viernes, 12 de junio de 2015

Garay en Ezeiza



La primera fundación de Buenos Aires  la había realizado el Adelantado Pedro de Mendoza, en los primeros días de febrero de 1536. El enclave no resistió el asedio de los querandíes y la corona decidió su despoblación en 1541. A Juan de Garay fue a quien se le encargó fundar una ciudad que estuviera ubicada estratégicamente: la confluencia de los grandes ríos y la salida al Atlántico necesaria para una mejor comunicación con la metrópolis. Para ello, partió de  Asunción el 9 de marzo de 1580.
Los españoles ya habían abierto asentamientos al sur de Lima (Asunción, Santiago, Tucumán, Santiago del Estero, Mendoza, Córdoba) y el descubrimiento de las minas de plata en Potosí hacía necesario el trazado de una ruta segura hasta la península. En 1561, Garay había participado de la fundación de Santa Cruz de la Sierra (actual Bolivia) y hacia el final de esa década se trasladó a Asunción, donde fue nombrado Alguacil Mayor de las Provincias del Plata. Desde esta ciudad partió en 1573 para crear un asentamiento a orillas del río Paraná: Santa Fe de la Veracruz. Para entonces, una ordenanza real de Felipe II establecía con precisión las características de las ciudades fundadas en las colonias españolas. Fue con esta normativa que, nuevamente desde Asunción, partió la expedición de Garay hacia el Río de la Plata.
Las embarcaciones del adelantado zarparon de Asunción con 64 colonos, 53 de ellos, según los registros, nacidos en América, en la futura Paraguay. El 29 de mayo llegaron a las aguas del Riachuelo y se instalaron en un primer campamento.  El sábado 11 de junio, por la mañana,  Garay fundó la ciudad con el nombre de Trinidad, en referencia al día en que fondearon en el Riachuelo, el domingo de la Santísima Trinidad en el calendario católico, dejando la denominación de Santa María de los Buenos Ayres para el puerto.
Garay eligió la actual Plaza de Mayo como lugar apropiado porque el terreno  resultaba amplio y elevado junto al río; instaló el fuerte y la plaza principal, y a su alrededor entregó terrenos para los fundadores y los religiosos.
El acta fundacional desapareció tempranamente, ya para 1707 se dejaba constancia de su inexistencia junto con el Libro de Fundación y los Acuerdos Capitulares 1580 -1605. Nuestro distrito rinde homenaje al fundador de la ciudad cuyo nombre original fue olvidado por el del puerto, con una calle que en J. M. Ezeiza nace en la Av. French al 800 y se extiende hasta la calle Chile.
Por Juan Carlos Ramirez Leiva

