. Julio supo jugar con la ansiedad de los vecinos. Siendo gobernador de la provincia el Doctor Dardo Rocha, se dispuso por acta del Directorio de los F.C. de la Provincia que el 14 de julio de 1885 se inaugurase el ramal que unió Temperley con Cañuelas. El día 4, los nombres de las estaciones fueron oficializadas por un decreto provincial: "Art. 1º En la línea férrea a Cañuelas las estaciones se designarán con los nombres siguientes: Km. 2,500 'Santa Catalina', Km. 11,950 'Ezeiza', Km. 17,625 'Llavallol', Km 38,500 'Vicente Casares", Km. 43,525 'Cañuelas'." Sin embargo, la Circular Nº 89 del 6 de julio, modificó la resolución del día 2, publicando: "Se comunica a quienes corresponda que el día 16 del corriente tiene lugar la inauguración de la línea de Temperley a Cañuelas, la que será abierta al público el día 17". La disposición fue publicada por el ferrocarril el día 15. Nos las hemos ingeniado para que en los días 17, nos pasen cosas importantes. como las de aquel año de 1871. Nuestra Capilla de Los Remedios, establecida en nuestras tierras desde 1758, pasó a depender de la parroquia Nuestra Señora de la Paz, en el recién creado Partido de Lomas de Zamora. Sin embargo, el 17 de Julio más interesante, fue cuando el ferrocarril paró por vez primera, oficialmente, en dos estaciones: la de Ezeiza y la de Llavallol. Este nombre sequirá siendo válido hasta el 19 de agosto del mismo año, cuando fuera cambiado por el de Tristán Suárez. Se dice que aquel inolvidable 17 de Julio de 1885, el Jefe de la Estación de Ezeiza le regalo, de puro contento nomás, dos gallinas al maquinista de la Primera Argentina, primera máquina construida en nuestro país. Cosas de Julio ... y de nuestra gente.

Juan Carlos Ramírez Leiva

Foto: Estancia Los Remedios en 2014, toma del frente (archivo: Juan Carlos Ramiez Leiva)

miércoles, 16 de julio de 2008

Los sorprendentes caminos hacia la posteridad. Tristán Suárez

Valentín Tristán nació en San Pedro el 16/03/1856, hijo de Valentín Suárez y Dolores Ruiz Moreno. Tuvo como hermanos a Facundo y Floriano, con los que transcurrió su infancia en el campo. Con apenas 16 años ingresó como aspirante en el ejército siendo destinado al Regimiento de Artillería Ligera. A fines de ese mismo año fue promovido al grado de alférez y en 1873, ya revista como porta estandarte. Como militar actuó en campañas contra los indios en Entre Ríos y las hoy provincias de R. Negro y Chaco. En una publicación de la Junta de Estudios Históricos de E. Echeverría, leemos que prestó “servicios en la guarnición de Buenos Aires, como así también en Villanueva y Azul. Posteriormente se lo destina al Uruguay y a Concepción del Uruguay, alcanzado el grado de teniente segundo”, en esta ciudad. No hemos podido confirmar su paso por Uruguay pero si sabemos que estuvo destinado en Gualeguay. Su estadía profesional en esos pagos le resultó grata, porque Valentín Tristán los visitaba asiduamente y le gustaba navegar por el Paraná.
No sabemos cómo conoció a Virginia Acosta, nacida en 1861, pero se enamoró de ella. Era muy jovencita cuando contrajo enlace con Valentín Tristán Suárez, un 17/03/1877. Tenía apenas 16 años mientras que él, ya era un “hombre” de 21 años dispuesto a seguir la carrera militar. Se sostiene que al reencontrarse con el ambiente campesino, su entusiasmo fue tal que solicitó la baja.
Cuando se retiró del ejército se estableció en las tierras que poseía su mujer y se encargó de las tareas propias del establecimiento. Del matrimonio con Virginia, nacieron 7 varones y 3 mujeres: el mayor fue llamado Tristán y nació en 1878, le siguieron Marcos Rosario y Antonio, todos anotados en S. Vicente. Su compromiso con la región fue tal que llegó a ser nombrado Juez de Paz del Partido.
La familia decidió vivir en la capital pero Valentín Tristán continuó administrando la propiedad. En su nueva residencia nacieron Arturo, Enrique, Floriano, Jorge, Virginia Adela, María Juana y Laura Amelia. Dos hijos fueron profesionales de la medicina: Marcos y Tristán Suárez.
Valentín Tristán fue miembro distinguido de la sociedad porteña y frecuentó relaciones en círculos como los del Club Excursionistas de Flores. A través del cultivo de amistades, fue nombrado Juez de Paz en la capital. Falleció en su residencia de Los Andes esquina Cuyo (hoy Sarmiento esquina Uriburu, capital), el 07/04/1907; contaba con 51 años y sus hijas eran aun pequeñas. Su esposa, Virginia Acosta, le sobrevivió diez años, falleciendo el 28/07/1917. En una foto, que sospechamos fuera tomada poco antes de morir, podemos ver a Don Valentín Tristán Suárez junto a su esposa Virginia Acosta y a la mayor de sus hijas, Virginia Adela Suárez Acosta.
Cuando el 16/07/1885, el ferrocarril atravesó la propiedad de la familia Suárez, don Valentín Tristán decidió donar los terrenos donde se levantó la estación. Esta fue en un primer momento llamada Llavallol pero al efectivizarse la donación, el 29 de agosto del mismo año, cambió el nombre por el de Tristán Suárez. Se obsequió ese camino a la posteridad cuando tenía apenas 29 años; lo hizo con tierras que le pertenecían por heredad a su mujer, doña Virginia Acosta. La estación fue nominada Tristán Suárez, en honor a “su propio honor”.
Juan Carlos Ramírez