Parados en la ochava, desplegamos un viejo plano porque es un lugar inspirador para encontrar algún aporte a nuestra historia. En letras rojas y grandes se lee "Remate los días 17 y 24 de marzo de 1935 en Tristán Suárez (Ferrocarril del Sud)".
Al mirar las calles que formaban el damero de los terrenos loteados y puestos a la venta, vemos que esas manzanas hoy son el centro de la ciudad -si lo consideramos por la proximidad con el publicitado tendido del ferrocarril y la ruta nacional 205-. Durante esos dos días se redefinió una vez más la geografía urbana y la población de esa zona.
"¡A Suárez! ¡A Suárez, que ya nos vamos!", anunciaba a los gritos un señor el domingo en Plaza Constitución. Y se hacía aunque lloviera. No se trataba de un guarda buscando pasajeros perdidos. Sólo intentaba captar a futuros clientes para los remates de lotes. En el mejor de los casos se les ofrecía boleto de ida y vuelta en tren, gratis. Al llegar a destino los esperaba una carpa bien ventilada por los costados; para los señores había habanos y vino carlón, para las señoras bizcochos de cremona.
Las firmas rematadoras parecen que eran de lo más democráticas, se codeaban Furst Zapiola y Cía. (fundada en 1908), Giménez Zapiola y Cía., y Rufino de Elizalde y Cía.; democráticas porque todas vendían a mensualidades. "Tierra alta, fértil y apta para cualquier clase de cultivo, aparente para el codiciado fin de semana, para establecer en ella la chacra, el vivero o la granja", Otro argumento que empleaban era la prosperidad y la autopista que vendrían de la mano del aeropuerto, sin olvidarse de los comercios importantes -el almacén de Gaddini en Tristán Suárez, el almacén de los hermanos Harguindeguy en Ezeiza, la Nueva Era de Cresmani en Canning- y los espacios asignados a la escuela, la plaza y el molinete para cruzar las vías.
Transitando hoy la urbanidad reconocemos marcas de esa época, como franjas geológicas, el ayer en el hoy. Vemos no solo la mano de aquellos rematadores y los vecinos que pagaron las 120 cuotas, también los que eran o son un tanto más poderosos; negocios inmobiliarios, usucapciones oportunamente detectadas, asentamientos electorales. Por citar sólo ejemplos de José María Ezeiza;: un mojón que suponemos resto de la venta de propiedad de Eduardo Labougle en la esquina de Balcarca y Provincias Unidas; una vereda ancha -no sabemos por qué- en Paso de la Patria al 100; una calle 9 de julio reducida-sorpresivamente - a media calzada al atravesar Tuyutí, ahí sí sabemos, la construcción esta a la vista; arterias de césped y no holladas por autos aún, como unas cuadras de Paunero; el cuadrado vacío de Goñi, que funciona como campito para el fútbol los fines de semana, sobre Perón, entre Ituzaingo y Balcarce; hermosos pasajes, como el de Angostura bordeado de casuarinas; las construcciones nuevas levantadas sobre bañados, como la manzana de las Luces, donde funcionan el Centro Educativo Complementario 502 y la Media 4. La fisonomía urbana se redefine continuamente por obra y gracia de sus propietarios y de sus pobladores, que no siempre son lo mismo.
Lic. Patricia Celia Faure.
Haciendo nuestro aquello de que: "La Historia es ancha y ajena", aportamos buscando mejores comprensiones de nuestro presente.
lunes, 29 de junio de 2020
viernes, 19 de junio de 2020
Estancia La Catalina
En la región sobreviven aún casonas como perdidas en
el tiempo. Este es el caso de la estancia “La Catalina”,
declarada Patrimonio Histórico por el
H.C.D en el 2019, gracias al
relevamiento de la Junta de Estudios Históricos de Ezeiza y al Museo Regional
Tristán Suarez. Su casco se
ubica en las calles Ñandubay y David
Peña, límites entre Canning y Barrio El
Trébol (La Unión).
Murzi, ingeniero civil, compró 617 hectáreas a Juan Manuel Acosta a finales del siglo XIX, siendo llamada estancia La Catalina, en homenaje a su madre. Leemos en La Gaceta, un año antes de su muerte: “El ingeniero se dedicó con éxito a sus actividades a
la dirección y construcción de casas particulares y de renta, demostrando alta
pericia en esta rama arquitectónica. Su firma llegó a ser altamente cotizada y supo imponerse
desde el primer momento por su refinado
buen gusto, adaptando las construcciones
a todas las exigencias de la comodidad, la higiene y la euritmia. Los edificios
que construyó pueden admirarse en
nuestras calles más céntricas y concurridas.(...) A la industria agropecuaria
consagró ingentes esfuerzos, adquiriendo los establecimientos “San Teodoro”, situado en Labardén , y “La Catalina”, en Ezeiza (prov. de Buenos
Aires), que han tenido un próspero
desenvolvimiento. El establecimiento que posee en el citado partido de
Labardén cubre una superficie de 3.000
hectáreas; dedicado a la cría de vacunos
y otros ganados”
La edificación permanece rodeada de una frondosa
arboleda de eucaliptus, cedros, caminos de ligustros, bambúes exóticos de gran
altura y un ombú originario. El trinar de las aves que se puede escuchar es un
concierto que a uno lo impregna de naturaleza.
Murzi, ingeniero civil, compró 617 hectáreas a Juan Manuel Acosta a finales del siglo XIX, siendo llamada estancia La Catalina, en homenaje a su madre. Leemos en La Gaceta, un año antes de su muerte: “El ingeniero se dedicó con éxito a sus actividades a
la dirección y construcción de casas particulares y de renta, demostrando alta
pericia en esta rama arquitectónica. Su firma llegó a ser altamente cotizada y supo imponerse
desde el primer momento por su refinado
buen gusto, adaptando las construcciones
a todas las exigencias de la comodidad, la higiene y la euritmia. Los edificios
que construyó pueden admirarse en
nuestras calles más céntricas y concurridas.(...) A la industria agropecuaria
consagró ingentes esfuerzos, adquiriendo los establecimientos “San Teodoro”, situado en Labardén , y “La Catalina”, en Ezeiza (prov. de Buenos
Aires), que han tenido un próspero
desenvolvimiento. El establecimiento que posee en el citado partido de
Labardén cubre una superficie de 3.000
hectáreas; dedicado a la cría de vacunos
y otros ganados”
El modelo de país en ese momento, se orientaba
exclusivamente a la producción y exportación
agropecuaria y las mieses de la tierra eran bien cotizadas en el exterior y el plan de Eduardo Murzi, era ser parte de ese engranaje económico.
Era una época dorada para los poseedores de tierras y sus socios; sus ganancias
permitían disfrutar de niveles de vida de clase alta europea y a su vez
importar elementos suntuosos que aquí no
se producían. Argentina era considerada el granero del mundo y Eduardo Murzi
contaba con dinero, capacidad y contactos para ser un empresario exitoso. En
su propiedad en la capital federal era común la visita de artistas y músicos.