martes, 2 de junio de 2015

La tormenta



La tormenta que azotó la localidad de Tristán Suárez en la medianoche del 10 de enero del 2001, provocó grandes destrozos. Algunos sostuvieron que duro no más de diez minutos, pero para todos fue una eternidad. Ráfagas de viento de más de 120 kilómetros por hora dejaron un panorama desolador, con viviendas destrozadas, árboles caídos y partidos al medio, y por supuesto, voladuras de techos y chapas retorcidas. Esa trágica noche provocó la muerte de una mujer de 60 años, quien falleció de un paro cardíaco al ver aterrada, que el techo de su casa se volaba. No tan lejos de allí, en Carlos Spegazzini, se llevó la vida de una niña de cinco años, la hija de Fortunato Pacheco y Cecilia Publisi; su casa quedaba en Pringles entre Martín García y Jujuy y el árbol estaba ubicado a diez metros de la vivienda, pero cayó con una fuerza tal que desplomó la pared como si fuera de papel.
La fuerte tormenta comenzó pasada la medianoche  y convirtió al conurbano en una verdadera boca de lobo. A las 0.25, se quedaron sin energía 750.000 clientes de Edesur debido a la salida de servicio de líneas de alta tensión de 500 kw del Sistema Argentino de Interconexión (SADI). Además, un tanque que contenía diez mil litros de agua cayó por los fuertes vientos sobre fuentes de alimentación de dos centrales de la empresa Telefónica de Tristán Suárez. El saldo fue que unas 6500 líneas quedaron fuera de servicio en esa madrugada.
EP 19 "25 aniversario"
Pese a que la magnitud de los daños, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) definió el temporal como una "tormenta severa". Así lo dijo el licenciado Hugo Hordij, jefe del Centro de Análisis Climático del SMN: "Las dimensiones de los daños y la extensión del temporal hacen pensar que fue una gran tormenta severa, con vientos superiores a los 120 kilómetros por hora. No tenemos información precisa para decir que haya sido un tornado". Para hacer más clara su explicación graficó: “Es como un chorro de agua que choca contra el suelo y se desparrama horizontalmente”.
Fue un verano caluroso. La sensación térmica quebró el récord histórico ese enero del 2001, cuando llegó a los 44,9°. Los valores “promedios normales de temperatura máxima” en enero se ubican “en los 29,9°, aunque es habitual que se registren días con marcas térmicas por encima de los 32°”. La máxima de enero, desde 1906 cuando se inauguró el registro, se vivió en 1957 con 43.3°.
Ese 10 de enero de 2001, el fuerte e inesperado viento huracanado, voló los techos de tres aulas y deterioró la estructura de otras dos y del SUM de la hoy EscuelaPrimaria Nº 19. El inicio de las clases se postergó hasta mediados de abril, en tanto la DGCyE se ocupaba de la reconstrucción y reparación de los daños.
La empresa contratada, Dodero Construcciones, abandonó la obra sin terminar aduciendo falta de pagos, y recién en el 2002 continuaron las obras que se paralizaron hasta ese entonces. La crisis económica desatada entre 1998 y 2002 impacto en la educación como en el resto de las actividades. Esta situación imposibilitó satisfacer las demandas de vacantes de la Comunidad Educativa, debiéndolas derivar hacia las escuelas EGB Nº 16 Y 24.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva.

La escuelita verde



Dedicada a Don Carrizo.
La Escuela Nº 19 surgió de la necesidad de la Comunidad. La población del Barrio Vista Alegre de la Ciudad de Tristán Suárez crece y creció considerable y constante. Calles de barro sin alumbrados ni veredas, la escuela 2 (ex 4), la 14 o la 16, estaban lejos… la búsqueda de una solución imperaba y las acciones llegaron desde la voluntad de algunos comprometidos vecinos que iniciaron las gestiones en La Plata. Sus apellidos, no los tengo y quizás eso sea lo lindo, que las grandes obras sean el resultado de la Comunidad y no de héroes solitarios.
Las respuestas de la provincia comenzaron bajo la gobernación del Dr. Alejandro Armendáriz (1983-1987), quien dispuso la creación de más de 560 escuelas y jardines de infantes y remodelaciones de edificios que permitieron incrementar en 3.400 el número de aulas, y la designación de 24.000 docentes[1]. En lo que atiene a nuestro distrito, por entonces pertenecíamos a Esteban Echeverría, se firmó el Acta Resolutiva Nº 161/86 disponiéndose la creación de la Escuela Nº 57[2].
La aventura comenzó el 23 de febrero de 1990, cuando para albergar a los 497 niños que la inauguraron se instalaron en la esquina de las calles Saavedra y Los Manzanos, una construcción de mampostería para la pequeña cocina y los sanitarios, además de las 7 aulas modulares de fibra de vidrio de color esperanza. Nacía así, la leyenda de la “escuela verde”. Asumió transitoriamente la dirección la Sra. Cristina González, le siguió la Sra. Gladys Gil, y finalmente se designó a la Sra. Cristina Seoane como directora titular.
Llegamos a los tiempos en que el gobernador Eduardo Duhalde consiguió la aprobación del Fondo de Reparación Histórica del Cono Suburbano, y con esos fondos fue posible una amplísima obra pública. En el Barrio Vista Alegre, la matrícula siguió creciendo y en 1993 se construyeron dos aulas de mampostería y, aquí viene lo bueno, se iniciaron las obras del actual edificio terminado en 1995 en la manzana de enfrente, con entrada por Los Girasoles. El edificio contaba con diez aulas a los que hubo que sumarle otras dos y un nuevo pabellón sanitario en 1997, y un año después siguió ampliándose con otro nuevo salón de clases.
El inicio del Ciclo Lectivo 1996, contó con la presencia del Sr. Intendente Alejandro Granados, primer jefe comunal que se dio el nuevo Distrito Ezeiza, tras conseguirse la anhelada separación del Distrito Madre. También estuvieron presentes las autoridades del Consejo Escolar, el cuerpo de Inspectores, y toda la Comunidad Educativa.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

