Conocí sobre el Maestro Luís Fortunato Iglesias desde chico, a través de los relatos de vecinos de Ezeiza que había asistido en su niñez, a la escuela rural nro. 11. Esas remembranzas tenían en común, el cariño con que lo recordaban. Siempre he sido curioso y preguntón, y de esa persistencia, me contaban las rutinas educativas y el no disimulado orgullo de aparecer en el extraordinario libro “Viento de estrellas”. Con el tiempo conocí a vecinos de Tristán Suárez que también habían sido sus alumnos, y todos tenían en común, el agradecimiento.
Quién fue este maestro, cómo cumplía su labor para que hoy, a 110 años de su nacimiento aún estemos hablando de él. Fue el hijo de un herrero y de una ama de casa de Tristán Suárez, curso hasta 4to. grado en la Esc. Nro. 4 y al finalizar ese tramo, hasta ahí se enseñaba en esa escuela, una maestra que venía desde Quilmes convenció a la familia de que continuara sus estudios en Escuela Normal Mixta de Lomas, el que luego se llamaría Mentruyt y que por ese entonces, funcionaba en una casa cedida con tal propósito.
Para pintar una semblanza del Maestro, podemos tomar que acompañaba a su papá cuando hacía reparaciones a domicilio, para ver qué libros tenían en la casa; viajaba a Máximo Paz para visitar una familia y… leer los libros que tuvieran. Estudiar en el Normal, le permitió satisfacer su sed de lectura, tomando contacto con la literatura universal. Leía de todo porque como supo decirnos en un reportaje que le hiciéramos desde el Profesorado Voglino: “El que sabe solamente pedagogía, ni pedagogía sabe”. Siendo ya maestro, caminaba la calle Corrientes entrando a las librerías de usado en busca de Unamuno, Dostoiewki, Marc Twain; iba al cine, teatros, actos públicos; decía que había aprendido en esas universidades. Era inevitable que su pedagogía fuese humanista.
Ya recibido, sus orgullosos amigos (fue el primero en tener título en T. Suárez), elevaron una nota a las autoridades del distrito, por entonces, E. Echeverría. El resultado fue que lo nombraron maestro de primer grado en la Esc. Nº 6 de M. Grande. Estuvo allí dos años y luego lo trasladaron a la Nº 4 de T. Suárez. Por un discurso que dio en un acto del 25 de Mayo, y que no fue del agrado de las autoridades, lo castigaron enviándolo a la escuela más pequeña, a la Escuela Rural Nº 11. Por veinte años fue maestro unitario en una escuelita que no tenía más que la campana y el pizarrón, y unos pocos bancos.
Entre sus primeros aprendizajes y enseñanzas, está en que uno vive y se desarrolla en un contexto. No podían sus estudiantes escribir sobre lo que no vivían cotidianamente. Tengamos en cuenta que ni siquiera aviones surcaban por estos cielos ya que aún no se había ni empezado a construir el aeropuerto de Ezeiza. Alentó la libre expresión a través del lenguaje escrito, y así surgieron hermosas descripciones sobre sus vidas en un medio rural, con sus paisajes de pastos, vacas, gallinas y pajaritos; sus alegrías y asombros. La libre expresión también se dio en el dibujo de sus casas, de sus padres y abuelos, y el cielo (didáctica de la libre expresión). De alguna manera, recreaban el “Allá lejos y hace tiempo” (1918), de Guillermo Enrique Hudson, con la contemplación y posterior narrativa. De esa manera, el niño desarrollaba el lenguaje y personalidad: lo que le gustaba, inquietaba, intrigaba.
El Maestro no intentaba formatear al niño siguiendo un Proyecto Pedagógico, los modelos fueron guías que no interferían con su interpretación y desarrollo. Las acuarelas que acompañaban sus trabajos no recreaban, sino que expresaban lo que sentían por el objeto representado.
el No siguió modelo “bancario”, por el cual uno deposita conocimientos y procedimientos que el alumno debe fijar y recrear. No siguió la plantilla Taylor por el cual en el primario se ponen en el frasco/cerebro las grandes piedras del conocimiento, en el secundario se fijan las más pequeñas y en los estudios superiores, la arena que completa el llenado. No fue su intención que adopten los modelos a la realidad, sino desde allí formularlos. Si el alumno no puede formular su propia propuesta ante un desafío, no hubo fijación del conocimiento.