Eran amantes, junto a Maria Rocca, de lo lírico y el teatro por lo que contaban
en su casa con teatro propio con capacidad para 200 personas. Era una tradición
festejar a finales de agosto la celebración llamada “Santa Rosa”, en honor a la
madre de Maria Rocca. En esa celebración era común correr las sillas del teatro
para dar lugar al baile y diversión.
En Canning, no hubo colonias
agrícolas o ventas de lotes de la banca francesa, como si lo fue en otras
partes del ramal. La iniciativa debió estar en manos de esta burguesía criolla
que poseía los medios de producción. El crecimiento económico del país parecía
no tener fin, pero la Primera Guerra Mundial y luego la crisis de 1930
trastocaron los planes de estos
terratenientes. La familia Murzi tuvo que vender parte de sus tierras sobre el Camino Real a Las Flores y arrendar. Alejandro Tuñón, contador y bisnieto del primitivo dueño, accedió a una
entrevista en donde nos aclaró que luego de la muerte de Eduardo en 1936, La Catalina fue utilizada
principalmente como una residencia de
descanso.
Los descendientes de Eduardo explotaron ciertas
actividades agropecuarias a pequeña escala. Una salida
económica para la familia fue el arrendamiento a Juan y Pedro Echart en 1943, quienes se dedicaron al tambo hasta la
década del 60. Siguió Manuel García Tuñón (Padre de Alejandro)
que contrato a Juan Marraco y luego a Toledo, continuando
la explotación tambera. Esta actividad
trasladaba en ferrocarril los tarros de leche (estación Ezeiza). La memoria oral recoge historias de Alberto
Goñi, él era una especie de veterinario sin título. Su universidad fue la
experiencia campera. Los mitos entre los baquianos eran recurrentes como por ejemplo: curar con
la palabra, especie de rezo que nadie escucha más que el animal.
Retomando las actividades de la Catalina, otra
iniciativa fue la cría de cerdos pero no
funciono, ya que los persistentes robos no permitieron que el negocio creciera.
Alejandro Tuñón señalo que eran más los
robos que las ganancias. Los
herederos, al no poder explotar la tierra
con éxito, continuaron con el fraccionamiento y japoneses y portugueses adquirieron algunas hectáreas para finales de la década del 60. Eiko, Higa, Arakaki,
Tamashiro, por un lado, y tres hermanos de apellido Almeida: Américo,
Manuel y Antonio. Todos ellos se
dedicaron a la plantación y comercialización de verduras. Estas quintas dieron trabajo y subsistencia a
familias que llegaron a los barrios cercanos desde distintas provincias y países
limítrofes en la década del 70 y 80.
Luego de unos años, los
portugueses vendieron y en esas
hectáreas hoy se ubica el Parque Industrial Canning, uno de ejes productivos del Partido de Ezeiza. El casco de La Catalina se mantiene intacto.
Por: Prof. Elio Daniel Salmón
Nota del editor: debido a lo extenso de la nota (sumamente valiosa en datos), se publica un extrato del original.
domingo, 31 de mayo de 2020
Día Nacional de la Energía Atómica
Se
celebra hoy en nuestro país, el Día Nacional de la Energía Atómica. La Comisión
Nacional de Energía Atómica (CNEA), fue creada el 31 de mayo de 1950 por el
presidente Juan Domingo Perón, a través del Decreto Nº 10.936/50. A 70 años de
su creación, la Comisión continúa dedicándose al estudio, desarrollo y
aplicaciones en todos los aspectos vinculados a la utilización pacífica de la
energía nuclear, desarrollo tecnológico, gestión de residuos radiactivos y formación
de recursos humanos. Estas acciones posicionan al país entre las diez
principales naciones con mayores niveles de desarrollo nuclear y con una alta
contribución a la no proliferación nuclear.
En su
desarrollo, se consolidó en la construcción y operación de reactores de
investigación y sus combustibles, en la producción de radioisótopos y el empleo
de las radiaciones ionizantes para diagnóstico y tratamiento médico, sin dejar
de mencionar que la producción de nucleoelectricidad con solo 2 centrales,
alcanzó el 8 % de la energía eléctrica del país. Durante las dos primeras
presidencias de Perón (1946-1955), se viabilizó la integración tecnológica en
las áreas de energía, aeronáutica, infraestructura e ingeniería civil.
Con la
Revolución Fusiladora de septiembre de 1955 (denominada por los historiadores
oficialistas como Libertadora), el desarrollo del campo nuclear fue transferido
del Ejército a la Marina, quedando a cargo el capitán de Fragata Pedro
Iraolagoitía. La DNEA dejó de existir en términos formales y su patrimonio pasó
a CNEA, sostiene el investigador Mario Hurtado.
El
primer reactor de investigación, el RA-1, alcanzó el estado crítico en enero de
1958; trabajaban en CNEA, alrededor de 250 científicos y 300 técnicos. La
creciente demanda de radioisótopos para usos médicos, impulsó el diseño y
construcción de un reactor de mayor potencia: el RA-2, finalizado en 1966. En
paralelo a su construcción, el grupo de materiales de CNEA diseñó y construyó
los elementos combustibles.
Un
nuevo reactor bautizado RA-3 (de 5 MW), fue puesto a crítico en el Centro
Atómico Ezeiza (CAE) a mediados de mayo de 1967, aunque fue inaugurado en
diciembre y comenzó a operar regularmente a comienzos de 1969. En su
construcción participaron 67 empresas argentinas y junto a este reactor fue
construida una planta de producción de radioisótopos, que comenzó a operar en
1971.
La
imposición de una política económica de desindustrialización y precarización
laboral en 1976, necesitó de una estructura represiva que llevó adelante
prácticas de terrorismo de Estado con dimensiones de genocidio. Durante el
período1976-1983, veinticinco miembros de CNEA fueron secuestrados, quince
figuran desaparecidos, y más de doscientos fueron despedidos.
Juan
Carlos Ramirez Leiva
domingo, 24 de mayo de 2020
Canal Junta de Estudios Históricos Distrito Ezeiza
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jueves, 21 de mayo de 2020
miércoles, 6 de mayo de 2020
Nace una nueva escuela
En las
tierras que fueran de Josefa Guevara primero y de Sebastián Acosta luego, los
rematadores Vinelli, Goldvaser y posteriormente “Los martilleros de la suerte”
Fernández Hermanos, dieron el puntapié inicial para el poblamiento de la zona.
