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martes, 7 de julio de 2026

El bosque del terror

  De chico, escuchaba con atención los cuentos sobre los bosques y el terror, tan presente en los hermanos Grimm, por ejemplo. Como estudiante de historia, comprendí que esos relatos que infundian miedo eran necesarios para educar, para evitar que los niños se internaran en bosque plagados de salvajes animales, depredadores que los pondrían en peligro. Sin embargo, esos cuentos no hacían mella en nuestra vida adolescente, tan aquerenciada ella con nuestro bosque de Ezeiza. Todo un lugar de juegos y aventuras, recorriendo cavas, arroyos, y los meandros del Matanza rodeado de frondosa vegetación y espaciados verdes en donde hacíamos pic-nic estudiantiles. Esa percepción tan generalizada en los jóvenes ezeicences cambió radicalmente en la década de 1970, especialmente en tiempos cercanos a la irrupción de la dictadura genocida.
  En los bosques y su cercanías, hallaron fin a sus vidas jóvenes que habían ido a conocer al lider político por excelencia en nuestros país: al Gral. Juan Domingo Perón; y en una emboscada impensada, fueron asesinados por grupos comandados por el Coronel Osinde y las huestes de Brito Lima, jefe del C de O (Comando de Organización). Casi un año después, en la noche del 5 de febrero de 1974, un comando compuesto por cuatro hombres de civil secuestran en su departamento en CABA a un reportero gráfico que trabajaba en la revista “7 días”. Un patrullero ve los forcejeos del hombre por liberarse pero se retira pronto del lugar lo que, denota que la zona estaba liberada. En la mañana del día siguiente, el 6 de abril de 1974 el cadáver del porteño Julio César Fumarola (Pepe), argentino de 33 años, fue encontrado en la zona de la pileta Nro. 1 de los bosques de Ezeiza (RUVTE 16374). Lo habían arrodillado frente a un árbol, tenía las manos atadas a la espalda, los ojos tapados con algodón y con signos de haber sido torturado. Recibió más de 30 balazos y se lo considera el primer crimen de la banda parapolicial conocida como la Triple A, co-dirigida por José López Rega, hombre de extrema confianza del entonces presidente de Argentina, el Gral. Juan Domingo Perón, que tenía el encargo de desmantelar la militancia de la izquierda peronista.
 

 No iba a ser el único ese año, Carlos Rafael Llerena Rosas de 33 años, fue secuestrado en CABA el mismo día en que lo asesinaron. Nacido el 21 de agosto de 1941 en Perú y nacionalizado argentino, se recibió de Ingeniero agrónomo. El 30 de octubre de 1974 estaba en una reunión gremial como Secretario de Prensa del INTA, cuando lo secuestraron. Sus restos con varios impactos de bala y un cartel con la leyenda “AAA” (Alianza Anticomunista Argentina), fueron encontrados en la zona de las piletas de Ezeiza.  
  El bosque comenzaba a dejar de ser visitado por parejas ansiosas de mimos, especialmente cuando se hizo noticia que los restos de Edmundo Julio Leandro “Yuli” Maisonnave, fueron encontrados cerca de las piletas en el bosque, el primero de marzo de 1975. Fue un entrerriano de 32 años que había sido secuestrado por la Triple AAA el 28 de febrero de ese mismo año, mientras se trasladaba desde las oficinas de Aerolíneas Argentinas en CABA hasta su domicilio (RUVTE 16596). Recibido de Técnico Aeronáutico, se desempeño como Oficial Radiotécnico en el Aeropuerto de Ezeiza.
  No había pasado mucho, era apenas el 18 de mayo de 1975 cuando en la misma zona fue encontrado sin vida Jorge Alberto Money Deschino, porteño de 29 años que había sido secuestrado el jueves15 de mayo de ese nefasto año. Poeta, escritor, periodista del diario La Opinión al que le quemaron las manos atadas con alambre y sus uñas  arrancadas antes de que fuera acribillado con proyectiles de 9mm., por la Triple A.
  Todo ocurría en ese tiempo, ya que Omar Daniel Gómez Piraz, argentino de tan solo 18 años nacido en Lanús, fue secuestrado en Remedios de Escalada y también asesinado un 10 de septiembre de 1975, siendo sus restos arrojados en las piletas populares ubicadas en el bosque. Tan solo pocos dias pasaron cuando en la zona de las piletas del bosque de Ezeiza, se encontraron los restos de Graciela Carmen Pane de García, argentina de 22 años que residía en Wilde. Secuestrada un viernes cuando llegaba de la Universidad Tecnológica de Avellaneda, a la casa de sus padres. Un grupo con ametralladoras la rapta y la asesina el 4 de octubre de 1975, un día después de su secuestro en Sarandí. Tenía las manos atadas con alambre por su espalda, y tres tiros en su cabeza (RUVTE 16737). Graciela estaba embarazada.
  En uno de los cuentos recopilados por los hermanos Grimm, el protagonista dice: “Padre yo no voy allí ¡Tengo miedo”, y razón tenía. Nuestro hermoso bosque, nuestro orgullo, se asemejo a los bosque tenebrosos de los cuentos de Grimm, llenos de hienas sedientas de sangre. El Bosque del Horror.

Juan Carlos Ramirez Leiva
(RUVTE: Registro Único Víctimas Terrorismo de Estado)

Toponimias en Villa Guillermina

     El arroyo Ingeniero Rossi, cuyo nombre recuerda a unos de los profesionales que construyeron el Aeropuerto Pistarini, es el resultado del aporte de zanjones que inicialmente aportaban agua de lluvia hacia la calle Sargento Cabral y Pcia. de Corrientes, desde el Barrio Allá en el Sur y Mariano Castex (ruta 58). Antes de llegar a J. Agüero, se acerca a la calle Triunvirato y corre paralela a esta, cruza Pte. N. Kirchner, el trazado viejo de la ex RN 205, y tras pasar las vías del ferrocarril, se interna bordeando la cañada de Villa Guillermina (hoy desdibujada), en la barriada de igual nombre. La sobrecarga pluvial la descargaba en un bañado que se formaba en el triángulo conformado por el hoy supermercado ubicado frente a la rotonda Canning, y que llegaba hasta la calle Sgto. Cabral.
  El arroyo, que ha perdido sinuosidades por las intervenciones urbanas, ingresa al partido de E. Echeverría descargando como afluente del arroyo Ortega, en la “horcadura, que desde muy antaño se la conoce con el nombre de ‘La horqueta’.”

