Mostrando entradas con la etiqueta Biografías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Biografías. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de julio de 2026

El bosque del terror

  De chico, escuchaba con atención los cuentos sobre los bosques y el terror, tan presente en los hermanos Grimm, por ejemplo. Como estudiante de historia, comprendí que esos relatos que infundian miedo eran necesarios para educar, para evitar que los niños se internaran en bosque plagados de salvajes animales, depredadores que los pondrían en peligro. Sin embargo, esos cuentos no hacían mella en nuestra vida adolescente, tan aquerenciada ella con nuestro bosque de Ezeiza. Todo un lugar de juegos y aventuras, recorriendo cavas, arroyos, y los meandros del Matanza rodeado de frondosa vegetación y espaciados verdes en donde hacíamos pic-nic estudiantiles. Esa percepción tan generalizada en los jóvenes ezeicences cambió radicalmente en la década de 1970, especialmente en tiempos cercanos a la irrupción de la dictadura genocida.
  En los bosques y su cercanías, hallaron fin a sus vidas jóvenes que habían ido a conocer al lider político por excelencia en nuestros país: al Gral. Juan Domingo Perón; y en una emboscada impensada, fueron asesinados por grupos comandados por el Coronel Osinde y las huestes de Brito Lima, jefe del C de O (Comando de Organización). Casi un año después, en la noche del 5 de febrero de 1974, un comando compuesto por cuatro hombres de civil secuestran en su departamento en CABA a un reportero gráfico que trabajaba en la revista “7 días”. Un patrullero ve los forcejeos del hombre por liberarse pero se retira pronto del lugar lo que, denota que la zona estaba liberada. En la mañana del día siguiente, el 6 de abril de 1974 el cadáver del porteño Julio César Fumarola (Pepe), argentino de 33 años, fue encontrado en la zona de la pileta Nro. 1 de los bosques de Ezeiza (RUVTE 16374). Lo habían arrodillado frente a un árbol, tenía las manos atadas a la espalda, los ojos tapados con algodón y con signos de haber sido torturado. Recibió más de 30 balazos y se lo considera el primer crimen de la banda parapolicial conocida como la Triple A, co-dirigida por José López Rega, hombre de extrema confianza del entonces presidente de Argentina, el Gral. Juan Domingo Perón, que tenía el encargo de desmantelar la militancia de la izquierda peronista.
 

 No iba a ser el único ese año, Carlos Rafael Llerena Rosas de 33 años, fue secuestrado en CABA el mismo día en que lo asesinaron. Nacido el 21 de agosto de 1941 en Perú y nacionalizado argentino, se recibió de Ingeniero agrónomo. El 30 de octubre de 1974 estaba en una reunión gremial como Secretario de Prensa del INTA, cuando lo secuestraron. Sus restos con varios impactos de bala y un cartel con la leyenda “AAA” (Alianza Anticomunista Argentina), fueron encontrados en la zona de las piletas de Ezeiza.  
  El bosque comenzaba a dejar de ser visitado por parejas ansiosas de mimos, especialmente cuando se hizo noticia que los restos de Edmundo Julio Leandro “Yuli” Maisonnave, fueron encontrados cerca de las piletas en el bosque, el primero de marzo de 1975. Fue un entrerriano de 32 años que había sido secuestrado por la Triple AAA el 28 de febrero de ese mismo año, mientras se trasladaba desde las oficinas de Aerolíneas Argentinas en CABA hasta su domicilio (RUVTE 16596). Recibido de Técnico Aeronáutico, se desempeño como Oficial Radiotécnico en el Aeropuerto de Ezeiza.
  No había pasado mucho, era apenas el 18 de mayo de 1975 cuando en la misma zona fue encontrado sin vida Jorge Alberto Money Deschino, porteño de 29 años que había sido secuestrado el jueves15 de mayo de ese nefasto año. Poeta, escritor, periodista del diario La Opinión al que le quemaron las manos atadas con alambre y sus uñas  arrancadas antes de que fuera acribillado con proyectiles de 9mm., por la Triple A.
  Todo ocurría en ese tiempo, ya que Omar Daniel Gómez Piraz, argentino de tan solo 18 años nacido en Lanús, fue secuestrado en Remedios de Escalada y también asesinado un 10 de septiembre de 1975, siendo sus restos arrojados en las piletas populares ubicadas en el bosque. Tan solo pocos dias pasaron cuando en la zona de las piletas del bosque de Ezeiza, se encontraron los restos de Graciela Carmen Pane de García, argentina de 22 años que residía en Wilde. Secuestrada un viernes cuando llegaba de la Universidad Tecnológica de Avellaneda, a la casa de sus padres. Un grupo con ametralladoras la rapta y la asesina el 4 de octubre de 1975, un día después de su secuestro en Sarandí. Tenía las manos atadas con alambre por su espalda, y tres tiros en su cabeza (RUVTE 16737). Graciela estaba embarazada.
  En uno de los cuentos recopilados por los hermanos Grimm, el protagonista dice: “Padre yo no voy allí ¡Tengo miedo”, y razón tenía. Nuestro hermoso bosque, nuestro orgullo, se asemejo a los bosque tenebrosos de los cuentos de Grimm, llenos de hienas sedientas de sangre. El Bosque del Horror.

Juan Carlos Ramirez Leiva
(RUVTE: Registro Único Víctimas Terrorismo de Estado)

Día del historiador


 ¡Muchas gracias Dra. Cristina Alejandra Romano!

domingo, 12 de abril de 2026

Imposición de nombre ES11 "Luis Fortunato Iglesias"

  Conocí sobre el Maestro Luís Fortunato Iglesias desde chico, a través de los relatos de vecinos que habían asistido en su niñez, a la escuela rural nro. 11. Esas remembranzas tenían en común, el cariño con que lo recordaban. Siempre he sido curioso y preguntón, y de esa persistencia, me contaban las rutinas educativas y el no disimulado orgullo de aparecer en el extraordinario libro “Viento de estrellas”. Todos agradecidos.
  Quién fue este maestro, cómo cumplía su labor para que hoy, a 110 años de su nacimiento aún estemos hablando de él. Fue el hijo de un herrero y de una ama de casa de Tristán Suárez, curso hasta 4to. grado en la Esc. Nro. 4 y al finalizar ese tramo, hasta ahí se enseñaba en esa escuela, una maestra que venía desde Quilmes convenció a la familia de que continuara sus estudios en Escuela Normal Mixta de Lomas, el que luego se llamaría Mentruyt.
  Para pintar una semblanza del Maestro, podemos tomar que acompañaba a su papá cuando hacía reparaciones a domicilio, para ver qué libros tenían en la casa; viajaba a Máximo Paz para visitar una familia y… leer los libros que tuvieran. Supo decirnos en un reportaje que le hiciéramos: “El que sabe solamente pedagogía, ni pedagogía sabe”. Siendo ya maestro, caminaba la calle Corrientes entrando a las librerías de usado, iba al cine, teatros, actos públicos; decía que había aprendido en esas universidades. Era inevitable que su pedagogía fuese humanista.
  Ya recibido, sus orgullosos amigos (fue el primero en tener título en T. Suárez), elevaron una nota a las autoridades del distrito, por entonces, E. Echeverría. El resultado fue que lo nombraron maestro de primer grado en la Esc. Nº 6 de M. Grande. Estuvo allí dos años y luego lo trasladaron a la Nº 4 de T. Suárez. Por un discurso que dio en un acto del 25 de Mayo, y que no fue del agrado de las autoridades, lo castigaron enviándolo a la escuela más pequeña, a la Escuela Rural Nº 11. Por veinte años fue maestro unitario en una escuelita que no tenía más que la campana y el pizarrón, y unos pocos bancos.
  No podían sus estudiantes escribir sobre lo que no vivían cotidianamente. Alentó la libre expresión a través del lenguaje escrito, y así surgieron hermosas descripciones sobre sus vidas en un medio rural, con sus paisajes de pastos, vacas, gallinas y pajaritos; sus alegrías y asombros. La libre expresión también se dio en el dibujo de sus casas, de sus padres y abuelos, y el cielo, con la contemplación y posterior narrativa. De esa manera, el niño desarrollaba el lenguaje y personalidad: lo que le gustaba, inquietaba, intrigaba.
  Si el alumno no puede formular su propia propuesta ante un desafío, no hubo fijación del conocimiento.

