sábado, 12 de marzo de 2011

El monte de Spinetto

Diagramado con algunos toques de espontaneidad a los que nos tiene acostumbrados la naturaleza; se yerguen especies autóctonas, como el árbol denominado tala, pero también algunas exóticas para la región pampeana húmeda, como las araucarias. La suave colina se irguió aún más con las excavaciones motivadas por las curvas y volteretas necesarias para diseñar las colectoras de la autopista Ezeiza-Cañuelas. El verdor del vivero La Delicia fue cultivado y allí sabemos los nombres de los artífices de ese vergel: los hermanos Juan y Pedro De Maio, autores de las plantas de huertos y jardines de la región hace unas décadas atrás.
Buscando esquivar el tono elegíaco invitamos a recorrer estos montecitos y colinas de aquí nomás, aún erguidos con gallardía para alegría de pájaros y miradores de ojo largo en el tiempo. Porque se venden. Mangrullos naturales desde donde se puede otear el hoy acotado horizonte. Antes algún querandí habrá avistado una presa para alimentar a su familia; los animalitos de las pampas las habrán trepado para salvarse de la inundación que invadió su madriguera; algún chacarero habrá adivinado el humito del tren a leña que iba y venía, monótono, puntual en sus horarios de relojito de cadena.
Las colinas se miraban como los ombúes en la pampa rasa y rala. Ahora infinidad de edificaciones se interponen. Las dos propiedades son diferentes en su silueta ya desdibujada de los objetivos que las arraigaban a la tierra y ambas son identificadas con un nombre, tienen un monte y se encuentran en las alturas.

El monte de Spinetto
Empezamos la evocación en orden cronológico, desde el mirador que apunta hacia las bajas tierras del lado de Esteban Echeverría. Porque lo de Spinetto tiene vocación de vigía, como el solitario ombú del campito de Sotelo, el que nos gusta imaginar como uno de los pocos que atestigua sobre su vida activa como establecimiento agrícola o ganadero.
La ubicación la explica el profesor Juan Carlos Ramírez: El campo se encuentra actualmente atravesado por la autopista Ezeiza a Cañuelas y tiene por límites al NO los campos del aeropuerto; al NE los puestos del peaje; y por el S, barrios de Ezeiza. El monte de Spinetto, ángulo SO de la propiedad, forma parte de la toponimia local.
Parece que era una familia que no vivía de manera permanente allí, pero su propiedad, de dimensión más importante que las que las circundaban, era fuente de empleo y su monte colaboró en convertirla en una referencia obligada. El monte de Spinetto es como un domicilio y un número. En su abarcar perimetral creemos que trasciende en tiempo y espacio al ferrocarril, porque cruza los rieles hasta donde hoy esta el hipermercado y alivia la cañada que ampulosamente se señalizó con el nombre de Ingeniero Rossi cerca de la ruta 205 y Pinkufi hacia el barrio del polvorín estallado, Villa Guillermina. Hoy algo se conserva de aquello: parte de la arboleda y alguna construcción. En la casa supimos apreciar hace unos cuantos años los planos de la autopista que hoy transitamos porque allí se encontraba la oficina del obrador, filmamos la agonía de la angosta calle Newbery con Verónica Gussoni, amiga y compañera de facultad. Qué días. Había espectáculos de destreza criolla y tenía un cartel que decía La Taba. Suerte habían tenido de contar con una línea telefónica cuando eso era una especia de milagro por el pago
Desde los testimonios de los vecinos se sabe que era un establecimiento agrícola, que iba ahí a faenar sus vacunos el carnicero, que el señor Spinetto le obsequió al hijo que se recibió de ingeniero o de arquitecto la posibilidad de construir lo que quisiera y el hijo hizo esa casa en ochava que estaba con su escalera en la esquina de la ruta 205 y el camino a Las Flores. Supo ser restaurant y también, decían, entre otras versiones, una confitería non sancta por ser lugar donde se jugaba clandestinamente. Ahí nomás tenia su grutita la Difunta Correa, expresión popular y piadosa que ya se ha convertido en un santuario y que el supermercadista mudó al lado de la vía con el séquito de milagrosos más en onda y menos autóctonos que la parturienta que amamantó aún muerta a su bebé.
Recordaba el vecino Juan Ojeda: Crié a mis hermanos. Les daba de comer. En aquel momento estábamos en Spinetto. Quedé yo haciendo la comida hasta que se fueron separando, a las chicas las fueron llevando las madrinas, porque en aquel momento los padrinos eran toda gente de moneda. Y así nos criamos.
¿Qué había en lo de Spinetto?
Había dos o tres ranchitos nada más.
¿Tenían vacas?
No, no. El viejo Spinetto era dueño de un saladero muy grande en la Capital. Acá tenía un monte de duraznos, de viñas, tenía de todo, bah.
¿Y ustedes qué hacían allí?
Mi padre tuvo la suerte de que lo nombraran capataz. Estuvimos muchos años con ellos.
Las perlitas de este testimonio son la importancia de la presencia de un buen padrino o madrina para colaborar en la crianza cuando faltaban mamá o papá, aspecto de nuestra comunidad que, inteligente y oportunamente señalara el profesor Ramírez, como un rasgo del tejido social que sostenía a los integrantes de una familia en dificultades impidiendo el desmadre. De algún modo, Spinetto ejerció un padrinazgo que funcionó como contenedor. Otra: no tenía vacas pero sí un saladero. Suena raro un saladero a principios del siglo XX, uno los creería obsoletos para ese entonces, si lo hubiera señalado durante el periodo de gobierno de Juan Manuel de Rosas parecería lo más lógico. Pero sabemos de la convivencia de métodos modernos y arcaicos económicamente hablando. Así como no nos llaman la atención los montes de duraznos que nos remiten a la necesidad de leña en un Ezeiza que aún en 2011 no cuenta con gas de red en muchos hogares. Este testimonio resulta particularmente conmovedor porque cada palabra remite a lo pretérito casi colonial sobreviviviente en el siglo pasado, como el milagro de la madera perfumada: calor, cocción y sahumerio desde las cocinas económicas construidas en hierro. Duraznero, el sándalo de las pampas.
Por: Lic. Patricia Celia Faure

miércoles, 2 de marzo de 2011

La canchita del Club Roca

La canchita del Roca era un misterio para mí. Niña que no comprendía la felicidad que experimentaban casi todos los miembros del sexo masculino de cualquier edad al correr atrás de algo que rodara: un bollito de papel, una semilla de paraíso, una naranja amarga. Y era un misterio porque la canchita del Roca no estaba en el Roca.
De chica creí en algún momento que la cancha se llamaba así por la familia vecina de apellido Roca que vive aún enfrente, antes, de la cancha y ahora, de la municipalidad. Supongo al Club le pusieron ese nombre por el ferrocarril próximo, lástima que eligieron el apellido de lo que se entendía como un hombre público progresista a fines del 1800 pero que hoy interpretamos como un genocida de los hermanos pueblos originarios que vivían en sus tierras en la Patagonia. A los clubes más añejos en Ezeiza les daba por los bautismos con nombres ferroviarios, probablemente en la búsqueda de fortalecer y fortalecerse con la identificación y localización del poblado.
Yo veía colgada desde el portón de mi casa un potrero polvoriento donde traspiraban y corrían atrás de una pelota. Para un lado y para el otro. A veces era más divertido porque se ponían camisetas coloridas que hacían juego con el short (eso se llama vestuario del equipo) y venia más gente. Nunca le conocí cerco perimetral, ni un tablón donde sentarse a mirar. Vendría a ser una cancha medio clandestina pero a la vista de todos. A la hora de los papeles era propiedad del ferrocarril y de las vacas del Pepe Enríquez que pastaban por allí cerca cuando hacia falta. Yo también la cruzaba para ir a la forrajería de Aranda a buscar granulado para mis gallinas y, de paso, acariciar a los suaves gatos y meter un brazo hasta el codo, o más, en la bolsa de granos que me cruzara, era una experiencia táctil y olfativa ir a la forrajería, olía a semillitas.
Lo que algunos no saben, ciegos en una campaña digna de Shi huang ti es que, agazapada en su clandestinidad ancestral, la canchita del club Roca resiste. Yo la veo a distintas horas del día y de la noche en unos canteros elevados, rodeada de raquíticos arbolitos mudados. Ahora tampoco es la canchita del Roca. Sigue siendo otra cosa. Pero desde mi portón sigo viendo el misterio de los muchachos corriendo atrás del esférico y el pastito trillado de tanto peloteo, carrera, frenada y demás que no deja más que polvo sobre el piso. Y una nube gris que se estacionó en el verde del parque.
Por: Patricia Celia Faure

sábado, 19 de febrero de 2011

Santa Bárbara

El 20 de abril de 1996 organizamos una visita a la casona Santa Bárbara para conocer y reunir fondos con destino a nuestra Biblioteca Pública Alfonsina Storni. Todavía nos parece ver la alegre y fragilísima figurita de Rosa Rosen (actríz argentina que vivió allí y falleciera el 15/07/2004), gentil anfitriona, recibiéndonos con un ¡Bienvenidos a esta casa centenaria!, aún nos conmueve recordar los relatos desgranados durante el recorrido por ella, por su marido Horacio Ferrari, la hermana de éste, de nombre Georgina, y de su hijo. Los pasos sonando en los pisos y la escalera de madera, los frescos de los cielorrasos, las molduras circundando las arañas que originalmente funcionaban con picos de gas, el escritorio con el secreter inmenso y marronísimo, la mesa larga rodeada de diez sillas de alto respaldo, tapizadas en cuero,y la luz, constantemente los rayos del sol entrando por puertas y ventanas, luces del sur que calientan tanto como en una villa italiana.
Sobre lo que sucedía en la planta alta recordaba hace unos años la vecina Libertad Alvarez (testimonios incluidos en Las vacas vuelan): En la parte de arriba estaba el piano y entonces, la mayor de las Ferrari, Nelda, en verano-se conoce que tendrían las puertas abiertas- y vos estabas sentada en la puerta porque había calor y sentías todas las piezas que ella tocaba. ¡Era de una serenidad esto!. La distancia que separaba la casa de Libertad de la Santa Bárbara era de unas diez cuadras aún escasamente pobladas y el sonido llegaba, la música era para todos.
Construída en 1893, anuncia el cartel de venta. Nos gusta pensar que se venden o alquilan los lotes linderos con la ruta 205. Vecinos de mejor lectura nos dicen que también esta incluida en la oferta la casona Santa Bárbara. De ser así, ojalá que su próximo destino sea ponerla en valor y abierta a periódicas visitas, ojalá sea el espacio para un museo. Ojalá…
Rosa
La casa es la entrada al remanso a la vez que al espacio vital y psíquico, la oportunidad cotidiana del encuentro con uno mismo y con los seres vivos, en cuerpo o en sentimiento, que nos rodean: Rosa despertó esa mañana en su quinta de Ezeiza y salió al parque. Aún era temprano, se le acercaron sus cuatro perros a saludarla. El aire fresco la hizo tomarse los brazos con las manos. El rocío esplendía aún sobre los verdes sin fin. Caminó hasta uno de los bancos de piedra centenarios y mirando hacia la casa entró en uno de esos huecos que suele abrir el tiempo- que no existe- a veces para comunicarnos con el todo, para establecer un puente hacia la libertad (García Yudé, N. y Thomas, J.L., Rosa Rosen).
Las travesuras de Georgina
Poroto y Antonia acunaban en su memoria otros recuerdos que señalaban una distancia que superaba las cuadras peladas y las calles sin nombre por una distancia social, manifestada en la crueldad de niños traviesos y aburridos en la siesta pueblerina. José Antonio “Poroto” Álvarez decía: Resulta que un día (voy) a lo de Ferrari y a Horacio le habían regalado una bicicleta, creo que era cerca de Reyes.
¿Querés andar en bicicleta Poroto?
¡No sé andar!
¡Subí que es fácil!

