lunes, 4 de junio de 2012

Barrio Uno. Villa Olímpica

Don Ramón Teodoro Martínez (82) Gomero y bicicletero que viene adosado al paisaje de Barrio UNO. Todo educación, caballerosidad, galanura. Ciclista de corazón desde su juventud; competidor de carreras de ciclismo. Ama la ruta. Piñas grosas, memorables. Con su hermano Carlitos, formaban el uno dos. Cuenta que compite y organiza competencias desde 1950 “cuando se hicieron los juegos Panamericanos y los edificios grandes del Barrio eran la villa olímpica y se hospedaba toda la Delegación argentina. Era lo más lindo de Buenos Aires” asegura.
Correntino por nacimiento, devoto de Ceferino Namuncurá, emigró de su provincia natal en la década del ’40 y cayó en Ezeiza muy joven cuando la efervescencia del País, quiso acompañar a Perón en una obra incontrastable y magnífica. Es testigo presencial de los hechos de su época. Perón, Evita, Pistarini, Morillas y los primeros habitantes son en su lenguaje, habituales y cotidianos. En 1952 -1953 para el Día de la Patria se hacían jineteadas y fiestas camperas, en el predio que ocupó más tarde (1962) el viejo Mangrullo y al lugar lo llamaban “la villa olímpica”. Martínez da una semblanza y la cronista se explica la designación de “piletas olímpicas”.
 Los Juegos Panamericanos se realizaron en Argentina en Febrero de 1951 y por primera vez en América y según la historia y los datos de la época, Barrio Uno fue hospedaje de la delegación argentina que por única vez lideró el medallero al finalizar los juegos en los que compitieron más de dos mil atletas. Entre los deportes que participaron estaba el ciclismo, pasión eterna de Teodoro que lo arrastró para estos lares en aquella época y que hasta hoy practica sistemáticamente. Su próximo proyecto es Luján a setenta kilómetros para ejercitar los “ravioles” abdominales que a los 82 muestra sin vergüenza. Manos callosas, son rastros de inmensas gomas de camiones, y tractores que a lo largo de 60 años han tallado, pero que esconde debajo de los guantes recortados de badana cuando sale a correr. Los vientos de la Argentina esculpieron en su cara sin arrugas, la angulosidad de la sabiduría forjada en la experiencia. Creyente profundo de la familia y sus códigos, supo junto a Caty Balasteguy, formarla a su medida.

Por: Bini Peñuelas

jueves, 26 de abril de 2012

Albert Einstein en Ezeiza

El ingeniero Jorge Duclout nació en 1853 en Alsacia (Francia), y llegó a nuestro país en 1884 invitado por el matemático Valentín Balbín. Sus primeros trabajos fueron cartográficos, luego fue una especie de consultor en ingeniería y finalmente docente en escuelas de magisterio y profesor de la Facultad de Ingeniería de la UBA en 1887, en donde dictó el curso de Teoría de la Elasticidad hasta 1923. Duclout, autor de Los axiomas de la geometría (1922), fue el primero en dar una conferencia sobre teoría de la relatividad en Sudamérica, y participo en congresos mundiales de Matemática en Heidelberg (1904, único por latinoamérica), y en Cambridge (1912), como delegado argentino.
Por iniciativa de Duclout en 1922, la UBA invitó al premio Nobel Albert Einstein, a dictar 8 conferencias sobre la Teoría de la Relatividad. Einstein, ya en nuestro país, viajo a la ciudad de la Plata para inaugurar el año académico de 1925; realizo un viaje nocturno en tren a la ciudad de Córdoba y pidió que el regreso se hiciera en un viaje diurno para poder observar nuestras inmensidades. Un jueves 23 de abril de 1925 por la noche, dejó la ciudad de Buenos Aires y llegado a Alemania, pronosticó “un gran porvenir económico y cultural para Argentina”, en donde por vez primera realizó un vuelo en avión (sobrevolo Buenos Aires).

Durante su estadía fue huésped del empresario Bruno Wasserman, quien poseía una residencia en el Barrio de Belgrano, lugar en el que se alojó los días que estuvo en Buenos Aires, ciudad a la que considero cómoda pero aburrida, con gente cariñosa pero estereotipada y superficial. Los Wasserman eran propietarios además, de una residencia de descanso en Llavallol, adonde el físico realizó tres visitas en automóvil: domingo 05, miércoles 08, y domingo 19, todas en abril de 1925. El miércoles 8 de abril Einstein, quien había decidido adelantar el receso de Semana Santa de ese año, regresó a Lavallol en donde encontró un "hermoso clima, maravillosa quietud", como dejó anotado en su diario. La cabaña se encontraba en lo que a partir de 1897 fue La Victoria Convalescent Home, dependiente del Hospital Británico, solar que actualmente ocupa el Colegio La Medalla Milagrosa, en Moldes y Néstor de la Peña.
Fue allí en donde tuvo "una idea sobre una nueva teoría sobre la conexión entre la gravitación y el electromagnetismo". Parece que este hombre, de vestir sencillo y de gris, no perdía detalle de las tareas rurales y presenció cuando un coletazo vacuno le ensució el sobre cuello de goma que usaba sobre su camisa el mayordomo Pablo Decal. Vio con curiosidad como éste se lo sacaba, lavaba y tras secarlo, volvía a colocárselo, y tras la escena habría comentado: "Vea, a mí me dicen sabio y esto no lo sabía". Disfrutaba de los atardeceres desde el puente peatonal de la estación, en donde conversaba con el auxiliar Manuel Iglesias. Los recuerdos que se mantuvieron oralmente, registran que se trasladaba en un Ford a bigotes, un auto de alquiler, que conducía Agapito Otero, un remisero de aquellos días. Quizás desde el puente miraba hacia Ezeiza, más de una vez habrá coincidido su mirada con la de su ingeniero amigo, que vivía en La Valentina, y que también gustaba mirar hacia las estaciones, ya que así lo hacía desde una baldosa marcada con ese fin, hacia la estación de Monte Grande, ciudad en la que una calle lleva su nombre.
En esos días fue cuando Einstein visitó a Jorge Duclout, quien ya estaba afectado de una enfermedad terminal. Probablemente el encuentro fue en la residencia La Valentina, hoy en el Barrio 1 de Ezeiza. La amistad con Albert Einstein, 25 años menor que Duclout, quizás derivaría de que ambos estudiaron en la misma universidad, el Instituto Politécnico de Zürich. Duclout, no solo había estado de acuerdo con la creación del Partido de Esteban Echeverría, sino que contribuyó con la importante suma de cinco mil pesos. Considerado un hombre generoso con sus conocimientos, murió olvidado el 15 de febrero de 1929; quien debía dar un discurso de homenaje (el único), llegó cuando la ceremonia fúnebre ya había terminado.

Por: Juan Carlos Ramirez

jueves, 12 de abril de 2012

16 de julio de 1885

A mediados del siglo XIX nuestra región contaba con varios servicios de mensajerías y diligencias. En 1856 "Las Mensajerías Argentinas" era la más importante y en una de sus rutas unía Buenos Aires con Cañuelas, tres veces al mes. La demanda justificaba el paso de un ferrocarril y la gestión se inició en 1869; seis años después y atento a la posibilidad de realizar un negocio inmobiliario, el señor Ignacio Piñeiro obtuvo la aprobación para fundar el "Pueblo de las Naciones" en tierras donde hoy se levanta la actual Villa Golf. Al fracasar el proyecto de unir por ferrocarril Barracas con Cañuelas, la creación del nuevo pueblo no se concretó por falta de radicación de pobladores.
En 1884, finalmente se autorizó la construcción provincial de una línea que "partiendo de Barracas al Sud, empalme con la del Oeste que va a La Plata y sigue hasta el pueblo de Cañuelas". El 4 de julio de 1885, los nombres de las estaciones fueron oficializadas: "En la línea férrea a Cañuelas las estaciones se designarán con los nombres siguientes: Km. 2,500 'Santa Catalina', Km. 11,950 'Ezeiza', Km. 17,625 'Llavallol', Km 38,500 'Vicente Casares", Km. 43,525 'Cañuelas'." Finalmente, por la Circular Nº 89: "Se comunica a quienes corresponda que el día 16 del corriente tiene lugar la inauguración de la línea de Temperley a Cañuelas, la que será abierta al público el día 17".

Surgen los pueblos de Ezeiza y T. Suárez
La tradición nos dice que el tren llegó arrastrado por la locomotora 47, la primera construida en los talleres del ferrocarril Oeste y por tal, denominada "Primera Argentina". Eran las 9 de la mañana de un 16 de julio de 1885 excepcional; el calor del entusiasmo derrotaba el acostumbrado frío mañanero cuando el jefe de estación, el señor Bautista Barri, recibió a la formación en tanto su paso fue protegido por el guardabarreras señor Ignacio Abaneta. Al continuar su camino la formación cruzó por tierras de la Sra. Virginia Acosta de Suárez, parando en la estación Llavallol. Nuestros vecinos consideraron que ese día, a las 9.12 hs, se marcó el nacimiento de la población que luego fuera llamada Tristán Suárez y que como Ezeiza y tantos otros, jamás fue fundado oficialmente. Los ezeicences, prefirieron adoptar el criterio de que el pueblo “nació” cuando los pobladores pudieron viajar en los trenes, un día después, que allí se inició la vida pueblerina en Ezeiza.