Mara Iglesias (sobrina nieta) y el Profe. JC Ramirez Leiva
El Maestro, en el desarrollo pedagógico, busco qué le interesaba expresar al niño, que lo conmovía, inquietaba, motivaba y convencía. Para lograr esa personalización, el mismo construyo muebles que estaban contra las paredes, en tanto que los estudiantes estaban en el centro del salón, el alumno era el centro. Elaboró fichas que los estudiantes seguían según el estado de sus conocimientos, con el que colaboraban sus compañeros más adelantados, tareas que incluían trabajos al aire libre. Ese fue su modelo de escuela unitaria.
  En 1942 compiló “Viento de estrellas”, un libro artesanal con trabajos de sus alumnos.
  Nació el 28/12/1915 y falleció el 8/05/2010. Fue maestro rural entre 1938 y 1957.
  La escuela debe pensar, si la escuela aburre no sirve. La pasión se trasmite, compromete. El Maestro tuvo la humildad de escuchar y aprender. Responsable de su tiempo, fue generador de climas educativos, un Militante de la educación.
Hoy, está escuela, la Nro. 11, la del mismo número que tenía su escuelita rural, llevará su nombre. Todo un orgullo y compromiso.

Juan Carlos Ramirez Leiva

El Maestro Luís Fortunato Iglesias

   Conocí sobre el Maestro Luís Fortunato Iglesias desde chico, a través de los relatos de vecinos de Ezeiza que había asistido en su niñez, a la escuela rural nro. 11. Esas remembranzas tenían en común, el cariño con que lo recordaban. Siempre he sido curioso y preguntón, y de esa persistencia, me contaban las rutinas educativas y el no disimulado orgullo de aparecer en el extraordinario libro “Viento de estrellas”. Con el tiempo conocí a vecinos de Tristán Suárez que también habían sido sus alumnos, y todos tenían en común, el agradecimiento.
  Quién fue este maestro, cómo cumplía su labor para que hoy, a 110 años de su nacimiento aún estemos hablando de él. Fue el hijo de un herrero y de una ama de casa de Tristán Suárez, curso hasta 4to. grado en la Esc. Nro. 4 y al finalizar ese tramo, hasta ahí se enseñaba en esa escuela, una maestra que venía desde Quilmes convenció a la familia de que continuara sus estudios en Escuela Normal Mixta de Lomas, el que luego se llamaría Mentruyt y que por ese entonces, funcionaba en una casa cedida con tal propósito.
  Para pintar una semblanza del Maestro, podemos tomar que acompañaba a su papá cuando hacía reparaciones a domicilio, para ver qué libros tenían en la casa; viajaba a Máximo Paz para visitar una familia y… leer los libros que tuvieran. Estudiar en el Normal, le permitió satisfacer su sed de lectura, tomando contacto con la literatura universal. Leía de todo porque como supo decirnos en un reportaje que le hiciéramos desde el Profesorado Voglino: “El que sabe solamente pedagogía, ni pedagogía sabe”. Siendo ya maestro, caminaba la calle Corrientes entrando a las librerías de usado en busca de Unamuno, Dostoiewki, Marc Twain; iba al cine, teatros, actos públicos; decía que había aprendido en esas universidades. Era inevitable que su pedagogía fuese humanista.
  Ya recibido, sus orgullosos amigos (fue el primero en tener título en T. Suárez), elevaron una nota a las autoridades del distrito, por entonces, E. Echeverría. El resultado fue que lo nombraron maestro de primer grado en la Esc. Nº 6 de M. Grande. Estuvo allí dos años y luego lo trasladaron a la Nº 4 de T. Suárez. Por un discurso que dio en un acto del 25 de Mayo, y que no fue del agrado de las autoridades, lo castigaron enviándolo a la escuela más pequeña, a la Escuela Rural Nº 11. Por veinte años fue maestro unitario en una escuelita que no tenía más que la campana y el pizarrón, y unos pocos bancos.
  Entre sus primeros aprendizajes y enseñanzas, está en que uno vive y se desarrolla en un contexto. No podían sus estudiantes escribir sobre lo que no vivían cotidianamente. Tengamos en cuenta que ni siquiera aviones surcaban por estos cielos ya que aún no se había ni empezado a construir el aeropuerto de Ezeiza. Alentó la libre expresión a través del lenguaje escrito, y así surgieron hermosas descripciones sobre sus vidas en un medio rural, con sus paisajes de pastos, vacas, gallinas y pajaritos; sus alegrías y asombros. La libre expresión también se dio en el dibujo de sus casas, de sus padres y abuelos, y el cielo (didáctica de la libre expresión). De alguna manera, recreaban el “Allá lejos y hace tiempo” (1918), de Guillermo Enrique Hudson, con la contemplación y posterior narrativa. De esa manera, el niño desarrollaba el lenguaje y personalidad: lo que le gustaba, inquietaba, intrigaba.
  El Maestro no intentaba formatear al niño siguiendo un Proyecto Pedagógico, los modelos fueron guías que no interferían con su interpretación y desarrollo. Las acuarelas que acompañaban sus trabajos no recreaban, sino que expresaban lo que sentían por el objeto representado.
  el No siguió modelo “bancario”, por el cual uno deposita conocimientos y procedimientos que el alumno debe fijar y recrear. No siguió la plantilla Taylor por el cual en el primario se ponen en el frasco/cerebro las grandes piedras del conocimiento, en el secundario se fijan las más pequeñas y en los estudios superiores, la arena que completa el llenado. No fue su intención que adopten los modelos a la realidad, sino desde allí formularlos. Si el alumno no puede formular su propia propuesta ante un desafío, no hubo fijación del conocimiento.
 El Maestro, en el desarrollo pedagógico, busco qué le interesaba expresar al niño, que lo conmovía, inquietaba, motivaba y convencía. Para lograr esa personalización, los muebles tenían que jugar en función de ese propósito. El mismo construyo gavetas temáticas que estaban contra las cuatro paredes, en tanto que los estudiantes estaban en el centro del salón, el alumno era el centro. Elaboró fichas que los estudiantes seguían según el estado de sus conocimientos, con el que colaboraban sus compañeros más adelantados (autonomía, libertad y colaboración), tareas que incluían trabajos al aire libre (observación). Ese fue su modelo de escuela unitaria.


  En 1942 compiló “Viento de estrellas”, un libro artesanal con trabajos de sus alumnos. Su trascendencia hizo que lo reeditara en 1950 por su impacto en artistas, psicólogos y escritores, por lo que finalmente público “La escuela rural unitaria” (1957); “Diario de ruta, los trabajos y días de un maestro rural” (1963); “Pedagogía creadora” (1973); “Confieso que he enseñado” (2004).
  Nació el 28/12/1915 y falleció el 8/05/2010. Fue maestro rural entre 1938 y 1957; Profesor de Cs. de la Educación entre 1960 y 1965. Periodista, Inspector, Dr. Honoris Causa, Consejero General de Educación (1980), son algunos de los cargos ejercidos. De alguna manera siguió desarrollando las propuestas de Olga y Leticia Cossetini, por ejemplo, con la idea de una escuela no excluyente que atendiera la diversidad.
  Se adelantó a Paulo Freire en 20 años (Pedagogía del oprimido), desarrollando desde el lenguaje y conocimientos cotidianos. Supieron mantener correspondencia en 1973 y solía firmar como “Luís efe”. Coincide con Freire en que no hay enseñanza sin investigación y no hay investigación sin enseñanza
  La escuela debe pensar, si la escuela aburre no sirve. La pasión se trasmite, compromete. El Maestro tuvo la humildad de escuchar y aprender. Responsable de su tiempo, fue generador de climas educativos, un Militante de la educación.

