jueves, 29 de marzo de 2012

Ezeiza y sus mujeres

En la toponimia local tenemos unos cuantos barrios con nombre de mujer: Santa Marta, La Celia, Villa Guillermina… Eso sí, las ciudades tienen nombre de hombre: José, George, Carlos, Tristán… Entonces aprovechemos el día para poner en la conversación a algunas muchachas. La historia y la geografía son femeninas.

Nomolvides
Doña Josefa Guevara de Acosta y Virginia Acosta no pudieron eludir su destino de herederas. Como un abordaje la historia se explica desde el uso y la propiedad de la tierra, ellas legalmente así lo fueron, abuela y nieta, de buena parte de los terrenos que hoy constituyen el distrito Ezeiza. Josefa llegó a figurar en alguna mensura y ocupó su espacio en la cartografía identificatoria. Tuvo la suerte de no ser solamente la viuda de o la testamentaria de. A Virginia no le fue así, su esposo Tristán Suárez sí se sacó la lotería casándose con ella. Sino fíjense quién sabe de ella y quién sabe de él, a pesar de los grandes desvelos que se realizan desde el Museo local para reivindicar su memoria. Sólo conocemos de ella que tuvo dos hermanas que fallecieron en las epidemias de fiebre amarilla de mediados del siglo XIX y que su cara se ve muy triste en las fotos. Su mamá, Virginia Claros, enfrentó unos cuantos desvelos hasta sanear y ordenar legalmente lo que fue su herencia.

Vacas en topless

Refiriéndose a una señora que vivió desde fines del siglo XIX en zona rural, dedicada toda su familia a la ganadería lechera donde el actual aeropuerto, Nélida Garayar de Azcoitía recordaba: Mi abuela María Martina Ormat de De Vicondoa era muy coqueta, se iba a pasear a la Capital, tenía peluca. Salía así nomás vestidita porque el marido no quería que saliera: que esto, que lo otro, ¡era terrible! y las amistades de ella eran la familia Goñi. Y el cochero la llevaba allí y ahí se empilchaba, se arreglaba y se iba a la Capital a pasar el día… y cuando llegaba la noche, de vuelta iba ahí (a la casa de la familia cómplice), se sacaba las ropitas y se ponía las que había llevado del campo y el cochero la llevaba y se presentaba con esas ropitas de vuelta.
Delia y Josefa Goñi recordaban sobre la misma buena vecina, a la que le decían “la de los sombreros”, corroborando con su accesorio el toque característico de la elegancia y el recato: Todos los domingos estaba acá. Si mamá tenía familia ya estaba acá, venía con una yunta de gallinas para que tomara el caldo (risas). Antes se le adjudicaba la capacidad de incrementar la cantidad de leche a las madres.

Bendita tú eres

Nos gusta tender puentes y continuidades entre el ayer y el hoy. Sin desmerecer a nadie…¿Qué sería la biblioteca de Spegazzini sin América? ¿Qué seria la Cámara de Comercio de Ezeiza sin Paola? ¿Qué sería el Museo de Tristán Suárez sin Claudia? ¿Qué sería la escuela 9 de Canning sin Martha? ¿Qué sería la biblioteca Sarmiento sin Ilbia y Marta? ¿Que sería de Acento Poético sin María Inés? ¿Qué sería de los perritos sin Blanca? ¿Qué sería del homenaje a los que nos precedieron sin Ana?¿Qué sería de las mascotas del barrio sin Negrita?. Hasta las podemos nombrar sin apellido porque no hace falta para reconocerlas en su valentía y perseverancia cotidiana, porque se las identifica por su honesta labor. Nuestro reconocimiento a las mujeres que en actitud equivalente construyeron y construyen la diferencia en las distintas localidades y barrios adonde llega esta publicación.

Por Lic. Patricia Faure

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