 

El pinkufi
  La toponimia consiste en el estudio etimológico de los nombres propios de un lugar. No siempre es posible conocer el origen de los nombres históricos y el hecho de que lo sean, no significa que no puedan cambiar con el tiempo, incluso, por razones hasta caprichosas.
  El arroyo Ing. Rossi, cuando cruza las vías e inicia su camino hacia su desembocadura, es popularmente conocido como el arroyito de Villa Guillermina. Por poco tiempo, fue renombrado como Pinkufi. De pronto, un día cualquiera, apareció un letrero dándole ese nombre, a la altura de la calle San Lorenzo. Un radioaficionado comenzó a dar su posición como “a orillas del Pinkufi”, y así, en los jóvenes, comenzó a ser conocido. Invitado el radioaficionado a una escuela del barrio a explicar sobre el nombre del arroyo, se le ocurrió decir –imprudencia juguetona – que, se debía a un antiguo cacique de la región.
   Lo cierto se supo no mucho tiempo después de la boca del mismo mitómano, que todo había sido una broma. Para indicarles a sus amigos cómo tenían que llegar a su nuevo domicilio, se le ocurrió decir que vivía al lado del Pinkufi, mientras ponía carteles indicadores al respecto para que les sirviesen como guía. Qué era el Pinkufi, simplemente una masa tipo plastilina, con que jugaba el grupo en su niñez.
  La denominación, que se había puesto de moda, no se eternizó debido al homenaje brindado al mencionado ingeniero. Si el tiempo hubiera legitimado el nombre de Pinkufi, qué problemas hubieran tenido los estudiosos en el futuro para investigar el origen de aquél.

Juan Carlos Ramirez Leiva.

Hitos culturales ezeicences

  Los cambios en las pautas culturales ezeicences tiene que ver, como es esperable, con las diferentes formas de distribución de la tierra. Antes del sufrimiento de los pueblos Tristán Suárez y Ezeiza a la vera del ferrocarril, dominaban las estancias y sus modos de producción condicionaban a los pobladores. Todos estaban relacionados con la explotación vacuna y lanar, con poca producción agrícola debido a la escasez de mano de obra por pocos vecinos.
La vida social era prácticamente nula entre las mujeres en tanto los peones, frecuentaban las pulperías. Algunas familias propietarias vivían en la ciudad de Bs. As. debido a su cercanía.
   Cuando llega el ferrocarril, comienzan los cambios culturales debido a que alrededor de las estaciones Ezeiza y Tristán Suárez,  comienza una incipiente urbanización que darán posteriormente lugar a los centros de esos pueblos y comienza un cambio cultural. Mientras en T.S. surge la empresa de lácteos "La tarantela", que se abastece de la producción local, en Ezeiza es despachada a otros mercados gracias al tren. Está diferenciación, que se acentúa con la desaparición de los tambos en la zona que ocupará el aeropuerto,  conlleva a que los pobladores de TS ganen el apelativo de "lecheros", que se mantiene como mote en el club local, correspondido además con la fundación del "Club Tamberos Unidos". La apertura de la Parada Links, hoy estación La Unión, abre un espacio diferente por el campo de golf del "Lomas Athletic Club", una identidad diferente.  

 En estás nuevas identificaciones, hitos culturales al fin, el pueblo de Ezeiza paso a ser un pueblo "dormitorio" porque la mayoría de su población trabajaba en otras ciudades, especialmente en la ciudad de Bs. As. Aunque, la radicación de industrias en C. Spegazzini, le da ese carácter diferenciador, distinto al de La Unión, con su Barrio El Trébol, habitado los fines de semana.
  Otro importante cambio en la percepción, infraestructura, y relación con otras ciudades, fue la Operación Tierras llevada adelante por el peronismo y su decisión de levantar un aeropuerto internacional. Al expropiarse la estancia Los Remedios, los tambos existentes en sus tierras, desaparecen (lo que reafirma el carácter "lechero" de Tristán Suárez). El ejido urbano se amplía comenzando a desaparecer los manchones verdes, las manzanas vacías, por radicación de nuevos pobladores antes dispersos en tambos, y cómo resultado de la acumulación de ahorros por las políticas peronistas, y del establecimiento de obreros venidos desde otras provincias a trabajar en la construcción del aeropuerto. Nuevas percepciones se producen con la construcción del Barrio 1 Justicialista, el Hogar Escuela, las piletas, caminos, el aeropuerto y definitivamente el bosque creado para uso público. 
  El aeropuerto se llama Ministro Pistarini pero es el Aeropuerto Ezeiza. Los bosques y las piletas, son los bosques y las piletas de Ezeiza. El indisimulado orgullo lo da el que Ezeiza pasa a ser "La Puerta al Mundo". Pese a estás diferencias en cuanto a las localidades, se conserva algo en común: se dice "voy al pueblo" o "voy para adelante" cuando uno va hacia la estación, hacia el centro de las localidades.

Juan Carlos Ramirez Leiva

jueves, 19 de marzo de 2026

Tristán Suárez y asesinados por la dictadura

   En el Distrito Ezeiza, recordamos todos los años a nuestros Desaparecidos forzadamente por la dictadura genocida de nuestra historia reciente, de la que en pocos días se cumplen 50 años de esa tragedia. De la ciudad de José María Ezeiza, recordamos a Marta Cecilia Alonso, Eduardo Alberto Delfino, y a Eduardo Ramos Mejía, ellos son unos de los 30.000 desaparecidos, pero no son los únicos referenciados en el distrito.   
  Por la extensa de la lista, no detallare en esta oportunidad quienes fueron y cuál fue el “peligro” que representaban para el desarrollo del Plan Cóndor y del silencio opositor que necesitaba Alfredo Martínez de Hoz y sus apoyaturas cívico, militar, y religiosa, pero tomaremos algunos casos. 
  Máximo Augusto Altieri Pistone había nacido en Montevideo el 13 de marzo de 1949. Un día antes de su cumpleaños número 27 fue detenido en el barrio de Flores en CABA, y sus restos fueron encontrados el 17 de marzo de 1976 en Tristán Suárez. Estaba casado, tenía un hijo, y fue un comerciante y publicista que militaba en la corriente peronista “26 de julio”. Se presume que fue secuestrado por la Triple A, y asesinado por 9 impactos de proyectiles encamisados, en el cerebro y tórax. El informe policial decía que estaba imputado en “delitos subversivos” (Ley 20.840) desde el 20/02/1976 y sobreseído el 8 de julio de 1976. En el sumario “se acredita” que estaba “fichado” como subversivo, acusación efectuado por el Tte. Cnel. (RE) Albeste. Debe destacarse que dos meses después de asesinado, allanaron su casa para interrogar a su esposa sobre su marido muerto.
 