Juan Carlos Ramirez Leiva


jueves, 19 de marzo de 2026

Tristán Suárez y asesinados por la dictadura

   En el Distrito Ezeiza, recordamos todos los años a nuestros Desaparecidos forzadamente por la dictadura genocida de nuestra historia reciente, de la que en pocos días se cumplen 50 años de esa tragedia. De la ciudad de José María Ezeiza, recordamos a Marta Cecilia Alonso, Eduardo Alberto Delfino, y a Eduardo Ramos Mejía, ellos son unos de los 30.000 desaparecidos, pero no son los únicos referenciados en el distrito.   
  Por la extensa de la lista, no detallare en esta oportunidad quienes fueron y cuál fue el “peligro” que representaban para el desarrollo del Plan Cóndor y del silencio opositor que necesitaba Alfredo Martínez de Hoz y sus apoyaturas cívico, militar, y religiosa, pero tomaremos algunos casos. 
  Máximo Augusto Altieri Pistone había nacido en Montevideo el 13 de marzo de 1949. Un día antes de su cumpleaños número 27 fue detenido en el barrio de Flores en CABA, y sus restos fueron encontrados el 17 de marzo de 1976 en Tristán Suárez. Estaba casado, tenía un hijo, y fue un comerciante y publicista que militaba en la corriente peronista “26 de julio”. Se presume que fue secuestrado por la Triple A, y asesinado por 9 impactos de proyectiles encamisados, en el cerebro y tórax. El informe policial decía que estaba imputado en “delitos subversivos” (Ley 20.840) desde el 20/02/1976 y sobreseído el 8 de julio de 1976. En el sumario “se acredita” que estaba “fichado” como subversivo, acusación efectuado por el Tte. Cnel. (RE) Albeste. Debe destacarse que dos meses después de asesinado, allanaron su casa para interrogar a su esposa sobre su marido muerto.
 
No fue el único cadáver encontrado en Tristán Suárez, lo “tiraban” en el Camino a Las Flores (ruta 52) y lo encontraba “casualmente” la policía, que por ese entonces atendía por una mirilla a puertas cerradas en la comisaría enfrente a la plaza de T. Suárez. Tal es el caso de Ana María Estevao, argentina de 22 años nacida en Florencio Varela (Buenos Aires), el 24/07/1953, secuestrada por parapoliciales y asesinada el 20/10/1975. Ana María tenía 22 años, era estudiante de Letras y militaba en la Vanguardia Comunista y su agrupación estudiantil Tupac mientras trabajaba (y era la cara visible), del periódico La voz de Solano”. Fue secuestrada presumiblemente por la Triple A junto a su compañero de militancia, el porteño Raúl Gregorio Kossoy Gorelik, al salir de una reunión. Éste, era un estudiante de Sociología de 25 años (nació el 03/01/1950), que militaba en el Partido de la Liberación (otras fuentes dicen que en la Vanguardia Comunista). Siendo dirigente del Comité Provincia de Buenos Aires fue secuestrado el 19 de octubre de 1975 y asesinado al siguiente día. Ana María estaba embarazada cuando le dispararon por la espalda con proyectiles calibre 11.25, propios de armas reglamentarias. Ana María y Raúl fueron encontrados en un zanjón en el camino entre San Vicente y el hoy Distrito Ezeiza a la altura de Tristán Suárez, el 22 de octubre de 1975. 
  En los ’70 se entendía que se podían cambiar las cosas desde las acciones culturales: alfabetizaciones, cancioneros, poesías, teatro, literatura. La militancia actuaba principalmente en las villas. Voces de protesta y libertad corrían por toda América Latina y ello precipitó las acciones represivas a través del Plan Cóndor.
   Igual suerte que los anteriormente mencionados, corrió Miguel Zito Didino, de Olavarría. Tenía 49 años cuando fue secuestrado en Banfield el 27 de marzo de 1978. Como en los casos anteriores, sus restos fueron encontrado en Tristán Suárez, el mismo día en que lo asesinaron.
   Un caso distinto fue el de Walter Luís Carranza Nuñez, porteño nacido el 12/08/1958, quien tenía 17 años cuando fue secuestrado el 20/06/1976, y sus restos fueron tirados en una calle de Floresta (CABA). Este chico, que apenas estaba saliendo de su adolescencia, fue secuestrado en Tristán Suárez.

 

Juan Carlos Ramirez Leiva.

martes, 17 de marzo de 2026

Miradas nuevas, pasado vivo

 El Congreso provincial acaba de aprobar por Ley la declaración de “lugar histórico de interés testimonial”,  al espacio “Tumba Viejobueno” del Cementerio de Avellaneda.

Podríamos asegurar que en Diciembre 2012 y desde La Plata, comenzó una nueva  mirada hacia nuestro pasado vivo. Lo radical de la conversión en Ley del proyecto del diputado Walter Martello, es que es un hombre que responde políticamente al CC-ARI, es decir, las antípodas ideológicas de los jóvenes que allí murieron intentando por el camino de la lucha armada, lograr los ideales libertarios erpianos. Nos place que un hombre de la región reivindique y contribuya a la construcción y preservación de la memoria colectiva.
A. Delfino (Flres desaparec. y asesinados en Mte Chingolo)
En el Sitio, en donde se levantará un espacio de descanso y homenaje a los caídos en Monte Chingolo, fueron sepultados 49 ciudadanos con las manos amputadas en una tumba múltiple, sin señalización, que se convirtió incluso en un basural. La Batalla de Monte Chingolo se libro en 1975, y cada 23 de diciembre, se reúnen en Tumba Viejobueno (cementerio de Avellaneda) familiares, amigos y fuerzas políticas, para rendirles justo homenaje a los que allí cayeron. Ya sea como resultado de las acciones militares que emprendieran, o que luego de tomados prisioneros, fueran torturados y fusilados mientras un gobierno democrático llevaba adelante su política de Terrorismo de Estado.
En el lugar, se encontraron  los restos de Eduardo Alberto Delfino, combatiente de  ERP, vecino de la ciudad de Ezeiza.

Por: Juan Carlos Ramirez

sábado, 7 de febrero de 2026

Calles del distrito: B. Rivadavia

 El 7 de febrero de 1826 el Congreso argentino designó a Bernardino Rivadavia como presidente de las Provincias Unidas del Río de La Plata. Su mandato duró un poco más de 1 año, hasta el 27 de junio de 1927, cuando presentó su renuncia, pero marcó un cambio absoluto en la manera en la que se desenvolvía al sistema político en el territorio, y es recordado hasta el día de hoy como el “Primer Presidente Argentino”.

  Bernardino de la Trinidad González Rivadavia (1780-1845) nació el 20 de mayo de 1780 en Buenos Aires. De familia acaudalada, inició sus estudios en el mejor colegio de la época, el San Carlos. En 1809 se casó con Juana del Pino y Balbastro, hija del exvirrey Joaquín del Pino.
  Poco después de iniciada la Revolución de Mayo, Rivadavia formó parte del Primer Triunvirato. Inspirado en pensadores liberales como Jeremy Bentham y James Mill, Rivadavia buscaba modernizar las Provincias Unidas del Río de la Plata siguiendo el modelo político francés y el económico inglés, tomando a Buenos Aires como eje de ese proceso.
  Sus inicios en la vida pública datan de 1821 cuando el gobernador Martín Rodríguez lo designa como ministro de Gobierno. Desde allí, Bernardino Rivadavia, partidario de la organización nacional, encaró una serie de reformas para asegurar una paz y un marco jurídico estable para el desarrollo de negocios.  En tres años desarrolló una intensa actividad con miras a cambiar la realidad de la ciudad y la provincia introduciendolas en el mundo moderno. Como ministro de Gobierno sancionó la ley de Amnistía, suprimió el Cabildo y fundó la Universidad de Buenos Aires en la cual daban cátedra profesores traídos del extranjero. También fue el primero en contraer deuda externa, al pedir un préstamo por 1 millón de libras al banco inglés Baring Brothers, que recién sería cancelada en 1904. 
 

