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martes, 7 de julio de 2026

Día del historiador


 ¡Muchas gracias Dra. Cristina Alejandra Romano!

martes, 16 de junio de 2026

Recuerdos civiles de la guerra

   La decisión de la dictadura genocida de recuperar nuestras islas Malvinas, sorprendió a la sociedad. Seis años de ejercer un poder absoluto les había permitido implementar un exitoso saqueo de las arcas del Estado, estatizando las deudas privadas de los "Capitanes de la Industria” y contrayendo onerosos préstamos, quebrando industrias a favor de los importadores y engrosando un “ejército” de desocupados que regulaban de por sí, los salarios.
  Apagado los efectos distractorios del Mundial ’78, el descontento social comenzaba a manifestarse en contra de los proyectos de eternizarse en el poder, sin dejar de considerar que el mundo se enteró de la falta de garantías ciudadanas, de los desaparecidos, y de la lucha de las Madres de Plaza de Mayo. 

  El exitoso desembarco en Malvinas no fue resultado de una improvisación. Fue el Almirante Jorge Isaac Anaya quien diseño el plan para recuperar las islas. Las movilizaciones de los cuadros se realizo en perfecto secreto a punto tal que, hubo conscriptos que no se dieron cuenta que desde los camiones pasaron directamente a estar dentro de un Hércules. Muchos de estos °colimbas nuevos° no tenían todavía una apropiada instrucción ya que hacía solo un mes que habían sido convocados y además, algunos de ellos no tenían idea en dónde quedaban las islas Malvinas. Para evitar problemas de reclamos sociales, movilizaron contingentes desde el norte del país para ir a combatir en el frío clima del archipiélago, a días del comienzo del invierno.
  La sorprendida sociedad reacciono de maneras diversas. Solo unas cuantas horas habían pasado de la violenta represión sufrida por la movilización en contra de los usurpadores del poder. Sin embargo, el tema Malvinas sensibilizó el clima social y se llevó a cabo otra movilización, esta vez en apoyo del Gral. Galtieri, cuando este dio a conocer que las islas habían sido recuperadas.
  La desesperación de las familias por conocer el destino de sus hijos contrastaba con un desmedido e incomprensible júbilo por entrar en guerra. Las Madres de Plaza de Mayo, el Premio Nobel de la Paz Adolfo Perez Esquivel, y otros referentes sociales, alertaban sobre el desatinado plan. Militares y civiles se unían en un triunfalismo que dejaba de lado los daños producidos al país y a sus habitantes, con un saldo de 30.000 desaparecidos y la pérdida de derechos ciudadanos.

  En Ezeiza, la Municipalidad de Esteban Echeverría (estaban dentro de su jurisdicción las localidades que hoy integran el Distrito Ezeiza), puso a Defensa Civil como convocante a una reunión que se llevó a cabo en las instalaciones de la Sociedad de Fomento Ezeiza-Canning. Tras palabras de rutina, se eligieron delegados denominados Jefes de Manzana, los que tendrían a su cargo supervisar que el enemigo no tuviera la posibilidad de bombardear el aeropuerto de Ezeiza.  Lo disparatado de la propuesta no fue cuestionada por quienes asistimos a esa delirante reunión en donde se nos instruyó que, debíamos lograr que a las 22 hs. de cada día, los vecinos a nuestro cargo apagaran todas las luces de sus casas, o que en su defecto, taparan las ventanas con frazadas para impedir que la luz se viera en el exterior y pudieran guiar a aviones enemigos. 
  Nadie se rio de la propuesta, solo hubo un silencio y cruce de miradas entre los que no dejaban de considerar que el uso del radar, ya había hecho su aparición durante la II Guerra Mundial y que ya no se necesitaban luces en tierra para guiar aviones. El silencio en la sala fue por prudencia y conciencia que, ya habían desaparecidos tres hijos de Ezeiza durante la dictadura en curso.
  El punto siguiente fue aún más disparatado, ya que se trato de cómo podíamos colaborar desde nuestra civilidad. No falto el empresario que propuso recaudar dinero para que el ejército dispusiera en qué usarlo. La propuesta tenía un sentido muy práctico pero, daría lugar a confusiones que debían evitarse por lo que, la propuesta no prospero. Luego se propusieron ideas que no se adecuaban a la realidad de una guerra como el de tejer pulóveres para evitar que los soldados tuviesen frío, y otras que finalmente quedaron dibujadas en el aire tras lo cual, la reunión se disolvió.  
  Algunos vecinos de la cuadra me preguntaron por la reunión y les di, un resumido informe. Jamás recorrí las casas de los vecinos para controlar sus luces dada lo disparatada de la propuesta difundida solo, con el propósito de hacer participar a la sociedad y evitar cuestionamientos.

  El 14 de junio de 1982 termino el desatino, pero no las muertes y el dolor provocado por una decisión de los que solo buscaban mantenerse en el poder. Al general gobernador en las islas, le preocupó más el lustre de sus botas, que contener a los compatriotas combatientes. Nuestros héroes.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva


jueves, 26 de marzo de 2026

Vigilia 23/03/26

 https://youtube.com/shorts/kdsRms2Y0U0

 

https://studio.youtube.com/video/LOoklT4AsKs/edit

 


 

jueves, 27 de noviembre de 2025

La creación del Distrito de Ezeiza

 Teorías
 La creación del Distrito de Ezeiza puede explicarse desde distintos puntos, sin embargo, se converge necesariamente en que nació el 20 de octubre de 1994. No existe una historia única, los procesos históricos son complejos y como tales, debemos considerar que no existe la «verdadera historia», pues no existe tal categoría.  En las disciplinas sociales, lo que llamamos «verdad» es en principio, sólo una aproximación a ella.
  La creación del distrito se debió a la ley 11.550, respondiendo a la voluntad política provincial ya que en el mismo día, se votó la partición de varias comunas. No debemos dejar de lado la convicción autonomista vecinal pero, no se puede desestimar la intervención de voluntades ajenas. Entre los planteos a considerar tenemos que:
1) Así como la campaña bonaerense se fraccionó en comunas y E. Echeverría surgió de la escisión de tierras de otros partidos, el Distrito de Ezeiza surgió como lógica consecuencia de esa tendencia autonomista (teoría determinista).
2) La antigua ciudad cabecera nos dejaba de lado porque los intendentes vivían en ella. Por ello nos separamos (teoría maniqueísta)
3) La acción de los vecinalistas logró la independencia distrital (teoría reduccionista).
4) La clase política bonaerense encontró nuevas fuentes de trabajo y/o legitimación, a través delo recurso de crear nuevas comunas (teoría conspirativa).
  