No fue el único cadáver encontrado en Tristán Suárez, lo “tiraban” en el Camino a Las Flores (ruta 52) y lo encontraba “casualmente” la policía, que por ese entonces atendía por una mirilla a puertas cerradas en la comisaría enfrente a la plaza de T. Suárez. Tal es el caso de Ana María Estevao, argentina de 22 años nacida en Florencio Varela (Buenos Aires), el 24/07/1953, secuestrada por parapoliciales y asesinada el 20/10/1975. Ana María tenía 22 años, era estudiante de Letras y militaba en la Vanguardia Comunista y su agrupación estudiantil Tupac mientras trabajaba (y era la cara visible), del periódico La voz de Solano”. Fue secuestrada presumiblemente por la Triple A junto a su compañero de militancia, el porteño Raúl Gregorio Kossoy Gorelik, al salir de una reunión. Éste, era un estudiante de Sociología de 25 años (nació el 03/01/1950), que militaba en el Partido de la Liberación (otras fuentes dicen que en la Vanguardia Comunista). Siendo dirigente del Comité Provincia de Buenos Aires fue secuestrado el 19 de octubre de 1975 y asesinado al siguiente día. Ana María estaba embarazada cuando le dispararon por la espalda con proyectiles calibre 11.25, propios de armas reglamentarias. Ana María y Raúl fueron encontrados en un zanjón en el camino entre San Vicente y el hoy Distrito Ezeiza a la altura de Tristán Suárez, el 22 de octubre de 1975. 
  En los ’70 se entendía que se podían cambiar las cosas desde las acciones culturales: alfabetizaciones, cancioneros, poesías, teatro, literatura. La militancia actuaba principalmente en las villas. Voces de protesta y libertad corrían por toda América Latina y ello precipitó las acciones represivas a través del Plan Cóndor.
   Igual suerte que los anteriormente mencionados, corrió Miguel Zito Didino, de Olavarría. Tenía 49 años cuando fue secuestrado en Banfield el 27 de marzo de 1978. Como en los casos anteriores, sus restos fueron encontrado en Tristán Suárez, el mismo día en que lo asesinaron.
   Un caso distinto fue el de Walter Luís Carranza Nuñez, porteño nacido el 12/08/1958, quien tenía 17 años cuando fue secuestrado el 20/06/1976, y sus restos fueron tirados en una calle de Floresta (CABA). Este chico, que apenas estaba saliendo de su adolescencia, fue secuestrado en Tristán Suárez.

 

Juan Carlos Ramirez Leiva.

sábado, 7 de febrero de 2026

Calles del distrito: B. Rivadavia

 El 7 de febrero de 1826 el Congreso argentino designó a Bernardino Rivadavia como presidente de las Provincias Unidas del Río de La Plata. Su mandato duró un poco más de 1 año, hasta el 27 de junio de 1927, cuando presentó su renuncia, pero marcó un cambio absoluto en la manera en la que se desenvolvía al sistema político en el territorio, y es recordado hasta el día de hoy como el “Primer Presidente Argentino”.

  Bernardino de la Trinidad González Rivadavia (1780-1845) nació el 20 de mayo de 1780 en Buenos Aires. De familia acaudalada, inició sus estudios en el mejor colegio de la época, el San Carlos. En 1809 se casó con Juana del Pino y Balbastro, hija del exvirrey Joaquín del Pino.
  Poco después de iniciada la Revolución de Mayo, Rivadavia formó parte del Primer Triunvirato. Inspirado en pensadores liberales como Jeremy Bentham y James Mill, Rivadavia buscaba modernizar las Provincias Unidas del Río de la Plata siguiendo el modelo político francés y el económico inglés, tomando a Buenos Aires como eje de ese proceso.
  Sus inicios en la vida pública datan de 1821 cuando el gobernador Martín Rodríguez lo designa como ministro de Gobierno. Desde allí, Bernardino Rivadavia, partidario de la organización nacional, encaró una serie de reformas para asegurar una paz y un marco jurídico estable para el desarrollo de negocios.  En tres años desarrolló una intensa actividad con miras a cambiar la realidad de la ciudad y la provincia introduciendolas en el mundo moderno. Como ministro de Gobierno sancionó la ley de Amnistía, suprimió el Cabildo y fundó la Universidad de Buenos Aires en la cual daban cátedra profesores traídos del extranjero. También fue el primero en contraer deuda externa, al pedir un préstamo por 1 millón de libras al banco inglés Baring Brothers, que recién sería cancelada en 1904. 
 

El 16 de diciembre de 1824 el Congreso General comenzó a funcionar y como objetivos centrales tenía el de sancionar una Constitución Nacional, una Ley de Presidencia y una Ley de Capitalización, pero las disputas entre los unitarios, básicamente representados por la provincia de Buenos Aires, y los federales, fueron dilatando un acuerdo. Finalmente, el 6 de febrero de 1826, el Congreso dictó la Ley de Presidencia que le permitió a Bernardino Rivadavia convertirse en el primer presidente argentino.
  Durante su mandato, Rivadavia envió al Congreso el proyecto de Ley de Capital del Estado consiguiendo el 4 de marzo de 1826 declarar capital de la República a la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, la cual quedó bajo el control del presidente y el Congreso.
  La sanción de la Constitución Argentina de 1826, de fuerte contenido unitario, rechazada por las provincias, y el fracaso por frenar la expansión del Imperio de Brasil, lo llevaron a presentar su renuncia el 27 de junio de 1827.
  El primer presidente argentino falleció el 2 de septiembre de 1845 en Cadiz. Sus restos fueron repatriados en 1857 y desde 1932 reposan en un gran mausoleo dirigido en su honor en la Plaza Miserere.
 
Publicado en: www.casarosada.gob.ar 
 
  En nuestro distrito, la calle Rivadavía nace perpendicular a las vías del ferrocarril en Villa Guillermina, J.M. Ezeiza, y llega hasta la colectora sur de la autopista Ezeiza-Cañuelas, calle Salta.

domingo, 1 de febrero de 2026

Puente de la Trocha

cabe consignar que el nombre de Canning data en realidad del 5 de julio de 1909, cuando por intermedio de una resolución se le dio nominación a la estación ubicada en el kilómetro 17,950 . La estación fue habilitada el 8 de febrero de 1911 mediante ley número 4.417, la línea férrea pertenecía al Ferrocarril Compañía General en la Provincia de Buenos Aires. En las investigaciones realizadas por Elio Salmón sobre la importancia económica del ramal encontró que no se llegó a explotar en toda su dimensión la capacidad de transporte. Puede interpretarse que las expectativas y su potencial no se reflejaron en la realidad económica de la región. Los puentes se extendieron pero flaquearon las voluntades políticas para unir al país aprovechando sus rieles.

Puentes dormidos
FotoRevista / Raíces / Puente de la trocha. La Trochita... de Pascual  Cetrangolo Pclito
Pero hoy nos proponemos meditar sobre lo ferroviario conduciéndonos al puente de la trocha. Reflexionaba Ramírez

: Otro ramal desactivado fue la trocha angosta. Actualmente, a la depredación de sus rieles y durmientes debe sumárseles la transferencia a particulares de tierras públicas. No es nuestro propósito pensar en la legitimidad de lo actuado por quienes tienen a su cargo la administración de los bienes que pertenecían al mencionado ferrocarril, sino, pensar en qué sucederá cuando el Sr. García, el legendario jefe, ya no pueda cuidar de la Estación Canning. ¿Cómo se frenará la depredación que él ayudó a evitar?
Memoricidio es una expresión que nació en la década pasada y fue reconocida por las Naciones Unidas como "la destrucción intencional de bienes culturales". Esto representa la desaparición de lo que fuera dejado por generaciones anteriores y conforma la identidad de los pueblos. En el artículo titulado Si las paredes hablaran: el 13 de enero de 2005, el profesor Juan Carlos Ramírez se preguntaba: ¿Cuál será el destino de la casona de French y Chacabuco? Ahora podemos responderle de muy diversos modos. Nos permitimos recordar la preocupada Carta de lectores que escribió el vecino Lucas Gómez a propósito de esta bella casona, otrora conocida como la casa del molino . El tema se abordó en la nota titulada La historia frente al memoricidio el 20 de enero de 2005 en este mismo semanario. Y las referencias podrían seguir

Puentes ferroviarios
En los casos de Tristán Suárez, Ezeiza y Canning, entendemos que sus estaciones se crearon para formalizar una escala ferroviaria, a pleno campo en un entorno de chacras y estancias que recién con el correr del tiempo se fraccionaron o subdividieron para dar paso a las primeras edificaciones y por ende al surgimiento material de cada pueblo.