Ezeiza, Suárez y el mundo.
Durante el recordado año, Luis Pasteur salvó al primer niño de ser muerto por la rabia, gracias a su vacuna; es el año en que Coca Cola comenzó a comercializarse como remedio para aliviar el dolor de cabeza; se publicó “La tierra purpúrea” de Hudson y “Sin rumbo”, de E. Cambaceres; se consideró concluida la Conquista del Desierto y se dictó la Ley de Premios para “premiar”a los que exterminaron a los indios. Se envió la primera partida de carnes enfriadas a Londres, se construyó la Escuela Petronila Rodríguez, hoy Palacio Sarmiento pero conocido popularmente por Palacio Pizzurno, que actualmente alberga el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología. Es el año en que nació Alicia Moreau de Justo, médica y militante socialista. Cerca de Plaza de Mayo, un comercio dedicado a botería y zapatería llamado “La beporteña” fue puesto de moda por las damas. Sin embargo, creemos que nada de esto fue registrado por la memoria colectiva, que si fue marcada a fuego cuando se inició la costumbre de ir a ver pasar el tren, que en esa misma tarde a las 16.30 hs., partía de Ezeiza rumbo a Temperley, cerrando tan importante jornada.

Por: Juan Carlos Ramirez

martes, 3 de abril de 2012

Helados Petra

Las vueltas de la vida hicieron que ahora haya abierto una hermosa heladería en la vistosa esquina de French y Echeverria, en Ezeiza. Allí mismo, donde niños con skipis marrones se arremolinaban en puntitas de pie para espiar los tachos de los helados que vendía la señora Petra Squiciato. Los sabores de la década del 50 eran menos sofisticados y de agua solo existía el de limón. Todos los cucuruchos y tacitas se comían (¿Starosta o Erevan?). Las cucharitas eran de madera con forma de palita como de jugar a la paleta pero, obviamente, más pequeñitas, si las chupabas mucho tenías un sabor a bosque en la lengua agarrotada de frío.
El comercio de Valentín y su esposa Petra contaba con dos entradas, recuerda la vecina Silvia Tissone: una por la esquina que daba hacia French para la heladería y otra puerta yendo hacia Echeverría para la fiambrería, y siguiendo en esa dirección estaba la casa particular de los propietarios.
Petra era la reina de la heladería. Hortensia Carrizo afirma que era divina de amable. Muy elegante, gordita pero bien formada. No tenía hijos pero su matrimonio transmitía alegría conyugal. La señora que hoy oficia de cajera la recuerda de labios bien rojos perfectamente maquillados.

Flor de helados
La fábrica de las delicias frías estaba ahí nomás a la vista en el local. La batidora a la izquierda, la heladera con las latas a la derecha. Las paletas revolvedoras eran un péndulo hipnotizador para el niño Juan Carlos Ramírez. Todos los veranos peregrinaba hasta la esquina gloriosa a comprar: crema americana y crema rusa son los sabores imborrables que han quedado grabados en su hemisferio izquierdo. El pote era como de tela y llegaría hecho hilachas, porque el niño pedaleaba de costado en la bici de adultos, raudo en la calle de tierra, llena de huellas, pozos, perros tarasconeadores, ligero cual saeta, apurado por comer la delicia fría y apremiado por la recomendación de la mamá que le percutía en el cerebro: ¡que no se derrita en el camino!. La estela helada era una huella caliente con rumbo a los fondos de Ezeiza para dar consuelo al hermano operado y en cama. El helado era la felicidad dulce y anhelada, largamente disfrutada en papila y recuerdo añorado.

Palito, bombón, helado
Piensa que te piensa. Recuerdos revueltos. Pero nada. No surge en las memorias activas consultadas la siguiente microempresa que fabricara helados en el pueblo de Ezeiza. Petra es un mojón en nuestra historia gastronómica. Dejamos la inquietud a los lectores. La historia es ancha y ajena dicen. Desde los chinos que lo inventaron hasta los italianos que lo impusieron en la meca occidental de la comida, los helados hicieron camino y aquí llegaron de la mano de un descendiente de la península con forma de bota, para no ser menos rigurosos con los valores históricos.
Lo que surge fresco es la changa de los jóvenes forzudos que se animaban a trillar el pueblo con la mochila vendiendo helados. El concesionario atendía en el quiosco del Papi Agnelli, French al 300. La provista consistía en la heladera de telgopor, el hielo seco y la mercadería rigurosamente contabilizada. Los derroteros los marcaban los mercados vírgenes: Villa Golf, las quintas, los hornos de ladrillos y, en general, los fondos (serían los barrios más alejados de la ruta y las vías del tren). El éxito del emprendimiento dependía del aguante de hombros del miniempresario en ciernes. No siendo Petra y el Kibón, según Hugo Rottoli, no había más heladerías en la zona, de modo que era un rebusque apreciado y gratificante. El alivio frío y felíz venía dulcemente contenido, ¿ahí sí?, en una tacita.

Por:Lic. Patricia Faure.

sábado, 31 de marzo de 2012

El caminito hacia la estación

Huellas que no se borran. Dedicada al vecino Félix Dragone

La entrada databa de cuando la hacienda en pie viajaba en vagones jaulas, por eso había corrales en lo que hoy es el Parque Central de Ezeiza. Entonces se olía a bosta, hoy se huelen otras hierbas procesadas por humanos. Y por que las vacas eran gordas y muchas, la puerta era grande, era una tranquera. Ahí nomás los molinetes permitían el paso de la gente y un piso enrejado con vías impedía pasar las pezuñas del ganado que anduviera con ganas de escaparse.
Lo que durante mucho tiempo se viviera como un camino de las cabras tenia su entrada puntiaguda por la tranquera del campo del ferrocarril, cuando la calle Lavalle desembocaba en República. Decimos puntiaguda porque las piedras que lo adoquinaban eran de las que se ponen entre los rieles que sujetan las vías y pinchaban las suelas de los calzados de lo lindo. Con una mano en el corazón: ¿quién no compró terreno en ese sendero?. Siempre fue comodísimo en su incomodidad para acceder a la estación de trenes de Ezeiza. A fuer de carpido por tanto paso de gente, se disolvía en barro cuando llovía, entonces, más o menos felices, patinábamos. La primer curva era a la altura de la morera (hoy la pobre es un banquito) y la segunda rectita final la tomábamos a la derecha, a la altura del ombú, que hoy esta duplicado.
Hoy República es Presidente Perón, para dar el gusto de desorientar a los empleados que entregan correspondencia. Hasta la altura de las casas han cambiado. Al camino trillado por los viajeros rumbo al tren, el pasado 8 de diciembre, lo bautizaron sin ser bebé y le pusieron de nombre Pasaje de la Virgen, bendiciendo la voluntad de los vecinos que siempre lo incluyen en su itinerario para llegar a la estación más rápido. No ha habido empresa privatizadora del ferrocarril que no haya querido domesticar a la vecindad, pero siempre han sido derrotadas: levantando la pata, reboleando el bolso, trastabillando, embarrándose, resbalándose, colgándose de los alambres, agarrándose como sea, haciendo sietes a las pilchas, los vecinos seguimos transitando por los huecos que abre la constancia de la costumbre: si no es un alambre cortado, es un hueco abierto… al progreso civilizado. Quieren enseñarnos como conducirnos pero no aprendemos. Ante tanto empeño, seria bueno que las autoridades correspondientes tomaran nota y ejemplo de los japoneses: ellos diseñan sus paseos públicos teniendo en cuenta los senderos que usa previamente la gente que transita habitualmente por ese lugar. No tratan de imponer un uso sin contemplar la necesidad de las personas. Algo de eso se tuvo en cuenta en los nuevos caminitos de la plaza Belgrano. Y ya que hablamos de la vieja plaza, que fue construída por los vecinos en la década de 1950, los vecinos nucleados en la Asociación Amigos de Ezeiza. Como la memoria nos conmueve y la fuerza de los ejemplos que nos brinda la historia es nuestro incentivo, aún estamos esperando ilusionados aunque sea el blanqueo del busto del creador de la Bandera, el 20 de junio pasó sin pena ni gloria por allí. Lo mismo para el Santo de la Espada que no tuvo ni su 17 de agosto. Se aprovechan de su santidad. Eso sí: no los vemos tomando una cerveza, preferimos imaginarlos haciendo trote en la pista de la salud cada mañana tempranito.

Por: Lic.Patricia Faure.

jueves, 29 de marzo de 2012

Ezeiza y sus mujeres

En la toponimia local tenemos unos cuantos barrios con nombre de mujer: Santa Marta, La Celia, Villa Guillermina… Eso sí, las ciudades tienen nombre de hombre: José, George, Carlos, Tristán… Entonces aprovechemos el día para poner en la conversación a algunas muchachas. La historia y la geografía son femeninas.

Nomolvides
Doña Josefa Guevara de Acosta y Virginia Acosta no pudieron eludir su destino de herederas. Como un abordaje la historia se explica desde el uso y la propiedad de la tierra, ellas legalmente así lo fueron, abuela y nieta, de buena parte de los terrenos que hoy constituyen el distrito Ezeiza. Josefa llegó a figurar en alguna mensura y ocupó su espacio en la cartografía identificatoria. Tuvo la suerte de no ser solamente la viuda de o la testamentaria de. A Virginia no le fue así, su esposo Tristán Suárez sí se sacó la lotería casándose con ella. Sino fíjense quién sabe de ella y quién sabe de él, a pesar de los grandes desvelos que se realizan desde el Museo local para reivindicar su memoria. Sólo conocemos de ella que tuvo dos hermanas que fallecieron en las epidemias de fiebre amarilla de mediados del siglo XIX y que su cara se ve muy triste en las fotos. Su mamá, Virginia Claros, enfrentó unos cuantos desvelos hasta sanear y ordenar legalmente lo que fue su herencia.