El 16 de diciembre de 1824 el Congreso General comenzó a funcionar y como objetivos centrales tenía el de sancionar una Constitución Nacional, una Ley de Presidencia y una Ley de Capitalización, pero las disputas entre los unitarios, básicamente representados por la provincia de Buenos Aires, y los federales, fueron dilatando un acuerdo. Finalmente, el 6 de febrero de 1826, el Congreso dictó la Ley de Presidencia que le permitió a Bernardino Rivadavia convertirse en el primer presidente argentino.
  Durante su mandato, Rivadavia envió al Congreso el proyecto de Ley de Capital del Estado consiguiendo el 4 de marzo de 1826 declarar capital de la República a la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, la cual quedó bajo el control del presidente y el Congreso.
  La sanción de la Constitución Argentina de 1826, de fuerte contenido unitario, rechazada por las provincias, y el fracaso por frenar la expansión del Imperio de Brasil, lo llevaron a presentar su renuncia el 27 de junio de 1827.
  El primer presidente argentino falleció el 2 de septiembre de 1845 en Cadiz. Sus restos fueron repatriados en 1857 y desde 1932 reposan en un gran mausoleo dirigido en su honor en la Plaza Miserere.
 
Publicado en: www.casarosada.gob.ar 
 
  En nuestro distrito, la calle Rivadavía nace perpendicular a las vías del ferrocarril en Villa Guillermina, J.M. Ezeiza, y llega hasta la colectora sur de la autopista Ezeiza-Cañuelas, calle Salta.

martes, 23 de diciembre de 2025

Reportaje a Mirta Vega (III)

 Los amigos de la cuadra éramos una banda. Estaban los Oliveto (los cuatro), los tres Sarasino (las dos chicas y Roque), los chicos de Tissone (las dos nenas y los dos varones), y mi hermano Marcelo. Por French, las chicas de Dieguez, los chicos de Fuentes que estaban en la otra cuadra, y los cuatro Ferrari. Jugábamos en el fondo de casa.
 En la esquina de Dean Funes y Echeverría, estaba la farmacia de Cayuela; después vino el Bazar, el que sus dueños eran parientes de Clarita Steiman. Estaba el pibe de Ferrato, que hoy tiene 80 años y se acuerda de la inauguración del aeropuerto Pistarini en donde yo estuve porque le pidieron permiso a mi papá para llevarme, porque iban a distribuir juguetes. Se hizo un asado inmenso para toda la gente que había trabajado en la construcción. Había cualquier cantidad de santiagueños que habían venido a plantar los árboles.
  
Un día vino un circo al campo de Goñi (hoy sigue siendo un campito cercado, frente a la estación, entre Balcarce, Pte. Illía, e Ituzaingo). Los circos hacían pequeñas obras de teatro. Mi mamá no quiso ir pero, fuimos mi papá y yo, que  tendría entre tres o seis años, era chiquita, bien chiquita. Cruzamos desde mi casa en French hasta el campito. No había nada, la plaza Belgrano no existía.
 Comienza la obra y yo me empiezo a aburrir porque no entendía nada. Empiezo: “papá quiero pis”, mi papá me agarra y salimos del circo en el preciso instante en que, en el escenario el actor principal dice: “se va Vega”, tras lo cual, estalló una carcajada generalizada en todo el circo. Cuando termina la obra el actor, un hombre mayor que hacia teatro por radio, pregunto “qué pasó”. Y lo que había pasado era que Raúl Vega, mi papá, salía justo en ese momento para que la nena hiciera pis afuera de la carpa.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

lunes, 1 de diciembre de 2025

Estampados y aviones

Hoy volvemos sobre la fábrica de aviones. Sobre ella escribimos hace unos meses en este esfuerzo de retener en tipografía lo que el tiempo y los intereses ajenos a valorar y cuidar el patrimonio de nuestros ancestros ignoran.

La estampería
Un día Hortensia Carrizo vio un cartel donde solicitaban empleadas para una estampería textil…y desde allí comenzó como Penélope a tejer y destejer recuerdos.
La textil funcionó en la manzana delimitada por la ruta, la calle Paso de la Patria, Gral. Lamadrid y Donato Alvarez., J.M. Ezeiza. Hace un tiempo atrás localizamos en este lugar una fábrica de aviones que funcionó a posterioridad de la que ahora hacemos referencia.
Existió desde el año 1951 ó 1952, y durante no más de cinco años, recuerda Hortensia Carrizo, quien se desempeñó allí como empacadora: ella medía los metros tela para cada rollo o para cada disponerlo en pliego chato, los envolvía en papel madera y les ponía la etiqueta correspondiente. Recuerda que hacían telas de tapicería y de cortinados pesados como se usaban entonces. También telas para vestidos. Los dueños eran unos hermanos de apellido Ortíz, Ernesto y Florencio, empresarios allegados al gobierno. Tras esos pocos años presentaron quiebra.
La fábrica, en realidad, no fabricaba telas, era una estampería, allí se estampaba la tela, contaban con el trabajo de un dibujante y de un encargado de la tintorería quien decidía cómo amalgamar los colores para el teñido de las telas.
Tendría unos 50 operarios, todos de Ezeiza. La mayoría eran hombres. A las compañeras de trabajo casi puede recordarlas a todas: la señorita Cabanelas, Marta González de Harguindeguy, una chica francesita y dos o tres más.

Hasta que la muerte los separe
Ernesto Ortíz tuvo tres hijos y construyó una casa de fin de semana que, aún hoy, en chanfle, se la enfrenta caminando por La Pampa en su intersección con Beruti, en J.M.Ezeiza. Es un chalet rodeado de grandes árboles que parece previo al caserío y listo para tragarse el sol de un trago: lo imaginamos viendo encopetar el amanecer sobre los tejados de la vieja estación de trenes y recortar las siluetas de los teros hacia el poniente del astro rey, hacia el barrio El Tala de hoy.
El otro Ortiz, Florencio, se casó con una señorita inglesa y vivieron en El Trébol. Con su esposa hicieron un pacto al llegar a la vejez y murieron voluntariamente juntos cuando la enfermedad los acosó. Fue un caso de amor hasta el final que se comentó mucho en el pago cuando sucedió.

Y dale con los aviones
La nota de la fábrica de aviones, que fue el uso posterior que tuvo la estampería, trajo cola entre los lectores. Los párrafos previos son consecuencia de ello: Hortensia se disparó con estos recuerdos acicateada en su honestidad histórica poner algo de la memoria.
Otro vecino, el señor Juan José Seisdedos, quien actualmente vive en Bolívar, recordó que la posterior fábrica de aviones se llamaba Berkling y compañía…
Estaba ubicada en terrenos muy bajos y cierta vez que llovió mucho, pude ver maderas de distintas formas y medidas flotando por el predio. El agua llegaba hasta cerca del terraplen de la trocha angosta..

Berkling
Arnold Berkling fue un ingeniero alemán que fabricó por lo menos un avión bautizado Catracho y que cuando lo estaba volando un día se vino abajo con avión y todo y falleció. Lo dicho ocurrió en Honduras, en San Pedro Sula (la segunda ciudad en importancia de este país centroamericano). Nuevamente quedamos picados por la curiosidad y/o admirados por la curiosidad de que aparezca ese apellido aquí en el sur del mundo. A cada paso que damos siempre nos surgen más inquietudes y preguntas que respuestas, la de hoy es: ¿el nombre de la fábrica habrá sido un homenaje al malogrado ingeniero?