Sobre Canning
El historiador echeverriano Campomar consigna una visión sobre Canning, reproduciendo lo manifestado por Enrique Udaondo: George Canning (1770- 1827) político inglés, nacido en Londres. Durante la guerra contra Napoleón I planeó la captura de la flota holandesa en Copenhague, lo que dio la supremacía marítima a Inglaterra, y apoyó a los españoles en la Guerra de la Independencia. Fue nombrado gobernador general de la India (1822) y después ministro de Relaciones Exteriores. Se adhirió al programa tory después de la Revolución francesa y atacó a los whigs en numerosos artículos del Anti Jacobin (1797-98). Ministro de Asuntos Exteriores durante las guerras napoleónicas (1807/09), preparó la derrota de la flota danesa en Copenhague (1807), apoyó la intervención de su país en la guerra de Independencia española y dimitió después de un duelo con su colega Castlereagh. Volvió a ocupar la cartera del Exterior (1822-27) después del suicidio de éste y cambió totalmente la actitud de Gran Bretaña hacia la Santa Alianza, negándose a participar en la supresión de las revoluciones europeas, ya que los intereses librecambistas británicos se veían favorecidos por la existencia de pequeños estados independientes. Se opuso a la intervención francesa en España decidida en el Congreso de Verona (1822), reconoció la independencia de las colonias españolas en América y la doctrina Monroe y negoció el acuerdo entre Francia, Rusia y Gran Bretaña que condujo posteriormente a la independencia de Grecia.Reproducimos unas breves biografías del político inglés, las creemos de utilidad para meditar el contexto socioeconómico hacia el principio del siglo pasado, que fue quien posibilitó el bautizo sin sonrojos.La respuesta es que, además de lo enumerado antes, se llevaron a uno de los puentes puesto. Desapareció de la noche a la mañana. Nos preguntamos si alguien tiene idea de para qué se lo desarmó y adonde fue a parar el puentecito que cruzaba la calle Alem, entrando al barrio Santa Angela si se va desde Ezeiza. Estaría en paralelo a la calle Trieste.Como la imaginación es una cualidad humana nada despreciable, nos permitimos la concurrencia al gimnasio de neuronas y visualizamos planeando en los terraplenes a los amantes de las patinetas o pedaleando, aunque no se posea una mountain bike. Y el espacio entre las vías para una bicisenda o una pista de la salud para caminar.Que no nos ocurra lo que a una localidad vecina que contaba con un útil y transitadísimo puente peatonal que las muchedumbres empleaban cuando bajaban del tren en su estación ubicada en las alturas. Hoy cruzan los pajaritos por ese espacio. Los animales, nuevamente, dando el buen ejemplo a la humanidad circulante.

George Canning

Ojalá no ocurra lo mismo con el de la trocha que atraviesa la ruta 205. Con dramatismo especulamos sobre las causas que podrán alegar para su desaparición: a los micros con doble piso se les aplasta el jopo o los altos camiones frigoríficos se convierten en carrozas de cenicienta en fin, lo tomamos con humor, ahora que podemos, porque el puente aún se encuentra allí.
Gente despierta

Tal vez se usen más que el puente peatonal que cruza la ruta a la altura de la calle Santa Angela, solitario y en buen estado, casi nadie lo usa. La otra vez vimos cruzar por allí un perro. Los animales siempre dando el buen ejemplo a la humanidad.

“… siendo ministro de negocios extranjeros en 1825, reconoció la independencia de nuestro país, proclamó el principio de no intervención, atendió deferentemente a Rivadavia en Londres, durante su misión diplomática, y celebró un tratado de amistad, comercio y navegación con esta República, que se firmó en Buenos Aires el 2 de febrero de 1825”.
A nosotros nos orienta pensar que era un funcionario que hacía bien las tareas necesarias para la prosperidad del imperio que lo empleaba. Reconoció la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata porque eso le posibilitaba hacer negocios ventajosos a su reino. Clinc caja.

Por: Lic. Patricia Faure  

martes, 23 de diciembre de 2025

Reportaje a Mirta Vega (III)

 Los amigos de la cuadra éramos una banda. Estaban los Oliveto (los cuatro), los tres Sarasino (las dos chicas y Roque), los chicos de Tissone (las dos nenas y los dos varones), y mi hermano Marcelo. Por French, las chicas de Dieguez, los chicos de Fuentes que estaban en la otra cuadra, y los cuatro Ferrari. Jugábamos en el fondo de casa.
 En la esquina de Dean Funes y Echeverría, estaba la farmacia de Cayuela; después vino el Bazar, el que sus dueños eran parientes de Clarita Steiman. Estaba el pibe de Ferrato, que hoy tiene 80 años y se acuerda de la inauguración del aeropuerto Pistarini en donde yo estuve porque le pidieron permiso a mi papá para llevarme, porque iban a distribuir juguetes. Se hizo un asado inmenso para toda la gente que había trabajado en la construcción. Había cualquier cantidad de santiagueños que habían venido a plantar los árboles.
  
Un día vino un circo al campo de Goñi (hoy sigue siendo un campito cercado, frente a la estación, entre Balcarce, Pte. Illía, e Ituzaingo). Los circos hacían pequeñas obras de teatro. Mi mamá no quiso ir pero, fuimos mi papá y yo, que  tendría entre tres o seis años, era chiquita, bien chiquita. Cruzamos desde mi casa en French hasta el campito. No había nada, la plaza Belgrano no existía.
 Comienza la obra y yo me empiezo a aburrir porque no entendía nada. Empiezo: “papá quiero pis”, mi papá me agarra y salimos del circo en el preciso instante en que, en el escenario el actor principal dice: “se va Vega”, tras lo cual, estalló una carcajada generalizada en todo el circo. Cuando termina la obra el actor, un hombre mayor que hacia teatro por radio, pregunto “qué pasó”. Y lo que había pasado era que Raúl Vega, mi papá, salía justo en ese momento para que la nena hiciera pis afuera de la carpa.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

lunes, 1 de diciembre de 2025

Estampados y aviones

Hoy volvemos sobre la fábrica de aviones. Sobre ella escribimos hace unos meses en este esfuerzo de retener en tipografía lo que el tiempo y los intereses ajenos a valorar y cuidar el patrimonio de nuestros ancestros ignoran.