[1] http://www.diariodemocracia.com/notas/2012/7/29/. Visitado 22/05/2015.
[2] Expediente de creación Nº 580-00313512/85 y Expediente de construcción Nº 5848-137187-1

viernes, 1 de mayo de 2015

Eléctricos en el Roca



El 9 de noviembre de 1985 no fue un día cualquiera. O al menos así lo vivieron los habitantes del sur del Gran Buenos Aires que cada jornada, con silenciosa resignación, debían treparse a los ajetreados trenes de la línea Roca para trasladarse a sus diversas ocupaciones en Capital Federal y sus alrededores. Desde un par de décadas antes, producto de un crecimiento demográfico sin precedentes –y otros motivos de índole político-administrativas- la sección local del Roca se encontraba literalmente colapsada. Pero aquel día, y luego de cuatro años de intensos trabajos –y no pocas incomodidades para los ya maltratados pasajeros- el sueño se hacía realidad: a las 3.35 de la mañana, en el andén 2 de Plaza Constitución, el guarda hacía sonar enérgico su silbato y enseguida, tras cerrar las puertas automáticas (toda una novedad en el Roca), “el eléctrico” iniciaba su marcha con destino a Glew dando inicio a una etapa planificada a mediados del siglo XX pero concretada recién a principios de los años 80. Algunos minutos después (exactamente a la 3.52), otra formación partía con rumbo a Ezeiza inaugurando el servicio regular sobre el otro ramal de la primera etapa de concreción de una obra que prometía llegar a La Plata en poco tiempo más.
Huelga decir el cambio radical que aquel flamante servicio significó para la región. Los modernos trenes de origen japonés ofrecían un confort desconocido por aquellos años en nuestros ferrocarriles, y por ello no es extraño que fuera motivo de admiración. Admiración que se repetía en los comentarios de andén respecto a su aceleración y velocidad, que le permitían cumplir el recorrido a Glew en 40 minutos y a Ezeiza en 6 minutos más.

Por  Andrés J. Bilstein (Publicado en la web Portal de trenes)


miércoles, 29 de abril de 2015

Ángel Quique Palacios

    Quique Palacios, un multifacético deportista amateur, amigable, generoso, aún en plena competencia. En los albores de su vida, comenzó como muchos niños de su época, practicando futbol en los potreros del barrio “Vecinal” hasta intentar, junto con algunos amigos, llegar a jugar en un club “grande”, por lo que fue a “probarse” a Huracán. El hecho de tener que viajar periódicamente al club, sus escasos años, y además por otras circunstancias que su madre argumentaba, no pudo seguir con la meta propuesta, y por lo tanto sus sueños de futbolista se desvanecieron.
    Bernabé Palacios, de pié a la izquierda
    Años más tarde, ya en su juventud, todos esos sueños florecieron nuevamente, prestando todo su apoyo a su hermano Bernabé, casi cinco años más joven, a quien acompañó en todo momento a sus prácticas de fútbol, e incluso lo ayudaba a entrenarse en un campito cerca de su casa cuando no tenía un club donde hacerlo, y disfrutó de sus triunfos y hazañas futboleras. Mientras tanto, él practicaba otro deporte que también le apasionaba, el ciclismo, y con el fin de mejorar su físico, casi sin proponérselo, comenzó con otra actividad física: el físico culturismo. Alternando estas dos disciplinas atléticas, en vista del progreso y los triunfos que lograba cultivando y exhibiendo sus músculos en varios torneos a lo largo y a lo ancho de nuestro país, dejó de lado la bicicleta y ya en plena actividad físico culturista, llegó a consagrarse “Mister Argentina”, coronando así sus horas de esfuerzo y sacrificio.
    Quique y el Negro, de pié de izq. a der. 1975
    Un amigo y vecino, Horacio “el negro” Harguindegui, apasionado futbolista, lo tentó para hacerse cargo de la preparación física del plantel del por entonces equipo de “primera de aficionados”, el querido Sportivo Tristán Suárez, y allá fueron los dos, en pos de la hazaña, y revolucionando a propios y extraños, comenzaron a darle forma al plantel que a la postre lograra el campeonato y el tan preciado ascenso a la primera división “C”.
    Ruben Moreno
    Esa revolución en la forma de entrenar estaba dada por utilizar pesas y complementos, cuando todavía no era moneda corriente su uso e incluso era criticada esa práctica porque algunos creían que le quitaba al jugador elasticidad y movimiento. Esa irrupción de Quique en el fútbol le permitió continuar su carrera en otros clubes, consiguiendo otro campeonato en su inolvidable “Dock Sud”, para luego volver a Tristán Suárez, rompiendo con el mito de “nunca segundas partes fueron buenas”, y junto con el inolvidable Rubén Moreno, lograron el ascenso a primera división “B” metropolitana.