Por: Lic.Patricia Faure


martes, 28 de octubre de 2025

Los vecinos Thompson

Leemos: “En el Partido de Cañuelas á dias doce de Mayo 1854”, comparecen Juan Thompson, Susana Thompson (viuda) y Marta Thompson (soltera), mayores de edad y vecinos que por no poder viajar a la capital le dan el poder a Enrique Thompson. Lo firman Augusto Powell, quien había sido testigo del dictado del testamento (1851), el Juez de Paz Evaristo Alfaro y don José María Alegre.
  Juan Thompson y Brocksopp y sus hermanas, respetaron el deseo paterno sobre que Enrique conservara “terrenos y Casas en la Magdalena”, y que se cuidara de sus hijos menores tenidos con Phebe Rowe. Cumpliendo con su voluntad, vendieron sus partes a Enrique, permaneciendo sus vidas en nuestra región.
  La mensura practicada por G. Kuhr (1857), lleva el título de Thompson Marta y otros, por lo que inferimos que Marta permanecía soltera a los 31 años. En mensuras posteriores no se registran cambios y en un plano de 1868, figura que lindaban con Rosario Carrizo y Antonio Ríos por el N.O., y de Rosario Acosta y los Herederos de Manuel La Rosa, por el S.E. 
  En distintos planos se observan propiedades de Juan y de Susana (Cuartel IV, Plano de San Vicente; 1881), por lo que es probable que Susana (viuda en 1851), no volviera a casarse. En el mismo plano pero en el Cuartel VII, se ubican tierras de Marta y propiedades de Juan, un casco de estancia sobre el lado Oeste del Camino Real, además de otras poblaciones. En mensuras y plano comentado de 1881 y 1891, también aparecen nuestros vecinos ingresando a Catalina A.  de Thompson con tierras en el Cuartel VII. 
  Sobre otros apellidos que podrían estar relacionados con estos vecinos que ya cumplen 175 años en el distrito, encontramos a Guillermo Joung en el Libro Diario de la Municipalidad de San Vicente y, a Juan Rower (enero, 1900). Sobre Joung no hemos podido establecer parentesco pero sobre Rowe, pensamos que se refiere a Juan Rowe propietario de la estancia “Los Retamos”, que perteneciera a Susana Thompson y Brocksopp y que entró en sucesión hacia la década de 1930.  El Primer Censo Nacional (1869) trae que en los cuarteles IV y VII, fue empadronador Juan Julian Thompson, casado con Catalina Hanley, de 28 años, que sabe leer y escribir. No hay registro de hijos.  
 
Por el Plano N° 107 del Partido de E. Echeverría observamos que la familia mantuvo las tierras indivisas e incluso parece haberse expandido sobre parcelas que la familia Alegre había poseído sobre el Matanza. Sus propiedades tenían como linderos por el sur y del Matanza hacia el Este, a los herederos de Cipriano Alegre y parcelamientos de la familia Nolasco. Desde el S.E. al N.E., a Carlos Caraza, de la Rosa y Santiago Ginochio. Por el N. y desde el E. al O., a Antonio Ríos, Secundina Carrizo, Rosario Carrizo, Margarita Hanley de Farina, Patricio Hanley, Margarita Hanley de Smith y Margarita Scharp Hanley. Puede entreverse que las relaciones parentales por política casamentera, llevo al grupo a extender sus dominios desde fines del siglo XIX a principios del XX, cuando la economía agroexportadora estuvo en pleno esplendor.

 Por: Juan Carlos Ramirez Leiva


Don Guillermo y su destino

 Don Guillermo Mac Clymont fue un hombre inquieto y visionario, no le temió a lo alejado de Lau Lauquen. Tenía frente a su vista una tierra de pajonales que sirven de asilo a los animales que pueblan el desierto; por leguas, solo alteran el paisaje uniforme las pajas bravas, cortaderas y pajas coloradas. Los duros tallos de estas servirían para construir las paredes de algún futuro rancho, con el simple recurso de yuxtaponerlas en tallos atados a tirantillos de madera.
Actual Museo La Campana,
Fue propiedad de la familia Mac Clymont
  
Los ganados comerían tanto la paja brava como la colorada, las que estuvieran tiernas, permitiendo que posteriormente se desarrollaran pasturas más adecuadas. Probablemente hubiera que incendiar de cuando en cuando los campos para que, con la ayuda de las lluvias favorecieran el crecimiento de pasto tierno para la hacienda.
  Habían sido tiempos oportunos para comprarles tierras al gobierno. Por ello, a fines de 1877 compró un campo en Necochea ubicado frente al arroyo "Pescado Castigado", dentro de la jurisdicción del Departamento del Sud (Dolores). La Ley 947 (1878) había ofrecido a la venta 60 millones de hectáreas para generar medios económicos para la Campaña de Exterminio Indígena, ofreciendo a los adquirentes el precio de 16 centavos oro la hectárea. El Banco Provincia ofrecía en tanto, un crédito de 7 años para pagarlas.
  La derrota de Calfucurá en 1872 y su muerte al siguiente año, comenzó a facilitar la expansión sobre las tierras indígenas. Se extendió el ferrocarril hasta Azul y la frontera se expandió hacia Carhué, Guaminí, Puan y Trenque Lauquen. Las tierras de Trenque Lauquen pudieron venderse a 8 pesos oro para 1888.
  Continuando con nuestra historia, marchaba Don Guillermo arriando un poco más de un centenar de caballos y cruzándose con fugitivos avestruces. En los lugares un poco más altos, el suelo estaba minado por los tucutucus, especie de rata grande sin cola, que vive en inmenso número en aquellas vastas soledades y que desaparece grandemente a medida que el terreno cambia de vegetación por la presencia de los pobladores y el aumento de los ganados.
  Cuatro leguas antes de llegar a sus campos, comenzó a encontrarse con su trágico destino. Quizás lo que Guillermo sentía, en el preciso instante en que moría, podemos intuirlo en el "Poema conjetural" de Jorge Luis Borges, quien escribió lo siguiente, pensando en el Dr. Francisco Laprida: “Pisan mis pies la sombra de las lanzas/Que me buscan. Las befas de mi muerte,/Los jinetes, las crines, los caballos,/Se ciernen sobre mi ... Ya el primer golpe,/Ya el duro hierro que me raja el pecho,/El íntimo cuchillo en la garganta”,

 Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

 

 

 