La estampería
Un día Hortensia Carrizo vio un cartel donde solicitaban empleadas para una estampería textil…y desde allí comenzó como Penélope a tejer y destejer recuerdos.
La textil funcionó en la manzana delimitada por la ruta, la calle Paso de la Patria, Gral. Lamadrid y Donato Alvarez., J.M. Ezeiza. Hace un tiempo atrás localizamos en este lugar una fábrica de aviones que funcionó a posterioridad de la que ahora hacemos referencia.
Existió desde el año 1951 ó 1952, y durante no más de cinco años, recuerda Hortensia Carrizo, quien se desempeñó allí como empacadora: ella medía los metros tela para cada rollo o para cada disponerlo en pliego chato, los envolvía en papel madera y les ponía la etiqueta correspondiente. Recuerda que hacían telas de tapicería y de cortinados pesados como se usaban entonces. También telas para vestidos. Los dueños eran unos hermanos de apellido Ortíz, Ernesto y Florencio, empresarios allegados al gobierno. Tras esos pocos años presentaron quiebra.
La fábrica, en realidad, no fabricaba telas, era una estampería, allí se estampaba la tela, contaban con el trabajo de un dibujante y de un encargado de la tintorería quien decidía cómo amalgamar los colores para el teñido de las telas.
Tendría unos 50 operarios, todos de Ezeiza. La mayoría eran hombres. A las compañeras de trabajo casi puede recordarlas a todas: la señorita Cabanelas, Marta González de Harguindeguy, una chica francesita y dos o tres más.

Hasta que la muerte los separe
Ernesto Ortíz tuvo tres hijos y construyó una casa de fin de semana que, aún hoy, en chanfle, se la enfrenta caminando por La Pampa en su intersección con Beruti, en J.M.Ezeiza. Es un chalet rodeado de grandes árboles que parece previo al caserío y listo para tragarse el sol de un trago: lo imaginamos viendo encopetar el amanecer sobre los tejados de la vieja estación de trenes y recortar las siluetas de los teros hacia el poniente del astro rey, hacia el barrio El Tala de hoy.
El otro Ortiz, Florencio, se casó con una señorita inglesa y vivieron en El Trébol. Con su esposa hicieron un pacto al llegar a la vejez y murieron voluntariamente juntos cuando la enfermedad los acosó. Fue un caso de amor hasta el final que se comentó mucho en el pago cuando sucedió.

Y dale con los aviones
La nota de la fábrica de aviones, que fue el uso posterior que tuvo la estampería, trajo cola entre los lectores. Los párrafos previos son consecuencia de ello: Hortensia se disparó con estos recuerdos acicateada en su honestidad histórica poner algo de la memoria.
Otro vecino, el señor Juan José Seisdedos, quien actualmente vive en Bolívar, recordó que la posterior fábrica de aviones se llamaba Berkling y compañía…
Estaba ubicada en terrenos muy bajos y cierta vez que llovió mucho, pude ver maderas de distintas formas y medidas flotando por el predio. El agua llegaba hasta cerca del terraplen de la trocha angosta..

Berkling
Arnold Berkling fue un ingeniero alemán que fabricó por lo menos un avión bautizado Catracho y que cuando lo estaba volando un día se vino abajo con avión y todo y falleció. Lo dicho ocurrió en Honduras, en San Pedro Sula (la segunda ciudad en importancia de este país centroamericano). Nuevamente quedamos picados por la curiosidad y/o admirados por la curiosidad de que aparezca ese apellido aquí en el sur del mundo. A cada paso que damos siempre nos surgen más inquietudes y preguntas que respuestas, la de hoy es: ¿el nombre de la fábrica habrá sido un homenaje al malogrado ingeniero?

Por: Lic.Patricia Faure


jueves, 27 de noviembre de 2025

La creación del Distrito de Ezeiza

 Teorías
 La creación del Distrito de Ezeiza puede explicarse desde distintos puntos, sin embargo, se converge necesariamente en que nació el 20 de octubre de 1994. No existe una historia única, los procesos históricos son complejos y como tales, debemos considerar que no existe la «verdadera historia», pues no existe tal categoría.  En las disciplinas sociales, lo que llamamos «verdad» es en principio, sólo una aproximación a ella.
  La creación del distrito se debió a la ley 11.550, respondiendo a la voluntad política provincial ya que en el mismo día, se votó la partición de varias comunas. No debemos dejar de lado la convicción autonomista vecinal pero, no se puede desestimar la intervención de voluntades ajenas. Entre los planteos a considerar tenemos que:
1) Así como la campaña bonaerense se fraccionó en comunas y E. Echeverría surgió de la escisión de tierras de otros partidos, el Distrito de Ezeiza surgió como lógica consecuencia de esa tendencia autonomista (teoría determinista).
2) La antigua ciudad cabecera nos dejaba de lado porque los intendentes vivían en ella. Por ello nos separamos (teoría maniqueísta)
3) La acción de los vecinalistas logró la independencia distrital (teoría reduccionista).
4) La clase política bonaerense encontró nuevas fuentes de trabajo y/o legitimación, a través delo recurso de crear nuevas comunas (teoría conspirativa).
  
  Nuestro Distrito perteneció a diferentes jurisdicciones, algunas de ellas inexistentes en la legalidad pero, sí en la legitimidad del lenguaje. A los movimientos separatistas se los puede rastrear en notas, como las que
elevaran los propietarios cuando pertenecían a Cañuelas. Tiene fecha del 4 de abril de 1862 y expresa «que siendo muchos los males que les ocasiona la distancia a que quedan sus establecimientos del Pueblo donde residen las autoridades del Partido, piden se agregue a Lomas de Zamora el área comprendida entre el Río Matanza, el arroyo Jiménez y el límite de
Cañuelas con San Vicente.»
  La falta de interés municipal en solucionar reclamos vecinales, se acentuó durante la administración del Partido de E. Echeverría del señor L. M. Obarrio. Es notable el incremento de las publicaciones locales que canalizaban las preocupaciones: La «Cámara de Comercio, Industria, Profesionales y Bienes Raíces de José María Ezeiza», «Cámara de Comercio, Industria y Propietarios de Bienes Raíces de Tristán Suárez, Carlos Spegazzini y La Unión», «La Voz de mi Parroquia», «El Bonaerense», «Palabra», «La Nación», «El Sol» y «La Voz del Pueblo», sumadas a notas que incluso eran dirigidas directamente a la gobernación («Sociedad de Fomento Barrio Vista Linda»), dan cuenta que la desidia municipal aceleró el proceso autonomista.
  De acuerdo a la documentación que oportunamente nos proporcionara el Dr. G. Vega, la idea de crear un mini municipio estaba presente en la «Unión Vecinal de Fomento Ezeiza y Canning». Su presidente, el recordado Don Froilán García,
elevó el 18/07/1981, tal solicitud al entonces gobernador de facto, Oscar Gallino. Esta gestión, con acuse de recibo Nº 2161/81, es el antecedente más antiguo de la voluntad vecinal, de escindirse del distrito E. Echeverría.
 
En la historia
Fue un primero de diciembre de 1995, cuando en el edificio ubicado en la calle Joaquín V. González del Barrio Uno, de la ciudad de José María Ezeiza, se realizó la sesión preparatoria del Honorable Concejo Deliberante que dio comienzo a la vida institucional del nuevo Distrito de Ezeiza. Se reunieron el intendente Alejandro Granados y los concejales electos el día 14 de mayo de ese año, para constituir el primer Concejo Deliberante. Los concejales fueron: Edgardo Darío Amarilla, Carlos Oscar Gagliardi, Ernesto Mena, Marta Susana Moriondo, Antonio Armando Nieto, Luis Alejandro Palma, Rogelio Prado Blanco, Oscar San Martín, Susana Tellechea y Luis Vera.
 