  Nuestro Distrito perteneció a diferentes jurisdicciones, algunas de ellas inexistentes en la legalidad pero, sí en la legitimidad del lenguaje. A los movimientos separatistas se los puede rastrear en notas, como las que
elevaran los propietarios cuando pertenecían a Cañuelas. Tiene fecha del 4 de abril de 1862 y expresa «que siendo muchos los males que les ocasiona la distancia a que quedan sus establecimientos del Pueblo donde residen las autoridades del Partido, piden se agregue a Lomas de Zamora el área comprendida entre el Río Matanza, el arroyo Jiménez y el límite de
Cañuelas con San Vicente.»
  La falta de interés municipal en solucionar reclamos vecinales, se acentuó durante la administración del Partido de E. Echeverría del señor L. M. Obarrio. Es notable el incremento de las publicaciones locales que canalizaban las preocupaciones: La «Cámara de Comercio, Industria, Profesionales y Bienes Raíces de José María Ezeiza», «Cámara de Comercio, Industria y Propietarios de Bienes Raíces de Tristán Suárez, Carlos Spegazzini y La Unión», «La Voz de mi Parroquia», «El Bonaerense», «Palabra», «La Nación», «El Sol» y «La Voz del Pueblo», sumadas a notas que incluso eran dirigidas directamente a la gobernación («Sociedad de Fomento Barrio Vista Linda»), dan cuenta que la desidia municipal aceleró el proceso autonomista.
  De acuerdo a la documentación que oportunamente nos proporcionara el Dr. G. Vega, la idea de crear un mini municipio estaba presente en la «Unión Vecinal de Fomento Ezeiza y Canning». Su presidente, el recordado Don Froilán García,
elevó el 18/07/1981, tal solicitud al entonces gobernador de facto, Oscar Gallino. Esta gestión, con acuse de recibo Nº 2161/81, es el antecedente más antiguo de la voluntad vecinal, de escindirse del distrito E. Echeverría.
 
En la historia
Fue un primero de diciembre de 1995, cuando en el edificio ubicado en la calle Joaquín V. González del Barrio Uno, de la ciudad de José María Ezeiza, se realizó la sesión preparatoria del Honorable Concejo Deliberante que dio comienzo a la vida institucional del nuevo Distrito de Ezeiza. Se reunieron el intendente Alejandro Granados y los concejales electos el día 14 de mayo de ese año, para constituir el primer Concejo Deliberante. Los concejales fueron: Edgardo Darío Amarilla, Carlos Oscar Gagliardi, Ernesto Mena, Marta Susana Moriondo, Antonio Armando Nieto, Luis Alejandro Palma, Rogelio Prado Blanco, Oscar San Martín, Susana Tellechea y Luis Vera.
 
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

martes, 28 de octubre de 2025

La Campaña al Desierto y la vecindad

  El 4 de octubre de 1878 comenzó la denominada Conquista del Desierto, cuando el Congreso Nacional aprobó la ley que asigno partidas para financiar la guerra de exterminio que, el general Julio Argentino Roca desato contra los pueblos originarios. La conquista de tierras generó latifundios en manos de un reducido grupo de estancieros y especuladores. Muchos, vendieron parte de las tierras compradas al gobierno para la compra de ganado, introducir mejoras, tomar ganancias o resolver cuestiones varias.
  Los Mac Clymont integraban el grupo de artesanos y granjeros que vieron en el proyecto de Juan y Guillermo Paris Robertson, las posibilidades que Escocia les negaba. La guerra con Brasil llevó a la ruina las ilusiones escocesas; algunos se quedaron pero, la sequía y la guerra civil tras el golpe de 1829, aceleró la dispersión y la colonia escocesa de Monte Grande deribaron a Buenos Aires, tenía 25 años, un hermano y dos hijos: Guillermo y Roberto. Guillermo se casó con Lucinda Miller y fue padre de seis hijos. En 1883, la nota que Lucinda Miller eleva al Juez dice: "Que, según es de pública notoriedad, mi esposo Dn. Guillermo Mc Clymont, ... murió en territorio nacional el 20 de abril próximo pasado en un combate con los in el inventario de su casa, uno de los testigos fue Don Pedro Reta (radicado en Monte Grande desde 1890). Un futuro vecino de Ezeiza fue el arrendatario del puesto Nº 8 del potrero denominado "La Cabaña": Don Pedro Harguindeguy. Los hermanos Harguindeguy se instalaron en Ezeiza en 1887 y fueron quienes tuvieron el primer surtidor Y.P.F. en la zona, en tanto explotaban el almacén conocido como la Cueva de la Chancha.
  Entre los que acompañaban a Guillermo estaba Andrés Purvis, residente en Cañuelas, y Mc Phail, mayordomo de "El Totoral", ubicada en Montes. Don Alejandro Mc Phail acompañó a su socio y amigo a Lau Lauquen, junto con "seis cientas y tantas cabezas de ganado vacuno, mil tres cientos de ganado lanar y quinientos ochenta y tantos de ganado yeguarizo". 
  Del campo en Lau Lauquen, solo 16 hectáreas estaban escrituradas y el resto tenía títulos provisorios, por lo que la Testamentaria debió solicitarle al Gobierno Nacional la regularización. Las propiedades en Tierras Nacionales habían sido compradas a Cecilia López en 1882. 
  Cuatro leguas antes de llegar a sus campos, comenzó a encontrarse con su trágico destino. Como a las siete de la mañana sus peones escucharon ruidos provenientes de un monte cercano. Integraban el grupo: Don Andrés Purvis, Don Alejandro Mac Phail, Negrete, Urquiza, el indio Ignacio, Molina y 4 peones, uno de ellos de apellido Puebla. Tras descubrir que se acercaba un indio arriando unos 80 caballos, se lo quitan y los ponen a resguardo de la indiada que ubican refugiada en un monte. A continuación, deciden atacarlos.
  El baqueano Juan Negrette, estaba despreocupado ese día. Contratado por Mac Clymont para reconocer los campos en Lau Lauquen, no consideró necesario salir del Fuerte Lavalle con su lanza. El Fuerte Lavalle Sur, ubicado en la intersección del Arroyo San Quilco con el trazado del "camino de los indios a Salinas". Si bien Negrette era cristiano, había pasado mucho tiempo con los indios. Valeroso, de buena contextura física, era respetado por Pincén, su cuñado, quien lo consideró su mejor lanza. Negrette estuvo de acuerdo con Mac Clymont en que era oportuno enfrentar a los indios, considerando que estaban sin cabalgaduras.
  Los atacaron a tiros de carabina, esperando una leve resistencia. No imaginaban que desde el monte, responderían con disparos de Rémington, aquella arma con que se equipó justamente a los hombres que participaron de la Campaña contra los indios y que después fuera repartida entre los que apoyaron a los autonomistas bonaerenses. En el mes 06/1880, la capitalización estaba resuelta pero muchas de las armas empleadas quedaron en poder de los vencidos o simplemente desertores. Esos fusiles Rémington, de a 5 tiros, fueron los que respondieron al embate de Mac Clymont.
  Los que cuidaban la caballada acudieron a la lucha pero descuidaron a los caballos a su cargo, los que se llegaran hasta el monte y de esta manera unos 8 ó 10 indios pudieron montar y desbalancear el enfrentamiento, definitivamente.
  Gracias a la carta de un corresponsal del diario "La Prensa" (publicada parcialmente por el historiador de Cañuelas Don Lucio V. García Ledesma), sabemos que "Negrette dispuso emprender la retirada a Trenque Lauquen, pero a poca distancia fueron alcanzados por los indios y se vieron obligados a echar pie a tierra, trabándose una lucha desigual, pues a medida que los demás indios tomaban caballos, venían a tomar parte de ella."
  