Estaba Georgina y subí. Me dijeron: ¡Nosotros te empujamos! Y cuando agarro velocidad¡ me mandaron arriba de los rosales!
Del testimonio de Antonia San Juan: mi papá era cochero de ellos. Mi mamá hacía algunos trabajitos para la casa y nos daban al fondo una vivienda, yo era chiquita, tenía menos de 6 años. Y venía a buscarnos Georgina y una amiga o una prima y le decían a mi mamá: Adela deje a las chicas que vengan con nosotras que las cuidamos.
Si, pero mirá que no vayan a comer fruta verde porque en tu casa hay muchos frutales.
¿Y vos sabés que nos daban las fruta verde a propósito?
A la traviesa Georgina le debemos un conmovedor libro de poemas: El Árbol, y en la dedicatoria con la que lo obsequió a la biblioteca Alfonsina Storni, dice: inspirados en los años felices vividos en el entonces pueblo de Ezeiza y su Santa Bárbara. Nos permitimos recordar a la tormenta que dejó sin su nieve al limonero, que en torno de su tronco formó un halo. Porque cuando pensamos en la Santa Bárbara no sólo evocamos la casona sino también el bellísimo y benefactor patrimonio que constituyen sus árboles, plantas y arbustos. Las casuarinas que filetean la ruta cobijan y secretean con los pájaros.
Las reliquias de Bárbara
Y recreamos el efecto de la tormenta a través del testimonio de la antigua vecina porque Santa Bárbara es la virgen del rayo. Patrona de los armeros, fundidores, mineros, prisioneros, artilleros, bomberos, ejércitos, pirotécnicos. Según la leyenda recibida de Metaphrastes (siglo X), era una joven conversa de los primeros siglos de la era cristiana quién fue encerrada por su padre pagano en su castillo para forzarla a la apostasía. Al no conseguirlo, la asesinó, y él mismo murió fulminado por un rayo. Se la recuerda el 4 de diciembre y parte de su cuerpo se encuentra disperso en varias capillas de Europa: en Dignano(Croacia) esta su pie incorrupto, es muy conmocionante verlo hasta en foto por el estado en que se conserva.
La casona fue bautizada de ese modo porque su propietario y constructor, Nicomedes Pierotti, se dedicaba a la fabricación de pólvora. Los vecinos habitantes de la costa y las proximidades de la cañada que en la ruta tenia un cartel que la designaba Arroyo Rossi (por un profesional que se desempeñó en la construcción del Aeropuerto) atesoran en sus hogares reliquias del polvorín: cavando en el fondo de sus casas descubren viejas cañerías y objetos de tiempos idos, además de los ladrillos que sobrevivieron a la última explosión (en 1898) y fueron empleados hace mucho para construcción.

Lic. Patricia Celia Faure

sábado, 29 de enero de 2011

Pedro Pravaz y Vicente López y Planes

Parece la máscara de cera de otra casa. El mutismo de sus ventanales y puerta tapiadas gritan. A su palidez sólo le falta estar acostada entre encajes en un féretro. Será de una muerte digna, heroica, gallarda. De pie.
La desarmaremos como a una mamushka de pupilas dilatadas… cáscara tras cáscara, bajo la atenta mirada inocente de la muñeca. No imaginamos al asesor arquitectónico recomendando cegar esas fuentes de luz. Si lo hubo y cobró habría que denunciarlo por bloquear el fluir de la vida. Capaz la casa se atrincheró cuando no le gustó lo que vio… No sabemos cuando sucedió, una mañana amaneció muda… pero habla por los vecinos y por la vecindad urbana…

La tienda de la mujer rebanada
El testimonio de Poroto Alvarez desde su infancia a principios del siglo XX sobre esa esquina es el siguiente: La única tienda era la de Salvatierra. ¿Sabés lo que nos pasó? Resulta que estábamos debajo de unos paraísos cerca de mi casa y dice un tal Sánchez: Hoy abren una casa nueva en la esquina de Castiñeira. ¡Hacía una calor! Y fue a ver, al rato venía a 80 km por hora, llegó blanco y no podía ni hablar:
_ ¿Qué te pasa?-
_ ¡Hay una mujer parada arriba de una mesa con un saco y le faltan las piernas!_
_¡Andá, mentiroso de miércoles!_ le dijimos.
_ ¡Ah, no!¡Vayan a ver si no es cierto!_
Y los que nos habíamos quedado, fuimos. De los cinco que fuimos quedamos yo y Miguel Ima, los otros salieron cuesta abajo.
¿No sabían lo que era un maniquí?
No, no sabíamos. Nosotros nos quedamos parados del susto. Pensé que era una mujer de veras y salió la señora y nos explicó lo que era ¡Y salimos sacando pecho!
Antonia San Juan (esposa de Poroto) también fue otra de las niñas espantadas por el maniquí. Volvió a su casa sin hacer los mandados que la mamá le encargó porque al pasar por la tienda se asustó, ante el reto materno sólo atinó a excusarse argumentando que un perro malo la había corrido.

Escalando hasta las casa
La actual calle Pravaz conectaba a los tamberos con el tren y era una de las calles que llevaba a la estación del ferrocarril. Casi todo el pueblo pasaba por allí. Por eso allí se instalaban los comercios. Por la calle sin nombre y descalza, pero abovedada, pasaban los carros con su carga blanca, los jinetes, casi ninguna bicicleta porque eran muy caras, algún auto y los sulkis que en la caja debajo del asiento y del almohadón llevaban las bolsas blanqueadas al sol para cargar la compra del azúcar, la harina y todo lo que se vendía suelto. Los vecinos añosos guardan recuerdos quejumbrosos para las nubes de polvo que se metían por todos los rincones pero, así y todo, había menos mugre y basura sobre el planeta, la mayor desgracia era pisar bosta de vaca o barro, que te cagara un pajarito, o te comieras un insecto sin querer. Las calles de acceso a la estación tenían un sistema de turnos de funcionamiento de acuerdo al estado en que las dejaran el tránsito de los carros y las erosivas lluvias. Se hundían en lodazales y en tremendos huecos por las huellas de los carros dale que va cargados. Para acceder a algunas de las casas o a los comercios había que trepar desde abajo por la barranca donde se encontraban, esas alturas las notaban menos los que venían a caballo o en vehículos a caballo.

La arteria neurálgica
En uno de los extremos de la calle Pravaz, y en estrecha convivencia con los vascos dedicados a la lechería, se erguía el almacén de los hermanos Pedro y Santiago Harguindeguy, que también vio pasar por su frente los camiones cargando fardos de lana. Y en la otra punta, lindando con la vía, estaban los otros hermanos almaceneros: los Arruiz, con su establecimiento abierto aproximadamente hacia 1895.
María del Carmen del Santo, sobrina del panadero Guarna, lo describió así:
La vereda daba a Pravaz y era de ladrillos, allí estaba el frente del almacén y el palenque, enfrente estaba el molino donde los chicos se iban a bañar, caía el agua y se bañaban. Todo el almacén abajo tenía sótano, lo que da a Salvatierra, arriba, era el altillo. Frente al molinete que estaba al terminar de cruzar las vías estaba el surtidor de YPF. Costeando las vías estaba el alambrado, la casa estaba cerca del alambrado. Atrás- cuando Echeverría se angosta-estaba el herrero Bottaro. La puerta de la esquina daba al corredor y tenía como una ochavita, la puerta del medio y dos ventanas grandes con rejas, las que estan actualmente eran las del almacén, era inmenso, era de Ramos Generales, acá se surtía de nafta a la gente. El mostrador de madera tan largo como el almacén, piso de maderas, estanterías altísimas- usaban escaleras para ellas- . La casa tenía un corredor con enrejado de maderitas cruzadas y una cocina larga que la ventana daba a la vía, gran arboleda. Repartían en sulky, era más grande que el de Harguindeguy este almacén. Todos los hermanos eran dueños en un momento. Después quedó Victoriano como dueño, los hermanos se fueron yendo por diversos motivos. Su mamá Carmen Guarna amplió: El padre de los Arruíz había sido alambrador, el almacén de los Harguindeguy era anterior a eso.
En ambos comercios hubo también surtidor de combustible para los vehículos automóviles. Al de Harguindeguy lo demolieron completamente para construir la autopista a Cañuelas, estaría aproximadamente a la altura de la colectora del lado del pueblo.
Suponemos por la modernidad relativa de la construcción, la existencia y convivencia del bazar El Ciervo en la vereda de enfrente casi llegando a la calle Echeverría, donde comprábamos las cajitas musicales para regalarle a la maestra de grado. Las señoras que atendían eran la mar de atentas, y muy bonitas y bien maquilladas. Ni comparar con nuestras madres de cara lavada: un poco de crema Hinds, a lo más, y ruleros los sábados. Era la época de los canapés de Criollitas. Todo más bien sencillito.