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Los Thompson. Propiedades

  Una aproximación a los límites de sus propiedades estarían dadas desde el Matanza por una prolongación de la calle Antártida Argentina hasta Acevedo, Blas Parera (Oeste de T. Suárez), Roque Sáenz Peña hasta Falucho y de allí hacia Spegazzini (todas del lado Este de Tristán Suárez). En Carlos Spegazzini, una continuación aproximada de Falucho hasta su intersección con la prolongación de Magallanes, Maria Curie (lado Oeste) y su prolongación hasta nuevamente, el río Matanza.
 
Para quienes quieran recorrer hoy lo que queda de las propiedades que otrora pertenecieran a la familia, vasta con llegar a C. Spegazzini, tomar la calle Roma en dirección a T. Suárez. Las tierras donde se levantó el casco de “Los Retamos” son notoriamente más altas que la que se extienden desde la mencionada arteria hasta lo que fuera el Camino Real, quizás por la acción de los hornos de ladrillos que hasta el pasado siglo allí funcionaban. A unos 400 metros del cruce de Roma con el Camino Real, la traza hacia el Este de una hilera de árboles con talas y eucaliptos sumamente añosos, forman una galería que comunicaba con instalaciones de las que podía notarse un galpón reciclado. Otro monte de eucaliptos y talas cerca del casco y desde allí, parte una nueva galería con árboles largamente centenarios, paralelas a las vías y en dirección N.E., hasta una tranquera que en la calle Concepción, apunta hacia la estación de Tristán Suárez. 
 
Probablemente los eucaliptos sean de las primeras partidas plantados en Argentina; algunos son tan anchos que superaban los 6 metros de diámetro y tal como estaban distribuidos, indican que fueron sembrados luego que el trazado del ferrocarril (1885), pusiera nuevos límites a sus propiedades. Tal vez cuando la ruta 205 fue trazada hacia 1935, la estancia abrió la tranquera hacia las vías que aún hoy se mantiene, aunque la propiedad ahora pertenece a una empresa privada que no se privó de la tala de parte del patrimonio arbóreo mencionado.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

 

martes, 28 de octubre de 2025

Los vecinos Thompson

Leemos: “En el Partido de Cañuelas á dias doce de Mayo 1854”, comparecen Juan Thompson, Susana Thompson (viuda) y Marta Thompson (soltera), mayores de edad y vecinos que por no poder viajar a la capital le dan el poder a Enrique Thompson. Lo firman Augusto Powell, quien había sido testigo del dictado del testamento (1851), el Juez de Paz Evaristo Alfaro y don José María Alegre.
  Juan Thompson y Brocksopp y sus hermanas, respetaron el deseo paterno sobre que Enrique conservara “terrenos y Casas en la Magdalena”, y que se cuidara de sus hijos menores tenidos con Phebe Rowe. Cumpliendo con su voluntad, vendieron sus partes a Enrique, permaneciendo sus vidas en nuestra región.
  La mensura practicada por G. Kuhr (1857), lleva el título de Thompson Marta y otros, por lo que inferimos que Marta permanecía soltera a los 31 años. En mensuras posteriores no se registran cambios y en un plano de 1868, figura que lindaban con Rosario Carrizo y Antonio Ríos por el N.O., y de Rosario Acosta y los Herederos de Manuel La Rosa, por el S.E. 
  En distintos planos se observan propiedades de Juan y de Susana (Cuartel IV, Plano de San Vicente; 1881), por lo que es probable que Susana (viuda en 1851), no volviera a casarse. En el mismo plano pero en el Cuartel VII, se ubican tierras de Marta y propiedades de Juan, un casco de estancia sobre el lado Oeste del Camino Real, además de otras poblaciones. En mensuras y plano comentado de 1881 y 1891, también aparecen nuestros vecinos ingresando a Catalina A.  de Thompson con tierras en el Cuartel VII. 
  Sobre otros apellidos que podrían estar relacionados con estos vecinos que ya cumplen 175 años en el distrito, encontramos a Guillermo Joung en el Libro Diario de la Municipalidad de San Vicente y, a Juan Rower (enero, 1900). Sobre Joung no hemos podido establecer parentesco pero sobre Rowe, pensamos que se refiere a Juan Rowe propietario de la estancia “Los Retamos”, que perteneciera a Susana Thompson y Brocksopp y que entró en sucesión hacia la década de 1930.  El Primer Censo Nacional (1869) trae que en los cuarteles IV y VII, fue empadronador Juan Julian Thompson, casado con Catalina Hanley, de 28 años, que sabe leer y escribir. No hay registro de hijos.  
 
Por el Plano N° 107 del Partido de E. Echeverría observamos que la familia mantuvo las tierras indivisas e incluso parece haberse expandido sobre parcelas que la familia Alegre había poseído sobre el Matanza. Sus propiedades tenían como linderos por el sur y del Matanza hacia el Este, a los herederos de Cipriano Alegre y parcelamientos de la familia Nolasco. Desde el S.E. al N.E., a Carlos Caraza, de la Rosa y Santiago Ginochio. Por el N. y desde el E. al O., a Antonio Ríos, Secundina Carrizo, Rosario Carrizo, Margarita Hanley de Farina, Patricio Hanley, Margarita Hanley de Smith y Margarita Scharp Hanley. Puede entreverse que las relaciones parentales por política casamentera, llevo al grupo a extender sus dominios desde fines del siglo XIX a principios del XX, cuando la economía agroexportadora estuvo en pleno esplendor.

 Por: Juan Carlos Ramirez Leiva


miércoles, 24 de septiembre de 2025

Entrevista a Mirta Mercedes Vega (II)

  En nota que nos concediera la señora Mirta Mercedes Vega, nos señalaba que la cuadra más poblada de José María Ezeiza era la primera cuadra de French (vereda impar), que nace en lo que era la Ruta Nacional 205 y que hoy es llamada Néstor Kirchner. Entre esta y la barrera del ferrocarril, estaba la farmacia de Vidal y del otro lado de la barrera (donde ahora tiene oficinas Marita), estaba Dragone, y luego seguía un terreno baldío (hoy tienda El Buzón). Le seguía Froluz (Froilan García) con un pequeño local en donde arreglaba radios, continuaba el almacén de mi papá, con su sótano tan famoso y un palenque en la vereda paralelo a la calle, en donde la gente ataba los caballos o sus carruajes. Le seguía la tienda de Basilio García, en la esquina de French y E. Echeverría.   
  Años después, don Basilio construyó su casa de dos plantas; Don Basilio y Don Froilan eran hermanos los dos galleguitos, aclara. Lo único que hay de Don Basilio en esa manzana es la casa de altos y la esquina, Froilan lo único que tenía era su casita original, después construyeron semejante negocio. Cuando don Basilio García se mudó de la esquina, allí abrió su negocio la señora de la heladería Schiciato, Petra. Era una experta haciendo helado.
  Lo particular de las casas entre la barrera y E. Echeverría, era que no tenían puertas a la calle, eran persianas que no tenían puertita. “Si nosotros teníamos que salir a French, teníamos que levantar las persianas de los negocios. Nuestras salidas eran todas por el fondo, todos salíamos por el fondo, nos comunicados por los fondos. Los gallineros, las quintas, todo era comunitario”. La tranquera nuestra estaba frente a lo que era el banco Provincia (hoy ANSES), ahí entraba el carro, el caballo, los galpones.  
Don Raúl Vega junto a Porota Branca, su cuñada. Archivo: R. Vega

