Conocí sobre el Maestro Luís Fortunato Iglesias desde chico, a través de los relatos de vecinos que habían asistido en su niñez, a la escuela rural nro. 11. Esas remembranzas tenían en común, el cariño con que lo recordaban. Siempre he sido curioso y preguntón, y de esa persistencia, me contaban las rutinas educativas y el no disimulado orgullo de aparecer en el extraordinario libro “Viento de estrellas”. Todos agradecidos.
Quién fue este maestro, cómo cumplía su labor para que hoy, a 110 años de su nacimiento aún estemos hablando de él. Fue el hijo de un herrero y de una ama de casa de Tristán Suárez, curso hasta 4to. grado en la Esc. Nro. 4 y al finalizar ese tramo, hasta ahí se enseñaba en esa escuela, una maestra que venía desde Quilmes convenció a la familia de que continuara sus estudios en Escuela Normal Mixta de Lomas, el que luego se llamaría Mentruyt.
Para pintar una semblanza del Maestro, podemos tomar que acompañaba a su papá cuando hacía reparaciones a domicilio, para ver qué libros tenían en la casa; viajaba a Máximo Paz para visitar una familia y… leer los libros que tuvieran. Supo decirnos en un reportaje que le hiciéramos: “El que sabe solamente pedagogía, ni pedagogía sabe”. Siendo ya maestro, caminaba la calle Corrientes entrando a las librerías de usado, iba al cine, teatros, actos públicos; decía que había aprendido en esas universidades. Era inevitable que su pedagogía fuese humanista.
Ya recibido, sus orgullosos amigos (fue el primero en tener título en T. Suárez), elevaron una nota a las autoridades del distrito, por entonces, E. Echeverría. El resultado fue que lo nombraron maestro de primer grado en la Esc. Nº 6 de M. Grande. Estuvo allí dos años y luego lo trasladaron a la Nº 4 de T. Suárez. Por un discurso que dio en un acto del 25 de Mayo, y que no fue del agrado de las autoridades, lo castigaron enviándolo a la escuela más pequeña, a la Escuela Rural Nº 11. Por veinte años fue maestro unitario en una escuelita que no tenía más que la campana y el pizarrón, y unos pocos bancos. No podían sus estudiantes escribir sobre lo que no vivían cotidianamente. Alentó la libre expresión a través del lenguaje escrito, y así surgieron hermosas descripciones sobre sus vidas en un medio rural, con sus paisajes de pastos, vacas, gallinas y pajaritos; sus alegrías y asombros. La libre expresión también se dio en el dibujo de sus casas, de sus padres y abuelos, y el cielo, con la contemplación y posterior narrativa. De esa manera, el niño desarrollaba el lenguaje y personalidad: lo que le gustaba, inquietaba, intrigaba.
Si el alumno no puede formular su propia propuesta ante un desafío, no hubo fijación del conocimiento.

El Maestro, en el desarrollo pedagógico, busco qué le interesaba expresar al niño, que lo conmovía, inquietaba, motivaba y convencía. Para lograr esa personalización, el mismo construyo muebles que estaban contra las paredes, en tanto que los estudiantes estaban en el centro del salón, el alumno era el centro. Elaboró fichas que los estudiantes seguían según el estado de sus conocimientos, con el que colaboraban sus compañeros más adelantados, tareas que incluían trabajos al aire libre. Ese fue su modelo de escuela unitaria.
En 1942 compiló “Viento de estrellas”, un libro artesanal con trabajos de sus alumnos.
Nació el 28/12/1915 y falleció el 8/05/2010. Fue maestro rural entre 1938 y 1957.
La escuela debe pensar, si la escuela aburre no sirve. La pasión se trasmite, compromete. El Maestro tuvo la humildad de escuchar y aprender. Responsable de su tiempo, fue generador de climas educativos, un Militante de la educación.
Hoy, está escuela, la Nro. 11, la del mismo número que tenía su escuelita rural, llevará su nombre. Todo un orgullo y compromiso.
Juan Carlos Ramirez Leiva
Quién fue este maestro, cómo cumplía su labor para que hoy, a 110 años de su nacimiento aún estemos hablando de él. Fue el hijo de un herrero y de una ama de casa de Tristán Suárez, curso hasta 4to. grado en la Esc. Nro. 4 y al finalizar ese tramo, hasta ahí se enseñaba en esa escuela, una maestra que venía desde Quilmes convenció a la familia de que continuara sus estudios en Escuela Normal Mixta de Lomas, el que luego se llamaría Mentruyt.
Para pintar una semblanza del Maestro, podemos tomar que acompañaba a su papá cuando hacía reparaciones a domicilio, para ver qué libros tenían en la casa; viajaba a Máximo Paz para visitar una familia y… leer los libros que tuvieran. Supo decirnos en un reportaje que le hiciéramos: “El que sabe solamente pedagogía, ni pedagogía sabe”. Siendo ya maestro, caminaba la calle Corrientes entrando a las librerías de usado, iba al cine, teatros, actos públicos; decía que había aprendido en esas universidades. Era inevitable que su pedagogía fuese humanista.
Ya recibido, sus orgullosos amigos (fue el primero en tener título en T. Suárez), elevaron una nota a las autoridades del distrito, por entonces, E. Echeverría. El resultado fue que lo nombraron maestro de primer grado en la Esc. Nº 6 de M. Grande. Estuvo allí dos años y luego lo trasladaron a la Nº 4 de T. Suárez. Por un discurso que dio en un acto del 25 de Mayo, y que no fue del agrado de las autoridades, lo castigaron enviándolo a la escuela más pequeña, a la Escuela Rural Nº 11. Por veinte años fue maestro unitario en una escuelita que no tenía más que la campana y el pizarrón, y unos pocos bancos. No podían sus estudiantes escribir sobre lo que no vivían cotidianamente. Alentó la libre expresión a través del lenguaje escrito, y así surgieron hermosas descripciones sobre sus vidas en un medio rural, con sus paisajes de pastos, vacas, gallinas y pajaritos; sus alegrías y asombros. La libre expresión también se dio en el dibujo de sus casas, de sus padres y abuelos, y el cielo, con la contemplación y posterior narrativa. De esa manera, el niño desarrollaba el lenguaje y personalidad: lo que le gustaba, inquietaba, intrigaba.
Si el alumno no puede formular su propia propuesta ante un desafío, no hubo fijación del conocimiento.
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| Mara Iglesias (sobrina nieta) y el Profe. JC Ramirez Leiva |
En 1942 compiló “Viento de estrellas”, un libro artesanal con trabajos de sus alumnos.
Nació el 28/12/1915 y falleció el 8/05/2010. Fue maestro rural entre 1938 y 1957.
La escuela debe pensar, si la escuela aburre no sirve. La pasión se trasmite, compromete. El Maestro tuvo la humildad de escuchar y aprender. Responsable de su tiempo, fue generador de climas educativos, un Militante de la educación.
Hoy, está escuela, la Nro. 11, la del mismo número que tenía su escuelita rural, llevará su nombre. Todo un orgullo y compromiso.
Juan Carlos Ramirez Leiva


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