La panadería San Andrés
En la esquina enfrente de la que nos disparó este conjunto de reflexiones funcionaba la panadería San Andrés, su propietario era don Andrés Guarna. Su hermana Carmen explicaba: Llega a fines del 1920.El trabajaba en la panadería del Gaucho en Monte Grande como repartidor. Un día quiso independizarse y acá al lado de la escuela había una panadería que era pobre, media bolsita de pan y en el malacate que le decían, el caballo ciego era el que movía el amasijo. Y trabajando fue haciéndose clientela. Repartía lejos y Esteban Arruíz le dice ¿por qué no sacás un crédito en el banco, yo te consigo todo, y hacés tu panadería?. Hicieron la panadería por el Banco.
Los años en que se estuvo construyendo el aeropuerto fueron los de gloria laboral para el señor Guarna, ya que era uno de los proveedores del obrador y tenía muchos sulkys haciendo reparto por la zona rural. Recordaba el señor Pontoni Spagnuolo: Estuve de panadero con Guarna, yo repartía pan. Salía 6 hs y volvía 13 hs, repartía todo Canning. Tenían cuatro jardineras: una andaba Pargoletto, otra andaba Manuel Jiménez, otra andaba yo y otra Castro. Empecé a repartir a caballo porque había partes en Ezeiza que no se podía andar ni con el carro, entonces me mandaba a mí con la canasta y el caballo. Con el correr del tiempo como yo iba progresando me dieron el carro para andar, yo repartía 120 kg de pan por día, esto era en el ’44.
El escribano Alfredo Mario Lasalle trabajó en el Registro Civil que funcionó donde era la casa de Guarna, al lado de la panadería. Funcionó sobre calle Pravaz- entonces era Garibaldi- yo también llegué a conocer a don Pedro Pravaz, un antiguo vecino y activo colaborador, de los gestores de la creación del partido Esteban Echeverría. Creo si yo no hubiera sido amigo, hubiera sido muy difícil conseguir un local para el Registro Civil- siempre existió el recelo de alquilarle al gobierno-, ahí funcionó desde el ’50 hasta el ’55, ’57, (que ya) resultaba un poco chico

Por: Lic. Patricia Celia Faure

miércoles, 19 de enero de 2011

La casa de Dashel

Dashel era masajista de profesión o tal vez doctor en traumatología o kinesiólogo. Pero sí sabemos que era generoso como persona. Tenía una casa de descanso para los fines de semana y vacaciones en la “Córdoba Chica” que era Ezeiza hace unos años. Rodeaban su propiedad los plátanos bellotudos, los eucaliptos fragantes, las casuarinas con el persistente murmullo susurrante, los paraísos violetas de octubre… la vecindad era escasa: tal vez la planchadora Rugura ya recibía trabajos para realizar en su domicilio; doña Jacinta Della Palma ya habitaba con su familia sobre la ruta y se escucharían las “cafeteras” en el taller de autos de don Pedro Marcel que muchas veces se habilitaba para armar bailes familiares o funciones teatrales.
Dashel miraba la luna entre las ramas mientras los grillos cantaban en las noches de estío, y las chicharras lo acunaban cuando cabeceaba la siesta. Y las golondrinas y los gorriones alojadas en el dormitorio de la fronda verde le alborotaban las tardecitas. Y el tren humeante era otro vecino inquieto con su bocina que se oía de lejos anunciando visitas, aun antes que los teros alcahuetes que andaban por todos lados.
La casa se vende y por eso la traemos a la evocación en estas líneas. Parece la casita de un guardabosque de cuento de hadas. Le faltan los gnomos regando las flores silvestres que crecen por todos lados.

Hipócrates al trote en el pueblo

Es una casa a la que conocemos por uno de sus habitantes y no por su propietario. Las memorias que rastreamos no lo recuerdan a Dashel andando por el polvoriento pueblo. La tenemos presente a través del recuerdo agradecido del doctor Manuel Ricardo Rebagliati, a quien el conocedor de huesos le facilitó la formación de su primer hogar, al cederle en préstamo la casa apenas se casó. Era 1935. Allí vivió cuatro años.
Ese año llegó en pleno la bendición de Hipócrates a Ezeiza, además de Dashel (que venía desde antes y, hasta donde sabemos, no ejercía por el pago): se instaló la primer farmacia que se llamó Del Pueblo en una denominación bastante obvia pero que nos gusta por orgullosa, la atendía el idóneo Eduardo Vidal, aún funciona sobre la ruta 205 en José María Ezeiza, ubicada frente al retoño del Pino Histórico de San Lorenzo. También habilitó su consultorio el doctor Rebagliati en una casa que le alquiló a la familia Arruíz (hoy no se la ve porque ya fue demolida) sobre la ruta a pocos metros de la calle Paunero y al lado de un centro médico a cargo de Pablo Díaz. Esa casita la había construido a pedido el señor Zitelli de Monte Grande “20 años de cuchara”.
Antes de eso los habitantes se trasladaban a visitar médicos en Monte Grande, esos médicos que entonces eran de carne y hueso y hoy se recuerdan en nombres de calle, como el doctor Rotta.
Las mujeres en estado interesante agendaban con la partera o con la comadrona, en un bando, estaba la señora Mariana Arbel, y en el otro, la señora María Lanatua de Harguindeguy, eran las reinas del primer chirlo en la región. Las gallinas saldrían espantadas si se hubieran enterado su destino de caldo para la parturienta apenas parido el bebé, decían que ayudaba a generar leche como si fuera la malta Palermo.
Por: Lic. Patricia Faure

miércoles, 5 de enero de 2011

La casa de Abal

La curva de la hoja de El Trébol.
La curva umbrosa invita a entrar en el túnel del tiempo, ese lugar fresco y susceptible de ser creado. Los Chañares al 500, corazón del barrio El Trébol. Entremos.
El par de casuarinas lungas a la derecha de la entrada, medio raquíticas de tan alto que llegan, fueron testigos del trajín de los albañiles y constructores del barrio El Trébol. En una de ellas, aprovechando su largura sobre la llanura pelada, se colgaba una bandera que indicaba a los laboriosos obreros cuando era la hora del receso para almorzar o la del final de la jornada. En la que todos llaman la casa de la familia Abal se asentaba el obrador en aquellos años cincuenta y sesenta del siglo pasado que sirvieron para que el barrio se erigiera, en primera parte, gracias a las gestiones del Banco Hipotecario Franco Argentino. Las casas las construía CAYTE (sigla de “casas y terrenos”) y las ventas también podían concertarse en la casilla de madera puesta en la esquina cerca de la actual Petrobras, el que atendía era el señor Brisson, un vecino del barrio, francés de nacimiento[1]. Por entonces las escasas arboledas eran bajitas y vivía aún por allí mucho bicho de los que hay en el campo, así los lagartos y las comadrejas fueron empujados a disputar su espacio con perritos de raza. Las flores de los matos diseñados amanecían ramoneadas por las liebres, pero era una gloria desayunar mirando a los teros que se cortejaban en los jardines.

En la San Sebastián.
Víctor García Costa sostiene que esa casa era un puesto de estancia y desde allí nos permitimos la posibilidad de hacerla parte del más bien modesto casco de lo que fue la estancia San Sebastián, que abarcaba casi todo el territorio de nuestro distrito, propiedad de doña Josefa Guevara y don Sebastián Acosta. Entre yardas, millas y no recordamos qué otra medida a la inglesa el profesor Juan Carlos Ramírez nos convenció (somos fáciles de convencer cuando se trata de la memoria en reversa) con sus lecturas cartográficas que le indicaban que por ahí debía estar el hogar donde paraban esos vecinos del siglo XIX. Doña Virginia Acosta, la viuda nuera de Sebastián y Josefa, heredó de su esposo Rosario Acosta la parte que le correspondía del establecimiento sito en el Partido de San Vicente y compuesto: de un terreno de pastoreo de tres cuartos de legua más o menos; ocho piezas de material techos de azotea; diez piezas, techos de ripia siendo ocho de estas de material y dos, paredes de barro. Un palomar de material. Una pieza (cocina) techo de paja. Una caballeriza de materiales de ripia. Una idem de tabla de techo de zin. Un alambrado compuesto de 1.000 varas, maderas duras y blancas. Un monte de durazno, recién cortado, compuesto de dos cuadras, rodeado de parayzo, sauses y alamos.
Un puesto con un edificio de tres piezas de material de azotea techado. Un idem con cuatro piezas de material techado de paja. Un idem con tres piezas de material techo de ripia. Cosina de material techado de paja, un galpón de tablas, techo de fierros en muy mal estado. Un (ilegible) con dos piezas techos de paja.[2]

La vigía de la curva
Ahora nuevamente la evocamos a propósito de esta serie de notas. Con miedo porque tiene un cartel que indica que esta en venta. Nunca pasamos de su vereda más que del lado de afuera, ni cuando hablamos con el hijo del dueño, que fue quien nos contó lo de la bandera señalizadora del obrador. La seguimos interpretando como un mojón en el contexto del barrio El Trébol. Como esas arrugas que nos aparecen en el rictus de la cara cuando nos ponemos mayorcitos de edad. Por todo el trebolar surgen de la noche a la mañana casas modernísimas, pensadísimas, estetiquísimas. Ella sigue ahí chatita y ladeada, admirable en su ubicación oblicua como puesta a propósito para no perderse ni el primer ni el último rayo del sol. Conserva algo de gallo anunciando el inicio de las actividades del día, como cuando organizaba la rutina de los albañiles constructores del barrio. Tiene algo de girasol en su quietud. Tiene ese perfil modesto, aplanado y pampeano, que la distingue del resto de las casas del barrio, aunque haya otras que también sean planas. Disfrutamos imaginar su planta construida sin asesoramiento de arquitecto, con paredes de barro y la memoria cargada de tanto visualizar horneros amasando casitas con su pico…
Dos perros reciben al que se detiene en su puerta, ahí el caminante puede descansar en dos sólidos bancos que tienen almohadones de mármol blanco. Las tejas del techo abombadas a muslo, el tanque que vio correr mucho agua, las macetas fajadas, el portón tranquera medio arrumbado pero adornando aun el parque, la galería mansa que incita al reposo y el sendero sinuoso de entrada que inspiró a la curva de la calle tanto como a éstas líneas.