Vacas en topless

Refiriéndose a una señora que vivió desde fines del siglo XIX en zona rural, dedicada toda su familia a la ganadería lechera donde el actual aeropuerto, Nélida Garayar de Azcoitía recordaba: Mi abuela María Martina Ormat de De Vicondoa era muy coqueta, se iba a pasear a la Capital, tenía peluca. Salía así nomás vestidita porque el marido no quería que saliera: que esto, que lo otro, ¡era terrible! y las amistades de ella eran la familia Goñi. Y el cochero la llevaba allí y ahí se empilchaba, se arreglaba y se iba a la Capital a pasar el día… y cuando llegaba la noche, de vuelta iba ahí (a la casa de la familia cómplice), se sacaba las ropitas y se ponía las que había llevado del campo y el cochero la llevaba y se presentaba con esas ropitas de vuelta.
Delia y Josefa Goñi recordaban sobre la misma buena vecina, a la que le decían “la de los sombreros”, corroborando con su accesorio el toque característico de la elegancia y el recato: Todos los domingos estaba acá. Si mamá tenía familia ya estaba acá, venía con una yunta de gallinas para que tomara el caldo (risas). Antes se le adjudicaba la capacidad de incrementar la cantidad de leche a las madres.

Bendita tú eres

Nos gusta tender puentes y continuidades entre el ayer y el hoy. Sin desmerecer a nadie…¿Qué sería la biblioteca de Spegazzini sin América? ¿Qué seria la Cámara de Comercio de Ezeiza sin Paola? ¿Qué sería el Museo de Tristán Suárez sin Claudia? ¿Qué sería la escuela 9 de Canning sin Martha? ¿Qué sería la biblioteca Sarmiento sin Ilbia y Marta? ¿Que sería de Acento Poético sin María Inés? ¿Qué sería de los perritos sin Blanca? ¿Qué sería del homenaje a los que nos precedieron sin Ana?¿Qué sería de las mascotas del barrio sin Negrita?. Hasta las podemos nombrar sin apellido porque no hace falta para reconocerlas en su valentía y perseverancia cotidiana, porque se las identifica por su honesta labor. Nuestro reconocimiento a las mujeres que en actitud equivalente construyeron y construyen la diferencia en las distintas localidades y barrios adonde llega esta publicación.

Por Lic. Patricia Faure

martes, 21 de febrero de 2012

Nicanor Ezeyza

Curiosidades.
Leyendo en internet me llamó la atención un texto titulado : 'LOS SORPRENDENTES CAMINOS DE LA POSTERIDAD', investigación histórica realizada en el distrito de Ezeiza. En ella cuentan como personas con menos méritos acceden al bronce y a la posteridad que los que han hecho grandes luchas o despliegues de altuismo. En síntesis 'otro Ezeiza', por 'casualidad' tiene un municipio que lleva su nombre... pero 'por fortuna y obra de Dios', el Ezeyza generoso nos tocó a los marchiquitenses... ¡ Grande Don Nicanor! . Ver http://ezeizaysuhistoria.blogspot.com/
Igualmente, es de señalar lo interesante del sitio que es editado por LA JUNTA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DEL DISTRITO DE EZEIZA.
¿Estaria bueno que Mar Chiquita tenga ese tipo de investigación histórica, no?--- Queda la propuesta, a ver si alguien recoge el guante.

Nota:
Un visitante nos advirtó de este comentario en http://marchiquita-online.es.tl
Agradecemos lo que nos toca.


El editor

sábado, 4 de febrero de 2012

Manuel Dorrego en Nazareno y en Ezeiza

Nació en Buenos Aires el 11 de junio de 1787, hijo del portugués José Antonio Dorrego y de la porteña María de la Asunción Salas. Estudios en el Colegio de San Carlos, siguiendo la carrera de jurisprudencia en Chile. Comprometido desde muy joven, ayudó a escapar a su primo Salvador Cornet, implicado en la sedición contra Liniers.
Fue en Santiago en donde se enteró de los sucesos de mayo de 1810, proceso que repercute en Chile el 18 de setiembre del mismo año. Dorrego tomó parte activa, mereciendo una medalla con la leyenda "Chile, a su primer defensor". El 1 de abril del año siguiente estalló una contrarrevolución dirigida por el coronel español Figueroa, reprimida exitosamente por Dorrego, lo que le valió que le concedieran un escudo con el texto "Yo salvé la patria" y los nombramientos de Benemérito y capitán del de Granaderos.
Regresó a Buenos Aires en junio de 1811, coincidiendo con la noticia del desastre de Huaqui. Su prestigio impulsó a Saavedra a llevarlo en su comisión al Norte, junto con Warnes, Regalado de la Plaza, Oyuela, Martínez y Echeverría. En agosto de 1811 fue promovido al grado de capitán debiendo servir en la división de Díaz Vélez.
Tras la retirada por la derrota en Guaqui, Juan Martín de Pueyredón, comisiono al mayor general Eustoquio Díaz Vélez, para enfrentar al realista Francisco Picoaga. El avance hizo que Picoaga se retirara hasta Tupiza, y luego del Combate de Sansana, Díaz Vélez lo persigue hasta la margen sur del río Suipacha, intercambiándose descargas de artillería a través del río. Después de negociaciones frustradas, el 11 de enero de 1812 Díaz Vélez envió a Manuel Dorrego con 100 hombres a copar el pueblo de Nazareno, ubicado en la quebrada del mismo nombre.
El combate
El 12 de enero Díaz Vélez ordenó vadear el río, con el apoyo de la artillería, produciéndose el Combate de Nazareno. Las fuerzas patriotas fueron divididas en 3 columnas de ataque y una de reserva, pero cuando parte de la caballería cruzaba el río Suipacha, se produjo una repentina creciente del mismo dejando aisladas a las tropas al mando de Dorrego que lo habían ya cruzado, sin que pudiera pasar la infantería y el resto de la caballería. Los realistas, que se habían dispersado, se rehicieron y derrotaron a Dorrego, quien fue herido en la garganta. Por estas acciones Dorrego fue ascendido a teniente coronel.
En Sansana, a cuatro leguas de Pumaguasí, Dorrego sólo había perdido tres hombres mientras los españoles tuvieron catorce bajas, dos heridos graves y seis prisioneros. En el combate de Nazareno fue herido en el brazo derecho y en un pie, y al atravesar el río Suipacha, al día siguiente, recibió un balazo en el cuello. "Su resuelta bravura ha admirado nuestras tropas y aterrando al enemigo", manifestó en su parte el general Díaz Vélez, mientras Pueyrredón dijo: "Don Manuel Dorrego ha servido en la Vanguardia de este Ejército sin sueldo ni gratificación alguna, y su valor lo ha distinguido de un modo singular, mereciendo la confianza del general de la Vanguardia para emplearlo en las acciones de mayor riesgo".
Manuel Críspulo Bernabé Dorrego Salas, tenía en ese entonces, 24 años.
El payador uruguayo José Silvio Curbelo lo recuerda así:
Argentino, Americano
En la idea y en los hechos
Impulsivo y corajudo
En los embates guerreros
Recibió sendas heridas
En Sansana y Nazareno
Y le pidió a sus soldados
Para seguir combatiendo
Lo alzaran sobre el caballo
Así fue Manuel Dorrego

Dorrego en Ezeiza

En el Distrito Ezeiza hay dos calles que llevan su nombre. En Altos de Tristán Suárez, la calle Dorrego se extiende entre José Porqueras y Concepción; la calle que nace del otro lado de Porqueras se llama Gregorio de Lamadrid, el general unitario, el camarada al que Dorrego le confió las cartas que escribiera momentos antes de ser asesinado por orden del general cancerbero Lavalle. En la ciudad de José María Ezeiza, se honró a Manuel Dorrego dándole su nombre a la calle que nace a la altura de French al 900, la que esta asocia nada menos que al de Independencia, nombre de la calle que nace del otro lado de la mencionada avenida.
Monumento a Manuel Dorrego en la. C.A. de Buenos Aires, emplazado en la esquina de las calles Viamonte y Suipacha, realizado por Rogelio Yrurtia e inaugurado en 1926.

Por: Juan Carlos Ramirez

lunes, 9 de enero de 2012

Biblioteca Pública Alfonsina Storni, de Ezeiza

Le damos una calurosa bienvenida a este blogs. Ezeiza crece en servicios y voluntades.Alineación al centro
http://www.bibliotecastorni.blogspot.com/

Junta de Estudios Histórios del Distrito Ezeiza

Alfredo Lazzari: pintor de lo fugitivo

Lo hacemos caminando despacito buscando no espantar a la liebre huidiza o la miedosa perdiz. Pegados los abrojos en las bocamangas de los pantalones de tanto atravesar campo.
Pero también lo hacemos apurado por llegar a horario a la estación de trenes para no perder el que lo llevaba de vuelta a su casa. Trabajaba como los impresionistas, al aire libre, y luego algún retoque en el atelier, pero el momento de éxtasis se manifestaba pisando pasto escoltado con los horneros meta gritos pidiendo lluvia y el cortejo mugiente de vacas mansas. Nos conmovió el soporte que empleaba para sus obras: las tapas de las cajas de cigarros, unas maderitas de rectangulares, las posicionaba apaisadamente y allí era donde Lazzari acostaba a la pampa y los suburbios de los suburbios de, por ejemplo, Lanús o Ezeiza, donde había más teros que suburbios. El portoncito de alambre, el cielo nublado y desde allí, el sol bajado a la tierra y puesto en la madera de una carretilla de madera amarillenta de vieja. El punto de fuga apuntando a las nubes pomponas, flotantes para no pincharse en el alambrado de púa medio caído, medio torcido.
Alfredo Lazzari fue el pintor de lo fugitivo, de lo que huye porque lo están persiguiendo, de lo que se busca atrapar entre los pelos del pincel. Algo de eso nos motivó a recuperar en letras y recuerdos una serie de casas o solares que consideramos importantes. Por el poblamiento nuevo de la zona, estas construcciones son o eran parte de nuestra identidad, anclan con su presencia (o su ausencia) y contribuyen a que no se dispersen o diluyan en anónimos escombros de corralón. Algún portón recibirá a sus habitantes en otra casa, las paredes se venderán como cascote o rellenarán una cava del CEAMSE con vivencias, modos de vida, trayectorias, emprendimientos encausados por quienes nos precedieron.
Como los gendarmes, Lazzari se apostaba en las fronteras. Pintaba en los límites de la urbanidad: por un lado mostró el río de la Plata, el límite marrón (en una etapa menos sucia porque vemos vaquitas abrevando a su orilla). Y el margen verde de los campos, allí estaba incluida Ezeiza, como paisaje. La caja de pinturas era un ángulo de prueba para los pinceles y la tapa interna un atril donde complacerse meditando el próximo trazo.