  Donde está ahora el Registro Civil, terminaba la casa de Basilio. Desde ahí, comenzaban las quintas, mi mamá, Doña Benita, hacían quinta todos. Después estaba el de Don Froilan, el terreno vacío de ellos y después Vidal a la costa de la vía.  
  Los negocios cerraban a las 12.30 o 13.00 hs, pero Basilo venía, entraba por los fondos y decía: “lo mejor del mundo” y mi papá le decía “andá, servite”. Venía a comprar los cigarrillos Jockey Club, él venía, entraba, agarraba los cigarrillos, le pagaba a mi papá y se ponía a charlar, luego se volvía a ir, todo por el fondo. Después de nuestras casas, había un terreno baldío y hacia la barrera de Pravaz estaba la casa de Poroto Àlvarez, la de Zanelli (tenía un camión enorme), el Correo. Donde hoy se encuentra la Cámara de comercio, era un terreno baldío. Antes de la barrera, estaba la casa de Juanita Corveta, un caserón enorme, antiguo.  
  Si contamos a los vecinos que vivían en la vereda de enfrente (los chalets de Ruiz no existían, era todo campo), estaban los chicos de la esquina (no me acuerdo el apellido), el aserradero del vasco Luis y un terreno baldíos. Cruzando la calle Liniers estaba la carnicería de Martín Delfino y el terreno vacío en donde construyo la telefónica, solían allí levantar carpas los circos. Cruzando la calle Deán Funes estaba la Farmacia de Cayuela, la Unión telefónica con la familia Oliveto, la carnicería de Tissone con la verdulería de José Dileo, luego un terreno baldío en la esquina de French y Echeverría.  
  Retazos del pasado ezeicino en la voz de Mirta Mercedes Vega.

 Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

 Travesuras.

  En los años en que el presidente era A. Frondizi, el Dr. Allende, gobernador de la provincia de Buenos Aires en ese tiempo, vino a inaugurar el edificio de la telefónica ubicado sobre Deán Funes entre E. Echeverría y Vicente López y Planes. La picardía fue que el palco fue ubicado enfrente de la casa de Poroto Álvarez, un peronista del ´45 que levantara en Ezeiza el primer local político que apoyaba a Juan Domingo Perón, por entonces, exiliado en España. 
 Sabido es que El Dr. Allende pertenecía al Partido Radical Intransigente mientras que el recordado “Poroto” Álvarez era totalmente peronista.

miércoles, 20 de agosto de 2025

Parroquia Nuestra Señora del Valle

   La comunidad iba creciendo y Ezeiza no contaba aun con una parroquia, por lo que un grupo de vecinos conformo una comisión con el fin de, a través de distintos eventos, recaudar fondos suficientes que permitieran construir una. Con ese propósito, se organizaron kermeses los días sábados, con puestitos variados, detrás de la capilla en construcción, sobre la calle Mitre, hoy renominada Ituzaingo. La calle era de tierra y en los lotes esquineros, baldíos, se lucía un bosquecillo de abedules.
  Los puestos, numerosos, atendían a una solidaria concurrencia que se divertía con girar la rueda de la fortuna o ruleta, jugaban al tiro al blanco con pelotas pequeñas, consumían tortas, etc.. En las primeras que se llevaron a cabo, los comerciantes fueron quienes aportaban los premios, pero con el devenir de estos eventos y dado su convocatoria, con lo recaudado compraban para reponerlos.
Las chicas se encargaban de atender todos los kioscos y participaban con entusiasmo, bajo la mirada de sus padres.
  Finalmente, la iglesia estuvo lista y se inauguró el 18 de noviembre de 1949, tras las bendiciones correspondiente. Fue don Felipe Catani quien oficio de padrino y el que leyó el discurso de la inauguración de la iglesia. En cuanto a la madrina, fueron la señora María Luisa Frogone de Pistarini, esposa del Ministro de Obras Publicas de la Nación General Juan Pistarini.
  Teniendo en cuenta que la construcción del templo se realizó con la ayuda material gestionada ante el Ministro, no se cuestionó que la señora, quien había perdido una hija, solicitara que uno de los ángeles que se pintarían en la cúpula, tuviera el rostro de una de sus hijas (el ángel de la izquierda), siendo la propia señora la que se ocupó de gestionar el pintor de la cúpula.
 Hasta entonces, la capilla dependía de la parroquia Inmaculada Concepción (Monte Grande), pero el 3 de enero de 1950 fue designado como primer párroco, el presbítero Juan Ivroud, oriundo de Arrecifes (Buenos Aires). De nuestro primer párroco sabemos que su papá lo hizo ingresar al seminario cuando contaba con catorce años, que el apellido de su mamá era Lozaso, que al padre Juan le gustaba jugar al pocker y que “celebraba la misa a las 6 de la mañana y luego se iba a impartir clases a Cañuelas”, según recordaban las memoriosas voces que fueron recogidas por el libro emblema de Ezeiza llamado “Las vacas vuelas”, de la Lic. Patricia Celia Faure. En la misma fuente, se nos aclara que la advocación de Nuestra Señora del Valle fue elegida, porque “vino a Ezeiza mucha gente del norte a trabajar en la construcción del Aeropuerto”.
 Como dato de color, se recuerda que cuando inauguraron la iglesia, las catequistas se pusieron su mejor vestuario (incluido los sombreros apropiados para la ocasión), porque se les anticipó que vendría la sra. del ministro Pistarini. Oportunamente, relataron jocosamente las catequistas: “Nosotras con una etiqueta bárbara y ella muy campechana”, La señora María Luisa Frogone de Pistarini, se presentó a la ceremonia, vistiendo con elegancia pero, con mucha sencillez.
 