La Campaña al Desierto y la vecindad

  El 4 de octubre de 1878 comenzó la denominada Conquista del Desierto, cuando el Congreso Nacional aprobó la ley que asigno partidas para financiar la guerra de exterminio que, el general Julio Argentino Roca desato contra los pueblos originarios. La conquista de tierras generó latifundios en manos de un reducido grupo de estancieros y especuladores. Muchos, vendieron parte de las tierras compradas al gobierno para la compra de ganado, introducir mejoras, tomar ganancias o resolver cuestiones varias.
  Los Mac Clymont integraban el grupo de artesanos y granjeros que vieron en el proyecto de Juan y Guillermo Paris Robertson, las posibilidades que Escocia les negaba. La guerra con Brasil llevó a la ruina las ilusiones escocesas; algunos se quedaron pero, la sequía y la guerra civil tras el golpe de 1829, aceleró la dispersión y la colonia escocesa de Monte Grande deribaron a Buenos Aires, tenía 25 años, un hermano y dos hijos: Guillermo y Roberto. Guillermo se casó con Lucinda Miller y fue padre de seis hijos. En 1883, la nota que Lucinda Miller eleva al Juez dice: "Que, según es de pública notoriedad, mi esposo Dn. Guillermo Mc Clymont, ... murió en territorio nacional el 20 de abril próximo pasado en un combate con los in el inventario de su casa, uno de los testigos fue Don Pedro Reta (radicado en Monte Grande desde 1890). Un futuro vecino de Ezeiza fue el arrendatario del puesto Nº 8 del potrero denominado "La Cabaña": Don Pedro Harguindeguy. Los hermanos Harguindeguy se instalaron en Ezeiza en 1887 y fueron quienes tuvieron el primer surtidor Y.P.F. en la zona, en tanto explotaban el almacén conocido como la Cueva de la Chancha.
  Entre los que acompañaban a Guillermo estaba Andrés Purvis, residente en Cañuelas, y Mc Phail, mayordomo de "El Totoral", ubicada en Montes. Don Alejandro Mc Phail acompañó a su socio y amigo a Lau Lauquen, junto con "seis cientas y tantas cabezas de ganado vacuno, mil tres cientos de ganado lanar y quinientos ochenta y tantos de ganado yeguarizo". 
  Del campo en Lau Lauquen, solo 16 hectáreas estaban escrituradas y el resto tenía títulos provisorios, por lo que la Testamentaria debió solicitarle al Gobierno Nacional la regularización. Las propiedades en Tierras Nacionales habían sido compradas a Cecilia López en 1882. 
  Cuatro leguas antes de llegar a sus campos, comenzó a encontrarse con su trágico destino. Como a las siete de la mañana sus peones escucharon ruidos provenientes de un monte cercano. Integraban el grupo: Don Andrés Purvis, Don Alejandro Mac Phail, Negrete, Urquiza, el indio Ignacio, Molina y 4 peones, uno de ellos de apellido Puebla. Tras descubrir que se acercaba un indio arriando unos 80 caballos, se lo quitan y los ponen a resguardo de la indiada que ubican refugiada en un monte. A continuación, deciden atacarlos.
  El baqueano Juan Negrette, estaba despreocupado ese día. Contratado por Mac Clymont para reconocer los campos en Lau Lauquen, no consideró necesario salir del Fuerte Lavalle con su lanza. El Fuerte Lavalle Sur, ubicado en la intersección del Arroyo San Quilco con el trazado del "camino de los indios a Salinas". Si bien Negrette era cristiano, había pasado mucho tiempo con los indios. Valeroso, de buena contextura física, era respetado por Pincén, su cuñado, quien lo consideró su mejor lanza. Negrette estuvo de acuerdo con Mac Clymont en que era oportuno enfrentar a los indios, considerando que estaban sin cabalgaduras.
  Los atacaron a tiros de carabina, esperando una leve resistencia. No imaginaban que desde el monte, responderían con disparos de Rémington, aquella arma con que se equipó justamente a los hombres que participaron de la Campaña contra los indios y que después fuera repartida entre los que apoyaron a los autonomistas bonaerenses. En el mes 06/1880, la capitalización estaba resuelta pero muchas de las armas empleadas quedaron en poder de los vencidos o simplemente desertores. Esos fusiles Rémington, de a 5 tiros, fueron los que respondieron al embate de Mac Clymont.
  Los que cuidaban la caballada acudieron a la lucha pero descuidaron a los caballos a su cargo, los que se llegaran hasta el monte y de esta manera unos 8 ó 10 indios pudieron montar y desbalancear el enfrentamiento, definitivamente.
  Gracias a la carta de un corresponsal del diario "La Prensa" (publicada parcialmente por el historiador de Cañuelas Don Lucio V. García Ledesma), sabemos que "Negrette dispuso emprender la retirada a Trenque Lauquen, pero a poca distancia fueron alcanzados por los indios y se vieron obligados a echar pie a tierra, trabándose una lucha desigual, pues a medida que los demás indios tomaban caballos, venían a tomar parte de ella."
  
De las once personas que enfrentaron a los indios el 20/04/1883 en Lau Lauquen, solo dos escaparon, uno de ellos herido por las lanzas. A Negrette y al indio Ignacio no se los encontró; el peón Puebla tenía el cuerpo cribado a lanzazos, el resto estaba mutilado por las heridas y la acción de las aves de rapiña. Don Guillermo "Mac Clymont fue encontrado boca abajo con un brazo destrozado de un balazo y con 8 lanzazos en el cuerpo”.  
  Fue muy difícil el traslado de los restos hasta Bragado, más de 150 kilómetros, desde donde pudieron viajar en ferrocarril. Los cadáveres de Guillermo Clymont, Andrés Purvis y Alejandro Mac Phail, llegaron a Buenos Aires en el mes de mayo y fueron conducidos al Cementerio Británico, donde fueron enterrados el 20/05/1883. Guillermo tenía 48 años.

 Por: Juan Carlos Ramiez Leiva

sábado, 18 de octubre de 2025

Mi hermano Enrique

Mi hermano Enrique era un muchacho excepcionalmente inteligente, inquieto, estudioso y trabajador. Hablaba tres idiomas. Era jefe de planta de una fábrica de ladrillos refractarios y hacía poco había obtenido su licencia de piloto civil. Fue delegado gremial y formó la Sociedad de Fomento del barrio Nocito (de la que era presidente hasta el día que desapareció) y así con su gestión pudo hacer llegar el tendido eléctrico, los asfaltos y el dragado del arroyo cercano que causaba la inundación de todo el vecindario cada vez que llovía.

Recuerdo que cuando cumplí 15 años me regaló un libro: “Leélo ¡te va a fascinar!”. Así fue. Era de Simone de Beauvoir, sus “Memorias de una joven formal”. Luego fue “El muro” de Jean Paul Sartre y más tarde “Cuerpos y almas” de Maxence Van Der Meersch.
En esa etapa, y de la mano de Enrique, fue que comenzó mi romance con la literatura y es un romance que siguió y me acompaña hasta el día de hoy.

Por: Recuerdos escritos por Blanca Ferreyra (hermana menor de Enrique)

miércoles, 15 de octubre de 2025

Ferreyra, Agustín Enrique (“Quique”)

   Quique era jefe de planta de una fábrica de ladrillos refractarios y hacía poco había obtenido su licencia de piloto civil. Fue delegado gremial y militaba en la Juventud Peronista. Sus compañeros de militancia le aconsejaron que se pusiera a resguardo, pero Enrique Ferreyra decidió no irse del país, aunque migro de la ciudad de Buenos Aires y se estableció en Temperley, en Villa Nocito (partido de Lomas de Zamora).
  Para el cumpleaños de sus hijos mellizos, invitó al festejo a su gran amigo Héctor Nicolás Cejas (“Minito”), y a su novia Laura. Dada la hora y aunque Quique tenía un mehari (de color rojo), consideraron que era mejor que sus amigos durmieran en su casa.
  La tragedia comenzó esa misma noche. Cuando todos dormían, las fuerzas represivas irrumpieron en la casa y se los llevaron a todos, menos a sus mellizos y a la esposa de Quique. Esta fue amordazada y dejada en el lugar. Cuando fue rescatada, decidió exiliarse en Israel con sus hijos.
 
Fue en la noche del 19 de septiembre de 1976, cuando Enrique, Héctor, y Laura, fueron secuestrados-desaparecidos. No hay testimonio de su paso por un Centro Clandestino de Detención. Su caso figura bajo el Nro. de la CONADEP, Declaración Nro. 3831. Agustín Enrique “Quique” Ferreyra, tenía 32 años.
  Cuando se cumplieron los 40 años de su secuestro y desaparición, se llevó a cabo un acto recordatorio en la plaza del barrio Nocito, lugar donde formó y vivió su familia. En el homenaje estuvieron presentes sus tres hijos: Diego, Mariano y Adrián, sus hermanas Margarita y Blanca (vecina de José María Ezeiza), así como compañeros sobrevivientes, amigos de militancia y vecinos.
  En ese homenaje se inauguraron dos murales con los retratos de Enrique y de Héctor “Minito” Cejas, hijo de la Madre de Plaza de Mayo Sara Peretti, vecina de Tristán Suárez ya fallecida. Tras las palabras que se vertieron en la plaza, el centenar de personas presentes se trasladó al frente del que fuera su domicilio, calle Isabel la Católica al 900, en donde se descubrió una baldosa recordatoria que dice: “Lomas tiene memoria. Aquí vivieron, militaron y trabajaron por barrio Nocito: Enrique “Quique” Ferreyra, Héctor “Minito” Cejas, y su novia Laura, peronistas y montoneros secuestrados en Temperley por la dictadura cívico militar el 19 de setiembre de 1976. Barrios por la memoria y por la justicia”.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

martes, 19 de agosto de 2025

El diario no hablaba de ti

  La mañana de aquel 20 de agosto de 1976, había amanecido fresca y linda pese a que habíamos tenido 0° en Ezeiza; camine por Mitre (hoy Ituzaingo) para buscar a mi novia y luego llegamos a nuestro negocio en la calle Chacabuco y Deán Funes. No habíamos levantado aun la persiana a la calle cuando un soldado nos ordeno que nos quedáramos dentro del negocio, sin darnos ningún tipo de explicación.