A
principios de la década de 1970, la barriada de Sol de Oro ya había adquirido
su propia identidad en el distrito. No eran tantos los pobladores, solía
recordar Don Maidana y su esposa Angelina Iriarte, quienes cuando llegaron al
barrio en 1956 había apenas y quizás, un vecino por manzana. Sin embargo, todos
trabajaron con mucho tesón para la naciente comunidad. Desde 1962 se agrupaban
en la Sociedad de Fomento Sol de Oro, creada por propia “iniciativa de los
vecinos del lugar” (siete u ocho a lo más), como etapa superadora de las
reuniones en la casa de Hugo Guilarte. Este diligencioso vecino llegado en 1961
(presidió la Comisión Pro- Luz de Sol de Oro y la Sociedad de Fomento),
comprendió la necesidad de tener una escuela propia y para impulsar el pedido,
levantó un censo barrial. Fue don Hugo quien además, gestiono y pidió los
terrenos fiscales en donde finalmente se levantó la anhelada escuela, en la
calle por entonces llamado Rayos de Sol.
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| Pza. 25 de mayo, 03/1971 |
El
despoblado era tal que la aproximación del único colectivo, propiedad del
ezeicense Redondo, podía verse de lejos y les paraba a los vecinos,
prácticamente en la puerta de la casa. En ese contexto, los hijos del barrio
tenían que acudir a la escuela Nro. 13 (hoy Nº 5, Ricardo Rojas), o la del
barrio La Porteña, caminando varias cuadras por calles de tierra.
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| Izamiento de la bandera por el Sr. H. Guilarte |
Para
efectuar las gestiones, solo los vecinos Alejandro Moyano y Hugo Guilarte
pudieron viajar a La Plata debido a la falta de fondos, recordándose que ese
día sólo se alimentaron en base a un paquete de galletitas de agua Criollitas.
Cuando las autoridades de turno dieron la ansiada aprobación, ambos gestores se
abrazaron y lloraron de alegría, escena que se repitió cuando llegados a su
querido barrio trasmitieron la noticia a sus vecinos.
Al no
disponer de un edificio, la escuela comenzó a funcionar en la capilla San José
Obrero y la inauguración del ciclo lectivo, marzo de 1971, se hizo con un acto
en la Plaza 25 de mayo, izando la bandera el Sr. Hugo Guilarte. Con la
dirección de la Sra. Nidia Clementina Bertani y dos maestras se dictaron clases,
sólo hasta el cuarto grado, en tanto las “aulas” estaban divididas con cortinas
de lienzo (que se corrían a un costado cuando se daban misas). La escuela fue
bendecida por el Párroco Hugo Ibañez, y la ceremonia de izado de la bandera, se
realizaba en el mástil de la plaza.
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| 03/1971 Bendición de las aulas en la capilla San José Obrero |
El 19
de abril de 1971 el objetivo se había logrado, se comenzaron a levantar las
instalaciones de la escuela de educación primaria E.P. Nº 16 “Hipólito
Bouchard” (ex Nº 40), en el número 1766 de la calle que actualmente lleva el
nombre de Hugo Guilarte (quien falleciera en 1976), en justo reconocimiento a
su acción fomentista.
Juan
Carlos Ramirez Leiva
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| Sr. Hugo Guilarte |
Apostillas
A la
nueva institución le faltaba un mástil y don Hugo consiguió que una escuela
primaria de Luís Guillón, lo donara y allí fueron los vecinos Ceballos, Moyano,
don Hugo y su hijo. Tras cavar sin éxito para sacarlo de la vereda en donde se
encontraba levantado, uno de ellos consiguió una sierra pero el ruido que
hicieron cuando lo comenzaron a cortar fue tal, que los vecinos se alarmaron y
los denunciaron por “estar robándose el mástil”. Detenidos los cuatro y
conducidos a la comisaría, don Hugo debió esperar que terminara de amonestarlo
el Comisario para que se le permita hablar y presentarles la autorización del
Consejo Escolar. Finalmente liberados, cumplieron su tarea y la nueva escuela
tuvo al fin su mástil.
Ante
la falta de mobiliario escolar, los estudiantes debían llevar sus propios
banquitos y para combatir los fríos de invierno, los padres de los alumnos
llevaban un bracero para climatizar el lugar.
Con la
presencia y actuación de la Banda de Infantería de Marina de la Armada Nacional,
padrinos de la escuela, se inauguraron las instalaciones.
Juan Carlos Ramirez Leiva
domingo, 3 de mayo de 2020
lunes, 27 de abril de 2020
30 de abril de 1977
Fue
Azucena quien se animó y dijo: Tenemos que ir a la Plaza, tenemos que hacer ver
y oír lo que nos pasa (estaban esperando inútilmente que las atendieran en la
Curia). “Cuando vea que somos muchas, Videla tendrá que recibirnos”; y así, las
14 mujeres caminaron y se quedaron de pie enfrente de la Casa Rosada.
Fue el
30 de abril de 1977 cuando Azucena Villaflor de Vicenti, Berta Braverman,
Haydée García Buelas, María Adela Gard, Julia Gard, María Mercedes Gard y
Cándida Felicia Gard (4 hermanas), Delicia González, Pepa García de Noia,
Mirta Baravalle, Kety Neuhaus, Raquel Arcushin, Antonia Cisneros, Elida E. de
Caimi, Ada Cota Feingenmüller de Senar, y una joven que no dio su nombre, dieron
inicio a la más grande y prolongada lucha que las mujeres han llevado adelante
en nuestras tierras.
Primero
ellas permanecieron de pie y sin caminar, pero el estado de sitio imponía que
nadie podía detenerse ni agruparse, por lo que la policía comenzó a hostigarlas
con un “¡Circulen, circulen!”. Para un nuevo encuentro se fijó como punto el
monumento a Manuel Belgrano; por si las revisaban ocultaban mensajes en ovillos
de lana; tejían en la plaza mientras iban pasándose información, pensando qué
hacer, cómo buscarlos. Cuando les ordenaban que circulen, empezaban a caminar
de a dos, tomadas del brazo, en círculos y a paso lento alrededor de la
Pirámide. Así se iniciaron las vueltas alrededor de la plaza, cuando aún no
usaban pañuelos blancos y sólo caminaban de a dos, hablando con miedo con la
compañera de al lado para saber quién era su hijo o hija desaparecido. Todavía
no llevaban fotos o carteles con los nombres de sus desaparecidos, todavía se
reconocían entre ellas por llevar un clavo en sus abrigos. Recién con la participación
en la procesión a Luján en octubre de 1977, tomaron la decisión de
identificarse cubriéndose la cabeza con un pañal; comenzaba el más fuerte de
los símbolos, el de los pañuelos, los que nunca callaron, los que, hasta la
aparición de esta pandemia, no habían parado nunca.