Alfredo en los libros
“O celebramos a Alfredo Lazzari (1871-1949), maestro de buenos pintores boquenses- Fortunato Lacámera, Quinquela Martín, Camilo Mandelli, Arturo Maresca-. Su pintura se define por “un realismo con fuertes inclinaciones impresionistas, sòlidamente apoyado en la tradición de los “macchiaioli”(¡los manchistas del 1850!) y los coloristas de la escuela de Posilipo”.(Julio Payró). Este artista trajo de Italia (Lucca) la noble lección plenairista e hizo una pintura de trazos rápidos, manchas y toques de fruición pictórica al captar la luz y el color en el breve espacio de sus cuadros de íntima resonancia. Rodríguez ha dicho bien, en la monografía dedicada a ese pintor, que “en ese periodo de los iniciales fundadores que llega hasta la aparición de los impresionistas debemos ubicar, con toda justicia, a Alfredo Lazzari, verdadero pionero- junto con Decoroso Bonifanti y Malharro y Brughetti..” según consigna en su historia del artes argentino Romualdo Brughetti.
Del catálogo de la retrospectiva que se realizara en el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco el año 2006 (un italiano en el museo españolísimo, una representativa simbología de una de nuestras identidades) leemos: “las obras del periodo 1897/1900 integrado por paisajes suburbanos, urbanos y portuarios revelan tempranamente la nueva mirada que representaba su arte. La escuela de arte de La Boca fundada por Alfredo Lazzari fue el fruto de la gran fantasía colectiva que en torno al espejo del Riachuelo desarrolló esa comunidad inmigrante buscando replicar idealmente en el nuevo solar su perdido terruño”.
“En las diminutas tablillas (soportes de cajas de cigarrillos particularmente) y cartones que utilizaba con preferencia, consiguió realizar esas encendidas impresiones que indujeron a Julio Payró a bautizarlo maestro del “tout petit”.

Alfredo en Ezeiza
Armida Lazzari de Catani es el nombre de una piadosa vecina que se lee en uno de los bancos largos de la Parroquia Nuestra Señora del Valle, en J. M.Ezeiza. La familia lo donó en su memoria. Era la mamá de la señora Armida Argira Catani, generosa vecina que fue quien nos proporcionó el dato de las visitas de Alfredo Lazzari por Ezeiza en su búsqueda de luz y paisajes para pintar.
Imaginemos la jornada: comería algo en lo de Goñi (ex Toc Toc) que entonces se llamaba Almacén El recreo.y que publicitaba sus Comestibles y bebidas. Especialidad en conservas y vinos finos. Extrangeros y del País. Servicio de Carruajes.
Esperaría el tren puntual al estilo de los ingleses, esquivando en el andén las lluvias de pajaritos que iban a guarecerse en los tejados. El humo de la máquina ferroviaria fumadora le soplaría las polainas llenas de flechitas de los yuyos, subiría a primera o a tercera, el asiento duro o blando de acuerdo a la clase de boleto y servicio, la ventanilla con funcionamiento parpadeante y el sol que le daría en la cara, o la ventanilla sin cerrar y el frío que le chiflaría en el cuello del gabán y le volaría el sombrero aludo, sombrero bueno para campiña y malo para el compañero de asiento.

Lic. Patricia Faure.

lunes, 2 de enero de 2012

Víctor Oscar García Costa

Escritor, periodista, historiador, coleccionista y bibliófilo. Nació el 20 de setiembre de 1932 en el barrio de Monserrat, Buenos Aires, Argentina.
Fue secretario del Dr. Carlos Sánchez Viamonte desde comienzos de la década del ’50 hasta 1965. Contribuyó al ordenamiento de varios libros del Dr. Sánchez Viamonte, entre ellos Las Instituciones Políticas en la Historia Universal, desde los Orígenes hasta la República Democrática de Nuestro tiempo, de lo que dejó constancia el autor.
Afiliado al Partido Socialista desde 1950, comenzó a activar públicamente en 1955 en el Centro Socialista Enrique del Valle Iberlucea, después en el Partido Socialista Argentino, luego Partido Socialista Popular, el que ocupó diversos cargos. Entre 1965 y 1966, fue Concejal de la Ciudad de Buenos Aires en representación del Partido Socialista Argentino.
Como periodista ha colaborado y/o colabora, entre otros medios, con "La Vanguardia", "Propósitos", "Panorama", "Primera Plana", "Todo es Historia", "La Opinión", "La Voz del Interior" (Córdoba), "La Prensa", “La Palabra de Ezeiza”, y "La Nación". Fundador y director de "El Tero", "El Tábano", y la Revista "La Mesa de los Jueves"
Entre otros libros, es autor de: La Revolucion de Mayo. Una revelación documental, con prólogo de C.S. Viamonte; Alfredo L. Palacios y su defensa de la argentinidad, Universidad y socialismo; Alfredo L. Palacios, Un socialismo argentino y para la Argentina; La fundación del partido socialista; y, Alfredo L. Palacios, entre el clavel y la espada.
En el marco del 30º Aniversario de la Biblioteca Pública Alfonsina Storni de Ezeiza en junio 2011, fue entrevistado por José María Marcos —director de La Palabra de Ezeiza y presidente de la comisión Biblioteca—, en una charla titulada “Periodismo y Política”.
Victor García Costa, vecino histórico residente en El Trebol, habló de sus inicios y evocó figuras de la historia entre otros temas. Lo siguiente es una síntesis
¿Cómo nace tu vocación?
—Tenía 9 años cuando apareció mi primera publicación. Era un artículo que se llamaba “Un pobre pajarito”. Salió en una revista que tenía otro chico como yo, dos años mayor: Sigfrido Samet (1928), hijo de uno de los primeros editores de autores argentinos. Antes, los escritores argentinos publicaban en España, en Valencia específicamente. Acá no hubo editores hasta que Manuel Gleizer, Jacobo Samet y Samuel Glusberg, cada uno con su librería, comenzaron a editar a autores que después fueron famosos, como Leopoldo Marechal (1900-1970). Sigfrido (hijo de Jacobo) editaba una revista, Pulgarcito, que después pasó a llamarse Fulanito, porque alguien cuestionó el uso del primer nombre, pues era el título de un cuento. Seguí escribiendo, publiqué en la revista del secundario, me fui formando y mucho después llegó mi primer libro, La Revolución de Mayo, una revelación documental (1963), con prólogo de Carlos Sánchez Viamonte. Sin duda, mi principal vocación ha sido y es el periodismo.
—¿Te consideras principalmente periodista?
—Sí, porque he publicado y sigo publicando en periódicos de Argentina y de distintas partes del mundo. Me interesan los acontecimientos actuales, y frente a ellos, me gusta hacer un análisis y darles un marco crítico para su comprensión. El periodismo es central en mi vida, más allá de que publico libros cuando el tema me interesa y lo desarrollo en una extensión mayor. La mayoría de mis libros nacieron de un artículo periodístico inicial, como mi libro Alfredo Palacios, entre el clavel y la espada, que fue reeditado por Planeta este año. Éste, a su vez, posee tres antecedentes: Alfredo Palacios, Alfredo Palacios, un socialismo argentino y para la Argentina (en dos tomos) y La tesis de Palacios. La miseria en la República Argentina.