  Al correr de la mañana, nos enteramos por medio de vecinos tan curiosos como nosotros (que nos atrevimos a salir a ver qué estaba sucediendo), que el ejército había ingresado violentamente por la madrugada a la casa de los Alonso y se habían llevado a Martita.
  Todos sabíamos que significaba eso, en el mejor de los casos Marta Cecilia Alonso pasaría a estar detenida a disposición del PEN (Poder Ejecutivo Nacional), hasta que se aclarara que ella, tan querida por la vecindad, no tenía nada que ver con los que ponían bombas. Nos resistíamos a creer que tuviera un destino cruel, el de ser una detenida desaparecida, como sabíamos que estaba ocurriendo, como había sucedido con Eduardo Alberto Delfino.
  Decidimos terminar la jornada laboral y marcharnos a nuestras casas, pasando por la sub comisaría de Ezeiza, por ese entonces en French y Tucumán a escasos cien metros de donde habían violentado a la familia de Alonso, un tipo tan solidario y respetado por los vecinos. Todo parecía normal, en Ezeiza no había pasado nada.
  Mis padres se alegraron de verme, ya sabían de lo ocurrido y contaron que el ejército estaba revisando las casas, hecho que no había ocurrido, solo la de Alonso, el  repartidor de vino, el que mientras estuvo en la comisión directiva del club Social y Deportivo Ezeiza, no permitía que la policía de la Revolución Argentina (dictadura cívico militar entre 1966 - 1973), ingresara al club cuando salían de razzia (un decreto permitía que la Policía detuviera en la vía pública indiscriminadamente).
  Con dolor y entre tontas quejas a mis padres, me explicaron que se habían deshecho de todos los libros y colecciones de documentos que tenía, lo habían tirado al pozo negro (sumidero de aguas servidas de la casa). Allí habían ido a parar los diarios de guerra del ERP (en uno de ellos informaban que Eduardito Delfino no se había reportado y que estaba desaparecido después de las acciones militares que habían llevado a cabo); y los panfletos y periódicos que uno podía encontrar en los pasillos de la facultad, y que había recogido pacientemente consciente del valor testimonial que tendrían a la hora de contar la historia de ese período. Solo pocos libros quedaron en mi habitación, uno de ellos era El Capital, de Karl Marx, dado que entendían que era de contabilidad ya que yo era Perito Mercantil. Todos teníamos los ojos enrojecidos, sabíamos por lo que pasaría Martita si no la encontraban enseguida.
Al día siguiente, el diario Clarín no traía en tapa la noticia de la Masacre de Fátima detallando que a la vera de un camino rural, en un radio de unos cien metros se encontraron esparcidos restos humanos dinamitados de veinte hombres y diez mujeres. No contaba que en su mayoría fueron referentes sindicales de la zona norte de Buenos Aires y que estaban detenidos ilegalmente en la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal, conocida como Coordinación Federal. La tapa destacaba que hubo "Sangrientos choques raciales en Sudáfrica" y "el repudio del gobierno" ante la noticia de que "fueron hallados 30 cadáveres en Pilar". Pero el diario de la corneta, no hablaba de ti, ni de tu compañero de lucha Bonifacio Díaz, también desaparecido esa misma fecha probablemente por los mismos genocidas.
 El diario no hablaba de ti en ese otoño tan frío. No contaba ni contaría que habías nacido un 6 de abril de 1952, ni que trabajabas en la Fábrica Argentina de Porcelanas Armanino (F.A.P.A.) de Monte Grande, ni que eras sindicalista. Hasta el momento, no hay registro alguno de su paso por algún Centro Clandestino de Detención (CCD), aunque se presume que por estar dentro del Circuito Camps pasó por El Infierno (Avellaneda), por donde pasaron entre 1976 y 1978 más de 300 detenidos desaparecidos. Quizás fueron los de la Brigada de Puente 12. Marta, peronista, fue señalada como "problemática" a los represores por sus empleadores.

  El diario no hablaba de ti, pero hoy si.

 
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva.

jueves, 3 de julio de 2025

Hacedores: Guillermo Gaddini

  Las historias de las comunidades siempre son el resultado de las acciones de los vecinos en su conjunto. Sin embargo, en el seno del sujeto colectivo se desenvuelven actores sociales que se destacan por su liderazgo, por sus contribuciones. Este es el caso de don Guillermo Gaddini.
  Nació en el partido de San Vicente el 26 de septiembre de 1877, instalándose en el pueblo de Tristán Suárez hacia 1896. Recién llegado, fue nombrado valijero “ad honoren” del correo y llegó a ser jefe de estafeta.
  El pueblo tuvo como fecha fundacional, el día en que por primera vez el tren en su viaje inaugural (1885), paro en la estación que por un breve tiempo se llamó Llavallol y luego, Tristán Suárez. Don Guillermo, que aún no era don ya que tenía 19 años cuando se instaló, vivió el momento en que el pueblo crecía muy lento pero, con rumbo firme, como puede observarse en un plano de remate de 1893. El almacén de ramos generales, una especie de supermercado de entonces por la variedad de productos que ofrecía, fue puesto por Gaddini, como también lo fue la fábrica de soda en sifones.
  Preocupado por la inadecuada atención sanitaria en la región ya que el hospital más cercano estaba en Lomas de Zamora, participo de la concreción de la Casa de Primeros Auxilios San José, en Monte Grande, colaborando con una cuota para su sostenimiento, desde su mismo inicio.
  La concreción de las legítimas aspiraciones de los lugareños de independizarse de San Vicente, debido a la nula atención que le prestaba la intendencia en materia de servicios públicos, se concretó con la Ley provincial sancionada con fecha 9 de abril de 1913, declarándose cabecera del nuevo distrito, al pueblo de Monte Grande. La comunidad de Tristán Suárez aportó ideas y hombres para el logro de su emancipación política del partido de San Vicente. Entre los vecinos que gestionaron la autonomía comunal, se contaba Guillermo Gaddini.
  Hombre inquieto, supo aprovechar los nuevos medios de comunicación, fundando La Positiva, una empresa de servicio telefónico. El señor Gaddini había obtenido en 1913 la concesión nacional y en 1928, transfirió el servicio y las líneas de "La Positiva", a la Compañía Unión Telefónica. Luchador por su comunidad, impuso como condición expresa en el contrato de transferencia, que Tristán Suárez jamás sería considerado como central telefónica de Larga Distancia (tenían costo diferencial), cláusula que siempre fue respetada.
  Su conocimiento del lugar y sus vecinos, sumado a sus inquietudes, lo llevaron a ser colaborador de la prensa escribiendo en “El Vicentino”, y también fue corresponsal en los medios nacionales como “La Prensa.
  Don Guillermo fue un poblador pionero, como lo fue también en las comunicaciones telefónicas; buscó la autonomía del distrito, trabajo para la concreción de centros de salud; en un local familiar funcionó temporariamente la escuela Nro.2 (Canale). Don Guillermo falleció el 28 de abril de 1944.
  Por amor a la comunidad, por su labor para ella, se hacía imperativo el reconocimiento social explícito dándole su nombre a la principal arteria de la ciudad de Tristán Suárez, la que nace frente a la estación en la hoy Pres. Néstor Kirchner (ex ruta nacional Nro. 205), y finaliza en la calle Salta.
 