    Ängel Ataliva "Quique" Palacios (2015)
    Los caminos de la vida, tal vez el poco valor que le dan los dirigentes a quienes han dado mucho, lo llevaron a quedarse sin club para entrenar. Siempre activo, con sangre de deportista, vigente, y sin que los años fueran un impedimento, desempolvó su bicicleta, y comenzó el pedaleo que lo llevaría a competir, ya veterano, en muchos circuitos y caminos de nuestra patria. Su vitrina no tiene más lugar para los trofeos ganados… y Quique sigue pedaleando. Dijo alguna vez: “voy a pedalear hasta que me muera, para no morirme antes”.

    Publicada en facebook, en el muro de Jorge Pedro Pintos 

    Nota: Ángel Ataliva "Quique" Palacios, tiene hoy 73 años. Vecino de Ezeiza. El Diario Popular le hizo una justiciera nota publicada en http://www.diariopopular.com.ar/notas/138957-siempre-que-haya-que-poner-el-cuerpo-ahi-estara-palacios. las fotografías que acompañan fueron tomadas desde la red.
    El editor.

miércoles, 15 de abril de 2015

La milicia sanitaria de Eva Perón

En la Escuela de Enfermeras..... 
Tenían el día organizado "para cultivar el espíritu, la mente y las condiciones físicas". Se despertaban al alba, hacían gimnasia, se duchaban y tomaban clases teóricas. Incluían Anatomía, Fisiología y también Doctrina Peronista. Almorzaban "respondiendo a un régimen alimentario científico". Volvían a hacer deporte y se retiraban a limpiar su cuarto, "bajo el más estricto aseo", sus tres uniformes reglamentarios, y su alma: "antes del sueño reparador" debían realizar "un examen de conciencia, preguntándose qué han hecho para la felicidad de la comunidad y de la patria". No podían mentir. Estas eran algunas de las normas que cumplieron las mujeres, de entre 16 y 21 años, que se sumaron a la Escuela de Enfermeras de la Fundación Eva Perón. Esta verdadera milicia sanitaria fue creada a principios de 1948 y llegó a formar 858 enfermeras y 430 especialistas, cifra récord para la época. Pero el sueño dorado duró poco: con el golpe del '55, las persiguieron, les allanaron las casas y les quemaron hasta los uniformes. Su historia fue silenciada.
En su mayoría eran chicas humildes, a las que no les importaba nada más que "servir a su pueblo". Todo lo que pudieran hacer, para ellas, era poco, porque la escuela significaba "la dignidad, la vida". El rigor era lo de menos. Así lo recuerda María Luisa Fernández: "Abnegación, desinterés y amor, esa era la frase de Evita. Y nosotras lo vivíamos así, no se nos ocurría cuestionarlo".
Lo mismo cree Nilda Cabrera, egresada de la escuela en 1951: "En nuestras vidas no habíamos ido ni a La Salada -relató a este diario-. Era un sueño para nosotras. La primera vez que me subí a un avión fue para ir a Ecuador. Después a Perú. Y nos recibía el presidente del país".
Por eso se sentían elegidas, por conocer países latinoamericanos y europeos, príncipes y presidentes. Sentían que las habían transformado y, en definitiva, ese era el objetivo de la Escuela: formar "misioneras de paz", siempre "dentro de la norma disciplinaria". Así lo explicó Adelina Fiora, la primera regenta: "muchas venían de hogares muy humildes y desconocían por completo el sentido de la disciplina, indispensable para el estudio que emprendían. Se me ocurrió que una manera de enseñarles a organizarse era izar y arriar la bandera en el patio. Tal como hacen en la escuela primaria y secundaria." Y funcionó.
La idea tenía dos fuentes de inspiración muy concretas: el justicialismo, de raíz socialcristiana, y el proyecto del médico Ramón Carrillo para cambiar el mapa sanitario argentino. En 1945, por ejemplo, en la provincia de Jujuy, se morían 300 bebés de cada mil que nacían. Carrillo sostenía que debía formar a 20 mil enfermeras profesionales, para el cuidado de la población civil, pero también para la defensa nacional en casos extremos, como guerras y catástrofes. En su "Plan Analítico de Salud Pública" (1947) sostuvo que por medio de la medicina asistencial, la sanitaria y la social podía cambiarse la realidad.