Año Viejo 2011

Durante el 2011 hemos recibido pedidos de todo tipo, desde la posibilidad de brindar informaciones risueñas, como la siguiente:
“Quisiera saber si me pueden conectar con Miriam Mariani, creo q vive en Ezeiza y quiero tratar de localizarla porq la promocion 1973 del colegio Naciones Unidas de Monte Grande,os han busca reunirse para recordar aquellas epocas.”
Sin faltar aquellos que pretenden que decodifiquemos el texto y nos involucremos en la realización de sus deberes como estudiantes secundarios e inclusos universitarios.
"Hola soy lorena , estoy relaizando un trabajo de investigacion del hogar suela y necitaria sber si me pueden sumnistrar informacion sobre el mismo.”
O….
"Buenas..Mi nombre es Gabriela, soy vecina de Canning y entré de casualidad al blog y me interesó lo que se publica.Soy profesora de Historia y casi graduada de Prof de geografía, me encuentro realizando mi tesis geográfica y el tema que elegí es justamente la llegada de los countrys a mi localidad y quisiera saber si usted me podría facilitar información para completar mi trabajo. Desde ya muchas gracias.”
No faltaron inquietudes de periodistas de medios nacionales como Clarín, La Nación (pensar que nosotros investigamos en sus archivos para producir nuestras notas), o de medios digitales, sobre temas que aun estamos investigando, como por ejemplo:
Quería saber si tienen algún tipo de información sobre los edificios abandonados en el predio lindero al Club de Golf Cabeza de Caballo, sobre la autopista Ezeiza-Cañuelas, a metros del peaje. Según los vecinos, es una cárcel o pabellón para menores que quedó a medio construir desde hace 30 años. Generalmente, se lo conoce como el "loquero de Ezeiza". Cualquier información que puedan llegar a tener o contacto con alguien que sepa del tema se los voy a agradecer. Un abrazo”.
Algunos nos han considerado como los encargados de brindar un servicio de delivery, quizás pensando en que pertenecemos al área de cultura de la municipalidad de Ezeiza. Quizás debemos enfatizar, una vez más, que las publicaciones de la Junta de Estudios Históricos del Distrito Ezeiza, es el resultado de la labor desinteresada de vecinos, con recursos propios, y cuyos aportes no fueron nunca declarados siquiera, de interés municipal, por lo que hay temas que nos exceden....
“Hola, me dirijo a usted con el fin de juntar más información acerca del distrito y ciudad de Ezeiza. Soy alumna de la carrera de Arquitectura, de la Universidad Nacional del Litoral y estoy realizando, junto a otros compañeros un trabajo practico sobre la obra del Municipio de Ezeiza proyectada por el estudio M.SG.S.S.S.. Nos interesaba saber como la obra juega con la ciudad, si los habitantes se apropiaron de los espacios publico que la obra plantea y demás información que nos puedan enviar. El estudio que la proyecta dice plantear una obra que dialoga con el barrio y la ciudad tanto por escala y materialidad... ¿los habitantes lo sienten así? ¿cuál es la identidad de la ciudad que el edifico dice respetar? ¿El edificio concentra sólo poder locales o funciona parte de los poderes del distrito? Leímos que se llevan a cabo recitales y actos gubernamentales ¿sirve en estos casos el patio semicubierto como escenario? ¿Las funciones comunales que se desarrollan en su interior (biblioteca-sum) tienen concurrencia masiva? ¿que sector/es de la sociedad se apropian en mayor medida? Cualquier información nos sería de mucha ayuda, ya sea opiniones personales o datos concretos de la historia de la ciudad y el surgimiento del edifico. Desde ya muchas gracias!”.
Cada tanto recibimos notas de quienes sienten necesidad de sumarse al proyecto de la Junta, pero la propuesta siguiente nos superó a punto tal que aún hoy no hemos podido prepararle las condiciones necesarias…
“Buenos Dias, mi nombre es Julio y tengo la idea de presentar ante la Junta un proyecto de recuperacion historica, la idea seria marcar las estancias mas viejas, los caminos antiguos (camino Real por ejemplo), las viejas postas de caballos, y todo lugar de interes historico para nuestro distrito y buscar en sus alrededores elementos que pudieran haber quedado enterrados y tengan un valor arqueologico para nuestro, los elementos encontrados quedarian a custodia e inventario del museo o de quien la junta determine. El elemento a usar seria un detector de metales que puede detectar metales ferrosos o no ferrosos hasta 1.80 metros de profundidad. Para poder realizarlo hace falta el trabajo de determinacion de lugares y autorizacion correspondiente. Los elementos que puede encontrarse en general son monedas, armas, municiones, cucharas, etc. Me mueve a hacer esto solamente mi interes en la rica historia de mi ciudad (ezeiza), no hay interes economico ni de ningun otro tipo. Si a Uds. les interesa nos podemos juntar a charlar sobre el tema. Sin mas, esperando una respuesta positiva, saludo Atte. Julio Eduardo Garcia”
Esto abre interrogantes sobre el lugar en que nos ponen los amables lectores. Por un lado, es un grito de aliento el que recibimos cuando se comunican con nosotros, confiándonos responsabilidades relacionadas con sus carreras…
“Hola, mi nombre es Aldo Guzmán, soy alumno de arquitectura de la FADU-UBA cursando el ultimo año de la carrera. Este cuatrimestre nos toca realizar un proyecto arquitectónico en algún sitio que nosotros, los alumnos, elijamos de toda la cuenca del rio Matanza. Investigando, buscando y tratando de decidir primero el lugar, encuentro el blog de uds. y estoy muy interesado en profundizar el tema. Me interesaría averiguar y/o poder obtener mas datos sobre Ezeiza, su historia y su presente para poder responder de forma adecuada con un proyecto que tiene como tema principal la VIVIENDA. Quisiera saber si existe algún lugar donde pueda acercarme a consultar mas datos; incluso me gustaría, si es posible comprar el libro que vi en su blog "Las vacas vuelan". Toda información que me brinden me será de mucha ayuda. Desde ya muchísimas gracias”.
Y nos pone eufóricos el que estudiantes muy jóvenes, investiguen…
“Hola profe! usted nos podria facilitar informacion , sobre la historia del ferrocarril de ezeiza,. espero que sea una respuesta positiva . gracias, besos. ”
Nos sentimos gratificados cuando dicen..
"muy lindas fotos me crie en Ezeiza a fines de la década de 1960 hasta los mediados de los ’70. Lindos recuerdos tengo. Pedro Antonio"
O nos miman de tal forma que el Año Viejo 2011 será un año para recordar…
“Buenos dias, quería hacerles llegar mis mas sinceras felicitaciones por vuestro blog, sencillamente maravilloso.Lo encontré por casualidad y realmente fué una grata y emocionante sorpresa, realmente me alegró saber de personas con tanto amor por nuestra tierra,a la vez de leer historias nuestras tan amenamente narradas.Un verdadero placer para el alma.Sería también espectacular se promueva el blog por la red Facebook , a fin de ser descubierto por mas gente que como yo somos ávidos seguidores de nuestra historia. Les mando mis mas cordiales saludos,sigan así. Atte. Gabriel Chacón”.
Algunos se confunden con los alcances de nuestra propuesta. Quizás ello alentó a muchos a tomar información y no citarnos como fuente, única condición para la repetición de los artículos en otros medios o formatos, tal como lo enuncia la página correspondiente. Los artículos digitalizados han sido publicados previamente en medios locales, regionales e incluso nacionales; han sido expuestos en congresos universitarios o afines a su objeto de estudio, y tienen su correspondiente ISBN.
Necesitamos de todos Uds., de su comunicación, de que nos digan cómo mejorar, cómo podemos construir una memoria social que nos sirva, que les sirva a las jóvenes generaciones de ezeicenses, pero sobre todo que sea una construcción colectiva. Este es nuestro deseo para el 2012. A todos Uds.. ¡MUCHISIMAS GRACIAS¡

El Editor

miércoles, 20 de julio de 2011

Comentarios

Estoy escribiendo desde la ciudad de Bolìvar, Pcia. de Bs. As.. Hace unos dìas estuve en Ezeiza y mi hermana me dió un ejemplar de "La palabra de Ezeiza", en èl hay una nota que llamò mi atenciòn, es la dedicada a Hugo Ròttoli, a quien conozco desde hace mucho tiempo ya que vivì cerca de su casa, fuimos a la misma escuela (Nª 3 Gral. Josè de San Martìn en la calle French); luego trabajamos varios años en la concesionaria Enrique Boeri e Hijo S.A.de Monte Grande.
Con respecto a los comentarios que hacen en la nota, quisiera agregar que la fàbrica tenìa un cartel que decìa Fàbrica de aviones BERKLING Y COMPAÑIA. Estaba ubicada en terrenos muy bajos y cierta vez que lloviò mucho, pude ver maderas de distintas formas y medidas flotando por el predio. El agua llegaba hasta cerca del terraplen de la trocha angosta.
Otros comentarios:
Desde la actual municipalidad partìa un ramal ferroviario , creo que iba por las calles Repùblica y Teodoro Fels hasta el aeropuerto, llevaba materiales y obreros cuando se estaba construyendo el mismo, le deciamos "La Catalina".
El campo del actual barrio "El Tala" era del sr. Vilella, no se si era èl mismo o familiar el propietario del Hotel del Sur.
Juan Josè Seisdedos

Nota del editor: el lector se refiere a la nota de la Lic. Patricia Faure relativa a la "Fábrica de aviones"

He leído en su blog la historia de este singular delincuente. Ramón Toscano fue un tipo muy aventurero, gracias a su artículo pude enterarme de algunas cosas muy puntuales del personaje que nos ocupa. Él trajo la cuota de oro que le pertenecía a San Pedro. En el gallinero de una casa céntrica había enterrado el oro. La federal consiguió recuperar hasta el último gramo. Lo que a mí me gustartía saber es cómo Toscanito llegó a San Pedro, como es que eligió este lugar, ya que él no era natural de acá. Bueno, les dejo la inquietud y un cordial saludo....

Juan Carlos Tapia.


Muchas gracias a todos por sus comentarios y colaboraciones

El Editor

miércoles, 8 de junio de 2011

La Guerra del Chaco

Uno de los encantos que tiene vivir en Ezeiza, es el de que uno no se asombra cuando se cruza con abuelos larga vida. Tal fue el caso de Don Ciriaco Benítez, quien sobrepaso los 100 años.

Don Ciriaco participó en la fraticida Guerra del Chaco, uno de los conflictos con mayores perdidas de vidas ya que la guerra causó la muerte de unas ciento veinte mil personas, muchos de ellos indios aymarás del altiplano boliviano no acostumbrados al llano bajo. Por parte de los paraguayos, la mayoría de los soldados eran indígenas guaraníes. El motivo principal del conflicto tuvo que ver con los intereses económicos de las grandes compañías petroleras, la Shell que operaba en Paraguay, y la Standard Oil con intereses en Bolivia. Ambas compañías se disputaban los presuntos yacimientos del Chaco, en una región cuyas fronteras políticas aún no estaban fijas. La guerra comenzó en 1930, aunque las diferencias ya estaban planteadas dos años antes. Desde 1932 y por tres años, los combates fueron feroces, incluso, a cuchillo.

El 12 de junio de 1935 el general Peñaranda, jefe del ejército boliviano y el general Estigarrabia, jefe del paraguayo, firmaron el alto el fuego y el 21 de julio de 1938 se firmó el Tratado de Paz en Buenos Aires. Entre las consecuencias se cuenta la creciente oposición a las petroleras en Bolivia, y la abolición del "pangaje", servidumbre indígena frente a los gamonales, a los terratenientes. De acuerdo al historiador Eduardo Montagut Contreras, en Paraguay el ejército adquirió un gran protagonismo con el golpe del coronel Rafael Franco, quien instauró un régimen autoritario y de intensísima represión. Cabe recordar que la llamada Carretera de la muerte en Bolivia, fue construida por prisioneros paraguayos.