Por: Lic Patricia Faure.
[1]Mucho agradecemos estos datos proporcionados por el historiador Víctor García Costa, uno de los vecinos fundadores y consecuente habitante del barrio abierto y verde.
[2]La descripción de las construcciones de la estancia San Sebastián fue extraída de la testamentaria de Rosario Acosta.

domingo, 2 de enero de 2011

Cuidadores de la salud

Entre los pioneros cuidadores de la salud siempre nos gusta pensar en las mamás o quien cumpliera ese rol, por ser la atención primaria y primera. Con la organización social en clanes, pueblos o aldeas, el rol estaba en un hombre o mujer que conocía las propiedades beneficiosas para los humanos provenientes de plantas, minerales y animales.
Pero en los albores de la urbanización de Ezeiza no queremos dejar de recordar a la partera diplomada Mariana Arbel, que prestaba sus diligentes servicios hasta la zona de Tristán Suárez y fue quien estuvo presente en los dos primeros grupos de profesionales de la salud que atendieron en la Sala de Primeros Auxilios San José de Monte Grande, adonde acudían los enfermos de Ezeiza y aledaños.
En el orden más local también fue muy recordada la labor y diligencia de la comadrona María Lanatua de Harguindeguy, una empírica que años más tarde era causa de los desvelos del doctor Ricardo Rebagliati, el primero afincado en Ezeiza hacia 1935. De enfermeras bien dispuestas el vecindario recuerda a la enfermera alemana o hija de alemanes que vivía sobre la calle Liniers y Vicente López y Planes, o a la señora María Ruiz, que eran de la generación que hervía en un recipiente metálico las agujas con que después te inyectaban la medicación.
Y el equivalente a la sala de primeros Auxilios San José llegó a Ezeiza en la década del ’50 cuando se creó por obra de la Liga de Padres de Familia, la sala de Primeros Auxilios Nuestra Señora del Valle: “Mi abuelo (Felipe Catani) junto al señor Doria, Zaidán, Carnevale, Filloy, Zaragoza, generan la idea y se pone la piedra fundamental” recordó emocionada María Romero Catani de Sarracín. “La salita”, fue muda testigo de las filas interminables para darse las vacunas, sacaba de apuros ante cualquier percance, y contaba con rayos X. Del personal de allí destacamos los afanes del doctor Enrique Herrera.

Por. Lic. Patricia Celia Faure
Nota del editor:
Mariana Arbel nació un 31 de marzo de 1886 en el partido de Almirante Brown, y fue la primera obstétrica diplomada que instaló su consultorio en la calle Vicente López 174. Tenía unos 20 años, corría 1907, y figura dentro de los primeros especialistas que atendieron en la sala de Primero Auxilios “ San José". Falleció a los 80 años, el 16 de junio de 1966, y la Municipalidad de Esteban Echeverría la honró dándole su nombre a una de las arterias del distrito.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Ezeiza y su hospital

En noviembre de 1949 se inauguró el hospital con el nombre de Sanatorio de Obras Públicas, dado que solamente atendían a los obreros de ese Ministerio. Cabe recordar que entre los años 1944 y 1948 se comenzó la construcción del Aeropuerto, la autopista, el barrio, ciudad Evita, la plantación de los árboles de lo que después sería el bosque y los pabellones dedicados a los internados de las alumnas de la carrera Enfermería de la Fundación Eva Perón. En dichas construcciones participaron aproximadamente 5.000 operarios dependientes del Ministerio de Obras Públicas.
En agosto de 1951 pasó a depender de la Fundación Eva Perón, tomando el nombre de Policlínico 22 de agosto (fecha en la que Eva Duarte de Perón renunció a su candidatura a la vicepresidencia de la Nación). A partir de entonces se dio prestaciones a toda la comunidad y se habilitó el pabellón para la maternidad.
En 1955 el hospital pasa a depender del Ministerio de Asistencia Social y Salud Pública de la Nación denominándose Policlínico de Ezeiza.
En 1978 por Ley Nacional pasa a depender de la provincia de Buenos Aires, denominándose Hospital Zonal General de Agudos Ezeiza.
En 1996 por ley provincial 11.072 se efectuó la descentralización del Hospital del Ministerio de la provincia de Buenos Aires (cfr. Guía del Partido de Ezeiza. Exposición Gráfica industrial, comercial y de servicios, Buenos Aires, 1997).
Se denomina Hospital Zonal de Agudos Madre Teresa de Calcuta desde el 13 de setiembre de 1997, por decreto del Poder Ejecutivo del Ministerio de Salud (cfr. Guía del Partido de Ezeiza. Exposición Gráfica industrial, comercial y de servicios, Buenos Aires, 1998).
Al nuevo hospital, levantado en La Unión, se lo llamó Doctor Alberto Eurnekian y por un tiempo, funcionaron dos hospitales dentro del distrito: el Madre Teresa de Calcuta, “el del aeropuerto”; y el Alberto Eurnekian,“el nuevo” o “el de La Unión”.
Por Lic. Patricia Celia Faure

sábado, 18 de diciembre de 2010

Miguel Fitzgerald, su último gran viaje

Corría el año1964 e iban a ser tratadas en la ONU, las Colonias en América y ahí entraban “Las Islas Malvinas”. En todos los hangares, la charla entre pilotos era el gran sueño de volar hasta ese territorio y plantar nuestra bandera, esa celeste y blanca por la que dieron la vida tantos héroes.
Miguel FitzGerald un joven aviador descendiente de irlandeses, no quiso que sea sólo un sueño y organizó en silencio este viaje. Necesitaba el respaldo de la prensa ya que la sanción que recibiría ante tal hecho sería más que seria.
Habló con el diario “La Razón”, cuyo director era el Sr. Félix Laíño a quien no le interesó la cobertura. Entonces sin perder tiempo, se dirigió a un diario nuevo cuyo director era un joven, el Sr. Héctor Ricardo García, sí, hablamos de “Crónica” y sí se interesó. Ofreció solventar el viaje a cambio de que un fotógrafo propio lo acompañara. Don Miguel NO aceptó.
Su amigo Siro Comi, representante de los Cessna y presidente del Aeroclub de Monte Grande le prestaba un avión y el combustible lo pagaba él. Partió del Aeroclub un 6 de septiembre de 1964, llegó a Río Gallegos, de allí voló a Malvinas, sin hoja de ruta sólo con cálculos propios para no ser captado por los radares. Aterrizó en las islas el 8 de septiembre día en que cumplía 38 años, colgó nuestra bandera en un alambrado y entregó a unos pobladores una proclama pidiendo que se la remitan a su gobernador. Luego de esto una gran cantidad de britanicos lo escoltaron hasta su salida hacia el continente, pero la meta estaba cumplida, ¿cuánto estuvo en la isla? Nada, tan solo 15 minutos y siempre solía destacar “¡Más de 22 horas de vuelo para que me recuerden por esos 15 minutos!” y se reía con satisfacción.
De Río Gallegos llegó a Ezeiza donde esperaba se le quitara su carnet de piloto civil y se encontró con la enorme sorpresa que fue tan grande el estupor de la gente y la alegría que el Presidente Dr. Illia no tuvo más que recibirlo porque el pueblo estaba más que complacido.
Hasta ese momento los kioscos de diarios compraban los periódicos y en ese día el único que se vendió fue la tirada de “Crónica”, ante esto es que pidieron los kiosqueros se acepte la devolución de los ejemplares y a partir de ahí los diarios quedan en consignación.
Ha sido un honor poder escuchar a este personaje, ya octogenario, con la humildad de los grandes, relatando su hazaña como algo simple. Nos visitó en el año 2006, declarado “Visitante Ilustre” de nuestro territorio, entre otras cosas.
Don Miguel FitzGerald un civil que se adelantó en pos de nuestro territorio, años más tarde, militares y jóvenes que hacían el servicio militar obligatorio, intentaron con gran heroísmo recuperar esas islas que demandan nuestros colores.

El 25 de noviembre de 2010, inició su último gran viaje y no solo para los que tuvimos el altísimo honor de conocerlo, sino para todo el pueblo argentino vivirá para siempre.
¡Gracias Maestro por cumplir el ideal de muchos, por su humildad y don de gente!
¡Viva La Patria! ¡Hasta cualquier momento!

Miguel Fitzgerald 8/9/1926 - 25/11/2010

SEPELIOS Diario La Nación
FITZGERALD, Miguel Lawler , q.e.p.d., falleció el 25-11-2010. - Su señora Palmira Rodríguez; sus hijos Gustavo, Diego, Carlos y Christian; sus nueras Lili Di Leo, Adriana Escobar, Cecilia Elisei y Marisol Cienfuegos y sus nietos Lucía, Elizabeth, Kevin, Nicolás, Molly, Inés, Cristóbal, Moira y Miguel participan su fallecimiento con mucha tristeza y agradecen al Padre haber sido parte de su maravillosa vida. Invitan a despedirlo, hoy viernes, 10:30 hs., en Jardín de Paz, Pilar.
Publicado: 26.11.2010

Por Miriam Orlando. Publicado en www.Historiasenmicamino.com

Nota: La foto, que muestra a Miguel Fitzgerald entrevistado por Juan Carlos Ramirez el día de la nota de referencia, fue sacada por Nelly Esther Fiasque.
Enlace: Junta de Estudios Históricos del Distrito Ezeiza: “Malvinas, hoy fueron ocupadas”

martes, 7 de diciembre de 2010

Parroquia San José Obrero

La decisión de emigrar es impulsada por motivos siempre poderosos pero no siempre económicos. A veces se busca vivir en democracias más democráticas, en nuevos o más amplios espacios libertarios o profesionales, lugares en donde se respeten valores espirituales.
Hacia 1948 comenzó a poblarse los alrededores de la Parada Km. 41; algunos provenían de Trento. De la montañosa Rovereto eran las familias de Ferrari Olivo, Luciano Gazzini, Bruno Michelini, Angelo Prezzi, Azzolini Achille, Elio Vicentini, Saverio Zambotti, Mario Zoia, Gina Zenatt, y Giuseppe Miaton; este último llegó en el barco Filippa el 28 de julio de 1949. Dos años más tarde, las señoras Ricarda Pietra de Michelini y Antonietta Sgualdino de Lugano, en nombre de la comunidad manifestaron a las autoridades de la empresa que los había contratado, el interés de contar con una capilla. Por aquel entonces, para asistir a misa debían concurrir desde la hoy Carlos Spegazzini, a Máximo Paz o Tristán Suárez, generalmente, caminando.
La señora Ivana contaba con 5 años cuando su abuela Gianna junto a sus hijos Luigi, Armando y Carlo Miaton, su papá, llegaron el 13 de junio de 1951 a la hoy Carlos Spegazzini. Gracias a ella sabemos que las gestiones fueron exitosas y les fue concedido el predio en donde construyeron paredes con las maderas de los cajones de las máquinas que se habían importado de Italia. Los bancos y el confesionario fueron construidos en la sección carpintería de la empresa, los candelabros de quebracho, en la sección tornería. Muchos ornamentos fueron donaciones enviadas desde Rovereto, incluso el cáliz, donación del obispo de San Marco. La primera celebración fue una Misa de Gallo, el 24/12/1950, y la dio un sacerdote calabres con Bruno Michelini como monaguillo (años más tarde, su hijo Giorgio se ordenó sacerdote); se sabe que el pesebre lo construyo Angelo Prezzi.
La capilla fue jardín de infantes y escuela, allí se le enseñó castellano a los niños inmigrantes, se compartió la felicidad de los bautismos, comuniones, matrimonios, y el dolor de los velorios. Como al barrio, de tan sólo 28 casas, se lo conocía como “barrio de los italianos” o “barrio obrero”, en 1958 se puso la capilla bajo la advocación de San José Obrero.
Para preservar la madera, periódicamente se pintaba el exterior con aceite quemado, pero el deterioro del paso del tiempo determino que necesitaba un a restauración mayor. Y allí nuevamente se contó con la ayuda del Centro Misionera Diocesano de Trento, entre otros. El 1° de mayo de 1991, de acuerdo al libro Historia de la Capilla San José Obrero, la histórica capillita de madera dio paso a un templo de material que conservó las características del anterior.