En
diciembre de 1977 Alfredo Astiz, un oficial de marina que se hizo pasar por
hermano de un desaparecido, organizó el secuestro y desaparición de madres, dos
monjas francesas, familiares y amigos. El 8 de diciembre secuestraron a Esther
Careaga y a Mary Ponce de Bianco en la Iglesia de Santa Cruz, junto a ocho
personas más, incluida la monja francesa Alice Domon. Esther ya había
encontrado a su hija adolescente, pero ella decidió seguir junto a sus
compañeras hasta que encontraran a cada uno de sus hijos e hijas. Dos días
después, desapareció Azucena Villaflor, quien sostuvo la idea de que debían
organizarse para nunca más estar solas en su lucha, y quien dijo: “Todos los
desaparecidos son nuestros hijos”.
Cuando
la Policía las veían en la Plaza, les largaban los perros, por lo que
aprendieron a llevar un diario enrollado para defenderse. Cuando en la Plaza le
pedían documentos a una, todas se acercaban a la policía a entregar también los
suyos. Cuando detenían a una de las Madres, todas se presentaban en la
comisaría y pedían ir presas ellas también. Cuando estaban en la comisaría, las
Madres rezaban en voz alta y entre rezo y rezo, haciendo cruces, miraban a los
uniformados y les decían “asesinos”.
Durante
las últimas cuatro décadas dieron inclaudicable lucha por la aparición de sus
hijos e hijas, muchas de ellas también son abuelas que quieren encontrarse con
sus nietos y nietas, los que les fueron arrebatados por la dictadura
cívico-militar eclesiástica.
La
presente pandemia nos encuentra cuidando y cuidándonos, ese es el motivo por el
cual las Madres no marcharan caminando hoy por la histórica Plaza; pero no
marchar no significa olvidar, no significa que no sigan luchando. Aún nos
enseñan cual es el camino a seguir cuando la sociedad es avasallada.
Nota dedicada a la memoria de Sara Peretti, Madre fundadora
y vecina de Tristán Suárez, y en honor a Aida Bogo de Sarti, vecina de Monte
Grande
Juan Carlos Ramirez Leiva
miércoles, 22 de abril de 2020
Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor
Hay
fechas que parecen estar destinadas a celebrar algún evento especial, tal es el
caso del 23 de abril. En uno de esos días, aunque en diferentes años, nacieron
M. Druon (Los reyes malditos), H. K. Laxness (Estación Atómica), V. Nabokov
Lolita), Josep Pla (El cuaderno gris) y Manuel Mejía Vallejo (El día señalado),
por mencionar solo a los más conocidos. En Cataluña (España), es el día en que
se acostumbra regalar una rosa y un libro. Por si fuera poco, para relacionar
la fecha con la literatura, en 1616 fallecieron Miguel de Cervantes, William
Shakespeare y el poeta Garcilaso de la Vega. En rigor a la verdad, Cervantes
murió el 22 y fue enterrado el 23; Shakespeare murió en la fecha indicada, pero
del calendario juliano, que corresponde al 3 de mayo del calendario gregoriano.
En honor a Cervantes, el 23 de abril es también el Día del Idioma Español.
En
nuestro país, en 1924 y por Decreto Nacional del gobierno de Marcelo T. de
Alvear, se declaró el 15 de junio como la “Fiesta del Libro”. La primera Feria
tuvo lugar en Buenos Aires en septiembre de 1928 y luego, en 1941, se cambió la
denominación por “Día del Libro”. En 1971, la Sociedad Argentina de Escritores
(SADE) comenzó un plan que tenía como premisa la difusión del libro, y
organizaron entre 1971 y 1974, 35 ferias de libros itinerantes en la calle
Florida y en diversos barrios y ciudades. Además de ventas de libros, se leían
poemas, se hacía ballet, música, representaciones teatrales, etc.; mientras al
mismo tiempo en las bibliotecas públicas municipales, se dictaban conferencias
como extensión de estas exposiciones.
La
Exposición Feria Internacional de Buenos Aires - Desde el Autor al Lector se
realizó por primera vez entre el 1 y el 17 de marzo de 1975 en el Centro de
Exposiciones de la Ciudad de Buenos Aires. En esa muestra participaron 116
expositores de 7 países, y concurrieron 140 mil visitantes visitando más de
cien stands en donde se exhibía todo aquello relacionado con el libro: las
papeleras mostraban como se hacía un libro, se exhibía objetos y curiosidades
de escritores como Leopoldo Lugones, Roberto Arlt o Enrique Larreta, además de
firma de ejemplares y las charlas de los autores con el público. Posteriormente
se convirtió en una tradición anual comenzar la Feria del Libro de Buenos Aires
durante la semana del 23 de abril.
La
idea partió de Cataluña en 1923 y fue aprobada por el rey Alfonso XIII de
España en 1926. Poco después, en 1930, se instauró definitivamente la fecha del
23 de abril como Día del Libro. La Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura, que este año celebra el Día Mundial del
Libro con énfasis en la traducción, lo impulso en 1995 por la propuesta de la
Unión Internacional de Editores (UTE), y presentada por el gobierno español a
la UNESCO, en donde se aprobó proclamar el 23 de abril de cada año el "Día
Mundial del Libro y del Derecho de Autor". No esta demás anotar que Kuala
Lumpur fue nombrada Capital Mundial del Libro 2020
En
nuestro país, en 1924 y por Decreto Nacional del gobierno de Marcelo T. de
Alvear, se declaró el 15 de junio como la “Fiesta del Libro”. La primera Feria
tuvo lugar en Buenos Aires en septiembre de 1928 y luego, en 1941, se cambió la
denominación por “Día del Libro”. En 1971, la Sociedad Argentina de Escritores
(SADE) comenzó un plan que tenía como premisa la difusión del libro, y
organizaron entre 1971 y 1974, 35 ferias de libros itinerantes en la calle
Florida y en diversos barrios y ciudades. Además de ventas de libros, se leían
poemas, se hacía ballet, música, representaciones teatrales, etc.; mientras al
mismo tiempo en las bibliotecas públicas municipales, se dictaban conferencias
como extensión de estas exposiciones. ![]() |
| Las Sras. Casco de Aguer y Lydia Angleri, con el Sr. Martínez (representantes de SADE Ezeiza), en reunión con el intendente de Ezeiza (2000) |
En nuestro Distrito Ezeiza la Primera Feria del Libro se
llevó a cabo el pasado año, entre el jueves 5 y el domingo 8 de septiembre,
gracias a la iniciativa de Pablo Ruocco. La Secretaría de Cultura y Educación
de la Municipalidad de Ezeiza, llevó a cabo tal trascendental evento cultural
en donde la Biblioteca Pública Alfonsina Storni estuvo presente con un stand en
la Casa de la Cultura (Zapala y Corrientes, La Unión). Entre otras entidades
estuvieron la Escuela Nº 17, Museo Regional Tristán Suárez, Biblioteca Domingo
Faustino Sarmiento, SUTEBA (Ezeiza), Autores Independientes de Almirante Brown,
SADE (Almirante Brown), Centro Nodos (Psicodrama y Grupos) y Espacio Teatral
Canning.