El Maestro, en el desarrollo pedagógico, busco qué le interesaba expresar al niño, que lo conmovía, inquietaba, motivaba y convencía. Para lograr esa personalización, los muebles tenían que jugar en función de ese propósito. El mismo construyo gavetas temáticas que estaban contra las cuatro paredes, en tanto que los estudiantes estaban en el centro del salón, el alumno era el centro. Elaboró fichas que los estudiantes seguían según el estado de sus conocimientos, con el que colaboraban sus compañeros más adelantados (autonomía, libertad y colaboración), tareas que incluían trabajos al aire libre (observación). Ese fue su modelo de escuela unitaria.
En 1942 compiló “Viento de estrellas”, un libro artesanal con trabajos de sus alumnos. Su trascendencia hizo que lo reeditara en 1950 por su impacto en artistas, psicólogos y escritores, por lo que finalmente público “La escuela rural unitaria” (1957); “Diario de ruta, los trabajos y días de un maestro rural” (1963); “Pedagogía creadora” (1973); “Confieso que he enseñado” (2004).
Nació el 28/12/1915 y falleció el 8/05/2010. Fue maestro rural entre 1938 y 1957; Profesor de Cs. de la Educación entre 1960 y 1965. Periodista, Inspector, Dr. Honoris Causa, Consejero General de Educación (1980), son algunos de los cargos ejercidos. De alguna manera siguió desarrollando las propuestas de Olga y Leticia Cossetini, por ejemplo, con la idea de una escuela no excluyente que atendiera la diversidad.
Se adelantó a Paulo Freire en 20 años (Pedagogía del oprimido), desarrollando desde el lenguaje y conocimientos cotidianos. Supieron mantener correspondencia en 1973 y solía firmar como “Luís efe”. Coincide con Freire en que no hay enseñanza sin investigación y no hay investigación sin enseñanza
La escuela debe pensar, si la escuela aburre no sirve. La pasión se trasmite, compromete. El Maestro tuvo la humildad de escuchar y aprender. Responsable de su tiempo, fue generador de climas educativos, un Militante de la educación.
Juan Carlos Ramirez Leiva
Quién fue este maestro, cómo cumplía su labor para que hoy, a 110 años de su nacimiento aún estemos hablando de él. Fue el hijo de un herrero y de una ama de casa de Tristán Suárez, curso hasta 4to. grado en la Esc. Nro. 4 y al finalizar ese tramo, hasta ahí se enseñaba en esa escuela, una maestra que venía desde Quilmes convenció a la familia de que continuara sus estudios en Escuela Normal Mixta de Lomas, el que luego se llamaría Mentruyt y que por ese entonces, funcionaba en una casa cedida con tal propósito.
Para pintar una semblanza del Maestro, podemos tomar que acompañaba a su papá cuando hacía reparaciones a domicilio, para ver qué libros tenían en la casa; viajaba a Máximo Paz para visitar una familia y… leer los libros que tuvieran. Estudiar en el Normal, le permitió satisfacer su sed de lectura, tomando contacto con la literatura universal. Leía de todo porque como supo decirnos en un reportaje que le hiciéramos desde el Profesorado Voglino: “El que sabe solamente pedagogía, ni pedagogía sabe”. Siendo ya maestro, caminaba la calle Corrientes entrando a las librerías de usado en busca de Unamuno, Dostoiewki, Marc Twain; iba al cine, teatros, actos públicos; decía que había aprendido en esas universidades. Era inevitable que su pedagogía fuese humanista.
Ya recibido, sus orgullosos amigos (fue el primero en tener título en T. Suárez), elevaron una nota a las autoridades del distrito, por entonces, E. Echeverría. El resultado fue que lo nombraron maestro de primer grado en la Esc. Nº 6 de M. Grande. Estuvo allí dos años y luego lo trasladaron a la Nº 4 de T. Suárez. Por un discurso que dio en un acto del 25 de Mayo, y que no fue del agrado de las autoridades, lo castigaron enviándolo a la escuela más pequeña, a la Escuela Rural Nº 11. Por veinte años fue maestro unitario en una escuelita que no tenía más que la campana y el pizarrón, y unos pocos bancos.
