domingo, 19 de abril de 2009

Bailes, chicas y chicos

Muchas de las familias fundantes de Ezeiza, se originaron en bailes locales. Los chicos recelaban de los muchachos venidos de otros pueblos, muchos de ellos provenientes de Llavallol, y que llegaban atraídos por las bonitas chicas ezeicenses. Algunos muchachos de entonces, contaba don Barone, solían violentarse primero con los más osados, quienes sólo eran aceptados tras recibir “una paliza” ceremonial.
Antes de que la fusión entre el Sportivo y el Juventud diera origen al Club Social y Atlético Ezeiza (25/04/1937),algunos de los jóvenes ezeicinos socialmente más activos, como Alfredo Pascuaré, se daban cita en el Club Deportivo y Social Juventud Unida. Éste había sido fundado en 1930 y funcionaba en un galpón de chapas, en Ituzaingó a metros de Libertad, que había albergado a un taller. El amplio local, alquilado a don Salvador Tortajada, tenía pisos de madera por lo que había que trajinar para limpiar o disimular las lógicas manchas de aceite. Antes de cada velada se lo lustraba con una pasta que era el resultado de moler velas, por ese entonces todavía compuestas con esterina. A fines de 1934 ya no pudieron seguir alquilando el salón pero las milongas, continuaron.
Entre 1935 y 1940, la falta de locales bailables no amilanó a nuestra juventud. En lo de Palma, donde actualmente están las oficinas de una empresa local de transporte de pasajeros y en donde anteriormente funcionaran consultorios médicos, existía un taller de mecánica automotriz ubicado sobre la ruta 205. Allí, las chicas y chicos se organizaron de modo tal que los sábados, mientras los muchachos sacaban los trastos pesados, las chicas baldeaban y arreglaban el lugar. No sólo acudían solteras y solteros, sino que también era habitual que allí llegaran los matrimonios jóvenes, incluso con pequeños, según recuerda Telma Pascuaré.
Eran tiempos en que no existía Edesur ni Segba (empresas de servicios eléctricos); lo único alumbrado era un tramo de la ruta, nueva por entonces. Los faroles a kerosén igualmente daban la claridad suficiente para iluminar a las bellas, siempre y cuando no se olvidaran del necesario “bombeo”.
No diferían demasiado los bailes organizados en Tristán Suárez salvo por el hecho de que el café, bar y restaurante Berutti, que brindaba su excelente local para tales eventos, contaba con un equipo generador de electricidad y eso lo distinguía. Nos cuenta Carolina Ovejero, que el local ubicado sobre la ruta a metros de la estación y en donde funcionaría posteriormente una oficina de Segba, tenía pisos de madera que se lustraban esmeradamente, luego de correr la pesada mesa de billar. Las luces y el ventilador de techo deslumbraban tanto como su conocida máquina de 4 bocas para hacer café express. La gran pianola eléctrica alemana con que contaba, permitía escuchar desde valses vieneses a tangos, toda una orquesta tocando para quienes insertaran… diez centavos en la ranura.
Juan Carlos Ramirez.

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