Juan Carlos Ramirez Leiva
Juan Carlos Ramirez Leiva
domingo, 19 de abril de 2020
Nace el Club Unión Vecinal
El
recordado Julián Sánchez Parra gustaba narrar que además de la carrera de
embolsados, campeonato de truco y el desafío del palo enjabonado, se llevó a
cabo una loca competencia en donde participaron con triciclos, bicicletas de
carrera y de paseo. El vecino Feliciano “Chano” Echagüe venía encabezando el
lote cuando un huellón lo hizo volar por el aire, caída que se la dedicó al Presidente de la Comisión Organizadora.
El clima festivo, el éxito en la recaudación, y la masiva participación, impulsó
la idea de fundar un club. Con el mismo entusiasmo y constancia con que
colocaba los baldosones, tarea que los vecinos comprometidos realizaban al
regreso de sus trabajos (tarea voluntaria, gratis), don Machuca se abocó a la
tarea de organizar la fundación de un club en el barrio sin nombre, pero denominado
peyorativamente “Villa Cartón”.
En el
testimonio que “Cococho” Amendolara brindara en Las vacas vuelan, recordó ser uno de los socios fundadores en 1956.
Por tradición oral, sabemos que el acta de fundación fue firmada por Anastacio Roque
Machuca, Dante Hércules Magrassi, y Antonio Pascual Cicioli.
Desde
el inicio se organizaron bailes familiares realizándose el primero en la casa
de don Osvaldo (¿Urbano?) González, el mismo lugar y dueño del espacio en dónde
se fabricaban los baldosones (Pueyrredón y Lavalle). El escenario, ubicado en
el patio de la casa, fue una carreta de don Sierro (con la que había venido de
La Pampa), con la actuación del conjunto Dalto
(de T. Suárez). Con acordeón o bandoneón y una guitarra, tocaron de todo un poco.
Fue todo el barrio, fue un éxito.
Otros
bailes posteriores se hicieron en un lote que prestaba el vecino Doria, cerca
de la parroquia. Se preparaba bien la tierra, se barría y de tanto pisar se
endurecía, manteniéndola regada.
En
Ezeiza eran pocos, pero la muchachada de otros barrios se juntaban y acudían,
como por ejemplo lo solían hacer Eligio Cresmani, Laura Vagnoni, Alda Vodopivec, la Chichina
García, los hermanos Arruíz, Del Santo, los hermanos Arocena, los Vila, los Corradini,
Bengolea y Lidia Panza, entre los apellidos que hemos podido rescatar. María
Luisa “Chichí” Buffet, recordaba que su mamá no la dejaba ir porque sostenía
que eran “muy matones”.
Así
nació el Club Unión Vecinal, hoy con sede en Gral. Paz 147, el que diera ese
hermoso nombre al querido barrio de José María Ezeiza.
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva.
El "Tano" Giugno
Don
Antonio, “tano flaco, alto y elegante”, nació en Messina (Sicilia, Italia), un
28 de abril de 1933, aunque en sus documentos figuraba que había nacido el 2 de
mayo de ese año. Salvador, su hermano mayor, lo llamó para que viniera a
nuestro país, lo que concretó en 1951 con sus estudios de mecánica y un bagaje
de sueños.
Recomendado
por su hermano comenzó a trabajar lavando motores en el aeropuerto,
hospedándose en el Campamento. Se casó con Genoveva Maziarz y tuvieron a sus
hijos Ana y Sergio. Trabajó en Gilera (Spegazzini) antes de montar el primer
taller de motos en Ezeiza, y tiempo después, tener su propia agencia de venta
de automotores sobre la ex Ruta Nacional 205.
Hombre
de trabajo, comprometido con la sociedad de Ezeiza, participó en las instituciones
públicas con total generosidad. Socio fundador de la Sociedad Italiana,
tesorero de la Cooperadora Policial (durante su gestión se construyó el
edificio de la comisaría 1ra.), colaborador con los Bomberos Voluntarios (les
prestó el teléfono durante un año y medio). Activista para que a nuestro pueblo
se lo elevara a la categoría de ciudad en 1973 y posteriormente, en los grupos
que posibilitaron la autonomía distrital.
Preocupado
por un episodio de inseguridad que sufriera la familia, había adoptado la
costumbre de tener un arma a mano. El desgraciado accidente ocurrió en la
mañana del 16 de abril, cuando al manipular el arma esta se disparó
involuntariamente hiriéndolo mortalmente. Fue asistido por su hija en el lugar,
pero no pudo impedir el trágico desenlace.
Don
José Antonio Giugno, supo regresar a Italia tres veces, pero nunca dejó de
extrañar a ésta su tierra adoptiva, en donde descansará por siempre.
Juan
Carlos Ramirez Leiva
Don José Antonio Giugno
Don José Antonio Giugno
(28/04/1933 – 16/04/2020)
Nos
toca despedir al querido “tano” Giugno, italiano de documentos pero ezeicense
de corazón. Ya estará en compañía de su esposa Genoveva, y buscando algún
trabajo para hacer durante la eternidad.
Incansable,
comprometido con las instituciones, siempre dispuesto a colaborar, será
recordado con respeto por sus actuaciones públicas y privadas.
La
comunidad distrital lo lamenta y abraza a sus cuatro nietas y a sus hijos, Ana
y Sergio.
jueves, 2 de abril de 2020
Héctor Césari. Héroe Civil en Malvinas
Fui convocado por la Fuerza Aérea de grande, tenía casi
cuarenta, ya había hecho el servicio militar hacía años. Me llamaron por mi
especialidad en comunicaciones, soy radarista. Vivía en Ezeiza cuando me llegó
la citación por telegrama, me ponían nuevamente bajo bandera y no se podía
rechazar, así que quede a disposición. Tuve que presentarme en Merlo, en la Base
Aérea Militar de Vigilancia y Control del Aeroespacio (Grupo Vycea), antes del
2 de abril; allí se me informó que estaba destinado a Malvinas.
Viajamos el día dos en un avión que salió de aeroparque a
Comodoro (Rivadavia), desde allí a Puerto Deseado, y finalmente llegamos a
Malvinas el tres de abril. Llegue con mi equipo de radio, la ropa para
protección del frío, y los elementos que me dio la Fuerza Aérea. Preparamos los
radares móviles y la red de anticipados; yo fui operador de radio civil, tenía
ropa verde de fajina y un arma pero jamás disparé un tiro en Malvinas porque no
me tocó.
Fui destinado a los aviones Hércules C-130 y realice
varios viajes al continente, volando a alturas normales. Todo fue muy lindo
hasta el primero de mayo, cuando llegó el primer bombardeo y destruyeron la
pista de aterrizaje, la que se tuvo que volver a construir.