Por: Juan Carlos Ramirez

jueves, 26 de mayo de 2011

2 de junio, Día del Bombero

Incendios de antaño
El fuerte que levantara Pedro de Mendoza en febrero de 1536, probablemente estaba fortificado con una empalizada de troncos de ñandubay, espinillo y muro de adobe, guareciendo un pequeño núcleo de construcciones de adobe con techo de paja. La voluntad de reducir militarmente a servidumbre a los querandíes, enardeció a éstos, y pese a la superioridad tecnológica, los indómitos “tiraban sobre las casas con flechas encendidas” y quemaron construcciones y cuatro embarcaciones grandes, según relato el cronista Ulrico Schmidl.
A partir del S XVII, preocupaban los incendios producidos en los campos, provocados muchos de ellos por los agricultores, que prendían fuego en sus terrenos con el fin de acondicionarlos para su cultivo. Las autoridades prohibieron las quemazones imponiendo multas a los que lo hiciesen, y si el causante era un esclavo, recibiría azotes por ello.
Bomberos de ayer
Una disposición del año 1774 dispuso que ante casos de incendio, debía acudir la justicia ordinaria y el comisionado del distrito, para evitar el desorden y la confusión. Los albañiles y carpinteros tenían que ir con sus herramientas y los aguateros con sus carros, un antecedente de las autobombas.
En el año 1821 se creó el Departamento de Policía, entre cuyas funciones estaba la de actuar en caso de incendios, siendo recién en 1834, cuando dentro del Departamento, se creó un cuerpo de serenos que durante sus patrullajes nocturnos debían estar atentos para dar aviso en caso de incendio. Finalmente, el 2 de enero de 1870, nace la Compañía de Vigilantes Bomberos, que en 1873 pasó a denominarse Cuerpo de Bomberos.
Nuestros primeros bomberos
Una catástrofe que obligó a improvisar equipos de ayuda, aunque sólo se limitaron a recoger los restos de las personas fallecidas, fue la gran explosión de la fábrica de pólvora de Nicodemo Pierotti, ubicada en la hoy Villa Guillemina (Ezeiza), del 27 de diciembre de 1898. La policía de Ezeiza, que no pudo dejar de oir la fuerte explosión ya que se sintió en la Capital (en Lomas de Zamora registraron que fue a las 14.40 Hs.), recibió el informe de uno de los testigos que corrió sin parar la distancia que los separaba. Cuando el comisario llegó con su gente y un médico, sólo quedaban ruinas humeantes y restos humanos. No era el primer incidente, ya registraba varios en años anteriores: 1884, 1887, 1890 y 1896, además de un no confirmado incendio en 1893. Cabe acotar que no muy lejano de allí, habría funcionado una aceitera, no contando la región, con un cuerpo organizado para enfrentar accidentes o incendios propiamente dichos.
Las sequías continuas y largas favorecían los incendios, trayéndonos el diario “El Vicentino” del domingo 11 de febrero de 1906, que había “empezado a encender el campo del señor Juan Rower”, propietario de “Los Retamos” (en la hoy C. Spegazzini). La noticia se complementa la siguiente semana, aclarando que “sólo fueron quemadas unas cinco cuadras aproximadamente, no tomando mayores proporciones el fuego por haberlo extinguido la cuadrilla de peones de la estación Tristán Suárez, con la colaboración del escribiente Daniel Juárez, de un sargento y tres agentes.
Valga como homenaje de la Junta de Estudios Históricos del Distrito Ezeiza, esta breve nota sobre los hombres que antecedieron a quienes hoy, desinteresadamente, componen nuestros cuerpos de Bomberos Voluntarios.

Por: Juan Carlos Ramirez Leiva

domingo, 8 de mayo de 2011

¡Salvajes unitarios!

Nuestro país suele oscilar entre los deseos de instaurar un orden pacificador, o implementar un orden descalificador de los que piensan o actúan diferente a los detentores del poder. Entre los primeros contamos la responsabilidad y el esfuerzo que asumía don José Hilarión Castro, cuando el 22 de enero de 1822 aceptó el nombramiento de Juez de Paz. Vecino de Cañuelas, nacido en Mendoza y casado con Justa Rufina Vidal en la parroquia de San Vicente, era socio de Pedro Ara en tierras, ganado vacuno, equino y pulpería.
Durante el gobierno de Martín Rodríguez, el ministro Bernardino Rivadavia dictó la ley de supresión de los cabildos, de origen hispánico. En su reemplazo, creó la justicia de paz dividiendo a la provincia en tres departamentos, encontrándose San Vicente y Cañuelas dentro del primero. En la ocasión se tomó conciencia, gracias a los reclamos del Alcalde, de la extensión del Partido de San Vicente, por lo que se dispuso crear el Partido de Cañuelas. Ese 22 de enero fueron nombrados 28 jueces de paz de campaña, por lo que existían entonces, igual cantidad de partidos (la ley habla de parroquias).
Prontamente el nuevo Juez, nombró a Ramón Carrizo como “Alcalde del Quartel 6” con competencia desde “Remedios hasta el Pueblo de San Vizente”, según consta en documento emitido en el “Partido de Cañuelas y Abril 2 de 1822”, por quien firmó como ”Jose Ilarión de Castro”. Don José Hilarión Castro no fue hombre falto de compromiso y para ese tiempo era Comandante de la Milicias de Campaña, jefe de los Colorados del Monte, y Alcalde de Hermandad de San Vicente. El nombramiento le había sido ofrecido al terrateniente Juan Manuel de Rosas en 1820, tras la crisis generada en la provincia por la invasión victoriosa de las montoneras lideradas por el caudillo Francisco “Pancho” Ramírez. Cuando el futuro “Restaurador” fue notificado de la imposición la rechazó, debido a que le quitaba tiempo para atender sus estancias. Pese a un “No ha lugar” del Cabildo y alegando que se lo impedían las inundaciones del Salado y las distancias, Rosas rechazó el cargo.
Los Carrizo, propietarios de pocas tierras que hoy estarían ubicadas en T. Suárez entre la estación y la autopista a Cañuelas, eran hombres pioneros que advertían las posibilidades de la cría de ganado ovino, compartiendo el espíritu de cambio del ministro de gobierno, Bernardino Rivadavia. Cuando los tiempos políticos cambiaron, aquellos que no adhirieron al concepto Federal de Juan Manuel de Rosas, fueron prontamente acusados de “salvajes unitarios”. Don Ramón Carrizo fue denunciado como unitario el 14 de mayo de 1831. Hombre casado y letrado, de 32 años, tenía regular fortuna y propiedad cerca de la colonial estancia Los Remedios. Portar el apellido Carrizo no era afortunado durante la gobernación de Juan M. de Rosas y así es como Don Ancelmo Carrizo también fue denunciado por unitario. Tenía su estancia en el “pasage de Remedios” y era un soltero de 30 años y regular fortuna pese a no saber leer ni escribir, cuando “se paso a Lavalle” junto con Ramón.