Juan Carlos Ramirez

sábado, 2 de octubre de 2010

Evita de Ezeiza

De las muchas Evita que la memoria ha construido, no podemos soslayar a la Dama de la Esperanza. No fue ésta la única primera cara que tuvo el mito Eva Perón en la historia argentina, pues paralelamente se afirmaba el mito de la Mujer Soberbia. Mientras unos agradecían sus donaciones, otros la denostaban por ello y remarcaban un resentimiento clasista y malas artes políticas. Así se la intento crear desde la Dama del Látigo, obra en la que se inspiró el musical Evita. De todas maneras, el amor por Evita duró más que el odio y ya fallecida, para muchos se transformó en Santa Evita. En los años ‘70 fue la Evita Revolucionaria, la que había dicho ''hay que armar a la gente'', aunque lo expresara en un contexto muy distinto. De esa Evita, el historiador Martorell recordaba un dato nunca confirmado: que llegó a comprar 5.000 pistolas y 1.500 ametralladoras al príncipe Bernardo de Holanda para crear milicias de la CGT. Era una cara del mito posible en los años de agitación e ideales, pero terminó enterrada en la tragedia de los 70. Esta la Evita de Ezeiza, la que trabajo para que los fieles cristianos del Barrio Nº 1 Justicialista tuvieran la parroquia Nuestra Señora de Loreto; la que eligió, adquirió y donó las piedras preciosas que se hallan incrustadas en el Santo Tabernáculo de esa parroquia. Hay quienes recordaban verla pasear en coche con la cabellera al viento, o paseando a caballo, o tomada de la mano con el General Perón en tierras que luego serían nuestros queridos bosques, e incluso esta aquel que cree recordar que paso una Navidad junto a los obreros que construían nuestro magnífico aeropuerto. Como dejar de lado a la Evita de los niños, la que contribuyó a la felicidad de Luís, Ramón Villalba y Nilda y Miguel del Arco, enviándoles una pelota de cuero con tiento, camiseta, pantalones y medias de fútbol (“Las vacas vuelan”, de Patricia C. Faure). Sin embargo, la Evita que hoy aquí queremos rescatar, es la ciudadana María Eva Duarte, la que peleó por ampliar la Democracia, la que impulsó la Ley del Voto Femenino. Justa ley que concretó uno de los derechos fundamentales de la mujer y que es esencial para la democracia, aprobada el 23 de septiembre de 1947. Juan Carlos Ramírez Leiva

domingo, 19 de septiembre de 2010

La voz de mi Parroquia

La necesidad de vivir en paz siempre anido en el corazón del hombre; sin embargo, parece que nos esforzamos para que ese anhelo, tan frecuente y fervientemente expresado, jamás se cumpla. Quizás en esto pensaba el presbítero Eliseo Esteban Natta, cura párroco de la Parroquia "Cristo Rey" de Tristán Suárez, cuando recordó las palabras del Papa Pio XII: "Hagamos del mundo una casa en Paz"; y se puso a trabajar en ello.
El 25 de agosto de 1963 comenzó a distribuirse a la salida de los servicios religiosos del domingo, una hoja oficio doblada al medio, escrita con una máquina Underwood y mimeografiada manualmente; era un Boletín Parroquial que tenía por nombre: “La voz de mi Parroquia”. Su primera tirada fue de 250 ejemplares pero la demanda de
los feligreses, alentó a que en unas semanas aumentaran su número a 500. En octubre de 1968, se presentó la primera edición realizada en una Imprenta, ocho hojas en un tamaño cercano al tabloide, con una tirada de 1500 ejemplares que influía especialmente en Tristán Suárez y Carlos Spegazzini. El arduo trabajo de sus colaboradores se vio recompensado con el reconocimiento de la sociedad a la que servía. La edición número trescientos presentaba doce páginas y tres mil ejemplares que advertían desde la portada, que era "Un semanario al servicio de la Comunidad del Partido de Esteban Echeverría". La publicación, que había crecido "para dar cabida a todos", salió en diciembre de 1974 desde las dependencias parroquiales, gracias a las nuevas máquinas adquiridas.
A partir de la edición Nº 1264, del 5 de noviembre de 1988, la Vice Directora debió asumir formalmente la dirección, al fallecer el Pbro. Eliseo Esteban Natta. La recordada periodista Clara Gagni, junto a Estela Pelly, siguieron la sugerencia del Obispo Diocesano Monseñor Desiderio Collino de "continuar como hasta ahora", y así fue por siete años más. "La Voz de mi Parroquia" dejó de salir el 30 de diciembre de 1995, con la edición Nº 1608. Habían pasado 32 años, 4 meses y una semana.

Por: Juan carlos Ramirez

domingo, 29 de agosto de 2010

Teniente General Juan Pistarini

Nació el 23 de diciembre de1882 en Victorica, La Pampa, hijo de una familia de origen italiana. Tras ingresar a los 17 años al Colegio Militar, revistó en unidades de zapadores pontoneros y comunicaciones antes de ser enviado a Europa para graduarse de ingeniero civil. A su regreso, cursó en la Escuela Superior Técnica y en la Escuela de Guerra, donde se recibió de ingeniero militar y de oficial de Estado Mayor.
Entre 1932 y 1940 acompañó a Perón a Italia y con el inicio de la 2da. Guerra Mundial, retornó al país y ejerció funciones de Director General de Ingenieros. En 1943 actuó como comandante de Campo de Mayo y plantó más de un millón de árboles. En ese mismo año formó parte del GOU (Grupo de Oficiales Unificado) y participó en la revolución del 4 de junio de 1943. En 1944 y ya en su gobierno, retomó la titularidad del ministerio de Obras Públicas, que había ejercido durante la presidencia de Agustín P. Justo y donde pergeñó la idea sobre el aeropuerto internacional. En ese año, el del terremoto de San Juan, ordenó grandes construcciones para paliar sus efectos.
El 20 de octubre de 1946, fue designado vicepresidente del gobierno de facto del General Edelmiro J. Farrell peroretuvo el cargo de Ministro de Obras Públicas. Después de las elecciones del 24 de febrero de 1946, que consagró a la fórmula Perón-Quijano, fue confirmado en esa cartera y contrató al arquitecto Ernesto Vautier, quien diseño y dirigió los trabajos de construcción de la Avenida General Paz. Pistarini le hizo construir los edificios de Vialidad Nacional, del Ministerio de Obras Públicas, el emplazamiento de Obras Sanitarias de la Nación (hoy Aguas Argentinas) y las sedes de otros organismos nacionales. Al mismo tiempo, desarrolló una flota fluvial que llegó a ser la primera de Latinoamérica y la cuarta del mundo y por supuesto, levantó el aeropuerto internacional de Ezeiza y la autopista que la conecta con la ciudad.

Un hacedor
Entre 1944 y 1952 construyó miles de kilómetros de rutas, realizó obras para el cambio de mano (a partir del 6 de junio de 1945, se comenzó a circular por la derecha); levantó 10.000 escuelas, 1.017 institutos secundarios y terciarios; la mayoría de los cuarteles del Ejército, hoteles de turismo en San Luís, Paso de los Libres, Ushuaia, Bariloche, entre otras ciudades del interior, y complejos de turismo social en Chapadmalal y Embalse de Río Tercero, espacios de esparcimiento y balnearios populares como el de Costanera Norte; barrios inspirados en la construcción colonial misionera que admiró durante un viaje a California; el de suboficiales en Campo de Mayo; el de Saavedra; los barrios populares y de monobloques y que, con la acción del Banco Hipotecario, saldó el déficit nacional de viviendas que era de 650.000 unidades. La Unidad Turística Embalse, en Córdoba que levantó entre 1946 y 1955, estaba compuesta por siete hoteles y 51 bungalows con una capacidad para albergar a 3000 personas y ofrecía servicios de correo, farmacia, cabinas telefónicas, confitería bailable, capilla, ermita, galerías comerciales, salón de teatro, sala de cine, servicio de bar en cada hotel y de mantenimiento. En la planta recreativa, contaba con dos piletas y un mirador turístico. El complejo estaba rodeado por un parque y levantado en los terrenos que pertenecían a la cancha de golf de la estancia Aguada de Reyes. Amaba los árboles. Los hizo plantar por millones en todos lados, y de diversas especies.
Final
Su gestión concluyó el 4 de junio de 1952. Después de la revolución de 1955, cayó detenido y fue preso al penal de Ushuaia. Con su familia perseguida, fue sujeto a torturas morales e indignidades como la de negarle su pensión de militar retirado, se le inhibieron sus bienes y privado de asistencia médica, murió a los 74 años en el Hospital Militar, el 29 de mayo de 1956.

El Aeropuerto de Ezeiza
Fue inaugurado el 12 de marzo de 1949, ese día dijo: “El monumental aeropuerto que el pueblo ya admira con cariño por que lo sabe suyo, las hermosas colonias que atraen todos los veranos a millares y millares de niños, los magníficos balnearios de aguas saladas y los grandes bosques en formación con más de tres millones de árboles, están granjeando a Ezeiza de una notable y creciente popularidad y revelan el acierto del Gobierno al dotar al pueblo de un espléndido lugar de esparcimiento, amplio y sano a las puertas de la Capital”.
El aeropuerto, que fuera considerado el más grande del mundo, fue construido con un espesor tan grande de cemento que nunca necesitó de una modernización para adaptarse a las enormes naves que hoy aterrizan. No sólo construyó esa vía de comunicación que nuestro periodista decano, Julián Sánchez Parra, bautizo La Puerta al mundo, sino que proyectó y erigió los barrios Uno y Ciudad Evita, las piletas y el bosque.
El 30 de abril de 1949, tras consultar en el asado inaugural realizado en los hangares y compartido con los obreros, el propio Presidente Juan Perón, acompañado por Eva, fundamentó la designación de esta manera: “El aeródromo de Ezeiza, que de hoy en adelante se llamará Ministro Pistarini, llevará ese nombre no por decisión del Gobierno, lo que representaría un acto administrativo más, sino por decisión de los propios trabajadores que lo han construido, decisión popular que en nuestros tiempos, en esta nueva Argentina, tiene más valor que si el propio Gobierno lo hubiera dispuesto”. Por aclamación, los trabajadores habían señalado el nombre de Juan Pistarini.