De las once personas que enfrentaron a los indios el 20/04/1883 en Lau Lauquen, solo dos escaparon, uno de ellos herido por las lanzas. A Negrette y al indio Ignacio no se los encontró; el peón Puebla tenía el cuerpo cribado a lanzazos, el resto estaba mutilado por las heridas y la acción de las aves de rapiña. Don Guillermo "Mac Clymont fue encontrado boca abajo con un brazo destrozado de un balazo y con 8 lanzazos en el cuerpo”.  
  Fue muy difícil el traslado de los restos hasta Bragado, más de 150 kilómetros, desde donde pudieron viajar en ferrocarril. Los cadáveres de Guillermo Clymont, Andrés Purvis y Alejandro Mac Phail, llegaron a Buenos Aires en el mes de mayo y fueron conducidos al Cementerio Británico, donde fueron enterrados el 20/05/1883. Guillermo tenía 48 años.

 Por: Juan Carlos Ramiez Leiva

miércoles, 15 de octubre de 2025

Ferreyra, Agustín Enrique (“Quique”)

   Quique era jefe de planta de una fábrica de ladrillos refractarios y hacía poco había obtenido su licencia de piloto civil. Fue delegado gremial y militaba en la Juventud Peronista. Sus compañeros de militancia le aconsejaron que se pusiera a resguardo, pero Enrique Ferreyra decidió no irse del país, aunque migro de la ciudad de Buenos Aires y se estableció en Temperley, en Villa Nocito (partido de Lomas de Zamora).
  Para el cumpleaños de sus hijos mellizos, invitó al festejo a su gran amigo Héctor Nicolás Cejas (“Minito”), y a su novia Laura. Dada la hora y aunque Quique tenía un mehari (de color rojo), consideraron que era mejor que sus amigos durmieran en su casa.
  La tragedia comenzó esa misma noche. Cuando todos dormían, las fuerzas represivas irrumpieron en la casa y se los llevaron a todos, menos a sus mellizos y a la esposa de Quique. Esta fue amordazada y dejada en el lugar. Cuando fue rescatada, decidió exiliarse en Israel con sus hijos.
 
Fue en la noche del 19 de septiembre de 1976, cuando Enrique, Héctor, y Laura, fueron secuestrados-desaparecidos. No hay testimonio de su paso por un Centro Clandestino de Detención. Su caso figura bajo el Nro. de la CONADEP, Declaración Nro. 3831. Agustín Enrique “Quique” Ferreyra, tenía 32 años.
  Cuando se cumplieron los 40 años de su secuestro y desaparición, se llevó a cabo un acto recordatorio en la plaza del barrio Nocito, lugar donde formó y vivió su familia. En el homenaje estuvieron presentes sus tres hijos: Diego, Mariano y Adrián, sus hermanas Margarita y Blanca (vecina de José María Ezeiza), así como compañeros sobrevivientes, amigos de militancia y vecinos.
  En ese homenaje se inauguraron dos murales con los retratos de Enrique y de Héctor “Minito” Cejas, hijo de la Madre de Plaza de Mayo Sara Peretti, vecina de Tristán Suárez ya fallecida. Tras las palabras que se vertieron en la plaza, el centenar de personas presentes se trasladó al frente del que fuera su domicilio, calle Isabel la Católica al 900, en donde se descubrió una baldosa recordatoria que dice: “Lomas tiene memoria. Aquí vivieron, militaron y trabajaron por barrio Nocito: Enrique “Quique” Ferreyra, Héctor “Minito” Cejas, y su novia Laura, peronistas y montoneros secuestrados en Temperley por la dictadura cívico militar el 19 de setiembre de 1976. Barrios por la memoria y por la justicia”.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

miércoles, 20 de agosto de 2025

Parroquia Nuestra Señora del Valle

   La comunidad iba creciendo y Ezeiza no contaba aun con una parroquia, por lo que un grupo de vecinos conformo una comisión con el fin de, a través de distintos eventos, recaudar fondos suficientes que permitieran construir una. Con ese propósito, se organizaron kermeses los días sábados, con puestitos variados, detrás de la capilla en construcción, sobre la calle Mitre, hoy renominada Ituzaingo. La calle era de tierra y en los lotes esquineros, baldíos, se lucía un bosquecillo de abedules.
  Los puestos, numerosos, atendían a una solidaria concurrencia que se divertía con girar la rueda de la fortuna o ruleta, jugaban al tiro al blanco con pelotas pequeñas, consumían tortas, etc.. En las primeras que se llevaron a cabo, los comerciantes fueron quienes aportaban los premios, pero con el devenir de estos eventos y dado su convocatoria, con lo recaudado compraban para reponerlos.
Las chicas se encargaban de atender todos los kioscos y participaban con entusiasmo, bajo la mirada de sus padres.
  Finalmente, la iglesia estuvo lista y se inauguró el 18 de noviembre de 1949, tras las bendiciones correspondiente. Fue don Felipe Catani quien oficio de padrino y el que leyó el discurso de la inauguración de la iglesia. En cuanto a la madrina, fueron la señora María Luisa Frogone de Pistarini, esposa del Ministro de Obras Publicas de la Nación General Juan Pistarini.
  Teniendo en cuenta que la construcción del templo se realizó con la ayuda material gestionada ante el Ministro, no se cuestionó que la señora, quien había perdido una hija, solicitara que uno de los ángeles que se pintarían en la cúpula, tuviera el rostro de una de sus hijas (el ángel de la izquierda), siendo la propia señora la que se ocupó de gestionar el pintor de la cúpula.
 Hasta entonces, la capilla dependía de la parroquia Inmaculada Concepción (Monte Grande), pero el 3 de enero de 1950 fue designado como primer párroco, el presbítero Juan Ivroud, oriundo de Arrecifes (Buenos Aires). De nuestro primer párroco sabemos que su papá lo hizo ingresar al seminario cuando contaba con catorce años, que el apellido de su mamá era Lozaso, que al padre Juan le gustaba jugar al pocker y que “celebraba la misa a las 6 de la mañana y luego se iba a impartir clases a Cañuelas”, según recordaban las memoriosas voces que fueron recogidas por el libro emblema de Ezeiza llamado “Las vacas vuelas”, de la Lic. Patricia Celia Faure. En la misma fuente, se nos aclara que la advocación de Nuestra Señora del Valle fue elegida, porque “vino a Ezeiza mucha gente del norte a trabajar en la construcción del Aeropuerto”.
 Como dato de color, se recuerda que cuando inauguraron la iglesia, las catequistas se pusieron su mejor vestuario (incluido los sombreros apropiados para la ocasión), porque se les anticipó que vendría la sra. del ministro Pistarini. Oportunamente, relataron jocosamente las catequistas: “Nosotras con una etiqueta bárbara y ella muy campechana”, La señora María Luisa Frogone de Pistarini, se presentó a la ceremonia, vistiendo con elegancia pero, con mucha sencillez.
 
Juan Carlos Ramirez Leiva

martes, 19 de agosto de 2025

El diario no hablaba de ti

  La mañana de aquel 20 de agosto de 1976, había amanecido fresca y linda pese a que habíamos tenido 0° en Ezeiza; camine por Mitre (hoy Ituzaingo) para buscar a mi novia y luego llegamos a nuestro negocio en la calle Chacabuco y Deán Funes. No habíamos levantado aun la persiana a la calle cuando un soldado nos ordeno que nos quedáramos dentro del negocio, sin darnos ningún tipo de explicación.