Y el plan se puso en práctica. Hasta ese momento, la escuela de enfermería más conocida, tal vez, era la de la Cruz Roja Argentina. Para el peronismo, ninguna de las dos servía: eran del sistema capitalista. Bajo los parámetros de Eva y Carrillo, las alumnas debían tener otros principios: "No creen ofrecer limosnas, no entienden que van a regalar ayuda a los pobres: están regidas por el concepto justicialista, que constituye la base de la entidad central a la que pertenece. No esperan el llamado de los necesitados, se dedican organizadamente a buscar a quienes necesitan auxilio", detalla una publicación de 1949, de la propia escuela. Para las alumnas era sencillo: la Cruz Roja era para la aristocracia. "Era gente de dinero, de doble y de triple apellido. Se anotaban para casarse con un médico. Nosotras éramos el Pueblo, las grasitas", explica María Luisa. Grasitas o no, tenían que pasar exámenes, bolillero de por medio "Llegábamos re nerviosas", agrega.
El programa se considera de los más completos del momento: en primer año tenían Anatomía y Fisiología, Semiología (Médica), Higiene y Epidemiología General, Defensa Nacional, Historia de la Enfermería y Moral y Doctrina Peronista. En segundo: Enfermería Quirúrgica, Enfermería Clínica, Primeros Auxilios, Medicina Social y Doctrina Peronista. Y en tercero: Obstetricia y Ginecología, Infecciosas, Puericultura y Pediatría, Dietética y Arte Culinario, Neuropsiquiatría y Doctrina Peronista. Además, podían optar por estudiar un año más y recibirse como especialistas en Anestesia, Hemoterapia, Laboratorio y Asistencia Dental, entre otras. Resulta evidente que la única materia que se repetía año tras año era Doctrina Peronista. El objetivo era muy concreto, formar enfermeras, pero justicialistas: "la alumna es preparada para el civismo -remarcaban los escritos-, pues con la conquista de los derechos políticos de la mujer, adquiere gran importancia la capacitación de la juventud femenina en ese campo". Se buscaba revolucionar la enfermería y el país. Como consideraban que no había material de formación suficiente, la escuela contaba con un equipo auxiliar de taquígrafas. De esa manera, se tomaba nota de las clases, para preparar los apuntes que después repartían en forma gratuita. Igual que los uniformes (reglamentario interno, de labor y de gala) y que las habitaciones individuales para las que venían del interior y la comida.
"Todo era revolucionario -sostiene Nilda-. Nos enseñaban a manejar, motos, jeeps y ambulancias." Es que a su cargo tenían 200 motos, los jeeps blancos, equipados con carpas, camillas y botiquines y las varias "ambulancia-hospital", una suerte de motor-home, con diez camas en su interior y una cabina de operaciones. Contaban también con equipo para realizar transfusión y oxigenoterapia. Tenían, además, hasta perros amaestrados, que transportaban botiquines de aluminio.
 "La disciplina era una cosa que se nos inculcaba mucho -detalló Delia Maldonado-. La primera lección que se nos dio fue la de saludar siempre al paciente. Y preguntarle cómo se sentía. Jamás se prendían las luces de la sala ni se despertaba a los pacientes batiendo las manos o gritando."
Así se los había pedido la propia Evita, el 14 de septiembre de 1950, cuando la Escuela se incorporó a la Fundación Eva Perón. "En este acto le prometo al Presidente -sostuvo- que vamos a formar muchas enfermeras para ofrecerles a la patria, mujeres sacrificadas, capaces y dignas del pueblo argentino. Ustedes nunca podrán saber lo mucho que las quiero, nunca podrán comprender el profundo cariño que siente su presidenta hacia todas sus colaboradoras, nunca podrán comprender el amor entrañable y la satisfacción enorme que siento cuando veo una enfermera de la Fundación. Este afecto nace porque ustedes son artífices de esta gran obra, porque ponen no sólo el trabajo incansable sino el espíritu, porque colaboran conmigo para demostrar a nuestro presidente y al Pueblo  de lo que somos capaces las mujeres argentinas, cuando  amamos y trabajamos."
Los deseos de Evita se apagaron con su muerte. No pudo, como hubiera querido, verlas egresar, ni darles sus diplomas, aunque algunos llegó a firmarlos. "Ella nos creó, pero como enfermeras, no pudimos hacer nada -dice Nilda, quien todavía conserva el título con la rúbrica de Evita.

