martes, 1 de mayo de 2018

Caballos y poder en el distrito


Los baguales se aquerenciaron prontamente con nuestra región, descendientes de aquellos 7 caballos y 5 yeguas que fueran abandonadas cuando se despobló la Buenos Aires fundada en 1536. Con el tiempo tener tropilla “de un solo pelo” en el litoral platense, se transformó en un rasgo de distinción; al menos, desde aquellos primeros 52 caballos de un solo pelaje que revistaron en el naciente Regimiento de Granaderos, que fueron remitidos al Coronel San Martín desde San Miguel del Monte en 1812.
La posesión de caballos siempre fue un símbolo de poder. Las familias de mayor capacidad económica ataban a sus coches más de un equino, para resaltar su posición social. Supo existir un rápidamente enriquecido sindicalista, papá del actual Ministro de Trabajo, que llamó la atención de la prensa por su insistencia en querer ser aceptado por el exclusivo Jockey Club. Igual tesón ponía la oligarquía de antaño en ser legitimados, como integrantes de la élite social. Así pasó con Miguel de Anchorena, uno de los pocos argentinos que perteneció al Jockey Club de París.
Caballos, poder, prestigio y tradicionalismo, se unen en Ezeiza. Un terrateniente local, don Rosario Acosta, lamentaba que le hubieran desaparecido 17 caballos que intuía, habían sido destinados a la guerra que la Triple Alianza le declaró al Paraguay. Don Rosario tenía el casco de su estancia en lo que hoy es el Barrio El Trébol. Otro caso bélico, como fue la Revolución de 1890, involucró al  estanciero Vicondoa cuando una partida de soldados paró en su campo, carnearon novillos y “recibieron en donación” varios caballos, recibiendo a cambio como regalo dos fusiles en desuso que el buen hombre enterró, por las dudas, y que la familia rescató tiempo después en las tierras donde hoy se levantan las cárceles en Ezeiza.
El prestigio de José B. Zubiaurre, considerado decano de la actividad hípica y dueño de una exitosa cabaña, se basaba en la calidad de sus equinos, “lo mejorcito de las pistas argentinas”. El haras llevaba el nombre de Buenos Aires, en honor a uno de sus caballos. La Revista Fray Mocho contaba de su actividad, allá por 1915. En sus stud, franqueados por el camino que otrora recorriera la trocha angosta del Belgrano, y con frente a la hoy calle Santa Ángela, la tradición oral insiste en que cantó Carlos Gardel.
El Jockey Club consideró levantar un hipódromo en un predio cercano a los greens del Athletic Lomas Club. Se les ofrecía a los amantes del turf la posibilidad de jugar, calle Firpo por medio, a ese otro distinguido deporte inglés. Cuando las autoridades hípicas eligieron San Isidro como destino de sus proyectos, se remataron aquellas tierras y nació Villa Golf. Links, carrera y haras, todo cercano a la Parada Links, hoy Unión Ferroviaria.
La pasión por los caballos no ha menguado en nuestro distrito, sólo que las características rurales de antaño han sido relegadas paulatina pero inexorablemente, hacia un sur que se aleja. Sin embargo, en nuestras pujantes ciudades, un número significativo de ezeizences se resiste heroicamente a dejar de lado las costumbres tradicionales. Fue un vecino de Ezeiza, el embajador Eduardo Labougle, quien convocó a un Concurso de Ensayos sobre el tema “El gaucho y el llanero”. Su interés en la analogía cultural lo llevó a ser probablemente el primero en llamar la atención con este tipo de convocatoria, allá por octubre de 1925.
Mientras en Tristán Suárez supo vivir Cambiasso, afamado tabartalero, en Canning se han filmado documentales sobre el caballo criollo. Allí funcionó el haras que iniciara el Sr. Lorini y posteriormente fuera propiedad de la familia del Dr. Nobregas. Debemos recordar la existencia de Centros Tradicionalistas y que en Spegazzini se realiza un tradicional festival desde hace años. En el distrito hemos contado con afamados apadrinadores como Don Camilo Magistrelo, algunos domadores como Victoriano Carrizo, ya famoso resero en 1898. Mucha gente reconocida por su saber, pero sobre todo, muy sobre todo, personas que sienten un profundo amor por los caballos.

Juan Carlos Ramirez Leiva

1 comentario:

Anónimo dijo...

uAU O IIIIIIHHHHHH NO ME SALE COMO A UN ICO CUANTA INFO PROFE, SIGUIENDO LA TRADICION DE LA CONQUISTA QUE JUNTO CON EL PERRO FUERON LAS ARMAS DE GUERRA DE LOS ESPAÑOLES QUE HORRORIZÓ A LOS ORIUNDOS DE ESTAS TIERRAS.