Entre sus primeros aprendizajes y enseñanzas, está en que uno vive y se desarrolla en un contexto. No podían sus estudiantes escribir sobre lo que no vivían cotidianamente. Tengamos en cuenta que ni siquiera aviones surcaban por estos cielos ya que aún no se había ni empezado a construir el aeropuerto de Ezeiza. Alentó la libre expresión a través del lenguaje escrito, y así surgieron hermosas descripciones sobre sus vidas en un medio rural, con sus paisajes de pastos, vacas, gallinas y pajaritos; sus alegrías y asombros. La libre expresión también se dio en el dibujo de sus casas, de sus padres y abuelos, y el cielo (didáctica de la libre expresión). De alguna manera, recreaban el “Allá lejos y hace tiempo” (1918), de Guillermo Enrique Hudson, con la contemplación y posterior narrativa. De esa manera, el niño desarrollaba el lenguaje y personalidad: lo que le gustaba, inquietaba, intrigaba.
El Maestro no intentaba formatear al niño siguiendo un Proyecto Pedagógico, los modelos fueron guías que no interferían con su interpretación y desarrollo. Las acuarelas que acompañaban sus trabajos no recreaban, sino que expresaban lo que sentían por el objeto representado.
el No siguió modelo “bancario”, por el cual uno deposita conocimientos y procedimientos que el alumno debe fijar y recrear. No siguió la plantilla Taylor por el cual en el primario se ponen en el frasco/cerebro las grandes piedras del conocimiento, en el secundario se fijan las más pequeñas y en los estudios superiores, la arena que completa el llenado. No fue su intención que adopten los modelos a la realidad, sino desde allí formularlos. Si el alumno no puede formular su propia propuesta ante un desafío, no hubo fijación del conocimiento.
El Maestro, en el desarrollo pedagógico, busco qué le interesaba expresar al niño, que lo conmovía, inquietaba, motivaba y convencía. Para lograr esa personalización, los muebles tenían que jugar en función de ese propósito. El mismo construyo gavetas temáticas que estaban contra las cuatro paredes, en tanto que los estudiantes estaban en el centro del salón, el alumno era el centro. Elaboró fichas que los estudiantes seguían según el estado de sus conocimientos, con el que colaboraban sus compañeros más adelantados (autonomía, libertad y colaboración), tareas que incluían trabajos al aire libre (observación). Ese fue su modelo de escuela unitaria.
En 1942 compiló “Viento de estrellas”, un libro artesanal con trabajos de sus alumnos. Su trascendencia hizo que lo reeditara en 1950 por su impacto en artistas, psicólogos y escritores, por lo que finalmente público “La escuela rural unitaria” (1957); “Diario de ruta, los trabajos y días de un maestro rural” (1963); “Pedagogía creadora” (1973); “Confieso que he enseñado” (2004).
Nació el 28/12/1915 y falleció el 8/05/2010. Fue maestro rural entre 1938 y 1957; Profesor de Cs. de la Educación entre 1960 y 1965. Periodista, Inspector, Dr. Honoris Causa, Consejero General de Educación (1980), son algunos de los cargos ejercidos. De alguna manera siguió desarrollando las propuestas de Olga y Leticia Cossetini, por ejemplo, con la idea de una escuela no excluyente que atendiera la diversidad.
Se adelantó a Paulo Freire en 20 años (Pedagogía del oprimido), desarrollando desde el lenguaje y conocimientos cotidianos. Supieron mantener correspondencia en 1973 y solía firmar como “Luís efe”. Coincide con Freire en que no hay enseñanza sin investigación y no hay investigación sin enseñanza
La escuela debe pensar, si la escuela aburre no sirve. La pasión se trasmite, compromete. El Maestro tuvo la humildad de escuchar y aprender. Responsable de su tiempo, fue generador de climas educativos, un Militante de la educación.
Juan Carlos Ramirez Leiva
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