Por: Juan Carlos Ramirez

domingo, 1 de mayo de 2011

Con sabor a leña

Es interesante reflexionar sobre la manifestación cotidiana cultural ante el vital alimento. Cuando Silvio Huberman le pregunt aba a Ulyses Petit de Murat: Cuénteme como era su casa a la hora del almuerzo o de la cena, el escritor le decía:
¡La mesa era brutal! Han pasado los años y no concibo la idea de la comida que tenían en esa época. Por ejemplo, todos los días se hacía puchero para caldo y no había una síntesis como ahora, sino que nos servían varias entradas, varios postres… En casa no se practicaba la gran costumbre argentina de las pastas, au nque la cocina era criolla, española, francesa, universal.
En las casas de Ezeiza, entre tanto:
Se comía medido decía Angélica Pintos, ya mayorcita, recordando la galleta que la abuela le racionaba diariamente de la bolsa que colgaba del techo de la cocina. A mi mamá le gustaba comer conejo, evocaba Lidia Verjano, quien de niña marchaba mansita y resignada a la casa de la señora Coleiro, especialista en sacrificar a los suaves orejilargos.
¿Con qué se recibía a las visitas? Preguntamos a las señoritas Delia y Josefa Goñi:
Chocolate y galletitas Mu mú. Nos respondieron.
En los hogares del campo…
Las duras tareas rurales, trabajando en directo contacto con los rigores del tiempo al aire libre, volvían de vital importancia la provisión de un buen plato. Las mujeres allí reinaban.
¿Qué trabajo hacía tu mamá en el tambo?
Y Beatríz Larralde respondió: Darle de comer a la gente que trabajaba en el tambo, a los peones. Mi mamá siempre tenía una hermana que la ayudaba.
Y los hombres encaraban los aspectos más crueles y pesados. José María Ferrzola explicaba una carneada un día de linda helada:
Y calenté dos ollas grandes de agua. Ya los llamé porque tenía que bajar del piso al chancho y con Toto lo bajamos del piso de madera, porque el chancho tiene que estar arriba limpio, sino se embarra todo. Ya no caminaba el chancho de tan gordo que estaba, despacito lo llevamos como 10 metros, lo echamos al suelo, le atamos bien la boca y lo subimos a una mesita. Y Maruca junta la sangre para hacer morcilla, lo limpiamos bien, lo colgamos toda la noche afuera, después se pone duro y se va descuartizando, los huesos de un lado; el tocino, hicimos chorizos, jamones, las pancetas, la morcilla, los cueritos van en un cajón con sal. Ahora si es muy gordo hay que comprar unos 10 ó 15 kilos de carne de vaca y mezclar. La cabeza es para hacer la morcilla o el queso de chancho.
Los mandados en la puerta de casa
Numerosos vendedores eran ambulantes, para garantizar la frescura de los productos en su pronto despacho a los consumidores y la comodidad para los vecinos, en un pueblo con calles no tan abovedadas, veredas poco frecuentes y el peligro de perros medio malos que podían tarasconearte. No existía una necesidad perentorio por comprar alimentos frescos ya que la gente tenía su quintita, su gallinero, el jaulón para la conejera, la vaquita para la leche. Carnicero con carnicería sí que habia porque uno no iba a andar carneando una vaca cada día para comerse un pucherito. Otra cosa era el pescado…nos preguntamos si el pescado que se consumía era de los cursos de agua cercanos o del mar.
Beatríz Larralde contaba que su lechero era Abel Garayar: él me daba leche para mi gato. (Otro lechero) era Loasel. El verdulero era un señor gordo, que venía de Monte Grande: Ortega. Porque los Ortega son requete viejos en Monte Grande, era el gusto de robarle algo (zanahorias chiquitas o rabanitos) del carro cuando él estaba entretenido con mi mamá comprando. También Di Leo vendía pescado cada semana, por eso le quedó “El pescador”. “¿ Adónde vas? ¡a la verdulería del pescador!”… El era ambulante, iba al mercado pero también trabajaba la tierra, la manzana que estaba desocupada era trabajada.
Hoy cenamos con Fangio
De asado con Fangio. Entre los comensales ilustres elegimos al Chueco. Fangio tenía una casa quinta por la curva de Santamarina en Monte Grande. Y como era muy amiguero, dos por tres, venía a comer un asado con los vecinos, nos consta por las fotos que quedaron como testimonio, de las reuniones a las que asistió con el vecindario de Canning, el señor Romano Cresmani y otros lugareños aparecen flanqueando al quíntuple campeón.
Gourmet punto Ezeiza
El circuito gastronómico de los años ’40 y ’50 podía abarcar un sándwich de proporciones sextuple hamburguesa en la Cueva de la Chancha, como llamaban al almacén de los hermanos Santiago y Pedro Harguindeguy, o algo rápido en El Recreo de Goñi. Esos establecimientos cumplían una función social porque no existían lugares para asistir al trabajador que necesitaba estar bien alimentado con el fin de enfrentar su jornada laboral. Por ejemplo, el menú de las maestras lo determinaba doña Rosa Arrieta Legarreta, esposa de Martín Elisagaray. Decía Beatríz Elisagaray, hija de los ante nombrados: La directora que teníamos nosotros era de La Plata, Edelina Etcheto, por medio de ella- a quien mi mamá le daba de comer en casa- por medio de ella le consiguió a mi papá (el trabajo) como portero.
Acá recreamos otros dos lugares a través de testimonios de primera mano:
Lo de Vega
Hablando con Marcelo Vega sobre el almacén de sus papás, le preguntábamos:
Me contaron que servía comida.
Después, bueno, te servía un sándwich y esas cosas así. Más adelante mamá comenzó a tener algunos…¿cómo se llama?
¿Comensales?
Comensales, exactamente, que les hacía comida a ellos que venían los mediodías; dos de ellos eran como si fueran de la familia porque comieron cualquier cantidad de tiempo en casa. Eran el vasquito Luis (Azcoitía) el carpintero, que a mi mamá le decía mamá y el otro que comía era Rimada, un señor que era del correo.
La churrasquería de Gagliardi
Comer, comía en la churrasquería de la esquina de Gagliardi. Y también comía acá en lo de Eduardo Goñi que tenía un restaurant cancha de pelota. Decía Mateo Ruíz cuando recién se mudó a Ezeiza, venido de Roque Pérez, para instalarse como peluquero.
Comíamos en la churrasquería de Gagliardi a la tarde, a la noche, pero el almuerzo en el aeropuerto, había dos comedores: en uno daban mal de comer y en el otro no, ahí íbamos. Puntualizó Jerónimo Luna que trabajó en la construcción del aeropuerto, tras venirse de Santiago del Estero atraído por el bienestar laboral que se gozaba aquí.
Este comercio se encontraba hasta hace unos años en la esquina de la ruta 205 y la calle J. M.Ezeiza, ahora en el solar se esta construyendo con otros destinos. Ella detonó estas líneas, porque es otro espacio lleno de vivencias que ya forma parte de nuestro patrimonio intangible.

Por: Lic. Patricia Celia Faure

viernes, 22 de abril de 2011

Quintas en Ezeiza

Belcha
Los árboles frutales eran todos de él (el vivero de los hermanos De Maio llamado La Delicia) desde los almendros, castaños, citrus, nogales, uva, pera, granado, lo que se te ocurra y todo era de De Maio. Los curábamos, arábamos la quinta: teníamos a Benedetto que nos araba, Mayeski también vino varias veces a mi casa. Inclusive tuvimos colmenares que él venía para eso, después criamos conejos para la venta. Teníamos tres lotes de cincuenta y pico, arábamos y sembrábamos papa, batata, maíz, maní un año. Mi abuela hacía dulces. Relató María Cristina Romero Catani de Saracino y su mamá Armida Argira Catani (Belcha) agregó: Teníamos un horno de barro grande así, que lo había hecho un sobrino mío con 12 años ¿eh? Y ahí cocinábamos de todo.
En toda quinta no faltaba nunca la visita de los ladrones de frutas. A la hora de la siesta, en los meses del estío, ciruelas, higos, uvas, eran víctimas del saqueo de los menores que se hacían las panzadas…en este vergel ubicado sobre la calle Dean Funes (1) en Ezeiza.
Sobre las consecuencias intestinales que podían sufrir los hurtadores nos contaba Belcha: Entraban a robar naranjas de ombligo a mi casa, entonces mi papá puso la trampa y le inyectó a las naranjas más lindas una cosa que te hacía ir de cuerpo y no llegaban a cruzar el cerco… Y ahí se quedaron tranquilos.
La de Peña
La recordamos aquí como testigo de otro andar en el pago, más cansino y siestero. Porque ahora se encuentra reciclada y refuncionalizada, allí sobre calle Tuyutí, en versión reducida, existe a través de un establecimiento educativo.
Reconstruía en su memoria otras épocas de esta quinta el vecino Carlos Sesto: (Sobre un integrante de la familia Peña) me acuerdo que uno andaba en un Renault 4L, toda la vida anduvo en una catanga. Ese Peña fue el que donó el colegio y prestó su casa para unas misiones jesuíticas para que se hicieran, esa cruz que estaba en la plaza (Manuel Belgrano) se entronizó en ese momento y me acuerdo que por dentro la casa era espectacular y entramos porque íbamos a ayudar a seleccionar ropa porque la habían traído, muchísima ropa para la gente. Hubo misa, chicos que venían a misionar y después de eso se hacía el reparto de ropa, estuvo abierto como un mes por eso. Me acuerdo de la escalera en mármol blanco con reja negra, tenía como un palco la parte alta, como un balcón desde el que veías abajo y ahí dieron misa, fue una de las pocas veces que la gente del barrio pudo entrar. Los que fueron a misionar nos hablaban de salud y a nosotros nos llevó Matilde Filloy, que era catequista, todos tomamos la comunión en Nuestra Señora del Valle.
El vecino Carlos García tenía otras vivencias en su memoria: En lo de Peña yo me llenaba de peras. De Lacarra para acá ¡había cada frutales! Nos empachábamos de ciruelas, de peras, de lo que sea. Peña tenía nogales, comíamos nueces, de ahí nos sacaba el guardián. Yo me acuerdo los nogales estaban sobre Zenavilla a dos cuadras para adentro y había un tipo que cuidaba con la escopeta y tiraba y nosotros nos bajábamos de los árboles corriendo, más o menos en el (19)52, (19)54.

La Rosa
Los pilares de la entrada son una maravilla para transportar en el tiempo, una moldura suaviza los bordes de salpicré, son dos pequeños cíclopes que cuidan al ingresante. Aun tiene en pie frutales (lo que los estudiosos llaman patrimonio tangible) y hábitos en sus ocupantes (a esto lo llaman patrimonio intangible). Por ejemplo, Catalina Vollmuth, una de las habitantes de la propiedad, sabe de la paciencia requerida para la cocción y el envasado de dulces, cómo tratar a las arbustivas y las orquídeas, tiene un calendario floral en la cabeza, conoce la manera más amable de sacrificar conejos. Un coro medio destemplado de perros meta ladrar reciben al visitante que por un senderito sinuoso no se cansará de descubrir secretos entre ramas y flores y pozos escarbados por los canes. La araucaria belicosa tira sus bombas y no se salva nada de lo que haya abajo. Esta quinta es otra reliquia de las pocas que sobreviven al avance de ladrillos en la zona comprendida por los barrios Allá en el Sur y Canning. Y para alivio del vecino sensible, avisamos que esta muy oronda en manos de sus dueños.

Por: Lic. Patricia Celia Faure

(1) Deán Funes 650. Ezeiza

Bme. mitre 472. Ezeiza

El cartelito ovalado aun dice Bme. Mitre porque cuando la construyeron la calle Ituzaingó no existía con ese nombre. Elegida Ezeiza porque era zona semi urbanizada, para respirar relajado el ocio del fin de semana o con algún destino floricultor, o el pequeño tambito, con granjita anexa, era raro no tener el gallinero y la conejera al fondo del terreno.
Pero ahora la quinta se vendió. Y en la altura cuatrocientos resiste la arboleda que tiene sus largos años, lo dicen su porte y su largura. Se destaca el cactus de la esquina de Provincias Unidas y Balcarce, con sus estrellas blancas de bordes rosados y bordó que ignoran desde sus nubes a las bolsas de basura que les tiran los vecinos desaprensivos a los pies.
En el coloquio inmobiliario se dice que la compraron para edificar departamentos. La lágrima nos corre a los que nos gusta apreciar el horizonte verde, pero tendremos que ir acostumbrándonos a otros tipos de bálsamos. Confiemos en el poder de adaptación que poseen los animales para que los chimangos que anidan en lo más alto de la copa del ciprés, el enjambre de colibríes que se alimentan en las flores de palo borracho y las cotorras que, augurando el destino del solar, tejieron sus departamentos de palitos colgando en los flancos de la arboleda que linda con la calle Provincias Unidas, encuentren el cobijo y sus recursos en otros lares.
Empezaba la época de los departamentos y el disparate social de vivir como sardinas en lata, ignorándose entre vecinos, mientras que antes- en eso que hoy se llama Gran Buenos Aires- el vecindario parecía sucursal de la familia.¡ Siempre había un voluntario que nos refugiaba cuando disparábamos de una paliza!. Se confesaba en su breve autobiografía María Elena Walsh.
Con las aceitunas del olivo del fondo y la fragancia de las flores blancas en el arbusto anónimo, la quinta mantiene el cerco totalmente verde como reliquia de la tranquilidad añeja, sin darse por enterada de las épocas de rejas, alarmas y patrullas patrullando.
El vecino sensible extrañará el verde del follaje, el canto de los pájaros, el frescor de la arboleda. Pero ese vecino ya sabe que esas románticas y sanas costumbres desestresantes no cotizan en el casco del pueblo. Valen, y mucho, cuando les calculan un valor en dólares formando parte de un barrio cerrado, privado, country, club de campo, o como se llame, de los que pululan por todos lados. Lo que queda del esplendor de la quinta forma parte de un mundo que se vuelve (¡qué cosa!), cada vez más excluyente, aunque el vecino quiera seguir creyendo que las políticas sociales incluyen a todos los miembros de la sociedad.

