miércoles, 26 de agosto de 2020

Actrices y actores en el Ezeiza temprano

Cuenta Amalia Albina De Maio, quien empezó a actuar en el colegio, que un día apareció por su casa Julián Sánchez Parra, quien siempre tuvo inquietudes artísticas, proponiendo: “¿Por qué no hacemos teatro vocacional?”. Primero empezaron con Pontoni y Juancito Barrionuevo, cuando ella tenía 14 años y su hermana unos 18. Empezamos en el club San Agustín y las obritas las escribía mi hermana, cuenta afirmando que a ella siempre le gustó escribir y hacían sketchs y cantaban, y que a la gente le gustaba. Recordaba que Julián Sánchez Parra apareció un día en su casa con Enrique “Quique” Mariani, Luisito Pérez, y Virgilio Boschian, y que empezaron con una obra escrita, actuada y dirigida por su hermana, llamada “La pequeña Rosita”. También hicieron “Las espuelas del diablo” de Juan Carlos Chiappe, la que representaron varias veces y a la que vino el autor. Hicieron “El granuja” y “Las nazarenas del desengaño” de González Pulido, y la última que representaron fue “Bendita seas” de Alberto Rodríguez. Actuaban en el club Ezeiza y también en el cine Tristán Suárez.
El maquillador se llamaba Adolfo Salina, quien después se dedicó a la fotonovela bajo el nombre de Carlos Casanque. Después las maquillo Carlitos Arévalo. Tenían un vestuario muy sencillo y siempre que hacían cuadros gauchescos, los muchachos conseguían bombachas, botas, rastras, lo que sea. Hacían los decorados, llevaban muebles de su casa, si había una escena que se recreaba un almuerzo o algo, los platos los llevaban de su casa.
Contó que en “La pequeña Rosita” figuraba una chica de campo humilde, que había estado siempre enamorada de un muchachito que quería ser médico y se venía a la Capital a estudiar; ella siempre lo espera y él al venir a la Capital, conoce otras mujeres. Rosita como ve que él no viene se anima a irse a la Capital a verlo a la pensión y cuando va se encuentra con una mujer que la recibe, y como sabe que ella es del campo, trata de lastimarla con palabras. Para que ella se sienta abochornada, le hace creer que el muchacho la olvidó, que no la quiere, pero no es así ya que al terminar la obra, Rosita se junta con su galancito, que se recibe de médico. El público se enojaba con la gente mala y gozaba cuando las cosas salían bien.
Cuando representaron “La Guitarra de Pancho Almada”, Julián Sánchez parra tenía un personaje recio, muy malo, ya que era el dueño de la estancia donde vivía Doña Rosina con sus hijos. Él pretendía a la hija de Doña Rosina, Mariana. Doña Rosina tenía a su hijo Marcos que estudiaba medicina y había criado a un muchachito que se llamaba Pilincho que era el cómico (lo hacía Mariani), y el hijo iba a estudiar a la Capital, “pero ¿Qué pasa? Marcos no estudiaba, le hacía creer a la madre que estudiaba, pero él se gastaba su dinero en juegos, libertinaje, pero no estudiaba. Pero la mamá le creía. Y el dueño del campo, don Ramón Acuña, pretendía a Mariana, pero Mariana estaba enamorada de un muchacho que se hacía llamar Pancho Almada, que hacia justicia. Y don Acuña no podía conseguir que esta chica lo quisiera, entonces, no encuentra mejor cosa que decirle que si no se casa con él, el desaloja a la familia. Entonces, la chica – la mártir- para que no desalojara a la madre del campo, acepta casarse con don Ramón Acuña. Pero viene Pancho Almada, la salva, pone a don Ramón Acuña, digamos, en su lugar. Entonces, ahí era la parte en donde aparecía Pancho Almada, y la gente fervorosamente, toda contenta. Y esa obra termina, que el día que se casa Mariana con Pancho Almada, vienen de la iglesia, vienen ya para hacer la fiesta y esta Marcos, en escena, que lo viene siguiendo un policía, que era Bustamante, entonces le dice: “¡Párate o te quemo!” Y él dice: “¡No, por favor acá no!, hoy se casa mi hermana”. Y en eso aparece doña Rosina, entonces le dice: “Marcos ¿Qué hace usted acá, usted no tenía que estar rindiendo un examen?”. Entonces ahí se descubre todo y ahí el policía le dice: “Éste nunca estudió, su hijo es esto, esto, esto y esto”. Y claro, la pobre vieja, con el disgusto de ver que su hijo siempre le mintió, sufre un paro cardíaco, cae y muere. Entonces, entran, se discute, vienen los recién casados y se encuentran con que la madre esta en el suelo. Bueno, la escena termina así, a él que se lo llevan preso y le dice: “¡Perdóneme mama, perdóneme!” Y la hija que llora a su madre muerta y Pilincho que dice unas palabras muy lindas, digamos acorde con lo que había pasado. Y la gente bueno...moqueando, y le digo la verdad, a lo mejor esta mal que yo lo diga, pero en realidad fue así, la gente aplaudía de pie y cuando salíamos a saludar, dos o tres veces, porque.... Gustaba mucho. Así que pienso que quedó como algo muy lindo”.
Esta es la historia del Cuadro Filodramático Juvenil. muchos los deben recordar. A fines de diciembre del ‘51 empezaron y se disolvió el primer cuadro en el ’55. Y después en el año ’55 hasta el ’56 trabajaron con el otro grupo que estaba integrado por Ricardo Rojo, Alberto Riffa, Luisito Vázquez y Juan Carlos Senas.

Juan Carlos Ramirez Leiva.
Síntesis del testimonio de Amalia Albina De Maio, publicado en Las vacas vuelan, de la Lic. Patricia Celia Faure.
Foto: De Maio actuando en el Club Ezeiza

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