Las cosas por su nombre
Entre los problemas que tiene que resolver nuestra clase política, no parecía estar en agenda proponer el cambio de nombre del aeropuerto. Sin embargo, el proyecto de Ley con Nro de Expediente 4913-D-2010 bajo Sumario Aeropuerto Internacional de Ezeiza “Ministro Pistarini“ se designa con el Nombre de “Carlos Gardel”, lo intenta (datos aportados por el señor Gustavo R. D Antiochia).
No es la primera vez que se intenta cambiar el mandato de los trabajadores que en asamblea dispusieron el homenaje merecido al ministro constructor, pero si es la primera vez que un dirigente peronista lo intenta. Los golpistas de 1955, dispusieron por decreto 194/1955 del 29 de Noviembre de 1955, resolución Nro 2/55, retirarle el nombre de Ministro Pistarini y darle el de Aeropuerto Ezeiza, otorgando inmerecido homenaje a quien no hizo nada por nuestra localidad ya que ni siquiera residía en estos pagos, además de fallecer antes de que por aquí pasara el ferrocarril y se creara la leyenda del terrateniente benefactor donante de tierras. Recién por Expte. 4373-D-84, fechado el 27 de Junio 1985, se solicitó la restitución de la denominación “Ministro Pistarini“ al Aeropuerto Internacional de Ezeiza.
Como sostiene Bini Peñuelas, directora del periódico El Morueco Terenciano, Carlos Gardel tendrá méritos indiscutidos para que la calle Corrientes lleve su nombre pero el Aeropuerto "es" Pistarini por voluntad de la gente. El mandato del pueblo obrero, debe ser respetado.

Por: Juan Carlos Ramirez

martes, 24 de agosto de 2010

Sobre el maestro Iglesias

Compartió mucho su saber y lo disfrutaron enormemente sus alumnos. Que Dios lo guarde y su alma vuelva pronto a iluminar el intelecto de algún maestro
Griselda Faure

Lamento la perdida que para los docentes esto significa, te invito a escribir algo al respecto. Un abrazo.
Omar Rovira.
Periódico La 205 Color


Una gran persona, un maestro que brindó todo de sí en pro de la educación.
Como docente, aprendí mucho de él.
Con los "Cuadernos de Pensamientos" lograba despertar el interés de los chicos por la escritura y los ayudaba a expresarse.
Vaya mi recuerdo y una oración en su memoria.
Cuqui B. de Soria.

En lo personal, siento una profunda pena pues lo tengo siempre presente cuando no se cómo resolver, qué estrategias usar, o cuando se que por hacer lo que considero correcto, molestare a muchos.
Juan Carlos Ramirez
.

Gracias Juan por notificarme de este suceso, tratare de ir al homenaje ya que es el abuelo de Mara Iglesias maestra de la Ep19. Que lastima, no tuve el honor de conocerlo.
Olga.

Realmente es una gran perdida ....pero nos quedan sus trabajos como herramientas para que las utilicemos cuando sea necesario
Elena Velazquez


Juan, cuando investigues sobre El Maestro en su rol de Director o Inspector, te cuento que en Echeverría están los libros de Inspección escritos y firmados por él.
Rosana Sardón

martes, 10 de agosto de 2010

Luís Fortunato Iglesias. Maestro (1915- 2010)

Nació el 28 de diciembre de 1915 en Tristán Suárez y fue desde maestro de la escuela primaria a profesor en la Universidad de La Plata, desde periodista a Inspector y Doctor Honoris Causa de la Universidad de L. de Zamora. Pero jamás ha dejado de ser el Maestro, un militante de la educación, un generador de climas educativos que buscaron darle a la escuela el rol de transformadora de la sociedad, lo que hoy nuestro tiempo reclama.
Contaba que la escuela primaria de Tristán Suárez tenía solo hasta 4to. grado, y que fue la directora, la maestra Elvira Cándida Rodríguez, una mujer educativamente inquieta que venía de Quilmes, la que propuso: “Por qué no lo inscribimos en la Escuela Normal de Lomas", la que después fue el "Mentruyt".
Recordaba que en su pueblo no había bibliotecas ni libros, y que acompañaba a su padre a los trabajos (arreglaba cocinas, molinos, bombas, fue el herrero de lugar) con la intención de leer lo que encontrara. Sostenía que la búsqueda desesperada de libros había sido todo un drama en su infancia, y cuando ingresó al Normal y tuvo a su alcance toda la literatura, se fue enamorando de lo que sería su profesión.
Formó su biblioteca con libros que no costaban mucho, que tenían una base pedagógica pero como creía que: “El que sabe solamente pedagogía ni pedagogía sabe”, leía todo lo que podía adquirir en las librerías de viejo de la calle Corrientes. Sostenía, como Gorki, que tenía sus "universidades": el pueblo, la escuela Nº 4 de T. Suárez, la Esc. Normal de Lomas, la calle Corrientes, el teatro, el cine y desde luego todos los lugares donde había actos públicos.

Su carrera
Obtuvo el título de Maestro Normal Nacional en la Esc. Normal Nacional de L. de Zamora en 1935. Se desempeñó como Maestro, Director e Inspector de la Pcia. de Bs. Aires entre 1936 y 1966. Por doce años (1950-1962) fue Profesor contratado por la U.N. de La Plata; Consejero General de Educación (1980);
Consultor de la UNESCO del Proyecto Nicaragua (1981); Fundador, Codirector y Director del Periódico "Educación Popular" (1961-1978); Profesor Titular del Instituto Varona (Cuba, 1995) y Profesor Adjunto del Instituto Pedagógico Latinoamericano (1995).
Fue distinguido con numerosos premios: en 1960 recibió la Beca UNESCO; Tercer Premio de Crítica y Ensayo otorgado por la Municip. de Bs. Aires (1979);
Primer Premio Nacional de Ciencias de la Educación (1984); Premio A. Ponce otorgado por la Asociación Amigos de Aníbal Ponce (1985); Premio Konex 1986; Primer Premio de Educación otorgado por la Fund. Navarro Viola (1988) y Medalla por su defensa de la Escuela Pública otorgada por la Fund. Ricardo Rojas (1992). Por si le faltaran reconocimientos, la U.N. de L. de Zamora le otorgó el Dr. Honoris Causa, en 1994. Podríamos continuar con los homenajes que recibiera en vida, o los documentales, pero es historia reciente y el listado no agota las distinciones que recibió incluso en otros países latinoamericanos, donde hay escuelas con su nombre.
A partir de su labor como maestro único elaboró didácticas renovadoras que aún hoy son fuente inspiradora. Publicó: La escuela emotiva (Ensayo Pedagógico, 1945); Viento de Estrellas (Antología Creaciones Infantiles, 1942); La escuela rural unitaria (1957); Pedagogía creadora (1980); Didáctica de la li
bre expresión (1980); Aprendizaje vivencial de la lectura y la escritura (1987); Los guiones didácticos: Técnica para la conducción del aprendizaje (1988).

Maestro
En 1935 era el único hombre que se había recibido en Tristán Suárez, y fueron sus orgullosos amigos los que peticionaron para que lo nombraran en la Esc. Nº 6 de M. Grande. Allí fue maestro de primer grado durante dos años y luego lo trasladaron a la Nº 4 de T. Suárez. Fue por un reclamador discurso que hizo en un 25 de Mayo por el que las autoridades lo enviaron a la Escuela Rural Nº 11.
Creyeron castigarlo cuando en realidad le estaban abriendo el camino a la inmortalidad. Por veinte años fue maestro único, maestro unitario; en una escuelita que no tenía más que la campana y el pizarrón, y unos pocos bancos; lo demás lo construyó él. Fue maestro siempre de escuela primaria; allí encontró el material de vida.

Homenaje
Es difícil rendirles homenajes adecuados a quienes le debemos la práxis de la máxima de Sarmiento, la de que: “Educarse es simplemente ser un hombre libre”. Nuestros maestros desarrollan su cotidiana y a veces desagradecida labor, sin que los impulse la sentencia de que enseñar es un ejercicio de inmortalidad (R. Alves). Sí están plenamente conscientes de la sentencia del filósofo I. Kant: “El hombre no es más que lo que la educación hace de él”.
El Maestro Iglesias no fue un hijo de dioses, no tuvo poderes extraterrestres, ni fue un iluminado. Fue un hombre responsable de su tiempo, comprometido con su sociedad, con la humildad de escuchar y entender qué y cómo necesitaban aprender sus alumnos, aceptando los desafíos de no contar con recursos necesarios, diseñando estrategias posibles para la trascendente misión de educar para ser mejores personas.
Falleció el 8 de agosto de 2010, casi a los 95 años.
Hoy también él es Viento de Estrellas. De esas que nos iluminan a los docentes cuando la desesperanza nos invade.

Por: Juan Carlos Ramirez
Docente

domingo, 8 de agosto de 2010

Maestro Iglesias

Hoy es día de duelo. Ha fallecido en horas del mediodía, el querido Maestro Luís Fortunato Iglesias. Hijo de Tristán Suárez, padre de formas innovadoras de comprender la educación en acción.
El 11 de Septiembre se le hará un homenaje en la localidad de Tristan Suarez.

Dislates

Por la presente tengo el agrado de dirigirme a Ud. a los efectos de llevar a su conocimiento que se ha presentado un proyecto de ley para realizar el cambio de nombre al Aeropuerto Ezeiza " Ministro Pistarini " quien fuera el creador y hacedor de un proyecto de un Gobierno Justicialista que aun hoy luego de más de 60 años nos enorgullece.
Visto dicha Junta de Estudios Historicos tiene como finalidad mantener fiel y recordar las obras Historicas de del Distrito de Ezeiza solicito a Uds. opinión al respecto. En mi nota adjunta realizo una breve reseña de mi justificativo por el cual no debería realizarse dicho cambio. Como trabajador del Aeropuerto con casi 30 años de antigüedad en el mismo me siento con la obligación de defender el nombre pionero en obras de infraestructura en Republica Argentina que fue homenajeado por los obreros que trabajaron en su construcción como así se expresa en el decreto que le da el nombre de Ministro Pistarini al mismo .
Solicito a Uds copiar dicho email a la Intendencia de Ezeiza visto no he podido encontrar el mismo, les copio ademas el email enviado a miembros de las Comisiones de Transporte y Cultura de la HCDN en las cuales fue presentado este proyecto .
Sin mas me despido de Ud. a la espera de algún comentario sobre el mismo.