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

jueves, 19 de junio de 2025

Masacre de Ezeiza, en primera persona

 La mañana del miércoles 20 de junio de 1973 se presentaba apacible, y mientras caminábamos con mi viejo, con mi padre, hacia la estación de Ezeiza, conversábamos. Los temas fueron variados, y salpicados con trivialidades como que no hacía frío, que iba a ser un hermoso día o sobre la conveniencia de ir por la ruta 205 y no cortar camino.
Cuando estábamos próximos a la ruta, nos sorprendió la multitud que ordenadamente marchaba camino a la barrera hacia el aeropuerto. Junto con otros conocidos con los que nos fuimos encontrando en el camino, nos integramos a un grupo bullanguero que entonaba cánticos apropiados para la fecha. Los mayores tenían la lógica ansiedad de ver regresar a su líder tras 18 años de exilio; los que éramos chicos por entonces, y los que habían nacido después del 55, lo hacíamos para conocer a aquel por quien se había militado.
Al llegar a la barrera mencionada y comenzar a andar camino al puente El Trébol, encontramos las diferentes columnas que venían desde Monte Grande y a los que venían desde San Vicente; entre todos, conformamos la Columna Sur. Entre las organizaciones, caminábamos quienes íbamos por nuestra propia cuenta. Muchos como yo estábamos felices, porque además del significado político, había uno aún más importante: la integración entre distintas generaciones y, en mi caso, compartir con mi viejo este reencuentro entre el líder y su gente.
Llegamos a la altura del puesto policial que luego fuera conocido como el centro de detención clandestina “La 205”, cuando ya era de día. Había allí mucha gente, y pensábamos que era lógico, porque estábamos a menos de mil metros del palco desde donde el general Perón nos hablaría.
Con mi padre nos fuimos adelantando entre la gente (siendo solo dos, fue muy fácil), y a la altura del Hogar Escuela tuvimos que sortear automóviles dispuestos de tal forma que impedían llegar a la columna que entraba por el sur. No nos llamó la atención ver un grupo armado en la curva que llevaba al cruce para el bosque. Tenían un brazalete verde; las distintas agrupaciones se distinguían por el color e inscripciones que llevaban.
Tomamos ubicación en la rotonda que permite a los automóviles que vienen del aeropuerto subir al puente camino al bosque (por supuesto, no había tránsito ese día). Obviamente no estábamos solos, pese a que era temprano; el general llegaría a las 16 horas. Distintos pequeños grupos estaban diseminados por todo el césped, desde el cordón instalado para delimitar el área hasta donde podíamos acercarnos al puente. Tras esa precaria marca, circulaban custodios con armas largas. A nuestras espaldas quedaba el acceso a la Autopista Ricchieri desde la ruta 205 y el bosquecillo del Hogar Escuela. Al frente, y cruzando la autopista, grupos con banderas y pancartas; y mirando al norte, densas columnas hasta donde la vista nos permitía avizorar.
El palco estaba ubicado sobre el puente, con frente hacia el norte, por lo que la parte posterior daba al acceso al aeropuerto, ubicado a 3 kilómetros de allí. Como fondo tenía gigantografías con la figura del General y de Evita; con una imagen más chica también aparecía Isabel. Para proteger a Perón, se había instalado una pared de cristal antibala, y por el puente-palco circulaban personas que a veces hacían gala de sus armas largas.
Se habían escuchado algunos tiros, pero recién nos alarmamos cuando se transformaron en un tiroteo y un correr de personas sobre el palco apuntando hacia los pinos ubicados detrás nuestro, en el campo del Hogar Escuela. Pronto las balas comenzaron a silbar cerca de donde estábamos, y desde el palco les respondieron. Cesaron los disparos. Y recién eran las doce del mediodía.
Más tarde, ya en casa, me enteré por boca de mi tío —quien había venido en bicicleta desde Longchamps— que él se ubicó cerca del Hogar Escuela, bajo la sombra de los árboles y cerca de la columna de Lisiados Peronistas, quienes estaban emponchados en sus sillas de ruedas, acompañados por quienes los ayudaban. Mi tío repartió entre ellos unas mandarinas que había recolectado en su paso por mi casa antes de ir hacia donde todos esperábamos a Perón, y esto quizás lo salvó. El caso es que, cuando fue evidente para él que no querían que los que venían desde el sur se acercaran al palco, escuchó que los lisiados le dijeran “agachate, viejito” y se produjo —me relató— un milagro: los lisiados se levantaron de sus sillas de ruedas a la vez que sacaban armas que tenían bajo los ponchos que los cubrían y comenzaron a tirar. De la columna que había arribado desde la ruta 205 —la Columna Sur— se movilizaron Montoneros, otros identificados como de la JP, y algunos militantes que no pertenecían a ninguna agrupación, solo eran peronistas. Intentaron llegar al puente, pero los identificados con el brazalete verde que custodiaban les empezaron a disparar, y en ese momento intervinieron los Lisiados, según me relatara mi tío.
La historia real —la más aproximada a ella, quizás— la supimos tiempo después. Pero el caso es que alrededor de las 14 horas comenzaron a disparar desde la izquierda del puente (visto desde el frente) hacia los árboles del Hogar Escuela, desde donde respondían con una balacera que también llegaba a los que estábamos sentados sobre el césped, próximo a la cinta asfáltica.
No sé quién tuvo la idea —posiblemente partió desde el palco—, pero todos comenzamos a cantar el Himno Nacional. Un sacerdote comenzó, en el palco, a levantar una cruz como símbolo de paz, pero cuando las balas acertaron a la cruz, el cura decidió ponerse a resguardo. Leonardo Favio, desde el puente y protegido por el vidrio antibala, pedía que cesara la balacera, pero tampoco le hicieron caso.
La inquietud fue mayor cuando vimos pasar una ambulancia con las puertas abiertas, con una enfermera (a la que reconocí por ser vecina) que temerariamente iba agarrándose del techo y casi parada sobre el paragolpes. En igual situación, sobre la derecha de esa ambulancia, iba otro, posiblemente enfermero (por su guardapolvo blanco). Con mi padre quedamos alelados al ver que iban tres hombres tirados sobre el piso y dos más arriba de ellos, que imaginábamos todos muertos, camino hacia Puente 12.
Perón debía llegar a Ezeiza a las 16 horas. Pasado ese horario anunciaron que, por los disturbios, se había decidido que no bajara en Ezeiza y que aterrizaría en Morón. Aterrizaje que se confirmó a las 17 horas aproximadamente.
Sabiendo que no vendría al encuentro con su pueblo en Ezeiza, comenzó un desbande generalizado, acompañado por un nuevo tiroteo entre los que cuidaban el palco y los que estaban en los árboles frente a la ruta, en los campos del Hogar Escuela.
El caos que se armó fue de tal magnitud que, cuando escuché silbar las balas, decidí sacar a mi padre de esa trampa que podía ser mortal, y agachados —y a veces llevándonos por delante a otros pacíficos manifestantes que también querían salvar sus vidas— escapamos a través de los zanjones hasta llegar al barrio. Allí vimos cómo intentaban guarecerse los que habían tratado de llegar al palco y los que no, que tampoco entendían el porqué de esa violencia en lo que debía ser un día de fiesta, de fiesta peronista. Comentaban que en el aeropuerto habían hecho una pila con los muertos; luego supimos que eso no sucedió, pero sí que en el Hotel Internacional torturaron a los que creían montoneros, de la Juventud Peronista, de la Tendencia, troscos, comunistas o simplemente zurdos. Nos enteramos de que el Hospital estaba tomado por gente del C. de O. (Comando de Organización, ala derecha del peronismo), y que gente afín controlaba el Hospital San José de Monte Grande.

Algunos intentaban refugiarse en la capilla del barrio, pero yo, conocedor del lugar, opté por tomar rumbo a casa, ya considerándonos a salvo de lo que no podíamos comprender. Allí nos enteramos de las aventuras de mi hermano, intentando que mi madre no se enterara de lo que circulaba entre los vecinos y de lo poco que comentaban por la radio. Él también había ido camino al Hogar Escuela en su bicicleta, pero regresó cuando los que escapaban de los tiroteos le decían que no vaya. Enterado de la gravedad, evitó que nuestra madre se enterara de lo que ya se consideraba una masacre, una emboscada tendida por la derecha sindical y los servicios de inteligencia contra los zurdos.

Juan Carlos Ramirez Leiva