Tuvimos mucho dolor, lloramos mucho." Ese, tal vez, fue el prólogo de la tragedia: con el golpe del '55, las enfermeras fueron perseguidas, allanaron sus casas, quemaron sus uniformes, sus apuntes y hasta los legajos de los hospitales. "Se vivió todo el odio", resume María Luisa
Con la dedicación y el esmero que sólo el odio rumiado durante años puede dar, los militares llegaron, incluso, a quitar una placa de un monumento que homenajeaba a dos enfermeras. Todavía hoy se lo puede ver en la avenida Costanera. Al fijar la vista se ve a dos mujeres, como recortadas por las llamas, sobre las alas de un avión. Son Amanda Allen y Luisa Komel.
El 27 de septiembre de 1949, las enfermeras volvían en avión de Ecuador, adonde habían viajado para socorrer a las víctimas de un terremoto. Cuando estaban por llegar a la base de Morón, la máquina empezó a incendiarse. Dicen que, para ahogar el pánico,  cantaron "Los muchachos peronistas". Evita había querido recibirlos. Así lo recordó su hermana Erminda Duarte: "Querías ser la primera en darles la bienvenida. En abrazar a las abnegadas muchachas. Y de pronto la noticia: el avión había caído. El pueblo que te acompañaba permaneció en un silencio consternado. Y de pronto te sacudió un llanto sin consuelo."
La angustia por las cuatro muertes y los heridos fue tanta que decidieron homenajear a las enfermeras con el monumento que, incluso hoy, algunos creen que es por el accidente de LAPA. Pero no. Así como los golpistas prohibieron hasta la mención de Perón y el peronismo, sacaron la placa que recordaba a las "misioneras de la paz", al "cuerpo de samaritanas", a las mismas que con su relato empiezan a reconstruir esta historia. Silenciada, hasta hoy, por la intolerancia.
. "Ese día -agrega Nilda- empezamos a ver los aviones, los médicos corrían como locos. Yo trabajaba en el Policlínico San Martín, al rato empezaron a abrir puertas y se robaron todo: vajilla, nebulizadores, aparatos de presión. Todo. Fueron a mi casa, y mi mamá les tuvo que dar hasta las fotos. Pobrecita, estaba muy asustada."

Publicado en Tiempo Argentino; 25 de julio 2010.

jueves, 2 de abril de 2015

Jorge Arturo Lazzarini. Héroe en Malvinas

En enero de 1833, la poderosa flota inglesa desalojó por la fuerza a las autoridades argentinas legítimamente establecidas en el archipiélago. Desde aquel día Argentina no ha dejado de reclamarinternacionalmente la usurpación por todos los medios valederos, menos uno.
  La trágica decisión de la dictadura que se enseñoreó en nuestro país el 24 de marzo de 1976, declaró una guerra inconsulta y envió a una muerte absurda a cientos de nuestros jóvenes. Los alumnos de la E.S.B. Nº 14, propusieron esta entrevista colectiva para rendirle un justo y sentido homenaje a todos los Veteranos de Malvinas.