Gustavo Roberto D Antiochia.



Veo que les han remitido la protesta por el probable cambio del Nombre del Aeropuerto. En mis recorridos por la memoria de los hechos históricos, el día del gran asado de inauguración del Aeopuerto que se realizó en los hangares con la presencia de Perón, su esposa Eva y 5000 obreros y profesionales que trabajaron en su construcción y que se realizó el 30 de Abril de 1948, fecha que se considera fundacional de Barrio Uno, Perón preguntó a la concurrencia qué nombre le pondrían al Aeropuerto. Por aclamación los trabajadores señalaron el nombre de Juan Pistarini. Descartada la obsecuencia en la que pudieron haber señalado a Perón o a su esposa, el nombre de Pistarini para el Aeropuerto fue voluntad del pueblo. Creo que merece ser respetado .
Carlos Gardel tendrá méritos indiscutidos para que la calle Corrientes lleve su nombre, pero el Aeropuerto "es" Pistarini por voluntad de la gente.
Un Abrazo
Bini Peñuelas (Directora del periódico El Morueco Terenciano)

La Junta de Estudios Históricos del Distrito Ezeiza comparte las inquietudes y acompaña las iniciativas que tiendan a que no sea anulada la voluntad de los obreros constructores del aeropuerto en asamblea legitimada por la historia y legalizada por un Presidente de la Nación.Foto: obreros que construyeron el aeropuerto. Entre ellos se encuentra Valenzuela, vecino del Barrio Vecinal de J. M. Ezeiza. 1947c.

domingo, 18 de julio de 2010

Comentarios

Buscando una información me encuentro con uds. Les cuento, mi papa y el amigo tramitaban las donaciones de los tranvias para la escuela de Republica y Teodoro Fels. Ellos trabajaban en Casa de la Moneda, y trabajaban un solo turno y les llevaba carpetas y carpetas los tramites. Cuando recien empezaron...recuerdo el esmero que ponian en golpear puertas. Mi padre y muchos de sus compañeros de trabajo compraron lotes es Ezeiza y recuerdo que desde la estacion se veia mi casa, las unicas casitas hechas por el banco.
A mi me dio alegria verles y recordar... que siempre hay historia; como lo es para mi, adelante con el espacio.
Noemí

Gracias por su recuerdos. La invitamos a comunicarse con la Junta para que podamos valorizar todo lo posible lo actuado por vecinos comprometidos con su sociedad, como lo fuera su padre respecto a nuestra querida escuela "del Barrio ATE". Si lo desea, acérquenos sus fotos de época para publicarla. Muchas gracias por comunicarse, y esperamos un nuevo contacto.
Juan Carlos Ramirez

Inquietudes

Mi nombre es Claudio Briones, soy estudiante de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora; estamos haciendo un trabajo práctico sobre vivienda social para la facu, y elegimos el barrio uno para estudiarlo. El problema es que nos cuesta mucho encontrar historia, hemos hablado con Bini Peñuelas, quien afortunadamente nos dió mucha información sobre el barrio, y el libro Las vacas vuelan, que nos ayudó mucho, pero necesitamos más información aún. Lo primero que quisiera saber es de dónde podríamos recopilar información, la dirección de la Junta de estudios históricos, y también si hay algo de bibliografía, diarios de la época y mil preguntas más que nos surgen.
Al notar lo dificil que fue encontrar información, nos surgió la idea de hacer una página oficial de internet del barrio (una idea que a la señora Peñuelas le pareció muy buena), y para esto necesitamos muchisima información; e intuímos que usted podría saber algo.

Sr. Claudio: a medida que avancen nuestros estudios, publicaremos sobre el tema. La Junta se reune en la Biblioteca Pública A. Storni, de José María Ezeiza, los días sábados.
Gracias por considerarnos dentro de sus intuiciones.
Cordialmente.
Juan Carlos Ramirez

domingo, 4 de julio de 2010

Antonio E. Terrarossa

Desde Bahía Blanca llegó al pago suarence en 1902, cuando tenia 51 años. Nacido en Italia en 1851, se dedicó a la agricultura y ganadería, teniendo como domicilio la propiedad que denominó La Matilde, en honor a su esposa doña Matilde Palmieri. Doña Matilde fue tía abuela del escribano Alfredo Mario Lasalle, hijo de Elvira Palmieri (En: Patricia Faure; “Las vacas vuelan”). Probablemente don Antonio fue el donante del predio donde se levantó la sede de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos “XX de Septiembre”, de Monte Grande. Fue un vecino consustanciado con el movimiento autonomista que concluyó con la creación del partido de E. Echeverría. Se distinguía por su elegancia en el vestir: cuello palomita, traje negro de rigor, bombín sobre la cabeza con abundante cabellera, blanca, igual que su barba larga papanoelesca. Ocupó una banca en el H. Concejo Deliberante asumiendo a través de las elecciones municipales del 14 de abril de 1918.
Un día de 1919, convocó a sus amigos tamberos de la zona sur a una asamblea, con motivo de “defender los cuantiosos intereses del gremio y propiciar el mejoramiento de todos los productos que elabora una industria tan importante como lechera”. Fue así que el “veintitrés de Febrero de mil novecientos veinte a las dos de la tarde y de acuerdo con la convocatoria hecha al efecto, para tratar los Estatutos sociales y nombrar las personas que debían constituir la primera Comisión Directiva definitiva, se reunieron en el local del Hotel Comercio –Larre- en la calle Lima 1674 en Asamblea General los señores socios de la “Unión General de Tamberos” y resolvieron lo siguiente: Primero: Aprobar por unanimidad y aclamación los Estatutos que fueron leídos, artículo por artículo por el Señor Secretario. Segundo: Nombrar de acuerdo con el artículo once de los mencionados estatutos Un Presidente, un Vicepresidente, un Tesorero,…”. Fueron así elegidos Antonio E. Terrarossa, Juan Bordenave, Juan Etchart, Pedro Bondoni y Arturo D. Terrarossa para desempeñarse en los cargos de mayor responsabilidad.
“La Unión hace la Fuerza” era el lema y propósito, y en esta búsqueda, la institución que contaba con 400 socios en 1922, llegó a 700 un año después. Cuando el 26 de julio de 1924 falleció en Buenos Aires Don Antonio E. Terrarossa, fundador y primer Presidente, los cimientos ya estaban consolidados.
Por: Juan Carlos Ramirez

domingo, 27 de junio de 2010

Hogar Escuela y autoritarismo

Profesor Ramírez: soy docente de Lengua y Literatura en la Escuela de Arte de Luis Guillón y seguidora del blog de la Junta de Estudios Históricos de Ezeiza. Me comunico con usted porque dentro del marco Jóvenes y Memoria, en mi escuela estamos trabajando en la producción de un video documental sobre el Hogar Escuela. A mis colegas de Historia y a mí nos encantaría contar con su asesoramiento. Le envío los lineamientos generales de la futura investigación. Si es de su agrado le envío el proyecto completo. Muchísimas gracias y disculpe el atrevimiento.
Proyecto de Investigación “Jóvenes y Memoria”
TITULO DEL PROYECTO: “Las huellas del autoritarismo en el espacio urbano: el Hogar Escuela “Evita”
Correo electrónico: omm0300017abc.gov.ar

Profesora Mónica: Gracias por la confianza que depositan en la Junta de Estudios Históricos del Distrito Ezeiza. Participaremos con gusto, e invitamos a nuestros co historiadores a colaborar con los jóvenes investigadores.
Juan Carlos Ramirez

Los lecheros

El suministro de leche a Buenos Aires estuvo en manos mayoritariamente de criollos hasta que, como consecuencia de una fuerte inmigración vasca inclinada hacia esa actividad, cambió el panorama y pasó a ser “raro ver un lechero del país”, tal como se desprende de la lectura de los Anales de la Sociedad Rural Argentina de 1884. En 1902, surgió un gran entusiasmo por aquella actividad y un par de centenares de hacendados instalaron tambos en sus estancias. La Gran Guerra en Europa, “determinó un violento y desordenado crecimiento de la industria lechera nacional, proceso reflejado en la gran cantidad de precarias cremerías, mantequerías y queserías que fueron instaladas bajo la influencia de amplios márgenes en los beneficios económicos y elásticas exigencias en la calidad bromatológica de los derivados lácteos”, de acuerdo a la visión del Ingeniero Agr. Bazola, en nota publicada en “El Tambero” (12/87-01/88). Por aquellos años, supieron existir en Ezeiza la “quesería y cremería San Juan” que la familia Otamendi tenía en el hoy triángulo conformado por la ruta 205, el camino a Canning y el distribuidor de la autopista; los restos de la otra aún pueden observarse en el lado Oeste de la ciudad de Ezeiza.

Al finalizar el conflicto bélico, las exportaciones se redujeron y los tamberos debieron asociarse para defender sus intereses, surgiendo entonces, varias asociaciones con ese fin. No todas fueron organizadas por vascos, fundamentales para el desarrollo lechero, y de los que se cuenta que amansaban vacas a “golpes de puño”.

Por: Juan Carlos Ramirez

Nota: La imagen que acompaña es de Borges y el folleto sobre la leche cuajada La Martona que escribió en colaboración con Bioy Casares.

domingo, 20 de junio de 2010

Comentarios

Anónimo dijo:
Realmente lo admiro por su tenacidad, el no bajar los brazos,debe sentirse orgulloso al ver pasar ante sus ojos a sus ex-alumnos y ver que con su ayuda hoy son personas cultas.

Muchas gracias. Siento orgullo de los que son y fueron mis alumnos, independiente del grado de capacitación que la comunidad les haya permitido construir. Soy docente por convicción, no es mi empleo, es mi trabajo, el que elegí hacer. Un modo de devolverle a la sociedad lo que ella me brindo. Si entre todos podemos reconstruir los lazos de solidaridad social, el respeto por las instituciones y por nosotros mismos, los proletarios, si el blogs sirve para ayudar a darnos lo identitario, entonces estaré muy felíz de haber participado en semejante movimiento. Su exageración en lo que a mi respecta, es una caricia al ego, que bien nos hace falta a los docentes. Es Ud. muy generoso/a. Nuevamente, gracias por sus apreciaciones.

