sábado, 21 de marzo de 2009

¡ Leeecherooooo!

No era de la familia pero atravesaba el patio con sus trancos largos y ágiles, y entraba a la cocina como Perico por su casa. Lo recibían los gallos afinando sus cantos y los chicos lagañosos que querían desayunar antes de ir a la escuela. El lechero llegaba despabilado como novio enamorado e iba despertando al pueblo a través de su llamado que prolongaba la primera letra “e”. En la fotografía tomada por un fotógrafo ambulante, se ve al carro del señor Luacel estacionado frente a su casa sobre la calle de tierra Yatay, entre Larralde y Las Heras La yegüita La Nena, cuántas mañanas habrá pisado escarcha desde el tambo de Roberto Chiclana, para acercar la sana leche a la comunidad.
Desde fines del siglo XIX, cuando el Distrito Ezeiza era un gran campo donde rumiaban las vacas de los vascos tamberos, la leche era la protagonista de la economía. Así nomás, fresquita y con la espuma rebosando el tarro, iba a distribuirse por las ciudades con la ayuda del tren que la transportaba. La pasteurización la realizaba la mamá en cada hogar con la ayuda del hervidor que siempre estaba impecablemente limpio.
Era una actividad comercial que sostenía a la mayoría de los pobladores rurales de la región. La laboriosidad sacrificada desarrollada en los tambos era decisiva para la economía de muchas familias del Distrito Ezeiza. Y a medida que se fueron formando los pueblos, se agregó la actividad del lechero proveedor a domicilio.
Lic. Patricia Faure

2 comentarios:

  1. Tal cual, así como lo vivieron en Ezeiza, también nosotros que somos vecinos en E. Echeverría. Vivo en Monte Grande y aún hoy se ve al lechero, no como antes, pero el tambito existe. ¡Qué leche para hacer Dulce de Leche!

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  2. Juan Carlos, tal cual como comente, mi tío Tomás Calzado Noriega, de origen vasco, tenía aparte de las vacas, un carro similar a este donde transportaba los tarros de leche que repartía entre sus vecinos. En los tarros se formaba una capa de 10 cm de "manteca" y cuando la leche se cortaba, la colábamos para sacarle el suero y el producto restante lo comiamos untado o en sandwich con un poco de sal. ¡¡¡Qué hermosos recuerdos!!!

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