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Reportaje a un Veterano

-- Cuándo se enteró que iba a pelear en Malvinas
-- Estaba esperando que me dieran la baja del Servicio Militar cuando nos prepararon. No sabíamos dónde quedaban las Malvinas. Yo estaba en Curuzú Cuatiá, en Corrientes.
-- Adónde te mandaron
-- A una trinchera donde no teníamos descanso, andábamos todos con la ropa puesta todo el día. Dormíamos en la trinchera, adentro del barro. No podíamos salir. Ahí comíamos y hacíamos todo lo que teníamos que hacer. Por ahí me tocaba salir de patrulla. Bueno….si volvía, volvía. Y si no, mala suerte.
-- ¿Vos hacías patrulla?
-- Me tocó dos veces en helicóptero, lo peor que hay. También hice patrulla en camión; por ahí pisábamos una mina y volábamos también. Teníamos miedo. Ojo, yo tenía miedo también, no crean que era tan valiente. Primero no tenía miedo pero cuando cayó una bomba a 20 metros míos, sí. Mis compañeros eran tres soldados y un sargento; un compañero lloraba. Uno se mató. Siempre estará conmigo, siempre.
-- ¿Qué sentís en cada aniversario? ¿Recordas algo bueno?
-- Siento un gran orgullo. Lo único bueno es que el 25 de Mayo tomamos chocolate. Yo no sabía lo que era una guerra, nada más que en películas. Yo estuve cavando tumbas ¿Uds. saben lo que es enterrar a tus compañeros ahí? Un dolor muy feo. En la guerra no hay cosa buena.
-- Cuando regresaron a Buenos Aires ¿Qué pasó?
-- Los ingleses me tuvieron prisionero en un barco y recién en julio llegué a Buenos Aires y me escondieron porque no querían que habláramos. Estuvimos presos en Campo de Mayo. Cuando regresé a mi pueblo mi papá casi se desmayó porque no sabía que estaba vivo. Nunca recibieron mis cartas.
-- Tenías novia
-- Antes de ir a la guerra sí, pero se mató. María se ahorcó cuando se enteró que yo estaba en la guerra. Me enteré cuando regresé. Fue el peor momento de mi vida porque se ahorcó, me iba a casar con ella.
-- ¿Alguna vez te olvidas de Malvinas?
-- No. Es una parte mía. Muchos recuerdos tengo allá, mucha pena que ya no están mis compañeros. Yo casi dejo la vida allí.
-- Cómo fue tu vida después de la guerra
-- Por un tiempo andaba mal, hasta que fui al médico y me trataron. Tomaba pastillas hasta que más o menos puse en la balanza…viste. Estuve así diez años, más o menos. Cuando estamos mal de la cabeza, nos vamos solito para Campo de Mayo.

Reportaje colectivo de los alumnos de la E.S.B. Nº 14, del Barrio Vista Linda de Tristán Suárez.
Proyecto: Entrevistas a la Comunidad 2006
Responsable: Profesor Juan Carlos Ramírez

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  Cuqui, cuyo nombre real es Jorge Arturo Lazzarini y es uno de los héroes que combatieron en Malvinas, desde noviembre de 1983 se encuentra radicado en Tristán Suárez. Nació en Sauce, localidad cercana a Curuzú Cuatía, provincia de Corrientes, el 16/01/1962. De trato amable, accedió al diálogo propuesto por los alumnos a quiénes alentó a preguntar sin temor a que le causaren daño, ya que aseguró que lo peor lo había pasado durante la guerra. La nota se realizó en la E.S.B. Nº 14, en donde se desempeña como auxiliar, en el 2006. Fue publicada en diferentes medios

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domingo, 14 de septiembre de 2014

Discontinuidad

Por razones estrictamente personales no profesionales, esta página sufrió una discontinuidad en sus publicaciones y por un tiempo, esta situación no deseada se mantendrá. Sepan uds. disculpar.
A todos aquellos que me han acompañado, ya virtualmente, ya en el trato personal, les quedo sumamente agradecido por su calidez tan generosa.

Juan Carlos Ramirez

Editor