  Al correr de la mañana, nos enteramos por medio de vecinos tan curiosos como nosotros (que nos atrevimos a salir a ver qué estaba sucediendo), que el ejército había ingresado violentamente por la madrugada a la casa de los Alonso y se habían llevado a Martita.
  Todos sabíamos que significaba eso, en el mejor de los casos Marta Cecilia Alonso pasaría a estar detenida a disposición del PEN (Poder Ejecutivo Nacional), hasta que se aclarara que ella, tan querida por la vecindad, no tenía nada que ver con los que ponían bombas. Nos resistíamos a creer que tuviera un destino cruel, el de ser una detenida desaparecida, como sabíamos que estaba ocurriendo, como había sucedido con Eduardo Alberto Delfino.
  Decidimos terminar la jornada laboral y marcharnos a nuestras casas, pasando por la sub comisaría de Ezeiza, por ese entonces en French y Tucumán a escasos cien metros de donde habían violentado a la familia de Alonso, un tipo tan solidario y respetado por los vecinos. Todo parecía normal, en Ezeiza no había pasado nada.
  Mis padres se alegraron de verme, ya sabían de lo ocurrido y contaron que el ejército estaba revisando las casas, hecho que no había ocurrido, solo la de Alonso, el  repartidor de vino, el que mientras estuvo en la comisión directiva del club Social y Deportivo Ezeiza, no permitía que la policía de la Revolución Argentina (dictadura cívico militar entre 1966 - 1973), ingresara al club cuando salían de razzia (un decreto permitía que la Policía detuviera en la vía pública indiscriminadamente).
  Con dolor y entre tontas quejas a mis padres, me explicaron que se habían deshecho de todos los libros y colecciones de documentos que tenía, lo habían tirado al pozo negro (sumidero de aguas servidas de la casa). Allí habían ido a parar los diarios de guerra del ERP (en uno de ellos informaban que Eduardito Delfino no se había reportado y que estaba desaparecido después de las acciones militares que habían llevado a cabo); y los panfletos y periódicos que uno podía encontrar en los pasillos de la facultad, y que había recogido pacientemente consciente del valor testimonial que tendrían a la hora de contar la historia de ese período. Solo pocos libros quedaron en mi habitación, uno de ellos era El Capital, de Karl Marx, dado que entendían que era de contabilidad ya que yo era Perito Mercantil. Todos teníamos los ojos enrojecidos, sabíamos por lo que pasaría Martita si no la encontraban enseguida.
Al día siguiente, el diario Clarín no traía en tapa la noticia de la Masacre de Fátima detallando que a la vera de un camino rural, en un radio de unos cien metros se encontraron esparcidos restos humanos dinamitados de veinte hombres y diez mujeres. No contaba que en su mayoría fueron referentes sindicales de la zona norte de Buenos Aires y que estaban detenidos ilegalmente en la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal, conocida como Coordinación Federal. La tapa destacaba que hubo "Sangrientos choques raciales en Sudáfrica" y "el repudio del gobierno" ante la noticia de que "fueron hallados 30 cadáveres en Pilar". Pero el diario de la corneta, no hablaba de ti, ni de tu compañero de lucha Bonifacio Díaz, también desaparecido esa misma fecha probablemente por los mismos genocidas.
 El diario no hablaba de ti en ese otoño tan frío. No contaba ni contaría que habías nacido un 6 de abril de 1952, ni que trabajabas en la Fábrica Argentina de Porcelanas Armanino (F.A.P.A.) de Monte Grande, ni que eras sindicalista. Hasta el momento, no hay registro alguno de su paso por algún Centro Clandestino de Detención (CCD), aunque se presume que por estar dentro del Circuito Camps pasó por El Infierno (Avellaneda), por donde pasaron entre 1976 y 1978 más de 300 detenidos desaparecidos. Quizás fueron los de la Brigada de Puente 12. Marta, peronista, fue señalada como "problemática" a los represores por sus empleadores.

  El diario no hablaba de ti, pero hoy si.

 
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva.

miércoles, 13 de agosto de 2025

Las Orcadas y nuestro vecino Luciano Valette

   La isla Lauria es la segunda más grande de las islas Orcadas del Sur, una isla de la Antártida descubierta en diciembre de 1821 en la travesía conjunta del estadounidense Palmer con el británico Powell, y que recibió su nombre en honor al cartógrafo que realizó el mapa de la isla. 
  
El Scotia (1903)
El primer asentamiento en la isla fue en marzo de 1903, por la tripulación del Scotia comandada por William Speirs Bruce, en la Expedición Antártica Nacional Escocesa de 1902-1904. Estos levantaron la Omond House, construcción de piedras que recibió ese nombre en honor al director del Observatorio de Edimburgo, Robert Omond, quien además fue el patrocinador de la expedición.
Realizaron el primer estudio científico de la isla, utilizando el Omond House como observatorio meterologico y como refugio. Destaquemos que el gobierno británico se había negado a llevar a cabo estudios científicos con la expedición escocesa, considerando a la isla como inútil. La expedición careció del mandato necesario para reclamar la isla para Inglaterra o Escocia.
  Bruce debió partir hacia Buenos Aires para realizar reparaciones al barco y reaprovisionarse. En enero de 1904, le vendió la casa Omond al gobierno argentino, quien rebautizó el sitio como Base Orcadas a través de un decreto el 2 de enero de 1904, firmado por el presidente Julio Argentino Roca. Bruce trasladó en el Scotia,  a los tres argentinos elegidos para hacerse cargo de la base: Edgard C. Smula (meteorologo), Hugo Alberto Acuña (Correo y Telégrafos), y nuestro vecino Luciano Valette (zoología). Junto a ellos quedaron Roberto C. Mossman y William Smith (jefe y cocinero escoceses).
  El 20 de febrero argentina inició sus servicios postales, oficina poco después desactivada hasta que en 1942, se la hizo valer  para reclamar las Orcadas del Sur.
  Argentina tomó posesión de la isla y sus instalaciones, el 22 de febrero de 1904, y correspondió a Hugo A. Acuña, izar por primera vez nuestra bandera en el continente antártico. Es la base más antigua operando continuamente y por  ello, la Ley Nacional 20.827 de 1974, instituyó como Día de la Antártida Argentina el 22 de febrero de cada año. 
 
Casa Omond

En 1905, el gobierno construyó la llamada Casa Moneta, y en ​1908, el gobierno británico declaró un reclamo de soberanía sobre las Orcadas del Sur e incorporó a la isla Laurie como dependencia de las Islas Malvinas, recientemente creadas y sujetas al gobierno británico La postura indica que Argentina no interpuso una protesta formal rápida contra la carta patente, interpretando eso como una aceptación de la reclamación británica. La posición británica también dice que Bruce le había otorgado a Argentina solamente la estación meteorológica, pero no la soberanía de la isla Laurie.​ El 23 de agosto de 1906, el embajador británico en Buenos Aires, William Haggard, había expresado por nota al canciller Manuel A. Montes de Montes de Oca, que las Orcadas del Sur eran británicas y que la cesión de las instalaciones era transitoria.
  La controversia se intensificó en 1925 con la construcción de una estación telegráfica inalámbrica argentina en la isla, inaugurada el 30 de marzo de 1927. Por primera vez se hizo una declaración declarando su soberanía y el 15 de diciembre de 1927, la Dirección General de Correos y Telégrafos comunicó a la Oficina Internacional de la Unión Postal Universal que: "(...) la jurisdicción territorial argentina se extiende, de derecho y de hecho, a la superficie continental, al mar territorial, a las islas situadas sobre la costa marítima, a una parte de Tierra del Fuego y a los Archipiélagos de los Estados, Año Nuevo, Georgia del Sur, Órcadas del Sur y a las tierras polares no delimitadas. De derecho, no pudiendo ejercerla de hecho debido a la ocupación mantenida por Gran Bretaña, le corresponde también el archipiélago de las Malvinas."
  El 1 de diciembre de 1959 fue firmado el Tratado Antártico, congelando los litigios territoriales e impidiendo la realización de nuevas reclamaciones o la ampliación de las existentes mientras dure su vigencia​. El Censo 2010 estableció que en la Antártida viven 230 personas, 9 familias y 16 niños; y en la Base Orcadas, se censó a las 17 personas allí destinadas.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva


