sábado, 13 de diciembre de 2008

Primera Comunión

Más de una tía se sintió inquieta. El nene no lograría mantenerse impecablemente vestido en aquella calurosa tarde del 8 de diciembre de 1958. Muchos habían estado encerrados los últimos días en un vano intento de que las rodillas no presentaran nuevas cicatrices. Pantalones cortos pero saco, moño y medias largas y tan incómodas, como los molestos guantes blancos. Aquellos, que los chicos comenzaban a sacarse para pesar de sus madres y madrinas.
La jornada se había iniciado a las 6 hs., con repiques de campanas y disparos de bombas. A las 7.30 hs., la Misa Blanca de Primeras Comuniones y a su término, se les había servido a los niños un chocolate con masas confeccionadas por las madres. Por la tarde y tras la Coronación del Rey y Reina del Catecismo, se inició la Gran Procesión. Se habían recorrido las calles Córdoba, Pravaz y Ruta 205. Los hombres llevaron en andas a La Inmaculada Virgen María Nuestra Señora del Valle; era su primer paseo por Ezeiza.
La procesión regresaba desde la Plaza San Martín por la Avenida French, camino a la aún joven parroquia. Esta, inaugurada el 18 de febrero de 1950, había sido construida gracias a la pujanza de los fieles locales y a la gestión de la familia Pistarini, tan ligada a nuestra historia local. Las fiestas patronales de Ezeiza habían convocado incluso a vecinos de Canning, La Unión y Tristán Suárez. Se había trabajado mucho, las calles estaban arregladas, adornados los edificios y las flores embellecían el templo. Los festejos culminaron cuando tras entonar el Himno Argentino, se arrió la bandera y se hizo un emotivo adiós con los pañuelos.
Hacia menos de un año que había pasado de ser considerada Capilla a ser reconocida como Parroquia. La imagen había sido traída recientemente y acompañaba al hermoso fresco pintado por detrás y arriba del altar, por un artista del cual no hemos podido rescatar el nombre. La comunidad católica local se sentía orgullosa, 1958 había sido un año generoso. La iglesia católica cumplía nada más ni nada menos que doscientos años en Ezeiza. La cara del párroco Severo Babuggia irradiaba felicidad cuando convocaba para las Confirmaciones que se realizarían el día 28 y que estarían a cargo de Monseñor Dr.Alejandro Schell.
Desde la década de 1930, las primeras comuniones se realizaban en diferentes lugares. Las últimas habían tenido como marco tanto la casa de Larralde, sobre la avenida French, como la quinta del Doctor Labougle, hoy de dimensiones más modestas que las originales. La propiedad del que fuera diplomático de nuestro país, aún puede observarse con frente a la calle Provincias Unidas, entre Balcarce y Lavalle. No significa ello que la región no contara con un templo, pues debe considerarse que la Capilla de la Virgen de Los Remedios fue desde el 5 de marzo de1758 la única en muchas leguas por más de cien años, y estaba ubicada en el hoy Distrito Ezeiza.
Cuando en 1945 se expropio la estancia de Los Remedios para la construcción del aeropuerto, el casco y la capilla fueron demolidos. En su larga existencia, la capilla había dependido de la Parroquia de Nuestra Señora de las Islas, cuando la región pertenecía al pago de la Magdalena, luego pasó a depender de la Parroquia de la Santa Cruz de los Quilmes, bajo el Curato de Quilmes. Posteriormente, al crearse el Partido de San Vicente, quedó bajo dependencia de la parroquia de San Vicente de La Laguna de la Reducción; y finalmente al crearse el Partido de Lomas de Zamora (1871), pasó a depender de Nuestra Señora de la Paz hasta la creación de la parroquia de la Inmaculada Concepción en Monte Grande.
La imagen de la Virgen de Los Remedios fue traída por primera vez a América por H. Cortés, importada de España. De la que estuviera en Ezeiza, le hemos perdido el rastro pero si sabemos que los candelabros de plata que la iluminaban, fueron adquiridos por un artesano de Mataderos. Cosas de nuestro pasado.
Juan Carlos RAMIREZ

1 comentario:

  1. Amigos: Les envío unas reflexiones que escribí después de leer Las vacas Vuelan de Patricia Faure. Les pido si pueden transmitírselo a ella también, junto con toda mi admiración por el bellísimo y arduo trabajo por ella realizado. Muchas gracias. María Amelia Militelli

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