Por: Lic. Patricia Celia Faure

domingo, 17 de abril de 2011

La molicie del aeropuerto Pistarini

El aeropuerto es ese no lugar que nos trasciende y nos transporta. Forma parte de nuestra identidad en lo regional pero también incluye a todo el país, en épocas de crisis se escucha decir por todos lados que “la salida es Ezeiza.” Nos moviliza mentalmente, porque en el pueblo muy pocos han subido a un avión, salvo para atenderlo o limpiarlo. Su vitalidad es magnética. Ese radar que siempre da vueltas parece el mundo girando. Los que nos criamos contemplando aviones flotar sobre nuestras cabezas siempre nos embelesamos conteniendo la respiración al verlos ascender y calculando la puntería cuando aterrizan. Jugamos a adivinar las empresas. Discriminamos el sonido de acuerdo al tipo de máquina voladora, hasta el menos avispado sabe lo que es un helicóptero, uno de línea y un carguero atronador. Cada generación tiene grabado alguno: el amigo Juan Gómez el ruido de los Comet; otros, el estallido sobre la cabeza de los Mirage de 1979, cuando rompían la barrera del sonido, preanunciando las quijotadas que concluyeron en 1982 con la dolorosa guerra por las islas Malvinas. Se decía entonces que se estuvo cerca de un conflicto con Chile. Bye bye islas del canal de Beagle.
Entre la dureza del noble mármol y lo etéreo de los pájaros metálicos. Esquivando el vacío y las ruinas de lo demolido en el aeropuerto, en la silueta fantasma de lo que ya no esta, en esos rayos de sol que hoy llegan adonde hace unos cincuenta años no calentaban, proyectando la sombra corta o larga allí donde antes crecía el yuyo… allí tomaremos coraje desde la tabla batiente del trampolín para sumergirnos en lo que fue e, intuimos desde el sentido común (rara avis en los tiempos que corren), pudo seguir siendo. La firmeza simbolizando la obsolescencia empujó a la imposición de la funcionalidad de las estructuras prearmadas de aluminio y policarbonato. Será que nos estamos poniendo viejos…

Dominga “Tota” Calderón fue la primera novia que se casó en el templo Nuestra Señora de Loreto en setiembre de 1950. Su papá estaba vinculado a los aviones desde tiempos en los que no existía la Fuerza Aérea, de modo que fue una testigo privilegiada de la construcción del aeropuerto.
Nos decía:
Cuando terminó la obra se hizo un gran asado donde son hoy los hangares. Vino Pistarini y la señora, Eva y Perón. Entonces Perón les dice a todos esos 5.000: “¿y muchachos, qué nombre quieren que tenga el aeropuerto?”. Yo creo que él estaba convencido de que iban a decir “General Perón” pero dijeron “Ministro Pistarini” y así se llama.
Lo eligió la gente que ahí trabajó.
Sí, lo eligió la gente, la peonada.
Y su amiga Dora Morillas amplía: Porque esa peonada estaba agradecida, muchos aprendieron a leer y escribir. No sé si había escuela pero sí alguien que se encargaba de enseñar porque he leído cartas que le mandaban a papá o cuadernos, porque era como que él les mandaba los deberes porque papá trataba de que no fueran analfabetos, porque siendo analfabetos no iban a tener nunca los mismos derechos de los que saben leer y escribir, o sino, los iban a poder empaquetar más fácil, como era en la época en que se hacían los comités y que en la libreta les hacían poner el dedo o una cruz sin saber a quién elegían o qué firmaban.
Las dos vivieron en el Barrio Uno y las dos tenían un padre protagonista de la erección y puesta en aire de nuestro olimpo de máquinas voladoras. El papá de Tota fue compañero de escuela del comodoro Pérez Aquino, director del aeropuerto, que fue quien lo llamó para trabajar en la estación como jefe de personal. Calderón era piloto desde 1922 revistiendo a las órdenes del ejército, se denominaba entonces Servicio Aeronáutico del Ejército. Y el papá de Dora era el teniente coronel de administración Gregorio Morillas, el bravo intendente correntino que llegó cuando comenzó la obra y la acompañó hasta su finalización.
Entre las decenas de testimonios que recuerdan al aeropuerto en el volumen Las vacas vuelan, recortamos el de Gerónimo Luna porque formó parte de la peonada a la que se refieren Tota y Dora: Una vez vino Evita ahí, capaz entonces (se inauguró). Me acuerdo que vino Perón… y la señora de Pistarini vivía ahí en el Mangrullo. (Cuando) inauguraron los hangares ahí sí estuvimos todos los de la zona, gente que trabajaba por ahí, cuando vino Perón había asado, había de todo, festejamos todos juntos, porque había muchas empresas trabajando ahí adentro inclusive el Ministerio de Obras Públicas, la D.A.O.M., los que hicieron las pistas. Gerónimo, nacido en Santiago del Estero, no guardó en su memoria la consulta sobre el nombre, los años de peón golondrina habrán borrado ese tema porque recorrió la provincia de Buenos Aires y otras persiguiendo el sustento. Medio en broma, medio en serio, decía que había venido por una temporada laboral y ya llevaba 52 años en Ezeiza.
Por: Lic. Patricia Celia Faure
Nota: El crédito de la foto sin referenciar
(ambas son de Comet 4) pertenece a Juan José Jacobacci y es la imagen del LV-PLM.

domingo, 10 de abril de 2011

E. Echeverría, entre Lomas y Ezeiza

Desde 1580, el territorio adyacente a “la ciudad de la Santísima Trinidad y puerto de Santa María de los Buenos Aires”, se hallaba bajo la autoridad de su cabildo. Ciudad, ejido y campaña conformaban la estructura que organizaba el territorio. A medida que las necesidades económicas- demográficas lo requirieron, la campaña inmediata a la ciudad debió reordenarse. A partir de 1777, creado el Virreinato del río de la Plata, se establecieron las Alcaldías de la Santa Hermanad y sus alcaldes, quienes fueron las primeras autoridades con que se dotó a los pagos.
Desde el comienzo se empezó a conocer algunos parajes con los nombres con que sus pobladores lo distinguían pero recién en 1784, la campaña se dividió en “grandes extensiones de límites imprecisos” denominados pagos. Los pagos de las “lomas de Zamora”, pertenecieron al partido y curato de la Magdalena, luego al de Quilmes, posteriormente al de Barracas al Sur, y finalmente al partido de Lomas de Zamora (05/09/1861). La nueva jurisdicción absorbió a partir del 24/02/1865, a casi todo el Cuartel V del Partido de Cañuelas. Sus pobladores se habían dirigido al gobierno solicitando que “se agregue a Lomas de Zamora la área comprendida entre el Río Matanza, el arroyo Jiménez y el límite de Cañuelas con San Vicente” (04/04/1862). De esta manera, la totalidad de la estancia “Los Remedios”, quedó integrada en el joven partido, cuyo nombre nos remite a Don Juan de Zamora. Este había adquirido en 1736, las tierras que antiguamente explotaba la Estancia del Cabezuelo, organizada a partir de 1610.
De acuerdo con el plano del partido de San Vicente, levantado en 1881 por el Agrimensor Municipal don Saturnino Salas, los límites que por el Sur tenía el nuevo distrito incluía los campos que se extendían hasta las actuales calles ezeicenses Humberto Primo- Sargento Cabral, hasta su intersección con La Colorada, actual Pedro Dreyer, por el Este.
Muchos de nuestros vecinos registraron en sus documentos que habían nacido en el distrito de Lomas pese a haberlo hecho, por ejemplo, en Villa de Mayo. Este lugar se urbanizó a partir del loteo de quintas a principios del S XX, pero ya contaba con vecinos asentados permanentemente desde mucho tiempo antes que fuera aprobada la Traza del Pueblo, Colonia y Centro Manufacturero de Monte Grande. La iniciativa estableció el parcelamiento en quintas y chacras de lo que 20 años después será conocido como Villa de Mayo. Doña Teresa nació en la citada localidad, hoy Luís Guillón.
Francisco “Pancho” Barone, que había sido resero entre Buenos Aires y Rosario, se radicó en Ezeiza en 1913 y ello le permitió a su hija Teresa criarse en nuestra ciudad y concurrir incluso a la Escuela Nº 3 (hoy Nº 1), cuando se encontraba sobre lo que posteriormente sería la Ruta Nacional Nº 205. Mencionamos a quien fuera nuestra vecina y que viviera en Ezeiza toda su vida, porque nació en diciembre de 1912. Ello nos permite estimar que fue uno de los últimos registros asentados en el distrito lomense, antes de que las tierras del Cuartel XII de Lomas de Zamora, incluidos la actual Luís Guillón, pasaran a pertenecer al partido de E. Echeverría a partir del momento mismo de su creación, el 9 de abril de 1913.

Por Juan Carlos Ramirez