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jueves, 19 de junio de 2025

Masacre de Ezeiza, en primera persona

 La mañana del miércoles 20 de junio de 1973 se presentaba apacible, y mientras caminábamos con mi viejo, con mi padre, hacia la estación de Ezeiza, conversábamos. Los temas fueron variados, y salpicados con trivialidades como que no hacía frío, que iba a ser un hermoso día o sobre la conveniencia de ir por la ruta 205 y no cortar camino.
Cuando estábamos próximos a la ruta, nos sorprendió la multitud que ordenadamente marchaba camino a la barrera hacia el aeropuerto. Junto con otros conocidos con los que nos fuimos encontrando en el camino, nos integramos a un grupo bullanguero que entonaba cánticos apropiados para la fecha. Los mayores tenían la lógica ansiedad de ver regresar a su líder tras 18 años de exilio; los que éramos chicos por entonces, y los que habían nacido después del 55, lo hacíamos para conocer a aquel por quien se había militado.
Al llegar a la barrera mencionada y comenzar a andar camino al puente El Trébol, encontramos las diferentes columnas que venían desde Monte Grande y a los que venían desde San Vicente; entre todos, conformamos la Columna Sur. Entre las organizaciones, caminábamos quienes íbamos por nuestra propia cuenta. Muchos como yo estábamos felices, porque además del significado político, había uno aún más importante: la integración entre distintas generaciones y, en mi caso, compartir con mi viejo este reencuentro entre el líder y su gente.
Llegamos a la altura del puesto policial que luego fuera conocido como el centro de detención clandestina “La 205”, cuando ya era de día. Había allí mucha gente, y pensábamos que era lógico, porque estábamos a menos de mil metros del palco desde donde el general Perón nos hablaría.
Con mi padre nos fuimos adelantando entre la gente (siendo solo dos, fue muy fácil), y a la altura del Hogar Escuela tuvimos que sortear automóviles dispuestos de tal forma que impedían llegar a la columna que entraba por el sur. No nos llamó la atención ver un grupo armado en la curva que llevaba al cruce para el bosque. Tenían un brazalete verde; las distintas agrupaciones se distinguían por el color e inscripciones que llevaban.
Tomamos ubicación en la rotonda que permite a los automóviles que vienen del aeropuerto subir al puente camino al bosque (por supuesto, no había tránsito ese día). Obviamente no estábamos solos, pese a que era temprano; el general llegaría a las 16 horas. Distintos pequeños grupos estaban diseminados por todo el césped, desde el cordón instalado para delimitar el área hasta donde podíamos acercarnos al puente. Tras esa precaria marca, circulaban custodios con armas largas. A nuestras espaldas quedaba el acceso a la Autopista Ricchieri desde la ruta 205 y el bosquecillo del Hogar Escuela. Al frente, y cruzando la autopista, grupos con banderas y pancartas; y mirando al norte, densas columnas hasta donde la vista nos permitía avizorar.
El palco estaba ubicado sobre el puente, con frente hacia el norte, por lo que la parte posterior daba al acceso al aeropuerto, ubicado a 3 kilómetros de allí. Como fondo tenía gigantografías con la figura del General y de Evita; con una imagen más chica también aparecía Isabel. Para proteger a Perón, se había instalado una pared de cristal antibala, y por el puente-palco circulaban personas que a veces hacían gala de sus armas largas.
Se habían escuchado algunos tiros, pero recién nos alarmamos cuando se transformaron en un tiroteo y un correr de personas sobre el palco apuntando hacia los pinos ubicados detrás nuestro, en el campo del Hogar Escuela. Pronto las balas comenzaron a silbar cerca de donde estábamos, y desde el palco les respondieron. Cesaron los disparos. Y recién eran las doce del mediodía.
Más tarde, ya en casa, me enteré por boca de mi tío —quien había venido en bicicleta desde Longchamps— que él se ubicó cerca del Hogar Escuela, bajo la sombra de los árboles y cerca de la columna de Lisiados Peronistas, quienes estaban emponchados en sus sillas de ruedas, acompañados por quienes los ayudaban. Mi tío repartió entre ellos unas mandarinas que había recolectado en su paso por mi casa antes de ir hacia donde todos esperábamos a Perón, y esto quizás lo salvó. El caso es que, cuando fue evidente para él que no querían que los que venían desde el sur se acercaran al palco, escuchó que los lisiados le dijeran “agachate, viejito” y se produjo —me relató— un milagro: los lisiados se levantaron de sus sillas de ruedas a la vez que sacaban armas que tenían bajo los ponchos que los cubrían y comenzaron a tirar. De la columna que había arribado desde la ruta 205 —la Columna Sur— se movilizaron Montoneros, otros identificados como de la JP, y algunos militantes que no pertenecían a ninguna agrupación, solo eran peronistas. Intentaron llegar al puente, pero los identificados con el brazalete verde que custodiaban les empezaron a disparar, y en ese momento intervinieron los Lisiados, según me relatara mi tío.
La historia real —la más aproximada a ella, quizás— la supimos tiempo después. Pero el caso es que alrededor de las 14 horas comenzaron a disparar desde la izquierda del puente (visto desde el frente) hacia los árboles del Hogar Escuela, desde donde respondían con una balacera que también llegaba a los que estábamos sentados sobre el césped, próximo a la cinta asfáltica.
No sé quién tuvo la idea —posiblemente partió desde el palco—, pero todos comenzamos a cantar el Himno Nacional. Un sacerdote comenzó, en el palco, a levantar una cruz como símbolo de paz, pero cuando las balas acertaron a la cruz, el cura decidió ponerse a resguardo. Leonardo Favio, desde el puente y protegido por el vidrio antibala, pedía que cesara la balacera, pero tampoco le hicieron caso.
La inquietud fue mayor cuando vimos pasar una ambulancia con las puertas abiertas, con una enfermera (a la que reconocí por ser vecina) que temerariamente iba agarrándose del techo y casi parada sobre el paragolpes. En igual situación, sobre la derecha de esa ambulancia, iba otro, posiblemente enfermero (por su guardapolvo blanco). Con mi padre quedamos alelados al ver que iban tres hombres tirados sobre el piso y dos más arriba de ellos, que imaginábamos todos muertos, camino hacia Puente 12.
Perón debía llegar a Ezeiza a las 16 horas. Pasado ese horario anunciaron que, por los disturbios, se había decidido que no bajara en Ezeiza y que aterrizaría en Morón. Aterrizaje que se confirmó a las 17 horas aproximadamente.
Sabiendo que no vendría al encuentro con su pueblo en Ezeiza, comenzó un desbande generalizado, acompañado por un nuevo tiroteo entre los que cuidaban el palco y los que estaban en los árboles frente a la ruta, en los campos del Hogar Escuela.
El caos que se armó fue de tal magnitud que, cuando escuché silbar las balas, decidí sacar a mi padre de esa trampa que podía ser mortal, y agachados —y a veces llevándonos por delante a otros pacíficos manifestantes que también querían salvar sus vidas— escapamos a través de los zanjones hasta llegar al barrio. Allí vimos cómo intentaban guarecerse los que habían tratado de llegar al palco y los que no, que tampoco entendían el porqué de esa violencia en lo que debía ser un día de fiesta, de fiesta peronista. Comentaban que en el aeropuerto habían hecho una pila con los muertos; luego supimos que eso no sucedió, pero sí que en el Hotel Internacional torturaron a los que creían montoneros, de la Juventud Peronista, de la Tendencia, troscos, comunistas o simplemente zurdos. Nos enteramos de que el Hospital estaba tomado por gente del C. de O. (Comando de Organización, ala derecha del peronismo), y que gente afín controlaba el Hospital San José de Monte Grande.