En el Hércules, yo hacía el radar pero casi no podíamos
prender la radio (para que no nos ubicaran). Salíamos de madrugada desde Puerto
Deseado y volábamos a cuatro o cinco metros sobre el mar cuando no estaba muy
picado; las olas pegaban en la panza del avión. Volábamos casi “ciegos”, apenas
un pantallazo en el radar; recién encendíamos la radio minutos antes de
aterrizar en Puerto Argentino y ya sobre la pista los encargados tiraban los
bultos que transportábamos.
Lo que más me impacto fue cuando regresábamos con tantos
chicos jóvenes mutilados, heridos, chicos que estaban haciendo el servicio
militar, oficiales y suboficiales, personal civil. Me impactó mucho y todavía
lo tengo en mis retinas.
El último día, a la una de la mañana estaba el avión
carreteando en Comodoro (Rivadavia) cuando le ordenan al piloto que aborte el
despegue. Ahí fue cuando nos enteramos que se había firmado el cese del fuego.
Nosotros regresábamos a la isla para traer a los heridos y llevar repuestos y
plasma. En uno de los viajes “bajaron” al “Hércules 63”, rematándolo cuando
estaba casi sobre el agua, allí murieron sus siete tripulantes. Nosotros
veníamos diez minutos por detrás. Salíamos de la isla y hasta que llegábamos al
continente íbamos rezando.
Cuando finalizó la guerra regresamos por la puerta de
servicio. Yo llegue como a las tres o cuatro de la mañana a mi casa desde El
palomar, que ni sabía en dónde quedaba; y pagándome mi propio pasaje, vestido
de verde y mochila al hombro. Vivía en Ezeiza, a cinco cuadras de la estación,
cuando entre a casa mi nene se despertó y lloró; al otro día me fui con un
cochecito que tenía a visitar a mis padres, tras encargarle a mi esposa que los
pusiera sobre aviso. Mi papá murió antes de un año de un ataque al corazón, aún
sostengo que fue a raíz de lo que me pasó.
Mis amigos se borraron
de mi casa, incluso los del Radio Club de Ezeiza, del cual fui fundador. Nadie
fue a ver si estaba vivo, si mi familia necesitaba algo, salvo los del club de Leones y del Rotary.Juan Carlos Ramirez Leiva
jueves, 26 de marzo de 2020
Los hábeas corpus presentados en el Distrito Judicial de Lomas de Zamora durante la última dictadura militar (1976-1983)
El 24
de marzo de 1976 una junta militar presidida por el General Jorge Rafael Videla
asumió el gobierno de forma abrupta. Entre 1976 y 1983 la dictadura aplicó el
denominado Terrorismo de Estado, es decir, una política represiva cuya triste y
dramática originalidad residió, principalmente, en el secuestro masivo de
personas. Amnistía Internacional considera la desaparición de personas como
"un método particularmente repudiable de represión gubernamental que viola
una amplia gama de derechos e impone un sufrimiento físico y psicológico
generalizado y permanente". Una vez finalizada la dictadura y en los
albores de la primavera democrática, el presidente Raúl Alfonsín encaró como
política de estado una de las primeras acciones para desafiar el pasado
represivo reciente: la creación de la Comisión Nacional sobre la Desaparición
de Personas (CONADEP) que elaboró el informe titulado "Nunca Más"
(1984) con la intención de enjuiciar a quienes hayan participado de la
represión ilegal.
Sin
embargo, frente a los hechos de secuestro y desaparición de personas, como de
apremios y detenciones ilegales propiciadas por el gobierno de facto durante
este periodo, los familiares de las víctimas no permanecieron inactivos. Por el
contrario, como primer acto reflejo recurrieron a la justicia para interponer
los respectivos habeas corpus.
Un
hábeas corpus es un procedimiento jurídico que cualquier ciudadano puede
anteponer ante un juez con el objetivo de que éste determine acerca de la
legalidad del arresto. Es un procedimiento breve y veloz, inclusive, de escaso
formalismo ya que puede prescindir de un abogado y ser solicitado por familiares
o amigos. Es decir, es una institución del derecho que garantiza la libertad
personal frente a la arbitrariedad de un arresto; cabe destacar que suele
utilizarse para impedir cualquier tipo de abuso, tanto, del Estado como de
cualquiera de sus agentes de seguridad. Por consiguiente, es el juez quien
determina, no la culpabilidad del sujeto, sino, la legalidad o ilegalidad de su
detención.
Es por
ello que en el Departamento Histórico Judicial de la Suprema Corte de Justicia
de la Provincia de Buenos Aires se pueden rastrear alrededor de 1033 casos de
recursos de Hábeas Corpus que fueron presentados, entre 1976 y 1983, en el
Distrito Judicial de Lomas de Zamora.
Según
datos estadísticos proporcionados por la CONADEP, se presentaron durante la
última dictadura, aproximadamente, 8335 hábeas corpus ante la Cámara Criminal y
Correccional Federal; Además, se puede verificar una cifra similar en los demás
juzgados del país.
Para
el caso del Distrito Judicial de Lomas de Zamora, se pueden contabilizar en
este periodo cerca de 1033 hábeas corpus: en 1976, se presentaron 264; en 1977,
203; en 1978, 172, en 1979, 128, entre 1980-1982, 182 y en 1983, 84 hábeas
corpus. Como se puede observar, 1976 es el año de mayor presentación de éste
recurso jurídico, pero, a medida que transcurren los años fueron reduciéndose.
Esto
puede tener dos lecturas al respecto: Por un lado, en los primeros años de la
dictadura, la represión fue mucho más intensa, por consiguiente, el número de
hábeas corpus se incrementó en relación al número de detenidos-desaparecidos.
Sin
embargo, una vez ingresados en los años ochenta, y a medida que
"amainó" la represión, el número de habeas corpus disminuyó
considerablemente. Por otro lado, la presentación de hábeas corpus, como
señalamos, aumentó en la medida que se intensificó la represión, pero, luego
pudo haber descendido por múltiples motivos: el temor y el desánimo que
provocaba el rechazo de los mismos, la ineficacia de la justicia frente al
poder represivo del Estado, o bien, la complicidad de muchos de los actores
civiles y funcionarios judiciales. Recordemos que los Ministros de la Corte
Suprema fueron removidos por la dictadura; a su vez, muchos jueces renunciaron
por propia voluntad. No obstante, los cargos vacantes fueron ocupados por jueces
inferiores, empleados del poder judicial o abogados que provenían del ejercicio
privado de la profesión. Todos ellos debieron prestar juramento y acatar las
directivas propuestas por el denominado Proceso de Reorganización
Nacional.Según el Dr. Julio Cesar Strassera -histórico fiscal del juicio a la
Junta militar- "la justicia -en ese momento- no podía hacer absolutamente
nada. No tenía poder en ese momento"
Los
recursos de hábeas corpus fueron solicitados por detenciones ilegales, apremios
y desaparición de personas. Las siguientes fuentes judiciales representan una
muy breve muestra de los 1033 casos detectados en el distrito judicial de Lomas
de Zamora: El 6 de marzo de 1976 María Esther Tommasi de 24 años fue
secuestrada en Adrogué en la intersección de las calles Ferrari y Amenedo. Su
madre solicitó, ante el juzgado del Dr. Caminos,el correspondiente hábeas
corpus. En 1977, en la localidad de Wilde, partido de Avellaneda, la madre de
Juan Ernesto Magariños requirió un hábeas corpus, en el que además denunciaba
que su hijo fue "detenido en su domicilio en horas de la madrugada por
personas de civil armadas". Otro caso que permite arrojar luz sobre los
hechos es el de los hermanos Torres en el vecino partido de Esteban Echeverría;
Dardo, Armando y Edgardo eran obreros de la "Química Mebomar" en la
localidad de El Jagüel y formaban parte de la comisión interna de la fábrica.
