lunes, 29 de junio de 2020

Siempre en domingo

Parados en la ochava, desplegamos un viejo plano porque es un lugar inspirador para encontrar algún aporte a nuestra historia. En letras rojas y grandes se lee "Remate los días 17 y 24 de marzo de 1935 en Tristán Suárez (Ferrocarril del Sud)".
Al mirar las calles que formaban el damero de los terrenos loteados y puestos a la venta, vemos que esas manzanas hoy son el centro de la ciudad -si lo consideramos por la proximidad con el publicitado tendido del ferrocarril y la ruta nacional 205-. Durante esos dos días se redefinió una vez más la geografía urbana y la población de esa zona.
"¡A Suárez! ¡A Suárez, que ya nos vamos!", anunciaba a los gritos un señor el domingo en Plaza Constitución. Y se hacía aunque lloviera. No se trataba de un guarda buscando pasajeros perdidos. Sólo intentaba captar a futuros clientes para los remates de lotes. En el mejor de los casos se les ofrecía boleto de ida y vuelta en tren, gratis. Al llegar a destino los esperaba una carpa bien ventilada por los costados; para los señores había habanos y vino carlón, para las señoras bizcochos de cremona.
Las firmas rematadoras parecen que eran de lo más democráticas, se codeaban Furst Zapiola y Cía. (fundada en 1908), Giménez Zapiola y Cía., y Rufino de Elizalde y Cía.; democráticas porque todas vendían a mensualidades. "Tierra alta, fértil y apta para cualquier clase de cultivo, aparente para el codiciado fin de semana, para establecer en ella la chacra, el vivero o la granja", Otro argumento que empleaban era la prosperidad y la autopista que vendrían de la mano del aeropuerto, sin olvidarse de los comercios importantes -el almacén de Gaddini en Tristán Suárez, el almacén de los hermanos Harguindeguy en Ezeiza, la Nueva Era de Cresmani en Canning- y los espacios asignados a la escuela, la plaza y el molinete para cruzar las vías.
Transitando hoy la urbanidad reconocemos marcas de esa época, como franjas geológicas, el ayer en el hoy. Vemos no solo la mano de aquellos rematadores y los vecinos que pagaron las 120 cuotas, también los que eran o son un tanto más poderosos; negocios inmobiliarios, usucapciones oportunamente detectadas, asentamientos electorales. Por citar sólo ejemplos de José María Ezeiza;: un mojón que suponemos resto de la venta de propiedad de Eduardo Labougle en la esquina de Balcarca y Provincias Unidas; una vereda ancha -no sabemos por qué- en Paso de la Patria al 100; una calle 9 de julio reducida-sorpresivamente - a media calzada al atravesar Tuyutí, ahí sí sabemos, la construcción esta a la vista; arterias de césped y no holladas por autos aún, como unas cuadras de Paunero; el cuadrado vacío de Goñi, que funciona como campito para el fútbol los fines de semana, sobre Perón, entre Ituzaingo y Balcarce; hermosos pasajes, como el de Angostura bordeado de casuarinas; las construcciones nuevas levantadas sobre bañados, como la manzana de las Luces, donde funcionan el Centro Educativo Complementario 502 y la Media 4. La fisonomía urbana se redefine continuamente por obra y gracia de sus propietarios y de sus pobladores, que no siempre son lo mismo.

Lic. Patricia Celia Faure.

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