Algunos intentaban refugiarse en la capilla del barrio, pero yo, conocedor del lugar, opté por tomar rumbo a casa, ya considerándonos a salvo de lo que no podíamos comprender. Allí nos enteramos de las aventuras de mi hermano, intentando que mi madre no se enterara de lo que circulaba entre los vecinos y de lo poco que comentaban por la radio. Él también había ido camino al Hogar Escuela en su bicicleta, pero regresó cuando los que escapaban de los tiroteos le decían que no vaya. Enterado de la gravedad, evitó que nuestra madre se enterara de lo que ya se consideraba una masacre, una emboscada tendida por la derecha sindical y los servicios de inteligencia contra los zurdos.

Juan Carlos Ramirez Leiva

miércoles, 11 de junio de 2025

Ezeiza, 16 de junio de 1955 (Parte II)

   En la VII Brigada Aérea con base en Morón, el brigadier M. Daneri ordenó el despegue de una escuadrilla con la misión de interceptar seis aviones navales que no habían acatado la orden de aterrizar en Aeroparque, internándose en el río.
  Primero decolaron tres aviones y una cuarta máquina, al mando del teniente Ernesto Adradas, despego minutos después. Una vez que Adradas se reunió con sus compañeros, se toparon con dos aviones North American rebeldes y tras confirmar sus órdenes iniciaron el ataque los pilotos Olezza y Rosito, sin resultado.   En tercer turno lo hizo Adradas, que le acertó una decena de proyectiles al aparato rebelde que piloteaba el teniente de corbeta Arnaldo Román, quien resultó derribado sobre el río, en lo que constituyó el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea. Román se eyectó y fue rescatado —y detenido— por una lancha de la Prefectura.  
 A las 13:30, cuatro Gloster Meteor (avión caza a reacción), ametrallaron a los aviones navales rebeldes que repostaban en Ezeiza, inutilizando un Catalina (un hidroavión). La situación en Morón era tan confusa que cuando se ordenó que decolara una segunda escuadrilla, solo lo hizo un aparato al mando de su jefe, el vicecomodoro C. Síster, quien al no encontrar a su objetivo, voló hacia Ezeiza. Aun con visibilidad reducida por nubes bajas, logró dañar dos aviones civiles —de SAS (Escandinavian Airline) y de Aerolíneas Argentinas— “y un avión Beechcraft de la Escuadrilla Aeronaval de Bombardeo, “el cual quedó fuera de servicio”. 
Cuando Síster aterrizó en Morón, la base había cambiado de manos, y fue arrestado. El primer Gloster Meteor que decoló en apoyo a los marinos sublevados tuvo como orden la destrucción de las antenas de Radio Belgrano, que estaba emitiendo los comunicados del Gobierno.
 Las acciones de la aviación leal sumado al avance de las tropas del Regimiento 3 de La Tablada hacia el aeropuerto, el fracaso del intento de asesinar a Perón y de las acciones en general, hicieron que la Marina negociara los términos de la rendición

  Tras la caída de Perón en 1955 y la posterior liberalización del mercado, surgieron nuevas líneas aéreas (Austral, ALA, TABA, etc.) que optaron por el Aeroparque, lo que terminó obligando a Aerolíneas Argentinas a su mudanza en 1958. Ezeiza se transformó en un aeropuerto fantasmal considerando el tamaño de su infraestructura, con alrededor de 40 vuelos comerciales diarios, lo cual truncó todos los planes de ampliación previstos en el proyecto original. 
 
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

Nota 1 en:

https://ezeizaysuhistoria.blogspot.com/2025/06/ezeiza-16-de-junio-de-1955-parte-i.html

Ezeiza, 16 de junio de 1955 (Parte I)

   Los días previos al 16 de junio de 1955, fueron de creciente tensión a causa del enfrentamiento entre el Gobierno y la Iglesia católica, tras el arrío de la enseña patria y su reemplazo por la bandera del Vaticano en una procesión. El gobierno dispuso que el día 16, se realizara un acto de desagravio a la bandera nacional ultrajada ignorando obviamente que, el contralmirante de la Infantería de Marina Samuel Toranzo Calderón, fijaba para ese día, la fecha del golpe revolucionario.
  Toranzo Calderón, tras reunirse con los políticos opositores Miguel Ángel Zavala Ortiz (radical) y Adolfo Vicchi (conservador), acordaron reemplazar al presidente Juan Domingo Perón, tan pronto fuera muerto o depuesto. Mientras las fuerzas militares golpistas actuaban, comandos civiles tomarían las torres y antenas de Ezeiza (lo que no se llevó a cabo por la demora de las acciones previstas).
  Debido a causas meteorológicas no apropiadas, el ataque aéreo que debía efectuarse a las 10 hs. se demoró, lo que llevó a la desconcentración de otros comandos civiles que tenían objetivos previstos. A las 12.40 hs., comenzó el bombardeo a la Plaza Mayo con la suprema intención de asesinar a Perón, en tanto un comando tomaba por asalto a Radio Mitre, obligando a un locutor a leer una proclama que entre otras cosas, decía: “Argentinos, argentinos, escuchad este anuncio del cielo volcado por fin sobre la tierra argentina: El tirano ha muerto. Nuestra patria, desde hoy, es libre. Dios sea loado”.
  El dirigente socialista Víctor García Costa, quien fuera nuestro vecino, recordaba que aquel 16 de junio su madre lo despertó contándole que había sonado el teléfono y al atenderlo se encontró que estaba ligado, algo común en los teléfonos de línea, y escuchó la voz angustiada pero inconfundible del presidente Perón hablando con otro hombre.
  Perón había llegado a su despacho a las 6:20, ya advertido del complot. El general Lucero le trazó un resumen y le pidió que se instalara en el Ministerio de Ejército, lo que Perón prometió considerar. Posteriormente se reunió con el embajador de los Estados Unidos, Albert Nuffer, y pasadas las nueve, Perón se dirigió al Ministerio de Ejército, que funcionaba en el Edificio Libertador. Tras algunas reuniones prestan atención a un helicóptero que allí descendía, en el momento en que comenzaron las explosiones. Su tripulante era un piloto de la Fuerza Aérea que había huido de Ezeiza, luego de que ese lugar cayera en manos de marinos rebeldes de la base de Punta Indio, dirigidos por el capitán de fragata Jorge A. Bassi, que habían llegado en nueve aviones de carga C-47. Previamente, habían ido depositando de manera clandestina una buena cantidad de bombas en un hangar que servía de oficina y agencia para los aviones destinados a ir a la Antártida.
  A las doce, el ministro Lucero le ordenó al Regimiento de Infantería 3 “General Manuel Belgrano” de La Tablada, que acudiera con parte de sus efectivos a reforzar la seguridad de la Casa de Gobierno y destinara el grueso a marchar sobre Ezeiza para recuperar el aeropuerto copado por los golpistas.
 