Juan Carlos Ramirez Leiva

jueves, 19 de junio de 2025

Masacre de Ezeiza, en primera persona

 La mañana del miércoles 20 de junio de 1973 se presentaba apacible, y mientras caminábamos con mi viejo, con mi padre, hacia la estación de Ezeiza, conversábamos. Los temas fueron variados, y salpicados con trivialidades como que no hacía frío, que iba a ser un hermoso día o sobre la conveniencia de ir por la ruta 205 y no cortar camino.
Cuando estábamos próximos a la ruta, nos sorprendió la multitud que ordenadamente marchaba camino a la barrera hacia el aeropuerto. Junto con otros conocidos con los que nos fuimos encontrando en el camino, nos integramos a un grupo bullanguero que entonaba cánticos apropiados para la fecha. Los mayores tenían la lógica ansiedad de ver regresar a su líder tras 18 años de exilio; los que éramos chicos por entonces, y los que habían nacido después del 55, lo hacíamos para conocer a aquel por quien se había militado.
Al llegar a la barrera mencionada y comenzar a andar camino al puente El Trébol, encontramos las diferentes columnas que venían desde Monte Grande y a los que venían desde San Vicente; entre todos, conformamos la Columna Sur. Entre las organizaciones, caminábamos quienes íbamos por nuestra propia cuenta. Muchos como yo estábamos felices, porque además del significado político, había uno aún más importante: la integración entre distintas generaciones y, en mi caso, compartir con mi viejo este reencuentro entre el líder y su gente.
Llegamos a la altura del puesto policial que luego fuera conocido como el centro de detención clandestina “La 205”, cuando ya era de día. Había allí mucha gente, y pensábamos que era lógico, porque estábamos a menos de mil metros del palco desde donde el general Perón nos hablaría.
Con mi padre nos fuimos adelantando entre la gente (siendo solo dos, fue muy fácil), y a la altura del Hogar Escuela tuvimos que sortear automóviles dispuestos de tal forma que impedían llegar a la columna que entraba por el sur. No nos llamó la atención ver un grupo armado en la curva que llevaba al cruce para el bosque. Tenían un brazalete verde; las distintas agrupaciones se distinguían por el color e inscripciones que llevaban.
Tomamos ubicación en la rotonda que permite a los automóviles que vienen del aeropuerto subir al puente camino al bosque (por supuesto, no había tránsito ese día). Obviamente no estábamos solos, pese a que era temprano; el general llegaría a las 16 horas. Distintos pequeños grupos estaban diseminados por todo el césped, desde el cordón instalado para delimitar el área hasta donde podíamos acercarnos al puente. Tras esa precaria marca, circulaban custodios con armas largas. A nuestras espaldas quedaba el acceso a la Autopista Ricchieri desde la ruta 205 y el bosquecillo del Hogar Escuela. Al frente, y cruzando la autopista, grupos con banderas y pancartas; y mirando al norte, densas columnas hasta donde la vista nos permitía avizorar.
El palco estaba ubicado sobre el puente, con frente hacia el norte, por lo que la parte posterior daba al acceso al aeropuerto, ubicado a 3 kilómetros de allí. Como fondo tenía gigantografías con la figura del General y de Evita; con una imagen más chica también aparecía Isabel. Para proteger a Perón, se había instalado una pared de cristal antibala, y por el puente-palco circulaban personas que a veces hacían gala de sus armas largas.
Se habían escuchado algunos tiros, pero recién nos alarmamos cuando se transformaron en un tiroteo y un correr de personas sobre el palco apuntando hacia los pinos ubicados detrás nuestro, en el campo del Hogar Escuela. Pronto las balas comenzaron a silbar cerca de donde estábamos, y desde el palco les respondieron. Cesaron los disparos. Y recién eran las doce del mediodía.
Más tarde, ya en casa, me enteré por boca de mi tío —quien había venido en bicicleta desde Longchamps— que él se ubicó cerca del Hogar Escuela, bajo la sombra de los árboles y cerca de la columna de Lisiados Peronistas, quienes estaban emponchados en sus sillas de ruedas, acompañados por quienes los ayudaban. Mi tío repartió entre ellos unas mandarinas que había recolectado en su paso por mi casa antes de ir hacia donde todos esperábamos a Perón, y esto quizás lo salvó. El caso es que, cuando fue evidente para él que no querían que los que venían desde el sur se acercaran al palco, escuchó que los lisiados le dijeran “agachate, viejito” y se produjo —me relató— un milagro: los lisiados se levantaron de sus sillas de ruedas a la vez que sacaban armas que tenían bajo los ponchos que los cubrían y comenzaron a tirar. De la columna que había arribado desde la ruta 205 —la Columna Sur— se movilizaron Montoneros, otros identificados como de la JP, y algunos militantes que no pertenecían a ninguna agrupación, solo eran peronistas. Intentaron llegar al puente, pero los identificados con el brazalete verde que custodiaban les empezaron a disparar, y en ese momento intervinieron los Lisiados, según me relatara mi tío.
La historia real —la más aproximada a ella, quizás— la supimos tiempo después. Pero el caso es que alrededor de las 14 horas comenzaron a disparar desde la izquierda del puente (visto desde el frente) hacia los árboles del Hogar Escuela, desde donde respondían con una balacera que también llegaba a los que estábamos sentados sobre el césped, próximo a la cinta asfáltica.
No sé quién tuvo la idea —posiblemente partió desde el palco—, pero todos comenzamos a cantar el Himno Nacional. Un sacerdote comenzó, en el palco, a levantar una cruz como símbolo de paz, pero cuando las balas acertaron a la cruz, el cura decidió ponerse a resguardo. Leonardo Favio, desde el puente y protegido por el vidrio antibala, pedía que cesara la balacera, pero tampoco le hicieron caso.
La inquietud fue mayor cuando vimos pasar una ambulancia con las puertas abiertas, con una enfermera (a la que reconocí por ser vecina) que temerariamente iba agarrándose del techo y casi parada sobre el paragolpes. En igual situación, sobre la derecha de esa ambulancia, iba otro, posiblemente enfermero (por su guardapolvo blanco). Con mi padre quedamos alelados al ver que iban tres hombres tirados sobre el piso y dos más arriba de ellos, que imaginábamos todos muertos, camino hacia Puente 12.
Perón debía llegar a Ezeiza a las 16 horas. Pasado ese horario anunciaron que, por los disturbios, se había decidido que no bajara en Ezeiza y que aterrizaría en Morón. Aterrizaje que se confirmó a las 17 horas aproximadamente.
Sabiendo que no vendría al encuentro con su pueblo en Ezeiza, comenzó un desbande generalizado, acompañado por un nuevo tiroteo entre los que cuidaban el palco y los que estaban en los árboles frente a la ruta, en los campos del Hogar Escuela.
El caos que se armó fue de tal magnitud que, cuando escuché silbar las balas, decidí sacar a mi padre de esa trampa que podía ser mortal, y agachados —y a veces llevándonos por delante a otros pacíficos manifestantes que también querían salvar sus vidas— escapamos a través de los zanjones hasta llegar al barrio. Allí vimos cómo intentaban guarecerse los que habían tratado de llegar al palco y los que no, que tampoco entendían el porqué de esa violencia en lo que debía ser un día de fiesta, de fiesta peronista. Comentaban que en el aeropuerto habían hecho una pila con los muertos; luego supimos que eso no sucedió, pero sí que en el Hotel Internacional torturaron a los que creían montoneros, de la Juventud Peronista, de la Tendencia, troscos, comunistas o simplemente zurdos. Nos enteramos de que el Hospital estaba tomado por gente del C. de O. (Comando de Organización, ala derecha del peronismo), y que gente afín controlaba el Hospital San José de Monte Grande.

Algunos intentaban refugiarse en la capilla del barrio, pero yo, conocedor del lugar, opté por tomar rumbo a casa, ya considerándonos a salvo de lo que no podíamos comprender. Allí nos enteramos de las aventuras de mi hermano, intentando que mi madre no se enterara de lo que circulaba entre los vecinos y de lo poco que comentaban por la radio. Él también había ido camino al Hogar Escuela en su bicicleta, pero regresó cuando los que escapaban de los tiroteos le decían que no vaya. Enterado de la gravedad, evitó que nuestra madre se enterara de lo que ya se consideraba una masacre, una emboscada tendida por la derecha sindical y los servicios de inteligencia contra los zurdos.

Juan Carlos Ramirez Leiva