Juan Carlos Ramirez

jueves, 17 de junio de 2010

El Mundial 2010 y el Mundial ´78.

Al Mundial de 1978 se lo puede intentar conceptualizar desde dos líneas que inevitablemente se encuentran entrelazadas: política y deporte. La dictadura militar necesitaba tiempo y se lo compro a la sociedad en un primer momento con “la plata dulce” y posteriormente jugando con el fútbol. Mientras se desmantelaba la industria, se sometía a la sociedad a vejaciones jamás pensadas y se endeudaba al país en una forma miserable, se invertían 520 millones de dólares en infraestructura mundialera (sin incluir los incentivos en los “inconvenientes” brasileños y peruanos).
Si bien el Mundial sirvió a la dictadura, también sirvió para que el mundo conozca a las Madres de Plaza de Mayo. Cuando los medios latinoamericanos habían perdido o abandonado su independencia, y gran parte del periodismo europeo se mostraba indiferente, un periodista holandés dio a conocer la lucha inclaudicable de las Madres. No fue tan comprometida la acción de la televisión francesa, cuya única condición para transmitir el mundial fue que liberaran a dos detenidos, únicamente(sus familiares viven en T. Suárez).
Un gran sector de la población argentina no sintió al Proceso, recurriendo a la estrategia de desvincularse del entorno social, ya porque tenía miedo o porque las cosas no le afectaban el ombligo.
No existe terrorismo de Estado sin complicidad civil, y un cómplice sin par fue José María Muñoz. El Relator de América, nuestro ya fallecido ex vecino de Canning, impulsaba a las barras bravas a presionar a la Comisión Internacional que investigaba sobre las violaciones a los Derechos Humanos que se estaban llevando a cabo en nuestro país, para “demostrarles que los argentinos somos derechos y humanos”. Como figura contrapuesta podemos recordar a Caloi - Clemente, ganándole al poder a través de una simple pero no indiferente caricatura que demostró que como estaban las cosas, se podía disfrutar de las habilidades de la selección y desafiar el “orden” forzado tirando papelitos y rechiflando a la Junta Militar cuando se hacía presente en los estadios.

Preguntas sobre África 2010
Fue de 2000 millones de dólares, el monto qaue Sudáfrica destino a la inversión pública. No sabemos si eso le sirve a un país considerado el más desigual del mundo, con un 50% de pobreza y una profunda brecha entre ricos e indigentes, con más de un 30% de su pueblo viviendo en chozas, con barrios donde se baten récords de crímenes violentos,con un gobierno acusado de corrupto en cuanto la obra pública. Probablemente persigan el sueño de que todo sea algababía, y sería deseable que así lo fuera. Despues de todo están construyendo una democacia racial y política. Después de todo, siempre será mejor olvidar por un rato la pobreza. Después de todo, muchos de nosotros todavía no aceptamos el que gritáramos los goles del ´78 con tanta fuerza que por un tiempo tapáramos los doloridos gritos de quienes estaban siendo torturados, que glorificáramos al Mundial y a sus actores, y finalmente, que un respetable conciudadano como Sergio Renán haya filmado “La fiesta de todos” en medio de un descuartizamiento moral y material.

Juan Carlos Ramírez

sábado, 5 de junio de 2010

Comentarios

Sr. Juan Carlos Ramírez:
Mi nombre es Leonor Bologna (Para mis alumnos, la señorita Cuqui).
No se imagina Ud. la sorpresa y la emoción que tuve hoy cuando ví Clarín! En el suplemento zonal, la maestra del aula-tranvía... ¡soy yo!. Conservo el original de la foto y quisiera saber cómo llegó a sus manos. Supongo que alguno de mis alumnos la pudo enviar. ¡Me encantaría contactarme con ellos después de tantos años!
Trabajé en la Esc. 35 de Villa Golf desde 1965 hasta 1971 inclusive y guardo hermosos y cálidos recuerdos de esos años.
Agradezco desde ya cualquier información que pueda brindarme y le ofrezco más fotos de la escuela que podría enviarle por mail.
A la espera de su respuesta, saludo a ud. muy Atte.:
Leonor Bologna

Sta. Cuqui: La intención de la Junta de Estudios Históricos del Distrito Ezeiza es construir entre todos nuestras historias de la región que tanto queremos. Me alegra enormemente haberle brindado una alegría no esperada, tenemos siempre la esperanza de que alguno se reconozca en las fotos o notas que publicamos en los periódicos regionales, expectativa que se cumplió con Ud. y la amabilidad de contactarnos.
El trabajo de un historiador es ir juntando jirones de todos lados y dar su versión, por lo que buscar fotos es una tarea constante, desde ya le agradecemos su generosidad de compartir recuerdos y fotos, con nosotros, para que la pongamos a disposición de la comunidad.
Juan Carlos Ramirez
Junta de Estudios Históricos del Distrito Ezeiza
Nota asociada: Tranvías en Ezeiza

Recordando a un grande

De físico privilegiado y cuidado, Atilio Natalio Caraune desarrolló una pegada eficaz que pronto lo erigió en Campeón Argentino y Sudamericano de Boxeo. Con 1.75 mt. de altura y zurda demoledora, ostenta el record argentino de mayor serie de peleas ganadas por K.O., 23 consecutivas sobre un total de 40 victorias por la vía rápida. Fue uno de los púgiles más completo, el de la zurda explosiva, pero también protagonista de un hecho curioso: enfrentándose con Alberto Tessi en el Estadio de la Confederación Argentina de Boxeo en Buenos Aires, cayeron ambos boxeadores en el 2do. round sólo que Atilio se levantó a los 6” mientas Tessi lo hizo a los 8”.
Entre los combates que disputó en nuestra región contamos el que ganara por K.O en el 3er. round a Domingo Suazo (27/12/1952) en Banfield; el triunfo en el 4to. round a Eduardo Arabel (23/01/1953), y la victoria que logró en el 3er. round frente a Eliseo Troncoso (30/04/1954), ambos en Lomas de Zamora. Cuando aún pertenecíamos a la Municipalidad de Esteban Echeverría, le ganó a Raúl Casanovas por K.O. en el 2do. round (30/12/1952), en Monte Grande.
El 1ro. de agosto de 1956 anunció su retiro, que finalmente concretó en 1957, dejando vacante el título de Campeón Argentino de Peso Medio Pesado. Brilló en una categoría en donde hicieron historia Andrés Antonio Selpa, Miguel Ángel Páez, Avenamar Peralta, Víctor Emilio Galíndez, y Miguel Ángel Cuello.
Tuvo cinco hijos y nietos; los vecinos, sus amigos, recuerdan su afición por la pesca. Si su vida deportiva estuvo plena de éxitos, no lo fue menos su inserción en la comunidad de Tristán Suárez, en donde residía desde 1945. Profesor de educación física en colegios zonales, presidió en 1963 la Sub Comisión de Bochas del Club T. Suárez; integró en 1964 la Comisión del Instituto Cultural Tristán Suárez, como Revisor de Cuentas Titular. Un año después, fue D.F. del Sportivo en la segunda temporada en que el club, competía en el torneo de la A.F.A.
Cuando falleció tenía 76 años, y aún estaba trabajando para su comunidad presidiendo el Centro de Jubilados y Pensionados de Tristán Suárez.

Por: Juan Carlos Ramirez

miércoles, 19 de mayo de 2010

25 de Mayo de 1810

Conmemorar el 25 de Mayo es relativamente fácil: hablamos de patriotas repartiendo escarapelas, del pueblo vendiendo empanadas, del tiempo lluvioso, del Cabildo y del cumpleaños de la Primera Junta de Gobierno Patrio. Claro que no sería suficiente la mera descripción de aquel 25 de Mayo sino recodamos cómo se propiciaron las condiciones necesarias para dar semejante paso. Para ello debemos recordar el sentido de pertenencia a esta tierra ante el invasor inglés, debemos recordar a Moreno, Castelli; a Belgrano y su constante sentido del desprendimiento, su sentido de solidaridad, su enorme entrega para trabajar donde la Patria lo dispusiera. No podemos dejar de lado la mesura militar y su compromiso con el Pueblo ni al Pueblo mismo acompañando la gesta. Porque no fue una solitaria obra de iluminados que un día despertaron con deseos revolucionarios. Fue la obra de una Nación: intelectuales, militares, empresarios, eclesiásticos y gente “del común”; la sociedad toda.
El Dr. Juan Dámaso Fonseca, quien había sido cura del Partido de la Magdalena al que pertenecíamos, estuvo en la asamblea histórica del 22 de Mayo de 1810. Otro cura del curato también votó por la creación de una Junta Gubernativa: el Presbítero Manuel Maximiliano Alberti. French y Berutti son recordados por la popular leyenda de ser quienes repartieron escarapelas en aquella gloriosa jornada; un centenar de años después su compromiso con la naciente Patria fue honrado, dándosele sus nombres a sendas calles ezeicinas. Del compromiso del Distrito con la gesta emancipadora da cuenta que nuestra Escuela E.G.B. Nº 1, que además lleva el nombre de Gral. Don José de San Martín, inauguró su sede definitiva en 1938, un 25 de mayo. Junto a la directora, señorita Agustina Molinari, granaderos y alumnos fueron retratados con los docentes; todo un símbolo de pertenencia, de comunidad, de memoria.
Nuestra escuela madre se encuentra sobre la calle Domingo French, principal arteria de J. M. Ezeiza. Supo tener veredas con frondosos paraísos que los vecinos adornaban con banderitas en parte de su trazado, para darle marco a las cuadreras y a las corridas de sortija que allí se celebraban como parte de los festejos en los días patrios, allá por las décadas de 1930 y de 1940. Bombas de estruendo disparadas por don Mulatero, partícipe activo, ponían la nota que señalaba el comienzo de la fiesta. El pueblo todo participaba vestido con sus mejores galas gauchescas, jugando en carreras de embolsados, desafiando al palo enjabonado, asistiendo por los ’50 al desfile de tropillas y a las populares domas de los potros de Gargiulo.
También debemos recordarnos que pasó después de 1810: la construcción del Estado, la integración de sus habitantes, la de los inmigrantes a través de la educación. Porque esto significa conmemorar el 25 de Mayo de 1810, recordar para conocer, insistir con la necesidad de promover el sentido de pertenecer a esta tierra, de integrar a los inmigrantes respetando la diversidad cultural, privilegiar la solidaridad sobre lo material, la entrega al trabajo comunitario, el compromiso, el rol de la sociedad, el rol de la educación. Debemos recordar los valores que hicieron a este gran país. Nuestro País.

Juan Carlos Ramírez.