 Desde las 12:05, la VII Brigada Aérea con base en Morón estaba alistada bajo las directivas Conintes (Conmoción Interna del Estado) y se puso al mando el brigadier Mario Daneri que al recibir las noticias del primer bombardeo a Plaza de Mayo ordenó el despegue de una escuadrilla con la misión de interceptar una formación de seis aviones North American navales procedentes de Punta Indio que no habían acatado la orden de aterrizar en Aeroparque, internándose en el río.

 Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

Nota: Puede leerse otra nota al respecto en
https://ezeizaysuhistoria.blogspot.com/2023/06/16-de-junio-de-1955.html

miércoles, 4 de junio de 2025

terremotos en Ezeiza

 
El 5 de junio de 1888 nuestra región sufrió un episodio sísmico que, dada su rareza, nuestra población lo pasó a olvido. Muchos podrían recordar el terremoto que enlutó a Caucete (San Juan, 1977) pero, sería una rareza encontrarnos con quien conoce que sufrimos un terremoto de una intensidad estimada en 5,5 grados de la escala de Richter, temblor que causó daños e incluso un tsunami que azotó la costa del Río de la Plata.
  El fenómeno, del cual no se registraron oficialmente víctimas, sigue en estudio en el observatorio geofísico de Uruguay, quienes observan los sismógrafos para control de los movimientos que provoca la falla del Río de la Plata.
  La crónica periodística señala que el terremoto se produjo a las 0:20 horas y que el epicentro se ubicó 15 kilómetros al sur de Colonia del Sacramento y a 41 km al este de CABA. El lecho del Río de la Plata comenzó a temblar a 30 km de profundidad y la duración fue estimada entre 45 y 58 segundos. Los periódicos nos cuentan que se cayeron muros en construcción en la iglesia de la Piedad, y que hubo mayores destrozos en Uruguay.
  No tenemos reporte alguno sobre los daños que pudiera haber provocado en nuestra región pero, al día siguiente el diario de Montevideo “La Tribuna popular”, decía: “El maredamen de las casas crujió fuertemente, las lámparas se bamboleaban, los muebles se movían y los cuadros caían de las paredes”. Los vecinos no pudieron dormir esa noche azorados por el inesperado temblor. El diario “La Lucha” (de Colonia), contaba que el vapor Saturno que había partido de Buenos Aires hacia Colonia, se había parado en el centro del canal como si hubiera tocado fondo, pero rápidamente zafó de su varadura.
  El diario “La Nación” publicó su teoría en portada: “En esta zona de fusión y fermento se operan los más grandiosos fenómenos. Vivimos sobre una mina colosal, sobre un laboratorio vulcánico que trabaja silenciosamente”. Relataba, “eran las doce y veinte de la noche cuando se oyó un fragor subterráneo seguido de trepidaciones que hacían crujir muros y muebles”. Aclarando que, si el movimiento se hubiera propagado “en sentido vertical, quien sabe si a estas horas, esta Atenas sudamericana no estaba convertida en ruinas”. A continuación, traza la zona de vibración, donde con sorpresa leemos que “el movimiento oscilatorio se sintió en Cañuelas y San Vicente (el hoy distrito Ezeiza pertenecía a San Vicente).
  No fue el único terremoto que afectó a nuestra región, hay registro del 9/08/1948 a las 18:35 horas con una duración de 5 segundos y replicas que se extendieron por más de un mes, siguiéndole otro sismo ocurrido el 11/09 de ese mismo año.
  Más recientemente, el 30/11/2018, un sacudón a las 10:27 de la mañana en las profundidades de Canning, produjo rajaduras y movimientos en lámparas que fueron registrados en videos en las redes sociales. Como en Buenos Aires se estaba desarrollando una reunión del G20, fue noticia en el mundo. Duró 4 segundos y tuvo un alcance de 3,8 en la escala, a 25 km de profundidad.
  Hoy, leemos en las portadas de los periódicos sobre otros temblores, los provocados por las noticias del día a día. Sin embargo, no está demás recordar que en las profundidades se produce el movimiento que de cuando en cuando, nos trae otra realidad, la naturaleza desatando incertidumbres sobre el comportamiento de la falla del Río de la Plata.

Por: Juan Carlos Ramírez Leiva

Día del bicicletero

  La bicicleta surgió como alternativa al caballo y el precursor fue el alemán Karl Von Drais con su "máquina andante" o Draisiana en 1817. En Argentina aparecieron alrededor de 1899 y ya para 1903, las bicis eran un medio de transporte común en la ciudad de Buenos Aires, en donde había 77 automóviles y 5592 bicicletas patentadas (notas periodísticas varias). En sus inicios, las reparaciones eran realizadas en talleres de carpintería o herrería con sus técnicas y herramientas, para solucionar problemas de pinchaduras, frenos y mantenimiento en general. Con la popularización de la bicicleta, surgieron numerosos talleres que atendían los problemas derivados del uso. Ya en nuestro siglo, aparecieron las especializaciones en bicicletas eléctricas, de montaña, ruteras y de otros tipos.
  La fecha del 29 de mayo para celebrar el Día del Bicicletero fue puesta, al parecer, de manera arbitraria pero, su celebración nos brinda la oportunidad para recordar y agradecer a estos profesionales siempre dispuestos a solucionar nuestros problemas.
  Don Ramón Teodoro Martínez, correntino devoto de Ceferino Namuncurá, emigró de su provincia natal en la década del ’40 y se estableció en Ezeiza, aunque su historia como bicicletero lo dejo adosado al paisaje del Barrio Uno.
  En Ezeiza hubo varias bicicleterias hoy ya desaparecidas, entre ellas podemos recordar la de Etchechury, allá por los ’60, y también la memoria de Luís Plaquin nos trae el recuerdo de la bicicletería de don Núñez, quien tenía el local en la esquina de Liniers y Caseros.
  Don Esteban Teta, italiano incasable, tuvo como maestro en el oficio de bicicletero, al legendario Cayuela. Su primer taller estuvo ubicado en Ezeiza, mientras también trabajaba en Gilera y como guardabarrera. A finales de la década de 1960, don Esteban fundó la Bicicletería Patricia (nombre de su hija mayor), en Tristán Suárez.
Finalmente, mencionar en Ezeiza a Cayuela, era inevitablemente pensar en su taller de bicicletas, ubicado sobre la ex ruta 205 (hoy Pte. N. Kirchner) a metros de la calle Lorenza Zenavilla, en uno de los chalecitos propiedad de Ramos Mejía.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva.