Los tres fueron secuestrados por grupos de tareas junto a sus compañeros de
trabajo Raúl Eduardo Manrique y Oscar Sarrailleen diciembre de 1976.En el caso
de Dardo Torres, fue su esposa Cristina Fallesen la que interpuso el recurso de
hábeas corpus en 1977. Los mencionados fueron enterrados como "NN" en
una fosa común en el cementerio de Lomas de Zamora. En 2011, luego de un eximio
trabajo realizado por el Equipo Argentino de Antropología Forense, los restos
fueron restituidos a los familiares y sepultados en el cementerio de Monte Grande.
En los
siguientes casos la policía fue acusada de la detención ilegal de Horacio Rubén
Camaño y José Antonio Genes en 1981 en la localidad de Temperley. Su esposa y
hermana, respectivamente, interpusieron los correspondientes hábeas corpus.
Ambas mujeres acusaron a la policía de haber actuado en el hecho. En 1982,
Noemí Gallo interpuso un recurso luego de que una "comisión policial de
civil se presentara en el domicilio de la denunciante buscando a su
pareja". Muchos de los familiares y amigos que solicitaron los habeas
corpus que en el distrito judicial de Lomas de Zamora imputaron a las fuerzas
represivas del Estado, a las que se referían de las siguientes formas:
"fuerzas de seguridad", "policía", "Brigada de
Avellaneda", "seccional de Banfield", "Comisaría Primera de
Lanús", "Subcomisaria de Rafael Calzada", "Destacamento de
Tristán Suárez", "Comisaría de Burzaco", "policía del
Quilmes", "ejército", "personas de civil", etc. El
aparato represivo, si bien, "disminuyó" a comienzos de los años
ochenta, no obstante, continuó activo inclusive hasta el final del proceso en
1983.
El recurso de hábeas corpus no solo fue una herramienta de
orden jurídico cuyo objetivo era determinar la ilegalidad de la detención y
liberación de la persona detenida. A su vez, formó parte de un proceso de
resistencia silenciosa empleado por los familiares de los
detenidos-desaparecidos durante la última dictadura militar.
Por: Juan Bucci (Profesor y Licenciado en Historia. Docente
e Historiador)
lunes, 23 de marzo de 2020
Detenidos y Desaparecidos en el Centro Atómico Ezeiza
La vida del Ingeniero
químico Carlos Calle, quien comenzó a trabajar en 1969 en el Centro AtómicoEzeiza, sufrió un drástico cambio el 28 de marzo de 1976. Al periódico Miradas
al Sur, le cuenta que: “Un grupo de uniformados de la Marina irrumpió en mi
domicilio, en Ituzaingo. En los dos días siguientes, entre interrogatorios,
torturas y traslados nocturnos, descubrí a pesar de la capucha que en esa misma
razia habían caído también otros nueve compañeros de trabajo, aparentemente
bajo un comando unificado”. Una noche lo cargaron en un camión en donde
reconoció la voz del químico Santiago Morazzo, su jefe y director del Proyecto
Prioritario de Plantas Químicas, a quien lo habían secuestrado el mismo día.
Morazzo, Jefe
de Operaciones de la primera planta que separó con éxito material fisionable, fue
encarado el 24 de marzo en su propio despacho, por una persona interesada por
su equipo de trabajo: áreas políticas a las que respondían, religión, si había
judíos. Fue el 28 de marzo a la madrugada, cuando escuchó ruidos y vio un gran
operativo en su calle de Parque Leloir. Varios efectivos ingresaron a su casa y
luego de revisar sus libros, se lo llevaron a la ESMA, justo enfrente de la
sede central de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Morazzo, tenía 34
años, fue golpeado y estaqueado en ese centro clandestino alrededor de una
semana, luego fue llevado al buque Bahía Aguirre. Tras diez días de “traslados
y simulacros de fusilamiento, fuimos transferidos desde el barco a la cárcel de
Devoto e internados por cuatro meses en los pabellones de máxima seguridad.
Sucesivamente, en posteriores traslados, ocho compañeros terminamos en la U9 de
La Plata y dos en Sierra Chica. Todo el grupo fue conducido a Devoto a
disposición del PEN. El régimen decretó nuestra libertad con un decreto firmado
el 8 de octubre de 1976 por el dictador Videla. El decreto fue consecuencia de
las presiones internacionales de varios centros nucleares europeos”.
Durante la
gestión del vicealmirante Carlos Castro Madero, diecinueve científicos y
trabajadores
fueron
desaparecidos y otros once, secuestrados y luego liberados. Varios fueron
detenidos en sus lugares de trabajo, 107 trabajadores fueron despedidos sin
indemnización por aplicación de la Ley de Prescindibilidad. Otros 120 fueron
cesanteados y 370 se vieron obligados a renunciar por el peligro que corrían
sus vidas por lo que numerosos científicos dejaron el país.
Entre los
desaparecidos figura Rosa Delfina Costa Viera, porteña nacida el 20 de agosto
de 1944, fue secuestrada el 26 de abril de 1977 en el trayecto entre su
domicilio (Boedo) y su lugar de trabajo. Había cursado hasta 4to. año en la Escuela
Técnica Nº 25 "Tte.1° Fray Luis Beltrán", entre 1962 y 1966, la especialidad
"Asistente de Laboratorio"; luego pasó a la ENET Nº 30 “Dr. Norberto
Piñero”. Ya egresada, trabajo como Técnica Química en el Centro Atómico Ezeiza,
en la planta de producción de radioisótopos. Rosa, contaba con 32 años en el
momento de su secuestro. Aun hoy continúa desaparecida (SDH Nº 2925).
No vivían en
Ezeiza pero aquí desarrollaban sus tareas profesionales y aquí, dejaron afectos
y caminos.
Por: Juan
Carlos Ramirez Leiva
Aguas marinas en la región
En los veranos de la década de 1950 era habitual que, si las
familias se animaban a cargar con los bártulos necesarios, se mitigara el calor
en las piletas de La Salada. Entre
ellas se encontraban “El Puente”; “Villa Albertina”; “Ocean”; y el balneario
“Punta Mogotes” (posteriormente en el lugar, se instalaron puestos de venta de
ropa). El más popular fue el Parque balneario “La Salada ”, con su lago de
unos 300 metros
por 20 a 30 metros de extensión, y
una profundidad que en lo más profundo no alcanzaba los dos metros. Se extendía
sobre 30 hectáreas
y contaba con tres piletas, con agua salada por supuesto, árboles y parquizado
para recreo de las familias. El parque fue clausurado en distintas
oportunidades hasta que, sobre el final de la década de 1970, cerró
definitivamente.
Aguas subterráneas. Napa
freática. La primera napa, llamada “freática”, se encuentra entre los 3 y 4 metros , de acuerdo a la
zona. En la región del Puente La Noria,
suele estar a menos de un metro de profundidad. Su vaivén está relacionado con
las lluvias o las sequías, y en los últimos tiempos estuvo directamente
relacionado con las altas concentraciones urbanas sin redes cloacales.
Cuando la administradora del servicio de provisión de agua
potable anuló las perforaciones de extracción del acuífero Puelches, y las
reemplazo por aguas tratadas captadas del Río de la Plata, provocó que se
recuperaran los niveles del acuífero en donde se habían formado conos de
depresión por excesiva extracción. La medida, potenciada por el menor consumo
debido a la crisis económica y la recesión industrial desde mediados de la
década de 1990, logro una paulatina disminución en la transferencia vertical
descendente desde el acuífero freático, lo que provoco el consecuente ascenso
de sus niveles, ya incrementados por el aumento demográfico en la región sin
ser acompañado por la provisión de servicios cloacales y de tratamientos de
aguas.
La suba de la napa freática, provoco que, a principios de la
década de 2000, en barrios de Temperley se inundaran sótanos y en general se
originaran anegamientos en subsuelos, cámaras eléctricas, de teléfonos, etc.,
por lo que debieron instalarse bombas de depresión en las zonas más afectadas.
Acuífero Pampeano.
Conforma la segunda napa y se encuentra entre los 24 y 30 metros . Es menos
vulnerable a la contaminación y es el que recarga a las Arenas Puelches. El
agua se encuentra alojada en los poros de los sedimentos Pampeanos, los que
están integrados por limos arenosos, algo arcillosos, de color castaño con
tonalidades amarillentas a rojizas, con intercalaciones calcáreas en forma de
nódulos o estratiformes conocido como tosca.
Se caracteriza por mantener sus paredes verticales en cortes
y perforaciones y brinda caudales más bajos comparativamente con los caudales
obtenidos de las Arenas Puelches, debido a su menor permeabilidad. Sus
parámetros hidráulicos se pueden sintetizar en una Porosidad efectiva del orden
del 10%. y que puede brindar entre 40 y 100 m3/h. La salinidad del agua aumenta
en las áreas de las llanuras de inundación de los ríos y arroyos donde se
hallan importantes depósitos de sedimentos Post-pampeanos alcanzando incluso
valores superiores a los 2.000 mg./l. Por otra parte, el Pampeano se caracteriza
por aportar a las aguas subterráneas elementos nocivos tales como Flúor y
Arsénico que, en muchos casos, dado los altos tenores, impide su utilización
como agua potable. Estas circunstancias regulan la extracción en función de la
potabilidad natural al Flúor o Arsénico, y no a sus posibilidades
hidrodinámicas.
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva
domingo, 22 de marzo de 2020
Ingresiones marinas
Nueve mil años atrás.
Las condiciones paleoambientales de la región pampeana durante el Holoceno,
generaron diferentes superficies de estabilización del paisaje. Entre los 9000
y los 6000 A .P.
(Antes del Presente, entendiéndose como tal al año de 1950), las condiciones
climáticas eran más cálidas y húmedas, y están asociadas al retroceso de los
glaciares en la cordillera. Esto, permitió la formación de suelos tanto en
ambientes de la llanura marina costera como en ambientes continentales.
Mientras en las zonas más elevadas, zona de intercuencas, se formaban suelos de
pradera, en las regiones litorales el efecto de la deglaciación y el
consecuente aumento del nivel del mar, produjo la inundación (transgresión) de
amplias áreas y se depositaron los niveles del Querandinense ó Formación Río
Salado.
El análisis de diferentes perfiles geológicos en el NE y E
de la provincia de Buenos Aires, permitieron identificar eventos pedogenéticos
(proceso de formación de un suelo), en planicies de inundación, ubicados
cronológicamente con posterioridad a 8.500c- 8.000c años. Asi tenemos Miembro
Guerrero de la Formación Luján, Lomas del Mirador, y paleocauces del río
Matanza en Ezeiza. La ingresión
Querandinense avanzó por el valle del Matanza hasta Cañuelas y Marcos Paz, formándose pequeños estuarios en el río
Matanzas.
A una primera etapa erosiva producida por la ingresión del
mar, le siguieron depósitos de materiales finos arcillosos, característicos de
los estuarios y las albuferas. Las arcillas grises que los constituyen, se
acumularon al pie de la barranca que margina CABA y el Gran Buenos Aires y
forman depósitos de hasta 10 m .
de espesor en algunos sectores.
Hace seís mil años. El
Neoglacial datado entre los 6.000 y los 3.500 años AP., produjo un ciclo frío y
seco que disminuyó el caudal de los ríos, aumentó la acción eólica que erosionó
parcialmente y sepultó el suelo, como así también los valles de los ríos (Formación
La Postrera ).
Las condiciones fluviales se dieron nuevamente hace unos 4.500/4.200 años.
En la actualidad, las condiciones climáticas no son tan
cálidas como las que imperaban hasta hace 6.000 años, cuando se depositaron los
espesos bancos de conchillas, ni son tan frías como durante los periodos
glaciales. Dichas condiciones favorecen la actividad fluvial que representa el
proceso modelador del paisaje más importante en tiempos recientes.
Ingresiones marinas y
registros regionales. Las mencionadas ingresiones marinas han quedado
registradas en los depósitos salitrosos y abundantes, moluscos marinos, y la
capa de arena y limo muy fino que recubre el estrato de tosca en las zonas
aledañas al río de Matanza: “Sobre
ella se ha detectado otra capa con restos de tortugas, moluscos y peces de agua
dulce, indicando que después de retirarse el mar del estuario rioplatense, las
aguas dulces en avance, ocupaban también sectores poblados del Partido de Lanús
y zonas limítrofes”.
En la zona del Puente
La Noria ,
los sedimentos y fósiles evidencian que hubo una prolongada ingresión marina.
El agua intersticial contiene una elevada proporción de sales (mayores que el
agua de mar), la que puede ser utilizada con fines terapéuticos, como lo fue en
La Salada.
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva.
Por: Juan Carlos Ramirez Leiva.
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