Foto: chalet donde funcionó la bicicletería de Cayuelas.

viernes, 9 de mayo de 2025

Sucedió un 8 demayo

   
Es común que cantemos letras desconociendo cómo se elaboraron, qué sintió el autor a medida que tomaba forma, cuál fue el punto inspirador. Es algo que suele mantenerse en el misterio tanto en lo que respecta al cancionero infantil como a las baladas e incluso, marchas patrióticas. Por suerte, en el caso de nuestro Himno Nacional, tenemos algo más que certezas, tenemos la versión del nieto del autor. 
  Fue Lucio quien narró que el sábado 8 de mayo su abuelo, hijo de María Catalina Josefa Planes y Espinosa, porteña ella, y del español Domingo Lorenzo López de Santiago, “se puso su frac de grandes cuellos y solapas, abierto sobre la esponjada pechera de valencianas”, no dudó en cubrirse con su capa roja antes de atravesar la solitaria calle Perú, casi obscura y con no pocos pantanos, tras lo cual llegó a la casa de comedias. Era el único teatro, el Coliseo Provisorio, que se encontraba en la actual calle Reconquista y Perón. De acuerdo al relato que hace Lucio, al caer el telón del segundo acto, Vicente López y Planes “deshaciéndose de sus amigos que procuraban retenerlo, salió del teatro con cerebro ardiente, el corazón palpitante, el pecho henchido de inspiración”. Lucio no trepida en afirmar que “el himno había nacido desde aquel momento”. Vicente López y Planes probablemente nació entre el 3 o el 4 de mayo de 1784, según el acta bautismal que en la Iglesia de la Merced encontró el historiador R. Piccirilli. La casa de los López estaba en Perú 299, y una característica de la casona eran las higueras plantadas por el poeta y su padre. En un cuarto de esa casa nació el autor Vicente, y en el mismo cuarto, murió a la edad de 72 años.
 
Siguiendo con la historia contada por Lucio, López procuraba llegar pronto a su casa porque las estrofas, “unas detrás de las otras, se presentaban a sus labios, se amontonaban y desparramaban buscando la hoja de papel en que debían vaciarse”. Llegó alrededor de las diez de la noche, se ubicó en la segunda habitación de la entrada, encendió la vela, y se acomodó en una pequeña mesa plegable de caoba que había pertenecido a los ingleses y que habían comprado en 1807 cuando los invasores fueron expulsados. Imaginando que estaba en el balcón del Cabildo y hablaba al pueblo, durante toda la noche pasó al papel los versos. Al día siguiente, convocó a sus amigos: Esteban de Luca, Juan José Paso, y Manuel José García, a los que leyó la letra y la aprobación fue total.
 
El lunes 10 presentó el texto a la Asamblea, reunida en la actual sede del Banco Provincia, y la emoción invadió al recinto que votó por unanimidad la aceptación de los versos, siendo proclamada como “única canción de las Provincias Unidas del Río de la Plata”. El decreto fue fechado al día siguiente, 11 de mayo de 1813. Titulada “Marcha Patriótica”, constaba de 9 estrofas (no de 4 como se canta hoy), y una cuarteta o coro. Con música del catalán Blas Parera, fue adoptada como Himno Nacional Argentino y se estrenó en una velada en la casa de Mariquita Sánchez de Thompson, siendo ella misma quién la interpretó.
  En la ciudad de José María Ezeiza, se honra su memoria con la calle Vicente López y Planes, que nace en la Avenida French al 200, se extiende por cinco cuadras (unos 612 metros), y culmina en la calle Marinos del Fournier, llamándose su continuación, 12 de Octubre.
Por Juan Carlos Ramirez Leiva 

domingo, 2 de febrero de 2025

Primeros vuelos

  Las tierras de la actual ciudad de Longchamps, formaban parte de la estancia "La Magdalena" (200 km2). Sucesivos fraccionamientos permitirían que el Lomas Jockey Club donara tierras para la constitución de "Villa Longchamps", un aeródromo, un autódromo, un campo de "ejercicios físicos", y el "Hipódromo de Longchamps".
 

  Corrían tiempos en que jóvenes intrépidos volaban rudimentarias máquinas sin seguridad alguna pero con gran entusiasmo. Uno de ellos era el fundador del Aero Club Argentina (1908), quien invitó a varios aviadores franceses a volar en Buenos Aires, en el marco del Centenario de la Revolución de Mayo.
  Henri Brégi (1888-1917), se embarco para estos lares en el vapor Paraná, llegando con dos aviones a nuestro puerto el 8 de enero de 1910. El diario La Nación publicó una una crónica de lo que sucediera el 6 de febrero de 1910: "Un cúmulo de previsiones pesimistas motivadas por el fracaso de anteriores tentativas hizo que el público escasease ayer en el aeródromo de Villa Longchamps. Pocos fueron -tres mil apenas- los entusiastas que, colocándose por encima del pesimismo ambiente, concurrieron a presenciar los vuelos del aviador Bregi. Su constancia tuvo premio y ayer, en las horas serenas del crepúsculo, les fue dado asistir a la conquista del aire por un hombre joven, lleno de energías, sobre la admirable máquina cuya fragilidad dice el constante peligro".
 
  Siguiendo los pasos de los hermanos Wright, quienes 6 años antes habían realizado el primer vuelo mundial, en aquella tarde histórica y tras dos vuelos, Brégi se a 60 metros a una velocidad de 40 km/h. Se convertía así a los 21 años, en ser el primer aviador en pilotear un aeroplano a motor en Sudamérica. El record obtenido en el Hipódromo de Longchamps, fue constatado por la Comisión Oficial del Aero Club Argentino.
  Nuestra región no se quedaba atrás en el afán de emular a los pájaros, los que comenzaban a perder aceleradamente su monopolio del espacio aéreo. Al globo "Huracán" le corresponde el mérito de ser el primero en descender en nuestra región, ya que en su tercera ascensión el globo asignado al jefe socialista Alfredo Lorenzo Palacios, bajó en Monte Grande (12/09/1909). El “Huracán” volvió a visitarnos una tarde veraniega piloteado por el teniente 1ro. Raúl Enrique Goubat (brevet Nº 14), quien unió el Parque Aerostático de Belgrano con el campo del señor Ávila (Monte Grande), en donde aterrizó a las 17 hs. 30´ del 7 de febrero de 1913. Dejándose guiar por el sargento 1ro. Francisco Sánchez (brevet N º 16 del 20/03/1913), pero enfilando para donde quería, en el vuelo del 18/05/1913 el “Huracán” conoce las tierras de Tristán Suárez donde desciende a las 17 hs. 10. Siguiendo con nuestro globo inconformista, en nuevo vuelo desde el Parque Aerostático de Belgrano, vuelve a ascender el 28/06/1913 piloteado por el Teniente Carlos Jiménez Kramer (brevet Nº 22 del 12/11/1913). Tras volar 1 h. 20´ el “Huracán” desciende en Ezeiza y le reconoce de hecho, su destino de aeroestación.
  Quizás Kramer decidió festejar su vuelo en el bar de Gaddini, frente a la estación; quizás en lo de Goñi, donde los chicos mirarían asombrados. O tal vez, estuvo en la Cueva de Harguindeguy, no lo sabemos. Capaz que don Juan Bueno, que aún no era don porque apenas 4 días antes había cumplido 16 años, lo habrá mirado extrañado; no se lo perdería don Serrano y en el almacén de Antonio Arruiz habrá sido motivo de conversación. ¡Y no dudamos que Juanita Corbeta estaba perfectamente enterada!
  Vaya a saber por qué, pero tal llamativo evento no quedó registrado en la memoria de nuestros vecinos. Las fuentes consultadas no lo aclaran pero podemos inferir que el regreso a la ciudad del Teniente Kramer, fue en un tren del inglés Ferrocarril del Sud. Habrá saludado al jefe don Ramón Salas y a doña Rosa, su esposa. Luego habrá abordado en la estación de Ezeiza; después de pagar su boleto, por supuesto.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva